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Reflexiones sobre el : Padrenuestro Estando un día en orando en un lugar, al terminar, uno de los discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar como Juan.

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1 Reflexiones sobre el : Padrenuestro Estando un día en orando en un lugar, al terminar, uno de los discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar como Juan ha enseñado a sus discípulos (Lc 11,1). JJ Arias Autor : Juan Mª de la Torre Resumen y Power : José Juan Arias Vigo -2012

2 Información de JJ Arias 2 Juan Mary está siendo un acontecimiento importante en mi vida. La lectura de sus libros, sus charlas y homilías están vitalizando mi vida cristiana. Este fichero nace con triple vocación: 1.- Profundizar en el conocimiento del Padrenuestro. 2.- Experimentar y trabajar en la construcción del Reino. 3.- Difundir y expandir el trabajo de Juan Mary JJ Arias

3 La oración de Jesús 3 Jesús, cuando ora, parece estar embargado por una presencia que nos desborda. JJ Arias Jesús oraba en y desde su lugar, el corazón: encontrar el lugar que coincide con el corazón ha sido siempre la preocupación dominante de todos aquellos que se han dedicado a la oración. San Juan Clímaco: Si nadie aprende a ver, porque el ver es algo natural; lo mismo sucede con la oración. La verdadera oración no se aprende de nadie, porque lleva ya en sí misma su propia guía. Dios concede el don de la oración al que ora. Con sencillez : Sé tú mismo ante tu Padre celestial. Él conoce tu corazón. Déjalo que se exprese. Entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto (Mt 6,6) La oración es un don del Espíritu en el corazón de aquel que busca a Dios de verdad: Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará (Mt 6,6).

4 Características en la vida de oración de Jesús: 4 1. Una confianza profunda Confianza persistente que le vincula a su Padre. Le inspira la fuerza de cumplir la voluntad de Dios(Hbr 10,7). La voluntad de Dios reviste tanta importancia para Jesús que somete absolutamente todo a su Padre: los asuntos importantes como los insignificantes, y los expone con toda libertad. Nada, en esta relación de confianza, es demasiado liviano para que no halle un lugar en la oración. JJ Arias 2. Un sentido de hombre La necesidad de amor, de reconocimiento y de comunidad; con la cláusula incondicional de que se cumpla lo que Dios quiera. El carácter humano de la oración de Jesús es lo que más destaca cuando, en presencia de la muerte, declara enérgicamente su deseo de vivir. 3. El amor universal Es el aprendizaje de la abnegación integral. En la oración comprende que recibe todo en gratuidad, y particularmente, el amor divino que no se puede merecer.

5 D IFICULTADES PARA EL REZO DEL PADRENUESTRO 5 JJ Arias 1.- La gravedad de la crisis de sentido. 2.- La emergencia de una sociedad sin padre. 3.- Las críticas contra la figura del padre y de su función en la religión. 4.- La conciencia de que es relativa nuestra cultura fundada en la cultura del padre.

6 D IFICULTADES PARA EL REZO DEL PADRENUESTRO 6 JJ Arias 1.- La gravedad de la crisis de sentido. Hay personas de tal manera machacadas por las negatividades de la vida que perdieron ya toda confianza en la fe; no ven ningún sentido en levantar los ojos al cielo y recitar el padrenuestro, pues tal actitud sería inauténtica y mentirosa. El sentimiento religioso se funda en eso, en un sentimiento, es decir, en el deseo de protección y el miedo al castigo ligada a los rudimentos de nuestra vida psíquica y social. Permaneciendo en este horizonte, a Dios sólo se le puede aceptar como padre que protege o como juez que castiga. A este Dios se le hace abdicar de su divinidad, instrumentalizándole en función de las necesidades humanas, haciendo que su figura y actuación graviten alrededor de las azarosas necesidades humanas.

7 7 2.- La emergencia de una sociedad sin padre. La imagen del padre trabajador se va esfumando; su actividad profesional se hace cada vez más inaprensible para el hijo. La sociedad patriarcal queda sustituida por la sociedad sin padre o por una sociedad fraternal que desempeña funciones anónimas y está dirigida por fuerzas impersonales. En ello no hay aberración alguna; es simplemente la maduración de un proceso social que abre una nueva fase de la humanidad. La figura del padre no está condenada a desaparecer, sino a sumir nuevas funciones compatibles con un mundo cambiante y seguirá siendo internalizada en la psique de los hijos como matriz mediante la cual ellos asimilan, rechazan y conviven con el mundo. D IFICULTADES PARA EL REZO DEL PADRENUESTRO

8 8 JJ Arias 3.- Las críticas contra la figura del padre y de su función en la religión. Para Nietzsche, la religión tiene su origen en el resentimiento de los débiles ante los fuertes: nace de la impotencia y de la frustración. Para Freud, la religión es una neurosis infantil colectiva y Dios una proyección compensadora del sentimiento de desamparo infantil. Dios-Padre sería un sucedáneo del padre, una proyección, una ilusión mediante la cual el hombre se sustenta en el sentimiento de protección y de acogida. Si nos fijamos bien, la fe exigida por la oración del padrenuestro intenta precisamente liberarnos de los impulsos arcaicos del deseo y del miedo, que nos hacen esclavos y nos impiden decir con libertad como hijos: ¡Abba, Padre! Esa relación libre del Hijo-Jesús ante Dios-Padre despeja el campo para un enlace, totalmente abierto y disponible, con los demás hombres, amándoles hasta el sacrificio de la propia vida. La liberación de los hombres no entorpece la relación con Dios. Jesús mostró que se puede estar íntimamente vinculado a Dios y, al mismo tiempo, radicalmente ligado a los hombres; en otras palabras, la liberación de las opresiones humanas no entraña necesariamente el desembarazarse de la idea de Dios-Padre. El cristianismo no nace del resentimiento de los débiles contra los fuertes, no es la religión de resignados y frustrados, sino de la hombría, de la valentía en sustentar los dos polos más difíciles de sustentarse – la fidelidad al cielo y la fidelidad a la tierra –, de la esperanza contra toda esperanza. D IFICULTADES PARA EL REZO DEL PADRENUESTRO

9 9 JJ Arias 4.- La conciencia de que es relativa nuestra cultura fundada en la cultura del padre. La fe cristiana cuando se dirige a Dios-Padre no apunta a ninguna determinación sexuada. Cuando decimos Padre queremos profesar el último misterio que penetra y sustenta el universo de los seres, misterio de amor y comunión. Esta misma realidad podría ser expresada asimismo por el símbolo de la madre. El Antiguo Testamento nos revela también los trazos maternos de Dios: Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo (Is 66,12; ver Jr 3,19). El papa Juan Pablo I, dijo que Dios es Padre y todavía más, Madre. Tanto la expresión padre como la de madre apuntan a la misma realidad terminal. D IFICULTADES PARA EL REZO DEL PADRENUESTRO

10 ¿C ÓMO REZAR EL PADRENUESTRO EN UN MUNDO SIN PADRE ? 10 JJ Arias Con el mismo espíritu con que Jesús se dirigía al Padre. Jesús no tuvo una vida idílica, sino al contrario, bien comprometida y cargada de conflictos que culminaron en su crucifixión. En medio de los desgarros se dirigía a su Padre muy amado, no para pedirle que le librase de las pruebas o del cáliz de amargura, sino suplicándole la fidelidad a su voluntad. También para Jesús, Dios era simultáneamente un Padre cercano y distante. El grito lacerante de la cruz revela la experiencia dolorosa de Jesús ante la ausencia del Padre; aunque, al final, le sentía acogedor: A tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23,46). Al rezar el padrenuestro, los ojos del cristiano no miran hacia atrás en busca de un pasado ancestral, sino hacia adelante, en la dirección desde la que nos llega el reinado prometido por el Padre que está arriba, en los cielos. El hacia adelante y hacia arriba configuran la actitud de esperanza y de fe en un amor que se alegra con el Dios- Padre cercano, pero que ama también al Dios-Padre distante. Semejante actitud ni enajena ni deshumaniza; al contrario, sitúa al hombre en su grandeza de hijo ante el Padre muy querido.

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12 El Padrenuestro 12 Omnipresente en los textos cristianos primitivos. Se trata de una serie de invocaciones con una confesión de fe incluida. JJ Arias El evangelista Mateo lo sitúa al comienzo del ministerio público, en el discurso del monte (6.9-13). Lucas, lo hace hacia el final. Para el evangelista Lucas (11,1), Jesús es un gran maestro de oración. Oraba con frecuencia en un lugar retirado, posiblemente en el monte, él solo. La diferencia de la formulación de Lucas frente a la de Mateo es notable. Este hecho demuestra que la fórmula propuesta por Jesús había sido recibida como indicación y ayuda para orientarse a Dios en la oración, y no como un modelo fijo e inmutable. Una oración auténtica no puede enquistarse en un esquema preestablecido. No nos consta que Jesús uniera su voz a la de los discípulos para orar juntos, por eso hablará de mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios (Jn 20,17)`.

13 13 En la estructura de esta oración notamos inmediatamente dos movimientos : -Uno se eleva hacia el cielo (la trascendencia): el Padre, su santidad, su reinado. - El otro se pliega hacia la tierra (la inmanencia): el pan, el perdón, el mal. JJ Arias Por un lado sentimos la fuerza del hombre interior (espíritu) que irrumpe hacia arriba, hacia Dios; y por el otro experimentamos el peso del hombre exterior (carne) que se curva hacia abajo, hacia la tierra. El padrenuestro exige, en verdad, un acto de fe, esperanza y amor. Al rezarlo profesamos la fe en Dios como Padre, a pesar del silencio de Dios, de su distancia allá en los cielos, y de los sufrimientos sin número que nos envuelven. Es un arranque de esperanza; por eso, añadimos: ¡venga tu reino, hágase tu voluntad !. Esperamos firmemente que el Padre enjugará todas las lágrimas y modificará las estructuras de esta creación. Sólo entonces sonreirá el shalom (la paz) de Dios y de los hombres. Es un acto de amor. No decimos simplemente Padre, sino Padre nuestro, expresando así la acogida y la intimidad del amor. Abba, Abbi, decía Jesús, que significa, papi, padre bondadoso. El Padrenuestro

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15 15 Considerando la situación aberrante de este mundo, no es evidente que Dios sea un Padre querido (Abba). Si Jesús no nos lo hubiera enseñado y pedido que lo rezáramos, nunca nos atreveríamos a exclamar: ¡Padre querido! Quizás por nosotros mismos no tendríamos valor de llamar a Dios Padre de bondad; pero el Espíritu de Jesús, derramado en nuestros corazones, grita en nosotros: ¡Abba, Padre! (Gal 4,6; Rm 8,15). Rezamos y vivimos el padrenuestro cada día, a pesar de todas las contradicciones porque somos herederos de la esperanza de Jesús contra todas las evidencias contrarias. Por esta esperanza y osadía, las tinieblas no son menores, pero sí menos absurdas; los peligros no desaparecen, pero nuestro ánimo queda reforzado. Padre nuestro del cielo JJ Arias

16 Padre nuestro del cielo 16 Universalidad de la experiencia de Dios-Padre JJ Arias El hombre religioso se siente imagen y semejanza de su Dios. La designación de padre hay que entenderla, pues, como engendrador- creador y como principio de autoridad y de señorío. Es un Dios que se presenta sólo con un nombre sin significado y sin imagen alguna : Soy el que soy. Cercena de raíz cualquier intento de antropomorfismo e idolatría (cf. Ex 3,13-14). Originalidad de la experiencia de Jesús: Abbi Invocar a Dios como Abba (=padre querido) constituye una de las características más seguras del Jesús histórico. La voz Abba es inherente al lenguaje infantil y doméstico, un diminutivo cariñoso (papi). Nada menos que 170 veces la ponen los evangelios en sus labios. Mateo la traduce por Padre nuestro que él amplía al estilo de las oraciones judías con el añadido en el cielo, lo cual no se contradice con la actitud interna de Jesús, que probablemente sólo dijo Abba

17 Padre nuestro del cielo 17 JJ Arias La novedad radica en la experiencia hecha por Jesús y trasmitida a nosotros por los apóstoles de que Dios está-ahí-como-Padre, cuidando de sus hijos, con un corazón sensible a nuestros sufrimientos y con sus oídos atentos a nuestro clamor. El hombre no es un número o una molécula perdida en los sobrecogedores espacios infinitos, sino una persona, objetivo del amor entrañable de Dios, a cuyos cuidados puede confiarse enteramente hasta entregar su vida y su muerte, porque Dios-Padre conoce y guarda su nombre en el corazón y, venga lo que viniere, hará que todo concurra para bien suyo. Dios-Padre cercano y distante La confianza que el hombre adquiere al saberse en las manos del Padre le libera de las preocupaciones de este mundo para suspirar por lo único necesario, que es el reinado de Dios (ver Lc 12,30). Mi Padre me lo ha enseñado todo; al Hijo le conoce sólo el Padre y al Padre le conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar (Mt 11,27).

18 Sobre la oración 18 Hay que rechazar la idea tan impropia que tienen de Dios quienes le imaginan en un lugar concreto de los cielos, de lo cual lógicamente se podría concluir que Dios es corpóreo. Esto llevaría consigo los más graves errores acerca de Dios: le imaginaríamos divisible, material y corruptible, propiedades comunes a todos los cuerpos… y encerraríamos al Dios del universo en un lugar tan pequeño y estrecho… En la medida de mis fuerzas intento que el lector de las Sagradas Escrituras se convenza de que hay en ellas un sentido más espiritual y elevado cuando parecen enseñar que Dios está en un lugar. Y convenía suscitar esta cuestión al tratar del Padre nuestro que estás en el cielo, para dejar claro que el ser de Dios es distinto del de las criaturas. Orígenes

19 Padre nuestro del cielo 19 JJ Arias El cielo es un símbolo, de los más primitivos en las diversas culturas humanas, para expresar la trascendencia, la infinitud, lo que el hombre no puede alcanzar por sus propias fuerzas. De este modo el cielo se vuelve el símbolo arquetípico de Dios, el Altísimo, en su gloria y en su luz inaccesible. La invocación Padre nuestro que estás en el cielo entraña una profunda profesión de fe de que el Dios vivo y verdadero, que frente a todos los mecanismos de destrucción y de muerte a que está sometido el hombre, va construyendo su reino de amor, bondad y fraternidad. El acceso a Dios-Padre no es fácil, como podría parecer a simple vista, sino difícil y arduo, y que requiere audacia.

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21 Santificado sea tu nombre 21 JJ Arias Santificar, bíblicamente es sinónimo de alabar, bendecir y glorificar. Santo equivale a justo, perfecto, bueno y puro. Las Escrituras repiten a menudo que su Nombre, o sea, su Naturaleza, es Santo (ver Is 6,3; Sal 99,3.5.8…). Él habita sin más en una luz inaccesible (ver Ex 15,11; 1Sm 2,2…), lo cual significa que Dios se nos escabulle del todo. El término santo define negativamente a Dios: es Quien está del otro lado, separado (sentido etimológico de sanctus, sancire= cortar, separar, alejar) El padrenuestro expresa esta idea al decir: Padre nuestro que estás en los cielos; el cielo, como ya notamos anteriormente, concreta lo inaccesible para el hombre, lo infinito. Padre santo (Jn 17,11): cercano (Padre) y distante (santo) al mismo tiempo. La categoría santo, aplicada a Dios y al hombre, separa y une al mismo tiempo; separa, porque santo es un atributo exclusivo de Dios, definitorio de su propio ser; une porque el Padre, santo, se le propone al hombre como el ideal en el que puede llegar a su plenitud humana; entre el hombre y Dios no rige únicamente una discontinuidad; hay también una comunión. La comunión, por encima de las oposiciones, implica la mutua inserción del hombre en Dios y de Dios en el hombre, como se dice en el evangelio de Juan (10,36; 17,17). Es la ley universal de la historia de la salvación que encontró su culmen en la encarnación.

22 Santificado sea tu nombre 22 JJ Arias Según la biblia, el nombre, designa a la persona, definiendo su naturaleza íntima. Conocer el nombre de alguien es sencillamente conocerlo (ver Nm 1,2-42; Ap 3,4; 11,34). A Moisés, Dios le reveló su nombre, es decir, se le reveló como él mismo es: como quien acompaña al pueblo y está siempre presente (Soy el que soy: Ex 3,14) Más tarde, especialmente con Isaías, se reveló como santo, o sea quien trasciende todo, aun comprometiéndose al mismo tiempo con los hombres (Is 6,3). Con Jesús se revela definitivamente el verdadero nombre de Dios: Padre justo… yo te he revelado a ellos (Jn 17,26). En otro pasaje le llama Padre santo (Jn 17,11). Padre es el nombre de Dios: como Padre santo es el Dios que rompe las estrecheces de la creación y habita en los cielos; como Padre justo es el Dios que se compadece de nuestra pequeñez y planta su tienda entre nosotros. En el lenguaje de Jesús, Dios es Abba: Padre compasivo y misericordioso.

23 23 JJ Arias Santificado sea tu nombre. Quiere decir que Dios sea respetado, venerado y honrado como quien es : Yahvé (Soy el que soy), quien nos acompaña y asiste; como quien es Abba, Padre compasivo, cercano y distante, absolutamente inmanejable por los intereses humanos. No santificamos el nombre de Dios cuando le consideramos como un tapagujeros de los fracasos humanos, invocado y recordado sólo cuando necesitamos su ayuda. No veneramos así a Dios, sino a nuestro yo, poniendo a aquél al servicio de nuestros intereses. Santificamos el nombre de Dios cuando con nuestra vida, con nuestra actitud solidaria, ayudamos a construir relaciones humanas más ecuánimes y más santas, que impiden la violencia y la explotación del hombre por el hombre. Santifica a Dios quien se pone al lado de los oprimidos para luchar por su libertad cautiva. ¡No oprimas a tu hermano! (ver Lv 25,17). Lo que quiere decir la petición: santificación

24 24 JJ Arias Santificar equivale a alabar, magnificar, glorificar a Dios frente a todas las indicaciones contrarias; a pesar de todo – fracasos y barbaridades sin cuento – se da en la historia una manifestación de Dios suficiente para que podamos identificarle y acogerle. Las lágrimas no matan la sonrisa, y la amargura no ha apabullado aún la jovialidad del corazón. Decir esto, reafirmarlo y celebrarlo sin cesar es uno de los cometidos esenciales de la comunidad cristiana. El hombre constata históricamente que se le escapa la construcción de un mundo santo, perfecto, justo y puro. Lo que más deseamos es justicia, paz y amor; pero estas cualidades no acaban de establecerse en la tierra. La petición se transforma en una súplica para que Dios mismo haga lo que la historia es incapaz de producir : la santidad de los hombres y de la sociedad. Lo que quiere decir la petición: santificación

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26 26 JJ Arias Con la petición venga a nosotros tu reino nos encontramos en la misma médula del padrenuestro, ya que el anuncio del reinado de Dios constituye el quicio del mensaje de Jesús y el móvil de su actuación. Lo que distingue al hombre del animal no es tanto la capacidad de pensar cuando la capacidad de imaginar. Hay en el hombre un exceso de deseo que ninguna práctica concreta agota y sólo halla su polo adecuado cuando se orienta hacia Dios como el absoluto, el amor y el sentido que colma toda su búsqueda. El hombre se presenta como un poder-ser. Sólo el ser humano sueña dormido y despierto con mundos nuevos. Sólo él crea utopías, viviendo de promesas y alimentándose de esperanzas. Los antropólogos hablan de que el hombre está habitado por un principio- esperanza, en la permanente búsqueda de lo nuevo, en los sueños de una vida mejor, en un mundo en donde no habrá ya dolor, ni luto, ni llanto, ni muerte… pues todo esto ya habrá pasado (ver Ap 21,4). Con el principio-esperanza topamos con lo más profundo y radical del ser humano, con lo que no muere nunca. Sólo muere lo que es; lo que todavía no es no puede morir. Y la esperanza es lo que todavía no es, aunque se hace presente por el deseo y se anticipa por los anhelos del corazón. Venga a nosotros tu reino ¿Qué es lo más grandioso y radical en el ser humano?

27 27 JJ Arias Todas las culturas tienen sus utopías que son el hontanar de todas las esperanzas. La de nuestra tradición de fe judeo-cristiana habla de una naturaleza reconciliada: Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos… el niño jugará en la hura del áspid (Is 11,6-8). Estas esperanzas son tanto más ardientes cuanto más crudas son las contradicciones de este mundo: (Los hombres) reprimen con injusticia la verdad (Rm 1,18), Esta situación objetivamente es un reto al poderío de Dios. ¿No es Él el Señor de la creación? ¿Cómo hay tantos aspectos que escapan a su poder y a su orden? El Antiguo Testamento está cargado de frases que apuntan a eso: El señor reina por siempre jamás (Ex 15,18); Sabrás que yo soy el señor (Is 49,23; Jer 16,21…). Son promesas que alimentan la esperanza, intentan dejar bien claro que Dios no está ajeno al clamor que sube hasta el cielo; ¡Él está ahí y va a mostrar su reinado! Venga a nosotros tu reino

28 28 JJ Arias Primeramente se pensaba, en el AT, que el señorío de Dios iba a manifestarse en el rey de Israel (cf. 2Sm 7,12-16), el cual haría justicia al pobre, librando así al mundo de sus principales iniquidades. Pero muy pronto todos los vicios del poder se declararían en los reyes. En otra fase de la historia del AT se pensó que Dios reconciliaría al mundo mediante un culto bien reglamentado en el templo. Dios reinaría desde el templo; ahí los hombres le encontrarían cara a cara (cf. Ez cap ). Pero los profetas denunciaron en seguida la ilusión de un culto separado de la conversión, la fraternidad y la misericordia (ver Am 5,21-24). El culto que Dios quiere es la justicia y la liberación del oprimido (Is1,17). Venga a nosotros tu reino Otro grupo, muy reducido, en tiempo de Jesús, esperaba la reconciliación universal mediante la apocalíptica; (Encontramos los libros apocalípticos de Daniel y el Apocalipsis de Juan). Los seguidores de tal movimiento buscaban una sabiduría secreta, revelada únicamente a algunos iniciados, y mediante ella interpretaban los signos de los tiempos anticipadores de la revolución cósmica con la irrupción del nuevo cielo y de la nueva tierra. Mientras los apocalípticos esperaban que el reino vendría por sí mismo, los zelotes (=fanáticos), se disponían a anticiparlo mediante el uso de la violencia. En fin, otros profundamente piadosos, los fariseos, pensaban que con la estricta observancia de la ley divina se aceleraría el advenimiento de la trasmutación universal. La súplica que se dirigía a Dios era: ¡Venga tu reino! ¡Venga la plenitud de los tiempos! (cf. Mt 9,15; Mc 14,41; Gal 4,4).

29 29 JJ Arias Jesús no promete que el reinado vendrá, sino que dice: ¡Ya llega el reinado! los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la buena noticia (Lc 7,22). Jesús había realizado todo esto y manda que se lo digan a Juan Bautista (ver Lc 7,21). El profeta Isaías había ya predicho estas señales (cf. Is 61,1-2) y, al comentarlas, Jesús asegura Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este pasaje (Lc 4,21). Reinado de Dios: ¡éste es el mensaje de esperanza y de alegría proclamado por Jesús! Reino no designa un territorio, sino el poderío y la autoridad divina que se hacen valer ahora en este mundo, transformando lo viejo en nuevo, lo injusto en justo, y lo enfermo en sano. Venga a nosotros tu reino ¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! (Lc 10,23)

30 30 JJ Arias Jesús nunca explicó, en forma de definición, el contenido del reino, pero emplea palabras que no dejan dudas en cuanto a su sentido : Es como una perla preciosa por cuya adquisición vale la pena sacrificarlo todo (cf. Mt 13,45); es como una semilla diminuta, que crece y se hace grande hasta el punto que vienen los pájaros a anidar en sus ramas (Mt 13,31; Mc 4,26-32); es una fuerza interior que lo transforma todo (cf. Mt 13,33); es la de una casa o ciudad de Dios donde la gente se sienta a comer y beber (Lc 22,30; Mt 8,11). Es el Señor quien convida a tal mesa (cf. Mt 22,1-4) y uno puede entrar y puede ser también despedido, arrojado afuera (Mt 5,20; 7,21; 18,3; 19,17.23; 25,21.23); y la casa tiene muchos aposentos (Jn 14,2). La invitación alcanza a todos, también a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos (Lc 14,21; Mt 22,9-10); y vendrán muchos e Oriente y de Occidente a sentarse a la mesa (Mt 8,11) Venga a nosotros tu reino

31 31 JJ Arias El reino tiene tres características: 1)Es universal, lo abarca todo; implica la liberación de las limitaciones tales como la enfermedad, la pobreza, la muerte. La reestructuración de las relaciones entre los hombres, ya sin odios y en plena fraternidad. 2)Es estructural, no sólo lo abarca todo, sino que comporta una revolución total; no modifica la realidad por las ramas, sino desde las raíces, librando totalmente. 3)Es terminal, justo porque tiene un carácter universal y estructural, coincide con el fin del mundo; el reino define la voluntad última y terminal de Dios. Este mundo, tal como lo vivimos y sufrimos, tiene un fin: vendrán un nuevo cielo y una nueva tierra donde habitará, finalmente, la justicia, la paz, la concordia de todos los hijos en la gran casa del Padre. El reino hay que entenderlo como un proceso: ya irrumpió, se hace presente en la persona de Jesús, en sus palabras, en sus acciones liberadoras, y al mismo tiempo está abierto a un mañana que será cuando llegue a su plenitud. Interesa estar preparados, pues en él no se entra mecánicamente: hay que cambiar de vida. Venga a nosotros tu reino

32 32 JJ Arias El reino sigue viniendo El reino llegó de una manera plena con la vida y resurrección de Jesucristo, en quien apareció el hombre nuevo, las relaciones santas entre los hombres y con el mundo, revelándose también el destino glorioso de la materia al transfigurarse en el cuerpo resucitado; pero el rechazo de Jesucristo por parte de los duros de corazón muestra que hay posibles históricos. Son muchos los caminos conducentes a la meta final, incluso los contradictorios. Hay, por tanto, un fin meta-histórico asegurado, y se llama reino escatológico de Dios, aunque coexistan las absurdidades intrahistóricas y los posibles históricos que permitan la negación y el gran rechazo. Creer en el reino de Dios es creer en un sentido terminal y feliz de la historia Suplicar que venga a nosotros tu reino es reactivar esas esperanzas, las más radicales del corazón, para que éste no sucumba a la brutalidad prolongada de los absurdos que acontecen en el ámbito personal y social. Venga a nosotros tu reino

33 33 JJ Arias ¿Cómo vendrá el reinado de Dios? Para la fe cristiana hay un criterio infalible, indicador de la llegada del reino: cuando los pobres son evangelizados, es decir, cuando la justicia empieza a llegar a los desheredados, a los desposeídos y oprimidos. Siempre que en la sociedad se establecen estructuras que impiden al hombre explotar a otro hombre, que desmonten las relaciones señor-esclavo que propicien una mayor igualdad… está irrumpiendo la aurora del reinado de Dios. San Agustín, dice: es la gracia de bien vivir lo que pides cuando rezas ¡venga a nosotros tu reino! Necesitamos hacernos dignos de la súplica ¡venga a nosotros tu reino! Siguiendo a Jesús hacemos verosímil su ilimitada esperanza. Bien nos advertía san Cirilo de Jerusalén: Quien se conserva puro en las acciones, pensamientos y palabras, puede suplicar: ¡Venga a nosotros tu reino! (Catequesis mistagógicas) Venga a nosotros tu reino

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35 35 JJ Arias El nuevo cielo y la nueva tierra ya empezaron con la venida, el mensaje y la presencia de Jesús; el reino ya está en proceso de realización, aunque su plenitud dolorosamente tarda aún. Aquí encaja el ¡hágase tu voluntad! ¿Por qué Dios tarda tanto? ¿Cuál es su voluntad? Importa saber cuál es la voluntad de Dios; cómo la nuestra se coordina con ella, y cuál es el valor de la paciencia histórica. Hágase tu voluntad

36 36 JJ Arias Es necesario acudir al término hebreo que encubre el término voluntad, rashon, en este caso reshonká, (que la petición del padrenuestro traduce por tu voluntad), con el significado específico de agrado,complacencia. Por tanto hágase tu voluntad equivale a que tu complacencia se cumpla ¡Hágase tu complacencia! se traduce en que sea yo feliz en ti y en comunión con circunstancia humana y cósmica que me rodea, descubriendo siempre las semillas de tu complacencia. Pedir que ¡se haga su voluntad! Implica la capacidad de salir de uno mismo, creer en la fuerza del amor de dios a pesar de la malicia humana, y confiar en que la mala voluntad puede ser vencida por la misericordia divina. Hágase tu voluntad Qué significa la expresión voluntad de Dios

37 37 JJ Arias Hágase tu voluntad Estamos ante una de las preguntas más fundamentales de todo hombre religioso. Se produce una silenciosa protesta del hombre que rehúsa hacer la voluntad de Dios; pues existe la mala voluntad y el egoísmo, que consiste en hacer lo que a uno le viene en gana sin preguntarse si va o no de acuerdo con la voluntad de Dios. ¿Cuál es la voluntad de Dios para Jesús? a) La voluntad de Dios es la instauración del reino Para Jesús, la voluntad inequívoca de Dios es la instauración de su reino, cuyo anuncio constituye, el tema-eje de su predicación. La liberación del mundo y su máximo ennoblecimiento es la meta de la indomable voluntad de Dios. La petición ¡hágase tu voluntad! repite y refuerza el ¡venga a nosotros tu reino! Lucas, omite esta petición, quizás porque nada añade a la anterior. En el evangelio de Juan, Jesús die claramente: Para mí es alimento cumplir la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra (Jn 4,34). Y en otro lugar afirma: No pretendo hacer lo que yo quiero, sino la voluntad del que me ha enviado (Jn 5,30). San Pablo expresa la misma idea del reinado que Dios quiere instaurar: Dios nos ha revelado su voluntad secreta, conforme al querer (=voluntad) y proyecto que él tenía para llevar la historia a su plenitud: hacer la unidad del universo por medio del Mesías, de lo terrestre y de los celeste (Ef 1,9-10). Pedir en tal sentido que se haga (o venga) la voluntad de Dios, es implorar que Dios mismo realice su reinado. Rezar el ¡hágase tu voluntad! Es pedir que todo eso se realice pronto; que Dios no tarde en hacer lo que se propone.

38 38 JJ Arias Hágase tu voluntad ¿Cuál es la voluntad de Dios para Jesús? La venida del reinado no es mecánica, no prescinde de la colaboración del hombre. El reinado es de Dios, pero ha de hacerse también del hombre. El reinado (voluntad objetiva de Dios) constituye fundamentalmente un don y un ofrecimiento: Dios siempre nos amó primero (1Jn 4,19). Su reinado y todo lo que viene de Dios presenta la estructura de una proposición y no de una imposición; apunta a una invitación y no a un mandato. Y ello porque Dios es amor (1Jn 4,8), y la ley del amor es darse libremente, ofrecer sin violencia y aceptar con libertad. Las Escrituras llaman a este proceso humano conversión, necesaria para que el reinado venga efectivamente a nuestro mundo y se haga historia. b) La voluntad de Dios es que el hombre viva No basta decir Señor, Señor para descifrar el misterio escondido de Jesús bajo la fragilidad de una existencia débil y poco mesiánica; se salva de verdad sólo quien pone por obra el designio de mi Padre del cielo (Mt 7,21). ¿Cuál es este designio o voluntad? No hay que ahondar mucho para saberlo: es vivir el seguimiento de Jesús, tener la misma actitud que él tuvo (Flp 2,5), orientarse por el espíritu de las bienaventuranzas y del sermón de la montaña (cf. Mt 5-7). Por mi vida – dice el Señor -, juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva (Ez 33,11; 18,22.32; 2Pe 3,9).

39 39 JJ Arias Hágase tu voluntad ¿Cuál es la voluntad de Dios para Jesús? La voluntad de Dios conlleva un elemento de paciencia, de abandono humilde al misterio, y hasta de resignación; pero ello no nos hace entender el aplazamiento de los cielos y tierra nuevos. ¿Por qué Dios no realiza en seguida su voluntad? A menudo, al justo se le margina, al sabio se le ridiculiza, al santo se le elimina. Triunfan los frívolos, saca partido el deshonesto. Aceptar el camino misterioso de Dios, incluso cuando ni vemos ni entendemos nada, exige la renuncia de sí mismo y de los propios deseos. Rezar que se haga tu voluntad equivale a pedir ¡hágase como Dios quisiere!, sin ningún significado de lamentación o desesperanza. Al igual que los niños no llegan a entender aún todos los gestos de los padres y ni siquiera el alcance de sus palabras, tampoco nosotros percibimos las dimensiones de la historia. Nada de extraño, pues, que la última palabra de Jesús, según Lucas, fuese una exclamación de total abandono: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23,46). Es la expresión de la radical libertad humana: entregarse a uno Mayor que tiene el sentido supremo de todas las aspiraciones y que sabe el porqué de todos los fracasos. c) La voluntad de Dios entraña el abandonarse confiadamente

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41 41 JJ Arias Así en la tierra como en el cielo En el lenguaje del Medio Oriente y del AT, cielo y tierra quieren expresar, espacialmente, la totalidad de la creación de Dios (cf. Mt 5,8; 24,35), Cristo resucitado recibió plena autoridad en el cielo y en la tierra (Mt 28,18). Pedir que se haga tu voluntad así en la tierra como en el cielo equivale a desear que se haga la voluntad de Dios en todos los lugares y siempre. Hacer la voluntad de Dios en todo y en todas las dimensiones. Orígenes comenta excelentemente esta petición: Si se hiciera la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo, la tierra ya no sería tierra… entonces todos seríamos cielo. Todo llegará a la reconciliación plena; el cielo se abajará hasta la tierra y la tierra habrá sido elevada hasta el cielo. Será el final, y Dios lo será todo para todos (1Cor 15,28).

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43 43 JJ Arias En la fórmula de san Mateo se pide el pan para hoy; en la de Lucas, para cada día. Ambos sentidos son adecuados. La primera versión (hoy) mira al sentido inmediato de la súplica: se pide el pan necesario para ahora, para hoy. La segunda (cada dia) implica un propósito del discípulo: pedir día tras día, todos los días, el pan necesario, confiándose así a la Providencia divina. En la memoria de los pueblos consta que el pan es una realidad sagrada; se le trata con respeto y veneración. Antes de comerlo se le besaba y se recogía con respeto, besándolo, el trozo de pan que caía al suelo. El pan no se tira. El pan es santo porque está asociado al misterio sacrosanto de la vida Para el hombre de fe cristiana, el pan es más santo aún porque simboliza la reconciliación definitiva de todos los justos y es también el símbolo real de Jesús, pan de vida, es la materia que constituye, transustanciada, el sacramento de la Eucaristía. Hoy danos el pan La santidad del pan

44 44 JJ Arias ¡Dánoslo hoy!, es decir, ¡envíanos lo que necesitamos!. La petición a la que Jesús nos anima no tiene límites amplios; quiere únicamente lo necesario para el día de hoy, no se nos invita a orar para que tengamos lo necesario todos los días, hasta el fin de nuestra vida. No os inquietéis por el día de mañana. El día de mañana se inquietará de sí mismo (Mt 6,34). Según el Evangelio de los Hebreos, cuando retraduce por mahar la palabra griega epiousios hace una conjetura sobre el significado de esta palabra e interpreta la petición del pan para hoy en el interés de la gente pobre que, por la noche, quieren tener en sus moradas el pan del día siguiente, a fin de conciliar el sueño sin preocupaciones. Hoy danos el pan El pan para hoy Rabbí Eleazar (+ hacia el año 136) solía decir con frecuencia: Quien tiene para comer hoy, y se pregunta: ¿Qué comeré mañana?, es un individuo de fe mezquina (B ILLERBECK I, 421 ). En el día de hoy se obra la salvación. Cada día es una anticipación del banquete escatológico

45 45 JJ Arias El adverbio hoy no es superfluo sino que resalta la urgencia de la petición; y parece apuntar en concreto a los enviados itinerantes de Jesús, que nada pueden llevar hoy consigo, ni siquiera las provisiones para el día siguiente, sino que han de vivir de la hospitalidad. Todas las peticiones del Padrenuestro se formulan en línea muy abierta, de suerte que muchas personas pueden identificarse con ellas. La petición del pan en el hoy parece confirmarlo: no se trata de una petición especial de los discípulos itinerantes de Jesús. El fuerte arraigo de esta petición en la situación del pobre hace preguntar, obviamente, cómo puede recitarla un ciudadano socialmente asegurado de un país industrializado; pues, quizá, extrañándola como petición, identificándose en ella con los realmente pobres y con su necesidad, sin aplicarla a otras necesidades ajenas al texto. El hoy de la existencia es un estado de ánimo en el que se lleva a cabo un trabajo, y por tanto, un desgaste cotidiano. Puedes limpiar la casa de manera superficial, pensando en otra cosa; pero igualmente puedes hacerlo de tal manera que eso desarrolle tu vida interior. Eso es un trabajo sobre ti mismo; y para ello necesitas el pan. Hoy danos el pan

46 46 JJ Arias Quien pide cada día el pan que necesita se está sugiriendo a sí mismo su condición de criatura, que los modernos tendemos a relegar tan superficialmente. En efecto, decir, hoy danos el pan es aceptar que debemos pedirlo mañana. Es aceptar que debemos pedir que mañana nos siga dando una aptitud y una posibilidad de trabajar o unos hermanos que compartan con nosotros el pan. Es admitir y alegrarnos de que nuestra vida dependa enteramente de Él; y el que te da el día te da, por lo mismo, el pan del día. Es confesar que no nos bastamos a nosotros mismos. Hoy danos el pan El ser humano para crecer necesita agua y pan. Si no come, muere; y para crecer espiritualmente necesita, como la planta, sol, agua, aire y tierra. La tierra representa a la sociedad en donde vivo: el lugar donde la planta ha nacido, en donde se enraíza, da frutos y muere para que otros vivan.

47 47 JJ Arias Cada persona por su riqueza y su complejidad, necesita diferentes alimentos, sin los que una parte de su ser quedaría atrofiado. Algunos alimentos estimulan el corazón y la vida de relaciones, otros la vida intelectual y racional, otros las capacidades de generosidad y las de acción; otros la búsqueda de Dios y la sed de infinito. A menudo unas personas se convierten en obsesivamente hambrientas de una de las partes de su ser, dejando de lado las otras: crecen sin equilibrio y sin unidad. Alimento es todo lo que despierta este aspecto esencial de nuestro ser y nos lo presenta a nosotros mismos. Es toda palabra, lectura, encuentro, seceso, ruptura o sufrimiento que nos manifiesta y despiertan la parte más profunda de nuestro corazón, devolviéndonos la esperanza. Hoy danos el pan

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49 49 JJ Arias En el campo de las relaciones, sea con Dios, sea con los demás, surgen diferentes actitudes: de amor, de amistad, de simpatía, colaboración, indiferencia, rechazo, humillación, altivez, explotación… No cabe la neutralidad. La toma de posición es irrecusable o a favor o en contra o con distintos grados de compromiso. Perdona nuestras ofensas Partamos de nuestro nacimiento: al nacer, hubo quien nos acogió, nos alimentó y nos dio el cariño indispensable para una vida sana Semejante experiencia es la que tiene el hombre religioso respecto a su Dios: recibió la existencia, la salud, los vestidos, el techo, la inteligencia, la bondad, los amigos y tantas otras cosas excelentes de la vida que el ingenio humano no puede producir y que las sentimos como dádivas del Padre. Nos descubrimos deudores, y espontáneamente surge el sentimiento de gratitud. Es la deuda que, aunque la consideremos inocente, nunca la podremos pagar. Frente a esta benevolencia de Dios, el hombre es siempre un deudor. La experiencia de la ofensa y de la deuda Hay otro tipo de deuda que no es inocente, sino culpable. Es la deuda como ofensa y pecado, una deuda que permanece y exige ser rescatada. Se presenta ante la conciencia como culpa por una relación destructora del encuentro, del amor y de la humanidad.

50 50 JJ Arias Presupone la relación entre las personas y la comunión con Dios. Lo que se debe haber hecho y no se hizo: mi semejante necesitaba, para reanimarse, una palabra, y yo se la negué; su mirada me pedía compasión, y yo fui duro y le humillé; el pobre me contó sus desgracias, extendió su mano pidiendo ayuda, y yo pasé de largo; los ojos infantiles relucían saltones por el hambre, el bebé se estremecía de fiebre en los brazos de la madres escuálida y desnutrida, y yo volví la cara para no impresionarme. Otras veces es el odio sordo, la descarada explotación del débil, de sus fuerzas de trabajo, de su ignorancia, o la eliminación física de los importunos. La injusticia y el desamor. El hermano ha quedado ofendido, y también Dios, porque lo que a él le gusta es la misericordia, el amor, la justicia y la solidaridad…: justo lo que aquí se ha traicionado. La ley manda hacer al otro lo que me gustaría que me hicieran a mí, ¡y no lo hice!. Perdona nuestras ofensas Cada persona humana tiene bien arraigada en su conciencia la convicción de que no todo procede bien en su vida: Todos fallamos muchas veces (Sant 3,2). Constatar que somos pecadores concierne a la sinceridad que nos debemos a nosotros mismos. Jesús expresa escueta y claramente: ¡Perdonad y os perdonarán! (Lc 6,37). La experiencia de la ofensa y de la deuda

51 51 JJ Arias Mateo se sirve de la palabra deudas (hoba= deudas financieras), pero que con el tiempo fue asumiendo una coloración religiosa como sinónimo de ofensa,. Y perdónanos nuestras deudas, que también nosotros perdonamos a nuestros deudores (Mt 6,12). Lucas, en cambio, dice textualmente: Y perdónanos nuestros pecados, que también nosotros perdonamos a todo deudor nuestro (Lc 11,4) Lucas cambia deudas por pecados para facilitar la comprensión de sus oyentes, griegos, para quienes la palabra deudas no tenía una connotación religiosa como para los semitas. El Padre testificado por Jesús es un Padre de infinita bondad, que es bondadoso con los malos y desagradecidos (Lc 6,35); es el Dios de la oveja descarriada (ver Lc 15,1- 7), de la moneda perdida (ver Lc 15,8-10), del hijo pródigo (Lc 15,11-32), de la alegría mayor por un pecador que se convierte que no por noventa y nueve justos no necesitados de conversión (Lc 15,7) Sed compasivo como vuestro Padre es compasivo (Lc 6,36). Llega hasta a frecuentar la casa de los pecadores (Mc 2,15; Lc 19,1-9), pasando por ser amigo de ellos (Mt 11,19). Semejante gesto no es mero humanitarismo; nace de su experiencia de Dios Compasivo; hace sentir a los pecadores que no están automáticamente excluidos del amor del Padre, sino que éste los ama con infinita ternura y sabe acogerlos con los brazos abiertos y con el beso del perdón (Lc 15,20; 2Sm 14,33). Perdona nuestras ofensas Perdónanos nuestras ofensas (=deudas)

52 52 JJ Arias En aquella época se conceptuaban tres grupos de pecadores: los judíos, que podían dirigirse a Dios mediante penitencias, en la esperanza de contar con la compasión divina; los pecadores gentiles, que podían acudir también ellos a Dios con la penitencia, pero con pocas esperanzas de ser escuchados; de ahí que se les considerase fuera del alcance de la misericordia divina; y por fin, los judíos que se volvían como gentiles: para ellos no había ya ni penitencia ni esperanza, estaban prácticamente perdidos; tales eran los pastores, las prostitutas, los leprosos, los publicanos y demás ralea. ¡Y de súbito se oye la buena nueva de Jesús: No he venido a salvar a justos sino a pecadores! (Mc 2,17) El Evangelio se nos presenta como buena nueva sólo si comprendemos esta novedad introducida por Jesús. El Dios de Jesús no es ya el viejo Dios de la Torah (Ley), de la venganza y del castigo; es el Dios de la misericordia. La parábola del hijo pródigo personifica al Dios de Jesucristo, lleno de compasión y amor desbordante: Su padre le vio de lejos y se enterneció; salió corriendo, se le echó al cuello y le cubrió de besos (Lc 15,20). Igual que este padre terreno, así es también el Padre celestial; y así actúa Jesús. Perdona nuestras ofensas Perdónanos nuestras ofensas (=deudas)

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54 54 JJ Arias La segunda parte de esta petición parece interponer una condición al perdón divino. Mateo añade: Pues si perdonáis sus culpas a los demás, también vuestro Padre del cielo os perdonará. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas (Mt 6,14-15). ¿Nos encontramos ante una especie de negociado con Dios? No cuadra con la postura vivida y enseñada por Jesús, con su inabarcable compasión, totalmente ajena a otras consideraciones interesadas. La parábola del siervo endeudado, que arrancó un perdón total porque imploró a su señor, apunta hacia el objetivo adecuado (ver Mt 18,23-35). Pero el individuo, ya perdonado, no sólo no quiso perdonar a su compañero que le debía una miseria, sino que, además, lo amenazaba con agresividad – agarrándolo por el cuello -. Entonces el dueño le llamó y le espetó: ¡Miserable! Porque me lo imploraste, te perdoné toda aquella deuda. ¿No debías tú tener también compasión de tu compañero como yo la tuve de ti? (Mt 18,32-34). La lección es clara: si pedimos un perdón general y lo recibimos tal, sin condiciones previas, también nosotros hemos de perdonar ilimitadamente a quien nos pide perdón. Debemos ser misericordiosos como lo es nuestro Padre (ver Lc 6,36), hasta perdonar setenta veces siete (Mt 18,22), o sea, siempre, pues así lo hace Dios. Como nosotros perdonamos

55 55 JJ Arias No se trata, pues, de una transacción o de un condicionamiento previo, sino de mantenernos coherentemente en la misma actitud con Dios y con el prójimo. No podemos adoptar dos posturas diferentes, una con Dios y otra con el prójimo Amar al otro es encontrarse con Dios; y amar a Dios entraña amar al hermano, pues quien no ama a su hermano, a quien está viendo, no puede amar a Dios, a quien no ve (1Jn 4,20). El culto a Dios sin la reconciliación con el hermano es idolatría (ver Mt 5,23-24) El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo (Col 3,13). Igual que la petición anterior sobre el pan, también ésta tiene una dimensión social. Nos sentimos una comunidad de pecadores; tenemos deudas con Dios y deudas con los hermanos. El pan de la vida comunitaria es el perdón y la misericordia mutua. Como nosotros perdonamos

56 56 JJ Arias La resistencia al perdón descubre en nosotros los manantiales de la violencia. Como enemigo, se nos presenta cualquiera que nos tensa, nos altera, nos enerva o contraría. El odio y sus adláteres suelen agazaparse en los recovecos más insólitos de nuestro corazón, amparándose en nuestra fragilidad y en nuestros miedos. Nuestro corazón siendo el lugar de nuestra fragilidad, es también el de la presencia de Dios. El espíritu de Jesús mora en esta fragilidad; es su morada. Aparece en el hecho de no apreciar al otro, frente al cual se adopta una fría indiferencia. Es la violencia del rico satisfecho de sí mismo que no ve al pobre. En la parábola del rico y de Lázaro, el rico rezuma una violencia extrema hacia aquel pobre que muere de hambre y que no ve. Cuando nos encontramos a alguien asolado de crisis es muy fácil excusarnos a nosotros mismos diciendo: Es un enfermo. Resulta mucho más difícil mirar a nuestro interior y cuestionarnos: ¿En qué medida yo mismo estoy provocando esa situación por mi falta de escucha y de ternura?. La violencia silenciosa es muy pujante; es la violencia que muchos, hombres y mujeres, han vivido y siguen alimentándola por falta de atención y de amor. Como nosotros perdonamos Detectar las fuentes de la violencia La violencia silenciosa

57 57 JJ Arias El enemigo es aquel que pone mi vida en peligro. Cuando mi vida está en peligro suelen producirse tres reacciones: la fuga, reacción propia del mundo animal como manera de protección; el camuflaje, que es también una forma de huida; nos camuflamos para no dejarnos ver y escondernos en el anonimato; y la defensa activa, que es la agresión. El problema estriba en que el enemigo no está al otro lado de la frontera. Es de suma importancia identificar al enemigo. Aquel es mi enemigo; que está amenazando mi vida porque amenaza mi autoridad, o mi seguridad; incluso intimida mi vida afectiva; es un peligro Jesús es muy claro al plantear la problemática humana del enemigo. Y es precisamente lo que aparece como la novedad de la predicación y comportamiento de Jesús: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os odian, orad por quienes os persiguen. Es fácil amar a quienes os aman; pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos. Como nosotros perdonamos Identificar al enemigo

58 58 JJ Arias Una vez identificado el enemigo, es posible iniciarse en amarlo. Pero necesitamos suplicar al Señor Jesús para que nos esclarezca en la manera de entrar en el perdón y el amor del enemigo. No se olvide que cualquiera que me altera se convierte puntualmente al menos en mi enemigo. El enemigo está también en el interior de uno mismo, y que no aguanta determinadas cosas. Identifiquemos a este enemigo, que no es verdaderamente él, sino que es yo; soy yo quien tengo miedo de mí mismo y de cuanto se ha desencadenado en mi interior. Una clara identificación del enemigo es el camino de la libertad. Cuando una persona toma conciencia de sus gérmenes de odio, puede identificarse al lobo. Nuestra capacidad de odio, nuestra capacidad de atentar son tan difíciles de soportar que los arrojamos en lo más recóndito posible de nuestro inconsciente. Necesitamos escuchar nuestras emociones, no para detenernos en ellas demasiado, sino para aprender a reconocerlas y a identificarlas. Es necesario saber lo que ocurre dentro de nosotros sin lanzar demasiado rápido un veredicto moral, de si algo es bueno o malo. Como nosotros perdonamos El amor al enemigo El lobo en nosotros

59 59 JJ Arias La cuestión radica en topar unos pequeños medios para lograr la domesticación de estos lobos mediante el descargo de la conciencia y lograr de este modo la reconciliación y el perdón. No puede descubrir el perdón más que el que ha tenido la agresión. Si se encubre la agresión, no hay perdón posible. La curación se realiza a través del perdón; pero es un camino casi interminable: perdonar y ser perdonado sesenta veces siete. Mediante las relaciones de unos con otros, a través del acompañamiento y de la oración, es como poco a poco se va amansando el lobo. En la oración silenciosa dejamos a Jesús que toque lo que está más dañado y más vulnerable en nosotros: es el misterio de la oración. Es uno de los elementos de curación y de perdón absolutamente indispensables. Dios es un pedagogo fuera de serie. Suele contestar a nuestras preguntas cuando no contesta. Además, cuando contesta, no lo hace casi nunca directamente; por eso sentimos la necesidad de vivir en grupo y tener confianza unos de otros y escuchar así la voz del Señor que nos está perdonando nuestros atentados como nosotros perdonamos a los que nos han atentado con sus agresividades. Así proseguimos nuestro camino de madurez en fe y en humanidad. Como nosotros perdonamos Domesticar al lobo

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61 61 JJ Arias Las peticiones del padrenuestro van creciendo en intensidad hasta culminar en un grito de angustia: ¡No nos dejes caer en la tentación! Esta petición dirigida al Padre presupone la amarga experiencia de que el hombre es un ser débil. Para entender a fondo el sentido de esta súplica atormentada, necesitamos tomar conciencia de la estructura de la condición humana. La vida humana se encuadra en dos miradas coordinadas, una hacia la tierra (la inmanencia) y otra hacia el cielo (la trascendencia). La existencia en la tierra participa del destino de ésta: caducidad, toda clase de limitaciones y, por fin, la muerte. Este mismo hombre tan encorsetado, no se contenta con la fatal pequeñez de las cosas, y no es cuestión de voluntad, sino de un impulso que domina al hombre y le hace tener como hambre de lo infinito y sed de lo absoluto. El ser humano, todo entero, siente una llamada hacia lo sublime, a la plena libertad, a la perfección acabada, a una meta definitiva. Sólo el espíritu da vida (Jn 6,63) y el espíritu (tiende) a la vida y a la paz (Rm 8,6). No nos dejes caer [en la tentación] La persona humana, predispuesta a caer

62 62 JJ Arias Es necesario reconocer que el hombre es un ser ontológicamente desequilibrado. Pablo, con realismo, afirma: Mirad, los objetivos de los bajos instintos (carne) son opuestos al Espíritu y los del Espíritu a los bajos instintos, porque los dos están en conflicto. Resultado: que no podéis hacer lo que quisierais (Gal 5,17). Y todo esto existe y subsiste en una misma y única realidad humana. Estas dos situaciones existenciales se erigen también como dos proyectos de vida. El proyecto de la carne que hoy encamina a la acumulación de la riqueza. El sistema social que es vigente en nuestros países es profundamente disimétrico, engendrando injusticias institucionalizadas y un clima de pecado social. También es posible orientar la vida arrancando de la dimensión del espíritu focalizándolas en la óptica de Dios y de un destino más compartido a favor de todos los hombres. Este proyecto de vida según el espíritu (ver Gal 5,25) se exterioriza en amor, alegría, paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de sí (Gal 5,22) No nos dejes caer [en la tentación]

63 63 JJ Arias Cumple encarnar históricamente estos ideales en el marco de nuestro tiempo. Todos los que actualmente se comprometen en engendrar relaciones de producción y de convivencia favorables, en todos los estratos de la vida, a la comunión y participación del mayor número posible de personas, están realizando el proyecto del espíritu. El drama de la condición humana radica en el hecho de que estos dos proyectos se compenetran. El hombre que opta por el proyecto del espíritu debe luchar consigo mismo y contra el proyecto de la carne que le fustiga por dentro. Hay que superar una comprensión moralizante de las tentaciones (de suyo muy superficial) y penetrar en una dimensión estructural para percibir su enraizamiento en la propia naturaleza humana. No nos dejes caer [en la tentación] El ser humano, pues, está estructuralmente sujeto a la tentación y a las solicitaciones de la carne y del espíritu. Es un ser concupiscente. Esta situación, de por sí, no es mala; nos presenta simplemente el superabundante dinamismo de la vida humana carnal-espiritual. El mal no consiste en tener tentaciones, sino en secundarlas. A Dios le pedimos no que nos ahorre las tentaciones, sino que nos ampare en ellas.

64 64 JJ Arias Para que haya pecado, es preciso que antes exista la posibilidad del mismo. Tal posibilidad está ligada al misterio de la creación. Decir creación es decir dependencia. Todo ser creado depende de Dios en su existencia y subsistencia; es de Dios, por Dios y para Dios. Comparada con la perfección divina, la creación es imperfecta; lo cual no constituye ningún mal que lamentar o reparar. Por el hecho que el mundo no es Dios ni emanación de Dios, quiere decir que es separado, diferente, limitado y dependiente; en una palabra, su razón última no reside en él mismo, sino que postula a Alguien que lo aclare. La única y real desgracia del ser humano es que históricamente cayó y sigue cayendo en la tentación. El pecado, como negación de amor a Dios y al hermano y al mundo, recorre trágicamente toda la historia humana. No nos dejes caer [en la tentación] Únicamente el hombre se eleva por encima de los seres finitos y entabla un diálogo con el Infinito, pues sólo el hombre está entre ambos. El hombre se yergue como un ser entre Dios y el mundo. Esta pertenencia a dos dimensiones de la realidad le hace sufrir, pues le traspasa por entero; él es carne (del mundo) y espíritu (de Dios), perfecto e imperfecto. Querer ser como Dios es querer lo imposible. El pecado es negarse a aceptar la propia limitación y el sufrimiento de un espíritu que vive en la carne. Santiago afirma: Dios no tienta a nadie; a cada cual le viene la tentación cuando su propio deseo le arrastra y le seduce (Sant 1,13-14). El hombre, un ser hábil

65 65 JJ Arias Tentación con dos significados en la Biblia: prueba e incitación al mal o específicamente tentación; en la Escritura la palabra tentación responde a una realidad de atractivo, seducción, engaño serpentino que no implica necesariamente el término prueba. La prueba viene a ser como un test de Dios para aquilatar la fidelidad. En ese caso Dios prueba, pero no tienta. La tentación es algo distinto. Es una seducción al mal; y por tanto, es un engaño. La tentación requiere un agente, que podemos denominar tentador, o seductor El Tentador ha sometido a Jesús a una exploración para cerciorarse acerca de su identidad; y en concreto lo tentó ofreciéndole un mesianismo político y terreno. En realidad cada cual es tentado por su propia codicia. La causa inmediata de la tentación es interna. [No nos dejes caer] en la tentación Esclarecer la expresión tentación

66 66 JJ Arias Decir tentable significa que la persona humana provoca ella en sí misma la tentación, al mismo tiempo que es accesible a la tentación. Así, en la vieja tradición bíblica, en los apócrifos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y en los primeros escritos espirituales cristianos, los demonios eran originariamente ángeles. Sin embargo, al caer, al apartarse de Dios, se convirtieron en algo malo, envidiosos del ser humano, por ser elevados a una dignidad que ellos habían perdido. Evagrio Póntico (+399), registra tres categorías de seres racionales: los ángeles, los demonios y los hombres. A cada uno de estos órdenes le corresponde una energía espiritual: el nous (espíritu) a los ángeles, el thymos, a los demonios y la epithymía (deseos) a los hombres. El punto de contacto entre la posibilidad de conocimiento humano y los demonios es la fantasía. Los demonios excitan en nosotros la imagen de la fantasía. Crean representaciones de cosas visibles en el alma que producen fuertes emociones. También apoyándose en nuestros recuerdos excitan con las imágenes de esos recuerdos emociones que pueden impulsarnos en la dirección que ellos buscan. El individual humano es la única criatura tentable [No nos dejes caer] en la tentación

67 67 JJ Arias Los monjes intuyeron con su doctrina sobre los demonios el mecanismo por el que nosotros proyectamos nuestros propios deseos y emociones en los otros. Experimentamos en nuestra compromiso cristiano constantemente una fascinación por el mal, que es la tentación. Sentimos cómo nos acecha y quiere atraernos. Los mecanismos que se producen en nosotros y los fenómenos físicos y psíquicos que aparecen los puede describir la psicología. Sin embargo lo que hay detrás de esta fascinación, el misterio del mal, que constantemente ha sido expuesto en las religiones, filosofía y mitos de todos los pueblos, no es accesible a la investigación psicológica. No cabe más remedio que tomar sobre sí el esfuerzo y buscar el camino totalmente personal de cada uno hacia la vida y hacia Dios. Y la vida sólo llega a ser plena cuando encontramos y recorremos nuestro propio camino. La petición de ser protegido de la tentación es enormemente actual. En ella pedimos a Dios que nos dé claridad sobre cómo se logra nuestra vida. Que nos ayude a reconocer los falsos profetas que, como en tiempos de Jesús, nos gritan salvación allí donde no hay salvación alguna, nos meten en la cabeza que podemos hacer cuanto nos viene en gana. [No nos dejes caer] en la tentación

68 68 JJ Arias Son explícitos los testimonios de la tentación de Jesús (cf. Mc 1,13; Mt 4,3; Lc 22,28; Mt 26,41); fue probado en todo lo mismo que nosotros (Hbr 4,15); por haber pasado él la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora la están pasando (Hbr 2,18). En Jesús está presente el Dios encarnado, y como tal despojado de sus cualidades divinas e identificado con las limitaciones humanas (no otro es el contenido esencial del misterio de la encarnación). El Hijo no se apropió de una naturaleza abstracta, sino histórica y concreta de Jesús de Nazaret. San Pablo enfatiza que Dios envió a su propio Hijo en una condición como la nuestra pecadora (Rm 8,3), y el evangelista Juan afirma lo mismo con más simplicidad: El Logos se hizo carne (Jn 1,14), o sea, entró en nuestra oscura situación decadente y rebelada. Habiendo sido tentado, Jesús puede ayudarnos en la tentación [No nos dejes caer] en la tentación

69 69 JJ Arias Las tentaciones de Jesús no hay que entenderlas como solicitaciones al mal o al pecado, ya que vivía siempre centrado en el Padre y, por tanto, la posibilidad histórica de fallar estaba descartada. Sus tentaciones consistían en la búsqueda, siempre fiel, de los pasos concretos que plasmaban históricamente la voluntad de Dios. Ahí es donde Jesús tenía que superar perplejidades, decepciones con el pueblo, con los fariseos y con los apóstoles, incomprensiones que llegaron a la difamación y a las persecuciones. En este sentido Jesús fue tentado, o sea, probado y sometido a prueba, y por ello ofreció oraciones y súplicas, a gritos y con lágrimas (Hbr 5,7). En el monte de los Olivos, al entrarle la angustia, se puso a orar con más insistencia (Lc 22,44). La carta a los Hebreos comenta con profundo realismo: Hijo y todo como era, sufriendo aprendió a obedecer (Hbr 5,8). Toda obediencia es onerosa, y Jesús pasó por la prueba de esta carga, hasta triunfar: ¡puede, pues, ser ejemplo para quienes le siguen! Habiendo sido tentado, Jesús puede ayudarnos en la tentación [No nos dejes caer] en la tentación

70 70 JJ Arias Luego llega el momento del gran choque final, en las postrimerías del mundo: es la hora de la tentación… que pondrá a prueba a los habitantes de la tierra (Ap 3,10). En palabras de Jesús, al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría (Mt 24,12). Surgirán mesías y falsos profetas que realizarán grandes señales y prodigios (cf. Mc 13,12; Mt 24,24), engañando a muchos porque se presentan con las semblanzas de Cristo y de lo sagrado. Si Dios no se apiadase de los justos, nadie escaparía con vida (Mt 24,22) Líbranos, Señor, de la gran tentación [No nos dejes caer] en la tentación Esta súplica no tiene sólo una dimensión escatológica universal; vale también para cuando la escatología se realiza individualmente. Al morir pasaremos por el juicio; estallará la crisis más radical de nuestra existencia, con la posibilidad de una plena purificación para la vida en el reinado de Dios. Nos jugamos la decisión más profunda y postrera, fruto de todas las decisiones de la vida humana. Podrá eclipsarse la esperanza y desvanecerse la entrega confiada. El fantasma de la duda podrá obnubilar el rostro del Padre infinitamente bondadoso, minar la certidumbre del reino y poner en duda su voluntad salvífica. Entonces es menester suplicar y gritar: ¡No nos dejes caer en la tentación!

71 JJ Arias

72 72 JJ Arias Esta última petición del padrenuestro ve el mundo de manera realista. En él nos encontramos con el mal (convendría distinguir el mal, como accidente y experiencia de la precariedad del ser limitado que somos, de la maldad, que sólo anida en el corazón del hombre). El mal es una realidad con la que tenemos que contar, en el mundo y en nuestras vidas. Una vez liberados del mal y del maligno, estamos prontos para gozar de la libertad de los hijos de Dios en el reino del Padre. El problema del mal constituye un misterio tan difícil de resolver y las piezas del puzle se hallan tan enredadas entre sí que, aunque la investigación arroje cierta luz al respecto, el mismo hecho de tratar de desentrañarlo, suele agregar más confusión a la ya existente. Líbranos del mal

73 73 JJ Arias El mal existe, porque nos lacera y fascina. Y, pese a todo, es la realidad que más nos subleva y desconcierta. Perturba al mismo tiempo a la razón y al corazón. La fascinación que ejerce el mal es de condición sagrada e imponente, porque el mal pertenece también en cierta manera al ámbito de lo divino. El mal al mismo tiempo que arrolla y embarga, provocando rechazo y pavor, también atrae, porque en su irracionalidad proyecta un tipo de energía divino- demoníaca, personificada en alguna época de la historia de la humanidad en el Anticristo. Por eso, el mal es fascinante, forma entre sí una extraña pareja de contrastes. En la misma medida que el objeto-demoníaco puede aparecer horroroso y devastador al ánimo e irracional a la mente humana, se presenta otro tanto como seductor y atractivo. Líbranos del mal La laceración y la fascinación del mal

74 74 JJ Arias El mal siempre pretende escaquearse ante el asedio de múltiples cuestiones: ¿De dónde procede el mal? ¿Qué razón tiene de que exista? ¿Cómo un Dios que dice ser bueno, permite el mal? ¿Es el mal una potencia divina? ¿Es permisible el mal para lograr de un bien mayor o supremo, como puede ser la salvación? Líbranos del mal Los grandes textos fundacionales de nuestra cultura, como la Biblia, los venerables Libros sagrados de las grandes religiones orientales y los Trágicos griegos, plantean constantes preguntas sobre el mal en recriminaciones, descripciones horribles y cantos de esperanzas. El creyente cristiano no tiene más que mirar a la cruz de Jesús. Los sufrimientos físicos y morales, el desgarramiento de fallecidos prematuros, la condición de tantos discapacitados, la cruel soledad, el racismo, las drogas, el hambre en el mundo, la carencia de diálogo entre los humanos, las amenazas a la vida en nuestro planeta tierra. El mal, una pregunta sin respuesta

75 75 JJ Arias La manifestación del mal, que emana de la experiencia, es ante todo una constatación; que lacera al humano en su deseo de vivir y en sus oportunidades. El mal parece una mera acumulación de particularidades negativas en cadena. El mal es siempre un atropello. El exceso, el atropello, lo injustificable del mal nos permite comprender que su exhibición se convierte naturalmente cuestión y problema enigmático; pero no como problema, enunciado neutro o ecuación que tengamos que resolver. Este interrogante insoluble, cuya pasión no disimula su carácter radicalmente ético, nos proyecta hacia un veredicto incontestable: el mal es un escándalo. Ahora bien, toda pregunta o cuestión o veredicto, a diferencia de cualquier problema, se plantea a alguien. ¿A quién? Los discursos sobre el mal muchas veces se han desentendido de la pregunta y han tendido a resolver precipitadamente el problema; para ello había que justificar a un Dios acusado por causa del mal. Líbranos del mal La manifestación del mal

76 76 JJ Arias No hay que trivializar la conciencia del mal. Los actos malos son expresión de estructuras y coyunturas previas, de las que pueden apropiarse las personas internalizándolas en la propia existencia y convirtiéndolas en verdaderos proyectos de vida, pasando así al terreno de la práctica inicua y pecaminosa. Hoy puede denunciarse un sistema capitalista o marxista como sistema de pecado, debido fundamentalmente a que cuajan en él estructuras de pecado, surgiendo así un conflicto estructural grave: la riqueza creciente de unos pocos sigue paralela a la creciente miseria de las masas. Las personas adoptan como proyecto de vida social estos sistemas que de suyo son excluyentes, acumuladores de la riqueza y de los beneficios en pocas manos y con escasa responsabilidad social, pasando de tal modo a ser agentes mantenedores del sistema y participando de su iniquidad. Así se establece el circuito del mal. Líbranos del mal El mal existe en la historia porque existe la tentación… y los hombres cayeron en ella; se produjo el pecado, la traición a los dictámenes de la conciencia, desobediencia a la voz de Dios que generalmente se deja oír por el lenguaje de los signos de los tiempos. Soy un hombre vendido como esclavo al pecado…; no hago el bien que quiero…; en mi cuerpo percibo unos criterios… que me hacen prisionero de esa ley del pecado que está en mi cuerpo (Rm 7, ) La situación de maldad

77 77 JJ Arias La gente mala no se caracteriza especialmente por sus pecados, sino por la sutileza, persistencia y consistencia de éstos. El principal defecto del mal, no radica en el pecado mismo sino en nuestra negativa a reconocerlo. Hay muchos tipos de personas malas, la misma negativa a reconocer nuestra culpabilidad convierte a la maldad en un pecado incorregible. Por tanto, el principal problema del mal no estriba en el hecho de pecar sino en nuestra negativa a admitir que pecamos. Todo lo que no afrontamos termina sorprendiéndonos desagradablemente. Líbranos del mal Los pecados no mueren con las personas: se perpetúan por las acciones que sobreviven a los individuos, tales como las instituciones, los prejuicios, las normas morales y jurídicas, las costumbres culturales… Muchísimas de estas cosas perpetúan vicios, discriminaciones raciales y morales, injusticias contra determinados grupos y clases humanas. Semejante situación surgida históricamente se vuelve fatalidad para quienes nacen dentro de ella, haciéndoles víctimas de los procesos de socialización e internalización de las normas tradicionales…, Por un lado, resulta ser víctima del pecado del mundo (en cuanto que se encuentra ya situada), y, por otro, se convierte en agente reproductor de ese mismo pecado mediante los suyos personales (ayuda a mantener y a re-crear la situación) Es necesario no ocultar la trascendencia del mal; es tal intenso que pudo eliminar al Hijo de Dios cuando apareció encarnado en nuestra historia (cf. Jn 1,11),

78 78 JJ Arias ¿Quién está detrás de mí? ¿Quién es el causante de la maldad? Las Escrituras hablan con toda claridad al respecto. Hay un ser espiritual que por definición es el tentador (Mt 4,3), el enemigo (Mt 13,39; cf. Lc 10,19), el gran dragón (Ap 12,3; 20,2), la serpiente primordial (Ap 12,9; 20,2; 2Cor 11,3), el homicida y mentiroso desde el principio (cf. Jn 8,44; 1Jn 3,8), el diablo (Mt 13,39; Lc 8,12; He 10,38), Satanás (Mc 3,23,.26; 4,15; Lc 9,16), Belcebú (Mt 12,24.27; Mc 3,22; Lc 11, ), el jefe del mundo (Jn 12,31; cf. 2Cor 4,4; Ef 2,2). Es sencillamente el Maligno, el causante de la mentira, del odio, de las enfermedades y de la muerte (cf. Mc 3,23-30; Lc 13,16; He 10,38; Hbr 2,14); quien no practica la justicia, o sea, quien no ama a su hermano (1Jn 3,10), se revela como hijo del diablo, al igual que Caín (cf. 1Jn 3,12) o Judas Iscariote (cf. Jn 6,70; 13,2.27). La cizaña son los hijos del Maligno que se oponen a los hijos de Dios (cf. Mt 13,38), quienes constituyen el reinado de Dios. Líbranos del mal Personificaciones de la maldad

79 79 JJ Arias Las opiniones de los exegetas siguen estando en desacuerdo. Una gran mayoría entiende el mal como el maligno (Satanás, el diablo). El maligno, o el perverso, del padrenuestro es apocalíptico-escatológico. Al final de la historia acontecerá el gran choque entre Cristo y el Maligno (cf. Mt 5,38). El fiel suplica Padre, líbrame frente al Maligno cuando aparezca La expresión original griega no dice líbranos del Maligno, sino líbranos frente al Maligno. Pablo dice con todo acierto: Dios Padre nos sacó (=liberó y sustrajo) el dominio de las tinieblas para trasladarnos al reino de su querido Hijo (Col 1,13). Líbranos del mal ¿Cómo hay que entender este ser espiritual perverso? ¿Es efectivamente un ser creado bueno por dios, pero al someterle a alguna prueba se sublevó y quedó transformado en el Maligno por antonomasia? ¿O se trata más bien de un recurso literario, de una personificación metafórica para traducir la experiencia de sentirnos atrapados por una maldad difusa, engendrada históricamente por las apostasías de los propios hombres? Es ésta una cuestión muy importante para la última petición del padrenuestro. El mal, ¿hay que entenderlo como el Maligno o como la maldad? ¿Líbranos del mal (del pecado, la desesperación, la enfermedad, la muerte) o líbranos del Maligno (del diablo, de Satanás)?

80 80 JJ Arias Líbranos del mal El mal nunca se experimenta de una forma vaga y abstracta, como tampoco la gracia y el bien. El mal tiene un rostro definido, aunque use siempre máscaras y disfraces. El Maligno sería sencillamente la organización de la injusticia, del apartamiento del hombre respecto a su vocación esencial, de la aberración que ha ido estratificándose históricamente y que siempre se opone y se opondrá al espíritu de dios, de la justicia, de la bondad, en una palabra, a las realidades del reino. Que los exegetas interpreten el mal por Maligno, no significa que ya esté resuelto teológicamente el problema implícito en la existencia del Maligno (Satanás, demonio). No basta constatar que en las Escrituras se nos habla claramente del Maligno. Hay que preguntar por el contenido real y teológico de esa expresión. Volvemos al planteamiento: ¿Se trata de un ser espiritual o de una personificación literaria de la densidad del mal? No son pocos los teólogos que tienden a atribuir una existencia meramente simbólica a los demonios.

81 81 JJ Arias Ha vuelto a cobrar actualidad la pregunta si es necesario entender a Satanás como un poder espiritual personal o sólo como la encarnación del mal, tal como éste se presenta dominando la historia a través de la actuación de los hombres. Yo hoy no defendería la primera opinión con tanto aplomo como en el pasado. El debate sobre la desmitificación invita a la prudencia. El problema de hasta qué punto se pueden y deben interpretar, de acuerdo con nuestros conocimientos actuales, las afirmaciones del Nuevo Testamento vinculadas a una concepción del mundo ya superada, es muy difícil y un solo exegeta no puede solucionarlo. Este vale también para la discusión, encendida nuevamente, acerca de los ángeles y de los demonios. La diversidad de las afirmaciones, las formas estilísticas acuñadas previamente, las múltiples raíces de las concepciones sobre Satanás, los demonios y los poderes… todo lleva a indicar que estamos ante modos de expresión no interpretables al pie de la letra, como si tuviesen contenidos reales. Líbranos del mal Veamos la opinión ponderada del gran exegeta católico Rudolf Schnakenburg:

82 82 JJ Arias Ahora bien, por más importante que sea esta perspectiva en los evangelios, no hemos de dejarnos de deslumbrar. El punto central, para Jesús, no es tanto la victoria sobre el Maligno cuanto el anuncio de la buena nueva, de la voluntad salvífica de Dios especialmente con los más desamparados. A sus seguidores, Jesús no empieza exigiéndoles una renuncia al demonio, como hacían los monjes de Qumrân, sino que les pedía la adhesión al reino. En sus exhortaciones no pone en guardia contra fuerzas incontrolables y diabólicas, sino contra los movimientos del propio corazón que corrompen la vida (cf. Mc 7,15). Lo que impide al hombre entrar en el reino o reencontrar el sentido transcendente de su vida no es tanto el demonio cuanto la riqueza (cf. Lc 6,24-25; 12,13-21; 16,13), las preocupaciones excesivas (cf. Mt 6,19- 34), en ovillarse en sí mismo (cf. Mc 9,43-48), la dureza en juzgar a los demás (cf. Mt 7,1-5), el ansia de poder, de honra y de gloria (cf. Mc 10,35-45), la devoción inflacionaria y estéril (cf. Mc 11,15-19), la credibilidad fácil (cf. Mc 13,5-7) y la tentación de abusar de la buena fe de los demás (cf. Mc 9,42; Mt 18,6; Lc 17,1-3). La causa principal de los males del mundo está en la insensibilidad, en la ausencia de solidaridad, en la falta de amor. Eso es lo que Jesús critica a los fariseos (cf. Mt 23,23). Esos son los verdaderos demonios que debemos exorcizar en nuestras vidas. Líbranos [del mal] Existe una convicción profunda y unánime de todos los textos del Nuevo Testamento en el sentido de que Jesús es el gran libertador frente al poder de Satanás. Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, señal de que el reinado de Dios os ha dado alcance (Lc 11,20). El reinado de Dios se construye contra el reino de este mundo infligiendo derrotas al Maligno (cf. Mc 1, ; 4,39; Lc 13,16). Jesús y la victoria sobre el mal

83 83 JJ Arias La experiencia subyacente en estas súplicas es la de la vida como camino, y la alianza con Dios como un andar por sus sendas… donde acechan peligros de toda clase: abismos amenazadores, asechanzas de enemigos, asaltos y cosas así. ¿qué hace el Maligno? Su oficio es seducir, extraviar al hombre del buen camino, dar indicaciones falsas. ¿Y qué hace Dios? Protege de los peligros, libra de las emboscadas, señala siempre la dirección justa. Yo, el Señor, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues (Is 48,17) ¿Cuáles son los caminos de Dios? Es el modo de andar orientado por la justicia, la verdad, la fraternidad, superando las fuerzas del egoísmo y del poder opresor. Líbranos [del mal] El término griego usado en la expresión líbranos es rýesthai, cuyo sentido originario no es como el latino liberare, o el español librar o liberar; Pero el sentido propio de rúesthai es arrancar de la inminencia de caer en el abismo, proteger de los percances en el camino, arráncame del cieno, que no me hunda; líbrame de los que me aborrecen y de las aguas son fondo (Sal 69,15); Dios te librará de la red del cazador (Sal 91,3) El poster grito humano: ¡líbranos, Padre!

84 84 JJ Arias Líbranos [del mal] Cada generación tiene su maligno. En nuestro tiempo el Maligno que ofende a Dios y humilla al hombre aparece bajo la figura del egoísmo colectivo; a 2/3 de la población mundial se les sigue aherrojando bajo el yugo de la legión de demonios del hambre, la enfermedad, la disgregación familiar, la falta de hogar, de escuelas y de hospitales. La experiencia del mal y del Maligno está vinculada a nuestro mundo relacional. Nos duele amar y no amar, nos crea conflictos convivir y aislarnos. Líbranos del mal no puede ser nunca no nos permitas sufrir en las relaciones, sino más bien, líbranos de hundirnos, de encerrarnos y abatirnos cuando el sufrimiento llegue a nuestra relaciones… No podemos olvidar la presencia palpable y omnipresente del mal externo, el mal social, la experiencia de injusticia e insolidaridad estructural, el dolor y la muerte innecesaria, el horror de la violencia y las múltiples y sofisticadas formas de explotación y deshumanización de las personas y de los pueblos. El poster grito humano: ¡líbranos, Padre!

85 85 JJ Arias Líbranos [del mal] Las fuerzas en presencia del drama apocalíptico que envuelva la vida humana en su fase escatológica, no son personificaciones, sino ángeles y servidores, demonios y príncipes, el Padre y el Maligno. El dualismo que desgarra a este mundo en tinieblas y luz, y al hombre en carne y espíritu, no reconoce un doble principio inicial. Dios es creador y Señor de la tierra, lo mismo que del cielo. Por misteriosa y violenta que sea la potencia del tentador, toda la historia de la salvación afirma el señorío de Dios sobre el Maligno. La oración cristiana se funda en la victoria de Jesús, que nos ha salvado del Perverso El Apocalipsis no disimula lo trágico de la condición cristiana. Nuestra oración colectiva pide para el tiempo escatológico la liberación definitiva que nos arranque a las potencias de las tinieblas y nos traslade al reino del Hijo amado (Col 1,13). Yo me consagro por ellos, a fin de que ellos mismos sean también consagrados por la verdad (Jn 17,17-19). Y consagrar o santificar un ser es arrancarlo, o separarlo del ámbito de la profanidad mundana para introducirlo íntegramente y para siempre en la esfera divina. La santificación es obra del Padre Santo. El mismo Jesús nos garantiza: Cualquier cosa que pidáis alegando mi nombre, la haré (Jn 14,14); ánimo, que yo he vencido al mundo (Jn 16,33); levantaos y alzad la cabeza, que se acerca vuestra liberación (Lc 21,28). Abismo escatológico y el gran Fracaso

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87 87 JJ Arias Amén La oración de Jesús termina con un Amén, que únicamente algunos manuscritos tardíos añaden al padrenuestro. Esta palabra hebrea tiene la misma raíz (âman) que incluye los significados de fe, verdad, seguridad, firmeza y confianza. Aunque es un vocablo tomado en préstamo del hebreo, es oriundo del egipcio. Tiene el sentido de sello, comprobación de una acción transaccional. En el ámbito litúrgico hebreo y posteriormente en el judío-cristiano, sigue siendo el sello, como la Ratificación conclusiva de la llamada oración dominical que culmina en un acto de fe, afirmando solemnemente que Dios es el garante de quien la comunidad puede fiarse a fondo. En los oficios de la sinagoga, el amén constituía la respuesta de la comunidad a las alabanzas que concluían la oración pública, en correspondencia a las tres partes de la bendición aarónica (Nm 6,24-26): Que el Señor te bendiga y te guarde (Amén); que ilumine su rostro sobre ti y te sea propicio (amén); que te muestre su rostro y te conceda la paz (amén). Puede observarse esta fuerza en el testimonio de un rabino judío: Amén: aquí hay un juramento, la aceptación de la palabra dada, la corroboración de la palabra dada (R. Josef bar Chainina, 270 d.C.)

88 88 JJ Arias Amén En Qumrân se hallan asimismo muestras del uso del amén. Cuando ingresaba un nuevo miembro en la comunidad de los esenios, los sacerdotes prorrumpían en alabanzas a Dios y bendecían a los nuevos miembros. A estas alabanzas, los nuevos hermanos de la comunidad respondían con un doble amén (1QS 1,20) que ratificaban el compromiso adquirido. Escuchando el amén de los evangelios, parece que estamos oyendo con nuestros oídos de los mismísimos labios de Jesús una palabra que nos habla e interpela, con una apelación. No la ha inventado ni fantaseado la tradición de los evangelistas, no es un adorno piadoso de la Iglesia primitiva. En el amén que Jesús pone delante del yo os digo encierra el núcleo de su cristología. Jesús es aquel que anuncia su palabra como cierta y verdadera. Al mismo tiempo confiesa su fe en ella y la hace veraz con su propia vida. La convierte en imperativo para todos sus oyentes. Jesús no únicamente dice verdades de parte de Dios, sino que es la misma verdad. Por eso el Apocalipsis llama a Jesús El Amén, el testigo fiel y verdadero. Amén significa, pues, ¡así sea! o ¡Si, sí, así debe ser! Con el amén se quiere reforzar, reafirmar y confirmar una petición, una oración o una alabanza (cf. Rm 1,25; 11,36; Gal 1,15; Flp 4,20; 1Cor 16,24).

89 89 JJ Arias Amén Los primeros cristianos quisieron mantener viva y vigente la herencia recibida de Jesús. Por eso, el amén aparece en contextos litúrgicos. El amén constituía la aclamación tradicional. El padrenuestro se introdujo delante de la comunión eucarística por ser la oración privilegiada de los cristianos, por ser la mejor preparación para la comunión. Efectivamente, el padrenuestro, donde cada formulación está llena de profundas sugerencias y verdades reveladas, se encuentran dos especialmente aptas para este momento de la celebración eucarística: Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestra ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. La primera es una alusión al pan eucarístico. La comunidad cristiana pide a Dios poder participar y comer el cuerpo de Cristo. La segunda petición alude al perdón. Este deseo sincero de ser perdonados que se traduce en capacidad de perdonar a los demás, es ya la mejor preparación a la comunión.. Y como representante de tantos orantes, se puede traer a colación el testimonio de Matias Claudius (poeta y periodista alemán, ), que escribe: ¡Cuánto más ora uno el padrenuestro, tanto más reconoce cuán poco lo comprende, y cuánto merece la pena entenderlo y meditarlo para descubrir tesoros escondidos.

90 90 JJ Arias Amén El amén es una breve palabra, concisa y lacónica. Cuando se pronuncia con dignidad y energía, queda resonando en el ambiente, como un son de paz o un sonido litúrgico. Pertenece a esta clase de palabras privilegiadas que recibimos en herencia y que no acabamos nunca de conocer ni de apreciar del todo. El amén sella adecuadamente esta oración, la plegaria de los hijos de Dios-Padre. Poder decir amén es poder confiar y estar seguros de que todo se encuentra en las manos del Padre; es haber superado ya la desconfianza y el miedo. La oración del padrenuestro comenzó con la confianza de quien levanta su mirada al cielo de donde puede venirnos la liberación. Y luego, no obstante tener que pasar a través de las opresiones humanas, termina de nuevo en la confianza, diciendo amén. Semejante actitud tiene su fundamento en el mismo Jesucristo, que nos enseñó a rezar el padrenuestro. El autor del Apocalipsis asegura por su parte: Jesús es el amén (Ap 3,14). Si de veras Él es el amén que ponemos al final de nuestras súplicas, entonces tenemos la certeza más absoluta de que Dios nos escucha.

91 91 JJ Arias Amén Cuando recemos juntos el padrenuestro, sabremos cerrar con este magnífico broche de oro, las alabanzas y peticiones que hemos dirigido a Dios, nuestro Padre, creeremos con más firmeza en la palabra de Jesús, nos comprometeremos en la obediencia de la fe, seremos más hermanos e hijos del mismo Padre El Amen: es comunión filial con el Padre, es comunión fraterna con Jesús, es comunión íntima con el Espíritu; es acto de fe, es gesto fuerte, es decisión personal, es solidaridad con lo expresado, es compromiso fiel, es anticipo de victoria.

92 92 Gracias Juan Mary, Tus enseñanzas nos permitirán conocer realmente la profundidad de la oración enseñada por Jesús y vivirla cada vez que la recemos. JJ. Arias Vigo – Noviembre-2012


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