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Primera semana DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO Isaías 2, 1-5 / Sal 121 / Romanos 13, 11-14 / Mateo 24, 37-44 A veces, la vida lleva en sí tales afanes, tales.

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2 Primera semana

3 DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO Isaías 2, 1-5 / Sal 121 / Romanos 13, / Mateo 24, A veces, la vida lleva en sí tales afanes, tales problemas y tales preocupaciones, que podemos olvidarnos de Dios, vivir como si Él estuviera al margen de nosotros o nosotros, más bien, al margen de Él.. En otras ocasiones, podemos estar tan pendientes de nosotros mismos, de nuestro bienestar, de nuestra comodidad, del tiempo de ocio... que también nos olvidemos del Señor. Él volverá como prometió y no quiere cogernos por sorpresa. Vivir aguardando su venida, haciendo ya realidad ahora lo que él establecerá como definitiva: la paz universal, los valores del Reino. Toda nuestra vida es como una peregrinación hacia esa ciudad nueva, hacia esa nueva Jerusalén que reúne todo lo que anhelamos.

4 LUNES DE LA PRIMERA SEMANA Isaías 2, 1-5 / Salmo 121 / Mateo 8, 5-11 La Palabra de Dios nos invita hoy a reflexionar sobre la universalidad de la salvación. La doble espera del Adviento apunta hacia esa universalidad: la salvación como situación que comienza con la venida de Jesús y la salvación consumada que traerá su venida gloriosa al final de los tiempos. El centurión de Cafarnaún cree en Jesús, en su fuerza sanadora, en su poder curativo. Esa fe recibe el elogio de Jesús y obra el milagro. Es más, provocará una nueva enseñanza de Jesús hacia quienes le siguen: en el Reino de los Cielos, junto a Abrahán, Isaac y Jacob, habrá muchos venidos de Oriente y Occidente. No podemos encerrar nosotros la acción de Dios. Quizá se dé donde menos lo pensamos y en quien menos lo esperamos. Pero se da.

5 MARTES DE LA PRIMERA SEMANA Isaías 11, 1-10 / Salmo 71 / Lucas 10, El que es sencillo está capacitado para reconocer la presencia de Dios en él y en el mundo. El que se crea sabio y entendido, no. La gente sencilla acoge a Jesús y le reconoce presente en el mundo porque está abierta a la novedad, porque todavía no se siente en posesión de la plena verdad, porque se piensa y se cree siempre necesitada de mejorar, de convertirse, de perfeccionar en su vida cristiana. La venida del Señor iniciará una nueva situación en la que los antagónicos vivirán en paz y en armonía; nadie atacará a nadie y nadie tendrá necesidad de defenderse de sus semejantes. La fuerza transformadora del sucesor de David que se nos anuncia lo conseguirá. Sólo los sencillos podrán creerlo antes de que suceda. Es casi una cuestión de romanticismo.

6 MIÉRCOLES DE LA PRIMERA SEMANA Isaías 25, 6-10 / Salmo 22 / Mateo 15, El sufrimiento no es querido por Dios. Precisamente la venida de Jesús ayuda a superar las tristezas, las causas que hacen sufrir. Como superación del sufrimiento viene también en Isaías el anuncio del Día del Señor, de aquel día. El llanto cesará porque la causa del sufrimiento habrá sido suprimida. Esto se cumple ya en vida de Jesús: tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros eran curados por Jesús. Habremos de esperar a su venida gloriosa para que el sufrimiento haya quedado definitivamente superado, pero, mientras ese día llega, la Eucaristía nos llena de consuelo y es medicina para nuestras enfermedades. En el pan partido y repartido, el Señor sigue dándonos el signo de su presencia y de su salvación.

7 JUEVES DE LA PRIMERA SEMANA Isaías 26, 1-6 / Salmo 117 / Mateo 7, El Esperado es Jesús, el que viene en el nombre del Señor. Abridle las puertas, las puertas del triunfo. Esas puertas han sido preparadas por Dios para una humanidad renovada, para un pueblo justo que observa la lealtad y mantiene la paz. Los pies del humilde, las pisadas de los pobres son las que ahora atraviesan las puertas de la ciudad santa. Puertas por las que antes salieron los invasores son las que ahora reciben a los repatriados. Nunca hay que perder la confianza en el Señor. Dios habla siempre al final para decir la última palabra. Hace falta tener eso claro ahora para poderlo traer en los momentos de sufrimiento. Edifiquemos sobre roca nuestras razones para vivir para no ceder ante las inclemencias a que nuestra vida está sujeta.

8 VIERNES DE LA PRIMERA SEMANA Isaías 29, / Salmo 26 / Mateo 9, Nuevamente, también hoy, lo que aparece como una promesa en la primera lectura –Isaías-, se hace realidad en la narración evangélica por obra de Jesús. El profeta del Antiguo Testamento anuncia en nombre del Señor la visión de los ciegos, sin tinieblas ni oscuridad. Dos ciegos son curados por Jesús en el evangelio de San Mateo. Y es que Jesús es la luz. Con su venida, comienza el tiempo mesiánico. El que se encuentra con Él pasa de las tinieblas a la luz, porque Él es la luz del mundo. Con Jesús, no sólo la vida se llena de su luz, sino que la realidad adquiere un colorido mejor. La luz es también salud y es también alegría. Jesús, que es la luz de Dios, nos trae su claridad, su alegría, su salvación. Esperémosle con ganas, pues nuestra vida cambiará.

9 LA INMACULADA CONCEPCIÓN Génesis 3, /Salmo 97 / Efesios 1, / Lucas 1, LA INMACULADA CONCEPCIÓN Génesis 3, /Salmo 97 / Efesios 1, / Lucas 1, La solemnidad de la Inmaculada Concepción dentro del contexto del Adviento nos hace mirar a María con una doble mirada: como la que nos ha traído al Hijo eterno del Padre, por haber sido elegida y por haberse prestado a que se haga en ella la voluntad de Dios, y también como la primera criatura de la nueva humanidad instaurada por Jesucristo: esa humanidad que es plenitud del Reino de Dios, esa humanidad sin sufrimiento, sin frustración, sin pecado. Jesús la ha traído y él es el Primogénito. Eso significa que no es creado, sino engendrado, pues Él es la Palabra creadora. Pero la primera criatura, el primer ser creado de esa humanidad es María. En ella vemos con asombro y admiración lo que también nosotros llegaremos a ser por la acción de Dios en su Hijo Jesucristo.


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