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El Adolescente. Punto de partida ¿Tenemos claro que las recetas no sirven de nada? ¿Tenemos claro que los parches llegan tarde…? ¿Tenemos claro que.

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Presentación del tema: "El Adolescente. Punto de partida ¿Tenemos claro que las recetas no sirven de nada? ¿Tenemos claro que los parches llegan tarde…? ¿Tenemos claro que."— Transcripción de la presentación:

1 El Adolescente

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3 Punto de partida ¿Tenemos claro que las recetas no sirven de nada? ¿Tenemos claro que los parches llegan tarde…? ¿Tenemos claro que sin FUNDAMENTOS CLAROS es casi imposible EDUCAR? 1. Al centro la persona… del otro 2. Visión integradora 3. Visión trascendente El Adolescente

4 1. Persona al centro Se dice fácil, pero las implicaciones son numerosas y el llevarlas hasta sus últimas consecuencias es el gran reto. La capacidad de romper esquemas, estructuras, horarios, modos de actuar, la capacidad de renovarse e innovar… El Adolescente

5 1. Persona al centro Se corre el riesgo, tan real como sutil, de poner al centro de todo la propia responsabilidad o experiencia, el método concreto, el qué y el cómo, incluso el quién, pero no el para quién, un para quién concreto, vivo, diferente, único. El Adolescente

6 desenfoque en muchos ámbitos: Un padre de familia que mientras oye lo que le dice su hijo no lo escucha (muchas veces ni lo mira), porque ya está pensando la respuesta perfecta que el chico necesita. El educador que responde a su alumno con la respuesta típica, con el tópico, porque es lo que toca responder. El Adolescente 1. Persona al centro

7 Entre risa y risa los Simpsons aportan un estilo de familia, un estilo de pensar, un estilo de vivir que no sabemos si es una crítica o si es un revulsivo para el desenfoque en el que viven tantas personas de hoy. Poner la persona al centro de nuestra labor educativa pasa por entender que persona significa ser para el otro; pasa por comprender de modo definitivo que sólo es feliz, que sólo se realiza plenamente quien pone al otro como término de todas sus aspiraciones y de su propio ser. La regla aurea sobre la que se ha construido Occidente: considera al otro como un fin y no como un medio, ¿tiene fecha de caducidad? 1. Persona al centro El Adolescente

8 2. Visión integradora Es necesaria una visión integradora que logre la unidad, la totalidad armónica y la paz entendida como tranquilidad del orden (tranquilitas ordinis). Esto nada tiene que ver con la saturación a la que son sometidos algunos chicos por parte de sus padres (saturación de actividades complementarias, de altas expectativas en el colegio, de exigencias añadidas…). De nada servirá las múltiples actividades si no se logran armonizar en el todo de la vida de los muchachos. Qué diferencia de unos a otros. A unos chicos se les ve siempre desbordados por las tareas y actividades múltiples; se sienten sobrecargados, atosigados; no saben el porqué de tantas cosas que llevan a cabo, no saben qué es lo más importante y qué lo secundario. Se les ve, simplemente, perdidos, divididos, desintegrados… A otros, en cambio, se les ve centrados y equilibrados. En este sentido, cuántos educadores son espejos vivos, donde los chicos se ven proyectados. Un hombre íntegro, nos dirá Juan Pablo II en la Christifideles laici (n.59), es el que posee la capacidad (desarrollada con la ayuda de alguien) de vivir una vida unitaria que supera las contradicciones. El Adolescente

9 Viktor Frankl: decir que el sentido de la vida está en la vida misma no es una forma tautológica, sino paradójica (Homo Patiens). Las teorías y principios pedagógicos, los argumentos normativos, las buenas actitudes y las mejores motivaciones… Todo acabará siendo incomprensible e inútil si se desgarra de la vida misma, si no brotan y no acaban confrontándose con ella; con la vida concreta del chico concreto. Todo sistema o proceso educativo acaba siendo un agobio, o una contradicción infructífera, si se aleja de la vida real, si no es para la vida real. Expresado de otra forma a modo de primera conclusión: el educador debe velar para que el chico viva en plenitud su vida. En su vida concreta puede tener todo lo que necesita: su sentido inmediato y el último; y su potencia de realización. Su misma vida debe ser el lugar de encuentro con todo lo que necesita para llegar a la plenitud. La educación no puede ser un sacarlo de su vida real para lograr un supuesto crecimiento. Más bien será un ayudarle a interiorizar su misma vida para encontrar en ella el sentido de todo: de sus carencias, de la conciencia que lo interpela y lo norma, de las circunstancias que le golpean, de sus íntimas aspiraciones… 2. Visión integradora El Adolescente

10 Un educador puede caer en la tentación de basar toda su actividad educativa en un programa pre-establecido construido sobre un perfil ideal de chico al que hay que llegar, sobre las propias expectativas, experiencias... Otro puede centrarse en el chico en sí y en sus inquietudes concretas. Si el chico está sufriendo, por ejemplo, un rechazo por parte de sus compañeros de clase, esa es su vida y esa es probablemente su mayor preocupación. Ahí caen todos los programas y perfiles ideales posibles; ahí caen todas las clases y todos los sermones que vayan en otra dirección. Ahí es donde el educador debe acompañar, logrando que el muchacho asuma, afronte e integre esa situación; que el chico pueda descubrir el sentido último de esa situación que está viviendo, los valores que puede fomentar desde esa situación, y también los anti-valores que se le pueden pegar a partir de esa situación. Parafraseando la cita ya señalada de la Gaudium et Spes: que el chico sea capaz de superar las contradicciones que la vida le presenta (y que le va a seguir presentando), englobándolas en el todo de su formación. 2. Visión integradora El Adolescente

11 3. Visión trascendente Debemos buscar ante todo, que ese hombre, que sabemos creado y llamado a la inmortalidad y a la eternidad, realice su vocación divi­na. Así el hombre, cuanto más cerca de Dios, será más humano, más natural, menos raro e incompleto. Quienes están llamados a ser educadores deben, por tanto, rendir cuentas del logro de esa vocación divina a la que cada hombre ha sido llamado. Deben cambiar, si es necesario, toda falsa concepción sobre la fe y lo sobrenatural, y sobre la visión cristiana del ser humano. El Adolescente

12 3. Visión trascendente Las decisiones y acciones, la prudencia y la habilidad del educador deben brotar de una referencia habitual al plano trascendente. Y con esto no se quiere decir que desde el inicio del proceso educativo debe estar en boca de todos la palabra religión, ni si quiera necesariamente la palabra Dios, y muchos menos unos contenidos doctrinales. Qué mal hace, por ejemplo, el uso (peor el abuso) de frases como: Diosito te va a castigar si no… Tú reza y olvídate de…. Si fe y razón no se contradicen y se buscan espontáneamente, como no se cansa de repetir Benedicto XVI, qué importante es no entrar en el juego pedagógico de los métodos de cariz fideista, que usan a Dios y a la religión como armas arrojadizas contra la inteligencia humana y contra la vida y los problemas reales de los muchachos. El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor. (Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n.31) El Adolescente

13 3. Visión trascendente ¿Somos conscientes de ese anhelo de totalidad que tienen los jóvenes? ¿De esa urgencia de una vida intensa para llenar sus ansias de infinito? ¿Podemos pensar que, quizá, este anhelo no satisfecho podría ser la primera causa de los así llamados problemas de la adolescencia? ¿Problemas porque no hay nadie que al inicio de la adolescencia les explique convincentemente esos anhelos? ¿Porque no hay nadie que les acompañe paciente y comprensivamente? ¿Y que por eso se equivocan en las respuestas que dan a esas nuevas ansias que brotan hasta con violencia desde su interior? Cuántos muchachos ven en la moral, en cualquier norma, incluso familiar o social, un impedimento para sus ansias de felicidad juvenil. Dónde está la causa. El Adolescente

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15 Nos tenemos que tomar en serio este consejo. Hay que desentonar en la visión generalizada sobre la adolescencia. Qué fácil es dejarse llevar del tono pesimista con el que se abordan los problemas de la adolescencia, en una reunión familiar, en una escuela de padres, en el corrillo de madres esperando a sus hijos a la puerta del colegio… No sólo será divertido sonreír ante la adolescencia, sino hasta fructífero… 1ª conclusión : Una mirada renovada… de la adolescencia Adolescente

16 1ª conclusión : Una mirada renovada… de la adolescencia Los conocidos cambios fisiológicos, psicológicos y espirituales que experimenta la persona cuando llega a la edad de la adolescencia, con sus variaciones culturales, educacionales y ambientales, pueden marcar el rumbo definitivo de su vida. Las dificultades y dudas que suelen acompañar a estos cambios deben ser asumidas por los formadores con gran serenidad y responsabilidad, sin desentenderse de ningún aspecto, pero tampoco con dramatismos innecesarios. La adolescencia es, simplemente, necesaria para todas las personas; y como tal no puede verse como algo esencialmente negativo. Repetimos lo que hemos señalado desde el inicio: es urgente un cambio de visión sobre la adolescencia. Recapacitemos bien; porque nuestro enfoque sobre la adolescencia (hay que sacar lo que llevamos en el subconsciente…) condicionará necesariamente nuestros actos concretos y, por tanto la incidencia, positiva o no, en los adolescentes (confianza de fondo de Erikson). Adolescente

17 1ª conclusión : Una mirada renovada… de la educación La educación es ante todo una relación entablada. Una relación que debe ser auténtica y que debe llevar a una transformación que no se puede quedar en una sola de las partes (del educando). Si la relación es auténtica, el padre o el educador estarán abiertos a ser transformados también ellos, a ser enriquecidos. Empezar con la actitud soy yo quien te va a enseñar, es empezar mal; más si hablamos de adolescentes y jóvenes. Adolescente

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19 2ª conclusión : Un verdadero encuentro La vida del hombre se conforma de encuentros (ya lo hemos dicho, como persona es un ser para) y cuánto más la vida de los adolescentes, que empiezan a abrirse a nuevos y variados ámbitos de encuentro. En esos encuentros, si son de calidad, es donde el muchacho puede comprenderse, aceptarse, superarse. Se podría decir que en los desencuentros nada de bueno se encuentra. Si el educador no logra un encuentro real con el muchacho, de nada servirá el resto de lo que haga. Y si luego no logra mostrarle el camino para que él mismo sepa encontrarse consigo mismo, con los demás, con Dios, tampoco se logrará un gran qué. En estos encuentros el chico descubre los elementos y las experiencias esenciales de su vida, que le dan vida; no son meras enseñanzas, ideas, habilidades, actitudes o emociones; son eso y más. Adolescente

20 . 2ª conclusión : Un verdadero encuentro condiciones para el encuentro: mirada y escucha activa, presencia plena… Adolescente

21 C ondiciones para el encuentro : -Un logos compartido -Un clima de veracidad y confianza. -La capacidad de perdonar. -En última instancia, el universo entero de lo que llamamos valores. 2ª conclusión : Un verdadero encuentro Adolescente

22 -Inaugurar o acrecentar un vínculo de entendimiento, comprensión y colaboración. -Dinamismo de amor y compromiso. -(Auto)revelarse y (auto)confirmarse en lo que somos y en lo que no somos (descubrir el sentido). -Creatividad personal y energía espiritual. -Ir encarnando las exigencias (valores) como virtudes. -En última instancia, maduración de toda la persona. 2ª conclusión: Un verdadero encuentro FRUTOS

23 El Adolescente

24 Preguntas claves sobre los fundamentos de la educación: 1¿Estoy ya completamente decidido a poner al otro antes que a mí en todo momento? ¿Con lo que eso implica en mi propia vida, en mi trabajo, en mis horarios…? 2¿Ya he entendido que educar no es atiborrar de consejos, normas, conocimientos o actividades varias, sino lograr que el muchacho viva integral y armónicamente su vida, en plenitud? 3¿Estoy convencido que sin una visión transcendente, que invada mi ser, mi intención educadora y mis actos, nunca lograré una verdadera educación y la plena realización del muchacho? 4¿Entiendo que esa visión me deba llevar a buscar encuentros reales con el muchacho, suscitando en él, desde su realidad concreta, las preguntas importantes para su vida, ayudándole a encontrar las respuestas adecuadas y acompañándole para que las haga convicciones y decisiones concretas? Preguntas claves sobre los fundamentos de la educación: 1¿Estoy ya completamente decidido a poner al otro antes que a mí en todo momento? ¿Con lo que eso implica en mi propia vida, en mi trabajo, en mis horarios…? 2¿Ya he entendido que educar no es atiborrar de consejos, normas, conocimientos o actividades varias, sino lograr que el muchacho viva integral y armónicamente su vida, en plenitud? 3¿Estoy convencido que sin una visión transcendente, que invada mi ser, mi intención educadora y mis actos, nunca lograré una verdadera educación y la plena realización del muchacho? 4¿Entiendo que esa visión me deba llevar a buscar encuentros reales con el muchacho, suscitando en él, desde su realidad concreta, las preguntas importantes para su vida, ayudándole a encontrar las respuestas adecuadas y acompañándole para que las haga convicciones y decisiones concretas?

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