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La virtud perfección moral del hombre Extracto del capítulo VII del Manual de Moral Fundamental, de Jorge A. Palma P. Juan María Gallardo.

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1 La virtud perfección moral del hombre Extracto del capítulo VII del Manual de Moral Fundamental, de Jorge A. Palma P. Juan María Gallardo

2 Introducción Las virtudes son perfección de la libertad pues aumentan la capacidad o la energía para obrar el bien. El camino cierto para alcanzar la bienaventuranza es la virtud, enseña Sto. Tomás. Estudiarlas es imprescindible para entender u orientar la conducta del hombre. Al hablar de la virtud nos enfrentamos con un aspecto del obrar humano que se refiere al modo en que el hombre crece y se perfecciona -se libera de toda esclavitud-.

3 Enseñanzas de la Sagrada Escritura En el A.T. encontramos muchas figuras virtuosas: modos de obrar del hombre justo. (Majestad, fe, esperanza, simplicidad, sabiduría, paciencia, penitencia, obediencia, misericordia, prudencia, agradecimiento, perseverancia, fortaleza, humildad, temor de Dios, amor al prójimo, etc.). El cristianismo incorpora nuevas virtudes como la castidad, la modestia, la mansedumbre, el amor a la Cruz, la docilidad, la esperanza. San Pablo menciona elencos de vicios que contrapone a las virtudes que hay que practicar.

4 Encontramos hasta 15 catálogos de pecados: Rom. 1, 29-31; 1 Cor. 5, 10-11; 6, 9-10; 2 Cor. 12, 20-21; Gal. 5, 19-21; Ef. 4, 31; 5, 3-5; Fil. 4, 8-9; 1 Tim 1, 9-10; 4, 12; 6, 9-11; 2 Tim. 3, 2-5; Tit. 3,3. Dos de estos recogen las virtudes contrarias: Gal. 5, 19-21; Ef. 4, 31. No son una enumeración exhaustiva, pues se trata de cartas a diversas comunidades con situaciones concretas.

5 Las virtudes en la Patrística S. Basilio (+ 379) predica sobre la caridad, la mansedumbre, la paciencia, la fe, la esperanza, la humildad... S. Ambrosio (+397) muestra las virtudes en los grandes personajes bíblicos en De Officis. Temas como la modestia, la paciencia, las 4 virtudes cardinales, lo honradez, la justicia, la generosidad. S. Agustín ( ), la idea central de su teología moral es el amor. Considera las 4 virtudes desde la caridad. S Gregorio Magno ( )...

6 Reflexión teológica En la Teología Medieval: Pedro Lombardo (+1160) estudia las virtudes en N. S. Jesucristo. Sto. Tomás, S. Alberto Magno y S. Buenaventura estudian las virtudes tal como fueron presentadas y practicadas por el Verbo. Se han contabilizado 153 virtudes que merecen la atención de Sto. Tomás. En el pensamiento actual: Dos son los modos de presentar los contenidos de la moral católica: con el esquema de los 10 Mandamientos (S. Alfonso) o a partir de las virtudes (Sto. Tomás). La noción de virtud tiende HOY a recuperar su importancia pues ayuda a la exigencia personal y a encontrar la felicidad.

7 Los hábitos Noción: Es una cualidad estable de las potencias del hombre (es una cualidad de un ser libre. Los animales no tienen hábitos.) que las dispone e inclina (lo propio del hábito es disponer o inclinar la potencia a una operación. Veremos que no todos lo hacen de igual manera) a obrar en un sentido. Todo hábito se relaciona con el paso de la potencia al acto. Son una cualidad estable, difícilmente removible. Es una inclinación permanente no casual o esporádica.

8 División de los hábitos Pueden ser ENTITATIVOS (como la salud, la gracia) u OPERATIVOS (radican en las potencias). Los operativos se dividen: 1) Según su origen: NATURALES: Inclinación arraigada en la naturaleza que no se ha cultivado. ADQUIRIDAS: Fruto del ejercicio de la libertad (voluntad). GRATUITOS, INFUSOS O SOBRENATURALES: Concedidos por Dios 2) Según su influjo sobre la libertad: Negativos (Vicios) Positivos o hábitos buenos (Virtudes y dones)

9 Sujeto de los hábitos El sujeto de los hábitos es la persona, a través de las potencias por las que obra libremente, es decir la inteligencia y la voluntad, con el concurso de las pasiones. No es justa la voluntad, sino el hombre.

10 Crecimiento de los hábitos El modo en que nacen y se desarrollan los hábitos operativos se puede resumir en dos puntos. –1. Todo hombre recibe con su naturaleza una inclinación natural de su inteligencia a la verdad y de la voluntad al bien, que llamamos hábitos de los primeros principios y semina virtutum. (El hombre luchará contra el fomes peccati). –2. Tanto las virtudes adquiridas como los vicios se consiguen y aumentan por la reiteración de actos: conviene resaltar que importa no sólo el número, sino la intensidad. (El hombre, al actuar, opta por lo bueno o lo malo).

11 Disminución de los hábitos Los hábitos naturales se debilitan por los actos que los contrarían. Los hábitos sobrenaturales se reciben y se pierden con la recepción o pérdida de la gracia. Los hábitos adquiridos disminuyen e incluso se corrompen por la realización de actos contrarios o por su no ejercicio. Para que el hábito se corrompa el acto ha de ser de una intensidad suficiente para borrarlo o una repetición continuada de actos menos intensos. El no ejercicio debilita y aun corrompe a los hábitos.

12 Noción de virtud Son hábitos operativos buenos. Virtus: fuerza, energía, que orienta las potencias a obrar en forma adecuada a la consecución de su fin. Es la disposición de lo perfecto para lo mejor, Aristóteles, Phys. VII, c. 3. Es la que hace bueno al que la tiene y hace buenas sus obras, Aristóteles, Ethic., cc. 5 y 6. Es una buena cualidad del alma, por la que el hombre vive rectamente, de la cual nadie usa mal (producida por Dios en nosotros sin intervención nuestra). Define, sobre todo, a las virtudes infusas.

13 Buena cualidad, es un hábito operativo, especificado por su bondad. del alma (parte superior del hombre) esta cualidad puede encontrarse en los racionales, ya que la virtud perfecciona el obrar libre; por la que el hombre vive rectamente y nadie usa mal, una propiedad exclusiva de las virtudes morales (con excepción de la sabiduría y de la prudencia, las intelectuales pueden usarse mal). que Dios obra en nosotros y sin nosotros, se refiere exclusivamente a las virtudes infusas, y se entiende sin menoscabo de la necesaria cooperación de la libertad.

14 Triplicidad constitutiva: –Toda virtud moral está integrada por un creciente conocimiento (inteligencia), amor del bien (voluntad) y por un mayor orden en las pasiones (apetito sensible). La virtud no puede confundirse con el acostumbramiento; es perfección de la libertad. La costumbre no se confunde con la virtud; esta supone un íntimo crecer en el conocimiento y amor del bien. Un hombre se dice virtuoso cuando obra de modo inteligente y vigoroso, con audacia, coraje, sin retrasos inútiles, con amplitud de miras; y esto con simplicidad y espontaneidad, sin ostentaciones, como algo natural, porque él es así.

15 Unos entienden por virtud –el acostumbramiento o sometimiento a unas reglas más o menos formalistas y mecánicas. –Una virtud doblegada bajo el sometimiento del aburrimiento Toda virtud es crecimiento en libertad, y depende del despliegue de las fuerzas del alma a través no sólo del empeño ascético personal, sino de la oración y los sacramentos; la aceptación de las pruebas, y de las mismas derrotas, a menudo más importantes que las victorias.

16 División de las virtudes Por su origen –A) Por su origen: –1. Naturales o adquiridas (humanas) Virtudes intelectuales: 1. El hábito de los primeros principios. 2. La sabiduría. 3. La ciencia. 4. La prudencia. 5. Las artes. Virtudes morales: 1. La prudencia, 2. La justicia y la solidaridad. 3. La fortaleza. 4. La templanza. 5. La laboriosidad. 6. La penitencia –2. Sobrenaturales (infusas): Fe, esperanza y caridad Por su objeto o bien al que dispone –B) Por su objeto o bien al que dispone

17 Virtudes naturales o adquiridas (humanas) Las virtudes naturales están depositadas incoativamente por el Creador en la misma naturaleza humana, a modo de semilla, y cada individuo las desarrolla con sus actos. Distinguimos: –las intelectuales: que perfeccionan al hombre en cuanto al conocimiento de la verdad, ya sea especulativa, ya sea práctica. –Las morales: que perfeccionan al hombre para obrar rectamente respecto a la elección del bien.

18 Virtudes intelectuales Potencian la inteligencia humana para conocer el orden creado, y con ello, la manera adecuada de moverse dentro de él, facilitando que el hombre logre valorar acertadamente los varios fines que se propone y, mediante su prosecución, pueda unirse a Dios, que es su último fin. El entendimiento especulativo es perfeccionado por la sabiduría; el intelecto práctico, por la prudencia y el arte. Cada una de las virtudes se especifica y diferencia de las demás en razón de su objeto.

19 El hábito de los primeros principios Es el hábito que perfecciona la inteligencia en el conocimiento de los primeros principios de lo real, de suyo evidentes. Los primeros principios NO SON unas ideas innatas o unos postulados más o menos convencionales, de los que deducimos el modo de ser de la realidad. SON una luz intelectual, una perfección de la inteligencia, que facilita juzgar de lo que experimentamos por los sentidos y de nuestros razonamiento distinguiendo cuando son verdaderos o falsos. Guían nuestro saber.

20 La sabiduría Es el hábito que lleva a conocer las causas últimas del universo visible, esto es a conocer a Dios como causa Primera de todas las criaturas, y a éstas con relación a Él. Es propio del sabio, ver a Dios como fin de las cosas creadas y buscarlo como tal (S. Bernardo). A la vez es virtud moral, por eso implica también perfección de las disposiciones de la voluntad. La SSEE dedica un libro a la sabiduría y afirma que nace de la humildad y el amor a Dios y nos hace poderosos para servir.

21 La ciencia La virtud de la ciencia perfecciona el entendimiento para conocer las cosas en razón de sus causas particulares. Son hábitos de ciencia la física, la matemática, la biología. La sabiduría guía las ciencias; por eso en la medida en que se dejan penetrar por ella, se perfeccionan también como ciencias. La prudencia La estudiaremos dentro de las virtudes morales, como virtud cardinal.

22 Las artes Son los hábitos que perfeccionan el entendimiento, para que conozca el modo de hacer algo bien en orden a sus fines próximos; es la recta razón del bien hacer (facere), (es: recta ratio factibilium). Ejemplos: el arte de cultivar el campo, de construir edificios, de fabricar automóviles, etc. La bondad moral del artista, y de alguna manera del arte, procede de su ordenabilidad y efectiva ordenación al último fin. Actualmente el término arte se reserva para las bellas artes; técnicas o habilidades profesionales para los demás saberes.

23 Virtudes morales Son las que perfeccionan al hombre en la práctica del bien moral. Inclinan al bien y no pueden usarse para el mal. Se distinguen por su objeto; por eso hay tantas virtudes morales como clases de obras buenas; ej.: generosidad, alegría, humildad, sencillez, paciencia. Desde muy antiguo se agrupan en torno a cuatro de ellas: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, que se llaman cardinales (cardo, quicio o gozne). Son como las condiciones de todo obrar recto.

24 La prudencia Del griego prónesis, prógnoia, prógnosis: conocimiento anticipado; del latín providentia (de procul videre): indica visión anticipada que connota efecto de de precaución y de protección contra un mal probable o posible. O bien de porro videns: el que ve de lejos, antes de que algo sea hecho. Conocimiento del futuro a partir del conocimiento del pasado y del presente. Es una virtud que perfecciona la inteligencia en el conocimiento de la dimensión ética de los actos humanos, es decir, en su orden al fin último.

25 Dirige el obrar humano en cuanto tal. También se define como recta ratio agibilium (recta razón de las acciones), recto conocimiento de lo que se debe hacer. Es un hábito de la inteligencia, que juzga sobre lo que debe hacer aquí y ahora en orden al fin, ordenando así todas las capacidades, hábitos y potencias. Como virtud moral es la recta razón que ordena los actos humanos al fin último objetivo de la vida humana, como hábito de elegir bien los medios para un fin moralmente bueno.

26 Perfecciona fundamentalmente el razonamiento moral práctico. Pertenece al entendimiento práctico, porque es un conocimiento orientado a dirigir las cosas aprehendidas a la acción. El objeto material de la prudencia es la praxis (las acciones libres en orden a los medios). Sujeto: El intelecto práctico por sus actos (consultar, juzgar, mandar, son actos de la razón). Objeto material: Los actos morales (no las acciones físicas). Objeto formal quo: Los actos humanos bajo la razón de verdadero, práctico y bueno.

27 La prudencia versa sobre las aplicaciones concretas individuales de los principios de orden moral. Regula nuestros actos con relación al Fin Último. I. Virtud natural o adquirida: La prudencia, hábito cognoscitivo-práctico de lo singular y concreto, ordenada a la acción libre y responsable, es una virtud natural que, para ser perfecta, debe orientarse al fin último de la vida. II. Virtud sobrenatural o infusa: Es aquella virtud sobrenatural infundida, por la cual la inteligencia ilustrada por la fe, formada por la caridad y movida por el Espíritu Santo, juzga y prescribe qué hay que hacer en cada caso.

28 Se distingue de la virtud natural: –1) La causa eficiente de su adquisición es Dios, mediante la gracia. –2) El fin a que se dirige es sobrenatural. –3) El principio o motivo está iluminado por la fe y ordenado por la caridad al fin sobrenatural. III. Errores: Es frecuente considerarla como la virtud de la mediocridad, de la mezquindad, o como una cierta actitud de contemporización que rehúsa tomar decisiones. Contrariamente a lo que se piensa esta virtud tiene gran dinamismo: es la virtud de las iniciativas, del riesgo responsable, de las grandes decisiones y desafíos.

29 IV. Actos o funciones: –a) Consejo (concilium): Ponderación de la realidad y de las exigencias morales universales en las concretas circunstancias. Estudio o deliberación, sobre los medios necesarios para que la acción se haga virtuosamente. –b) Juicio (iudicium): Juzgar rectamente, para aprender los criterios virtuosos y las normas o preceptos morales, sin renunciar nunca a la propia responsabilidad y para considerar y valorar los consejos recibidos. –c) Mandato o imperio (imperium): Mandato de ejecución de la acción, según el juicio, a las facultades que la han de realizar. Este es el acto propio y principal de la prudencia. –La prudencia requiere la acción. No se llama prudente al hombre que ve lo que hay que hacer y no lo hace.

30 V. Partes integrales: i) En cuanto virtud intelectual o cognoscitiva: –1. Experiencia o memoria, recuerdo de las cosas del pasado. La experiencia es la madre de la ciencia. –2. Entendimiento o inteligencia de la situación y de los principios morales que hay que aplicar al presente –3. Docilidad, afecto y prontitud para aprender y aceptar la enseñanza o consejo de otros. –4. Solercia, sagacidad o eustoquia (conjeturas) es la facultad de captar en una sola ojeada la situación imprevista y tomar nuevas decisiones instantáneas; perspicacia para hacerse pronto con la idea de cuáles son los medios congruentes para alcanzar el fin. –5. Razón o razonamiento, prontitud para razonar.

31 ii) En cuanto virtud práctica o preceptiva: –1. Providencia, previsión de ordenar los medios al fin y prever; considerar los eventos futuros. –2. Circunspección, consideración atenta de todas las circunstancias. –3. Precaución o cautela, cuidado de evitar toda dificultad, impedimento, o inconveniente que se pueda presentar. Lo que más ayuda a actuar prudentemente es considerar las cosas desde el punto de vista de su valor para la eternidad. VI. Partes subjetivas: –a) Prudencia política, es la prudencia de los hombres como sujetos de una comunidad política, con el bien común como su último fin.

32 –b) Prudencia reinativa, comprende la asignación de roles y la administración de justicia a entidades políticas, tales como ciudades y Estados y tiene como fin último el bien de dichas comunidades. –c) Prudencia doméstica, difiere de la reinativa en cuanto que gobierna instituciones como la familia, que median entre el individuo y la comunidad política. Tiene como fin último el bien común de la familia o de la institución que medie. –d) Prudencia militar, se caracteriza por tener como fin la protección y el bien común contra amenazas internas o externas. VII. Partes potenciales: –a) Eubulia o buen consejo: Hábito de consulta; de aconsejarse

33 –b) Synesis o buen sentido práctico, sensatez. Virtud de juzgar bien las operaciones según las reglas comunes. –c) Gnome o juicio perspicaz, resolución equitativa. Virtud de la epiqueia, indica cuando por los motivos o principios más altos, conviene apartarse de la ley común a juzgar. VIII. Vicios opuestos: i) Por defecto: –a) La imprudencia: que a su vez comprende: –1) La precipitación: impremeditación (rapidez de acción) sin detenerse a deliberar. Antes de formular un juicio fundado, se lanza resueltamente al imperio y a la acción. Se opone a la eubulia. Si nace del desprecio a las reglas es temeridad.

34 –2) La inconsideración: cuando no se consideran todas las circunstancias. Se opone a la synesis y a la gnome. –3) La inconstancia: es la omisión del acto debido: Es un vicio que malogra y corta el paso en la parte más decisiva del proceso de transformación de la verdad en la orden o mandato. –Todos estos vicios proceden de la lujuria que entenebrece el juicio de la razón por su vehemente aplicación a las cosas sensibles opuestas a las intelectuales. –b) La negligencia: –1) La omisión del acto debido, y –2) el defecto de la solicitud requerida: son un defecto interno del acto de razón que no manda lo que se debe o de la manera que debe hacerlo.

35 ii) Por exceso (o falsamente parecidos): –a) Prudencia de la carne; –b) astucia, dolo y fraude; no necesariamente se trata de un fin malo, peca también el que busca medios rebuscados; –c) excesiva solicitud de las cosas temporales y futuras. –Todos estos proceden de la avaricia.

36 La justicia La justicia es la virtud que, sustentada en la humildad y en el amor de amistad a Dios y a los demás, inclina a dar a cada uno lo suyo. Tiende a que el hombre, en la medida de sus fuerzas, dé lo suyo a Dios, sometiéndole totalmente su alma (S. Tomás, S. Th., II-II, q. 57, a,1, ad 3). En la SSEE justicia significa el conjunto de todas las virtudes, la bondad moral íntegra y completa. El justo es el que tiene su voluntad puesta totalmente en Dios. El justo por excelencia es Dios.

37 Notas esenciales –a) Alteridad: se refiere siempre a otro; en sentido propio no hay deberes de justicia con uno mismo. –b) Derecho estricto: no es un obsequio, sino algo que se debe estrictamente. –c) Igualdad, entre los sujetos. –d) Exacta adecuación, no cierta compensación, sino exactamente lo que es debido, ni más ni menos. –Diferencia entre justicia y caridad: La justicia al ejercitarla doy al otro lo que es suyo. Los derechos de justicia son más estrictos. La caridad se basa en la unión por el amor. Doy lo que es mío. Es superior a la justicia. Partes subjetivas o especies de justicia –1) Justicia general (o legal o social): Se dirige primera y

38 directamente al bien común. Es la decisión permanente de dar a la comunidad (civil o eclesiástica) lo que corresponde. Virtud que inclina a la voluntad a cumplir los deberes sociales es la justicia general, por que tiende al bien común y porque dirige en general las acciones de los hombres hacia este bien. Bajo el imperio de esta virtud, el ciudadano cumple las leyes, paga los impuestos; el funcionario cumple su deber; el legislador hace bunas leyes; el juez las aplica debidamente. El nombre de justicia legal le viene de que su principal función se dirige a establecer y cumplir las leyes. Sin ella se perturba la paz y los ciudadanos sufren muchos daños (especialmente con las leyes injustas).

39 –Pago de los impuestos: Si no se pagan los impuestos se lesiona la justicia general, como cuando no se cumplen las leyes. Desde el punto de vista moral, los impuestos se han de pagar; son absolutamente necesarios para el funcionamiento de la sociedad. (Dad al Cesar los que es del Cesar... Mt. 22,21). Esta obligación grava la conciencia. (Por tanto es necesario someterse no sólo por temor al castigo sino también a causa de la conciencia. Por esta razón les pagáis los tributos (...) Dad a cada uno lo debido: a quien tributo, tributo; a quien impuestos, impuestos; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor Rom. 13, 5-7). Si se defrauda hay obligación de restituir.

40 En principio, como todas las leyes, hay que suponer que las leyes tributarias son justas, a no ser que sea manifiesto lo contrario. Distinto es la evasión de la elusión: aprovechar los recursos legales para pagar menos impuestos. No hay quebrantamiento de la justicia legal. –Otras colaboraciones de los ciudadanos en los asuntos públicos La primera colaboración es cumplir con sus deberes: tales como el cumplimiento de la moral natural en sus relaciones con los otros ciudadanos; el cumplimiento de las leyes justas; el pago de los impuestos. Han de estar dispuestos a manifestar su opinión cuando se les pide con objeto de elegir a los que han de gobernar.

41 El incumplimiento del deber del voto sin causa justa puede constituir una transgresión grave. El sentido de solidaridad debe llevar a los ciudadanos a colaborar activamente en el buen funcionamiento de todas las entidades (sindicatos, colegio profesional, asociaciones culturales...) cada uno según su situación o posibilidades –2) Justicia particular: Es la decisión permanente de dar a cada persona, tanto a las personas físicas como a las personas jurídicas, lo que corresponde. Se divide en: –a) Justicia conmutativa que es la decisión permanente de la persona privada de dar a otra persona privada lo que estrictamente le corresponde, observando una igualdad absoluta entre lo que se da y lo que se recibe. No es más estricta que la legal o distributiva. Su lesión obliga a restituir.

42 –b) Justicia distributiva, que es la decisión permanente que inclina al que gobierna la comunidad a distribuir equitativamente los honores y las cargas entre sus miembros, según sus capacidades y sus méritos. No lleva consigo una igualdad absoluta, sino proporcional. –c) Justicia vindicativa, que inclina al que gobierna una comunidad a imponer penas adecuadas a los delitos. Según se considere, queda incluida en la distributiva (si estas penas se imponen según una justa proporción); en la legal (si se mira principalmente su repercusión en el bien común); en la conmutativa, pues el juez ha recibido la misión de castigar estos delitos y no cumpliría con su oficio si no lo hiciera. Partes potenciales de la justicia –Son virtudes que se parecen a la justicia en que tienen el mismo objeto (dar lo suyo a otro), pero carecen de de la

43 perfecta razón de justicia, por defecto de alguna de las notas esenciales. No alcanzan del todo el objeto de la justicia: –1. En cuanto a la perfecta igualdad: –a) La religión: que nos lleva a adorar a Dios y a darle el culto debido. –b) La piedad: por la que damos honor y asistencia a los padres y a la patria. –c) La obediencia: por la que realizamos los mandatos legítimos de los superiores; inclina a tratar debidamente a los hombres de gran virtud y dignidad. –2. En cuanto que sea estrictamente debido lo que se recibe: –a) La veracidad: inclina a decir la verdad y a no mentir. –b) La gratitud: inclina a recompensar de algún modo el beneficio recibido.

44 –c) La venganza (¿?): inclina a reparar las injurias perpetradas por otro. –d) La liberalidad: inclina a ser moderados en el amor a los bienes materiales y a saber usarlos debidamente en beneficio propio y del prójimo y en honor de Dios. –e) La afabilidad: inclina a hacer agradable el trato con el prójimo. –f) La equidad y la epikeia: inclinan por justas causas a dejar la letra de la ley para obrar según la presunta intención del legislador. Derechos subjetivos o de la persona –La virtud de la justicia es la decisión permanente de dar a cada uno lo que le corresponde en estricto derecho. Este estricto derecho consiste en el derecho de una persona o derecho subjetivo.

45 –El derecho subjetivo es la facultad moral o capacidad de hacer algo, tenerlo, exigirlo, etc. (activo); u omitirlo (pasivo). –Esta capacidad moral exige que los demás la respeten, por consiguiente engendra en ellos una obligación o deber de no violarla; a todo derecho de uno corresponde un deber de otro. La injusticia o injuria –Del latín in-iuria: conculcación de un derecho. –Es toda acción que se oponga a la virtud cardinal de la justicia. –Es pecado mortal ex genere suo; no es fácil determinar la parvedad o gravedad de la materia. –Una regla es el daño producido al prójimo o al bien común.

46 –No todas las injusticias son de la misma especie, por ej.: es distinto el robo que la difamación. –a) Nadie puede hace una injusticia sin querer. El que lesiona derechos ajenos sin querer (por ignorancia, etc.) comete una injusticia material. –b) A nadie se puede hacer una injusticia si no se opone a sufrirla, es decir, si la acción la sufre sin engaño y consintiendo libre y lícitamente, por ej., si alguien consiente a sabiendas y libremente que se lleven algo suyo. –Las dos categorías más amplias de injusticia son: –1) La injusta apropiación de lo ajeno: robo, hurto, etc. –2) La injusta damnificación: la acción por la que se causa un mal a otro sin apropiarse de nada suyo. Ej.: murmuración, calumnia, escándalo...

47 La solidaridad nos ayuda a ver otro –persona o nación- no como un instrumento cualquiera, para explotar a bajo coste su capacidad de trabajar y su resistencia física, abandonándolo, cuando ya no nos sirve, sino como un semejante, una ayuda a quiene hacer partícipe, junto con nosotros, del banquete de la vida. La solidaridad es indudablemente una virtud cristiana. A la luz de la fe tiende a superarse a sí misma, a revestir las dimensiones específicamente cristianas de la gratitud total, del perdón y de la reconciliación. Entonces el prójimo no es ya sólo un ser humano con sus derechos y su fundamental igualdad con nosotros, sino que se presenta como imagen viviente de Dios Padre, rescatado por la sangre de Jesucristo y puesto bajo la acción del Espíritu Santo (J.P.II, Sollicitudo rei socialis, n ).

48 La justicia no basta si no está informada por la caridad; únicamente con la justicia no resolveréis nunca los grandes problemas de la humanidad. Cuando se hace justicia a secas, no os extrañéis si la gente se quede herida: pide muchos más la dignidad del hombre, que es hijo de Dios. La caridad ha de ir dentro y al lado, porque lo dulcifica todo, lo deifica todo: Dios es amor (1 Jn. 4,16) (Josemaría E. de B., Amigos de Dios, n. 172). La justicia por sí sola no es autosufuciente y torna hacia la propia negación y autoaniquilación si no se permite que entre a plasmar la vida humana esa forma más profunda de relacionarse, constituida por el amor (J.P. II, Dives in mesericordia, n. 12).

49 La fortaleza I. Noción: Es la virtud que nos vigoriza para practicar el bien con constancia y paciencia, pese a las dificultades. Tiene por objeto reprimir los temores y moderar las audacias. Por la fortaleza aprendemos a superar las contradicciones que aparecen en la vida, y a no desanimarnos ante los propios defectos, superando el temor al esfuerzo, los peligros y dificultades que entraña la práctica del bien, perseverando con tenacidad para conseguir las metas propuestas.

50 Enseña S. Gregorio Magno que la fortaleza hace aprender a amar las dificultades de este tiempo para ganar una eternidad con Dios (Moralia in Job, VII, c. 21). Es la virtud cardinal por la cual la voluntad se robustece de tal modo que no desiste en su esfuerzo por conseguir el bien difícil de alcanzar según el dictamen de la recta razón (virtud humana) o según el dictamen de la recta razón iluminada por la fe (virtud sobrenatural). Es una actitud de firmeza, que lleva a la persona a cumplir con sus deberes y responsabilidades, aún cuando las dificultades lo hagan gravoso.

51 La vida cristiana es lucha...; por eso la virtud de la fortaleza tiene gran importancia. Es superación –con la ayuda de la gracia- de nuestra debilidad humana, y sobre todo del miedo. Tiene su cumbre en afrontar la muerte con valentía. El martirio es el acto máximo, aunque excepcional, de la virtud de la fortaleza, por amor a Dios y al prójimo. Manifestaciones concretas: –Constancia en el trabajo. –Perseverancia ante las dificultades y las tentaciones. –Corregir al que obra mal, hablar de Dios sin miedo. –Emprender trabajos riesgosos o costosos.

52 Es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por el servicio que presta a los demás (Josemaría E. de B., ob. Cit. N. 77) II. Actos y funciones: Son dos los actos principales de esta virtud: resistir (sustiniere mala) y atacar o acometer (agreddi pericula) III. Partes o virtudes anejas: 1) La magnanimidad: (magnus animus: ánimo grande). Es la virtud que inclina a acometer obras grandes en todo género de acciones virtuosas.

53 El hombre magnánimo se deleita poco en los honores recibidos, aunque sean grandes; tampoco le afectan mucho la prosperidad o la adversidad. Ayuda a los demás con gusto. No es ambicioso y no busca posiciones más altas. Si es necesario, dice abiertamente lo que piensa. Olvida las injurias recibidas. No actúa con precipitación. Características suyas son la sinceridad y la honradez; nada le es tan ajeno como callar la verdad por miedo. No se queja, ni se deja rendir por la confusión.

54 Evita como la peste la adulación y las posturas retorcidas. Implica una fuerte e inquebrantable esperanza. Se oponen por exceso: –La presunción: que lleva a emprender obras que superan la capacidad del sujeto. –La ambición: por la que se desean desordenadamente los honores. –La vanagloria: por la que se desea desordenadamente la propia gloria personal. Por defecto: –La pusilanimidad: (pusillus animus: ánimo pequeño) que lleva a retrasarse a emprender algo porque se piensa que supera las propias fuerzas, aunque en realidad no las supera.

55 2) La magnificencia: (magnum facere: hacer algo grande) Es la virtud moral que inclina a hacer obras grandes y difíciles, a pesar del gran esfuerzo o de los grandes gastos que pueden exigir. Magnífico es el que es capaz de percibir las proporciones de una obra magna y a la vez es capaz de gastar grandes sumas armoniosamente. Se oponen: –La suntuosidad: que lleva a hacer grandes gastos, pero innecesarios y fuera de lo razonable. –La tacañería: que inclina a ser mezquinos y a hacer gastos insuficientes y, por tanto, igualmente poco razonables.

56 3) La paciencia: con la que soportamos con buen ánimo; capacidad de padecer, de sufrir, es la virtud moral que inclina a sufrir sin demasiadas tristeza los males, especialmente aquellos que son infligidos por otros. Son grados crecientes de la paciencia: tolerar los males sin murmurar; tolerarlos sin quejarse ni lamentarse ante otros y tolerarlos con gozo. Se oponen: –La insensibilidad: por la que el hombre no se impresiona por ninguna contradicción, como si fuera incapaz de advertirla. –La impaciencia:que inclina a dejarse dominar fácilmente por las contrariedades, reaccionando a menudo con quejas o con ira.

57 4) La perseverancia o lealtad, por la que el hombre no se aparta de sus empeños o promesas, de sus convicciones, deberes, etc. Ayuda persistir en el ejercicio de las virtudes según dicta la recta razón o la recta razón iluminada por la fe, no obstante el cansancio que causa la monotonía de hacer siempre lo mismo. Sin lealtad o fidelidad a los propios compromisos, la vida social se derrumba. Presupuesto indispensable de toda pacífica convivencia es la mutua confianza, la persuación general de que todas las partes deben ser fieles a la palabra empeñada (Pio XII, Enc. 20-X-39, n. 56).

58 Un marido, un soldado, un administrador, es siempre tanto mejor marido, tanto mejor soldado, tanto mejor administrador, cuanto más fielmente sabe hacer frente en cada momento, ante cada circunstancia de su vida, a los firmes compromisos de amor y de justicia que adquirió un día: esa fidelidad delicada, operativa y constante –que es difícil, como difícil es toda aplicación de principios a la mudable realidad de lo contingente- es por eso la mejor defensa contra la vejez de espíritu, la aridez de corazón y la anquilosis mental (Josemaría E. de B., Conversaciones) Se oponen: –La pertinacia o terquedad: que inclina a obstinarse en no ceder cuando sería razonable hacerlo. –La inconstancia: que inclina a desistir con facilidad del ejercicio de las virtudes cuando se presenta algún obstáculo.

59 La templanza I. Noción: Es una virtud cardinal que edifica y defiende el orden interior del hombre de la fuerte tendencia –anidada en su ser como consecuencia del pecado original- a ir contra la propia naturaleza. Nos hace dueños de nosotros mismos. Es la virtud que modera el amor a los bienes de la tierra y ayuda a poner el corazón en el cielo. La templanza o moderación (gr. sophrosyne; latín temperantia) abarca todo lo que es discreción ordenadora.

60 La templanza tiene un sentido y una finalidad, que es hacer orden en el interior del hombre. De este orden surgirá la tranquilidad de espíritu. La templanza tiene su verificación y opera exclusivamente sobre el sujeto actuante. –La templanza revierte sobre el mismo que la ejercita. La falta de templanza equivale a la autodestrucción –por degeneración egoísta; cuanto más se busca el hombre a sí mismo, más se aleja de sí mismo. El hombre templado sabe prescindir de cuanto enturbia su amor a Dios y a los demás. Ya los antiguos descubrieron en la templanza, virtud aplaudida por los paganos, uno de los caminos para librarse del hombre viejo (Cfr. Col. 3,9).

61 La templanza –lleva a apreciar los bienes de la tierra, –da libertad y señorío sobre ellos; es decir, –a despreciar todos los placeres del cuerpo y las alabanzas humanas y referir todo el amor de las cosas invisibles. –No significa desprecio por los bienes creados, –sino conciencia de la dignidad de la persona y de su cuerpo. –Asegura al hombre el desarrollo de sus virtualidades personales, no ahogándolas en falsos afanes. –Se sirve de las cosas según sus necesidades; –con moderación y sin verse arrastrado por ellos. –Ver la vida de N. S. Jesucristo y sus enseñanzas.

62 Es la virtud cardinal que inclina a moderar la búsqueda del placer según el dictamen recto de la razón (v. humana) o según el dictamen recto de la razón iluminada por la revelación (v. sobrenatural). Enseña el Papa J.P. II Audiencia, 22-XI-78: Hombre moderado es el que es dueño de sí mismo, en quien las pasiones no priman sobre la razón, ni sobre la voluntad, ni tampoco sobre el corazón. ¡El hombre que sabe dominarse a sí mismo! Así nos damos cuenta del valor fundamenteal de la templanza, indispensable para que el hombre ´sea plenamente hombre´. Basta mirar a alguno que arrastrado por sus pasiones se convierte en víctima suya, renunciando hasta al uso de la razón (como el alcoholizado o el drogado), y comprobamos con claridad que ´ser hombre´ significa respetar la propia dignidad y, por tanto, entre otras cosas, dejarse guiar por la virtud de la templanza.

63 En nuestro mundo tan dominado por el consumismo, hedonismo, relativismo, etc. (con una oferta y una búsqueda desenfrenada de comodidades y placeres, donde todo se tiende a medir en términos económicos) la templanza, con el cortejo de virtudes que la integran, resulta particularmente necesaria. De otro modo, la persona corre el riesgo de aturdirse en un sinnúmero de pequeñas preocupaciones, que le impiden gastarse en los grandes ideales y valores para los que su corazón ha sido hecho. En este sentido, enseña San Agustín: –buscad lo que basta y no queráis más. Lo demás es agobio, no alivio; apesadumbra, no levanta.

64 II. Partes potenciales: –Se trata de virtudes que se parecen a la principal pero se distinguen en algo de ella. –Toda virtud que modere los deseos de cualquier apetito puede considerarse parte potencial de la templanza. –1) La continencia: Inclina a la voluntad a resistir el empuje de las pasiones desordenadas. –2) La mansedumbre: inclina a la voluntad a resistir la pasión de la ira. Nuestro Señor se pone de ejemplo. No es un defecto propio de personas apocadas. No excluye la ponderada defensa de los propios derechos. El amor propio es muchas veces la raíz de los nerviosismos injustificados, agobios, desánimos o reacciones destempladas. La soberbia ciega para ver las cosas con objetividad.

65 –3) La clemencia: inclina a mitigar o a no imponer la pena debida, en la medida en que lo permita la recta razón. –4) La humildad: tiene, de hecho, una importancia especial en la vida moral: en cierto sentido constituye el fundamento y se encuentra en la raíz de todas las virtudes del hombre. De manera análoga, el vicio opuesto, la soberbia, es la raíz de todos los pecados. –Es la virtud que modera el afán desordenado de la propia excelencia, y lleva a reconocer rectamente la propia pequeñez ante Dios y la propia situación ante los demás. –Santa Teresa la definía como andar en verdad. –La conciencia de nuestra condición de criaturas, en que consiste substancialmente la humildad, es el principio de toda vida moral.

66 –La humildad No es sólo un comportamiento externo, Es –fundamentalmente- una forma de ser por dentro, que nace de una decisión libre y consciente de la voluntad. Su esencia, lo dijimos, es la aceptación de la realidad primaria y definitiva de que somos criaturas. No tiene nada que ver con una actitud de autorreproche, con la depreciación del propio ser y de los propios méritos o con una conciencia de inferioridad. Ni con el apocamiento, la pusilanimidad, el encogimiento... –La soberbia Es ante todo una postura ante Dios, que niega la relación criatura-Creador; Niega la dependencia de Dios como criatura

67 III. Partes subjetivas o especies: Según la diversidad del objeto del acto: –Abstinencia, regula el uso del alimento; –sobriedad: regula el uso de las bebidas embriagantes; –castidad: regula los placeres del acto de la generacion; –pudor: regula los otros actos que, de alguna manera, están relacionados con la generación –Dentro de la templanza entran también: –La modestia: regula los actos corporales externos y –la moderación: que regula el uso de las cosas exteriores de manera que unos y otros se adecuen a la propia situación y estado; –La pobreza; –La studiositas: que modera la natural avidez de comunicarse y explayarse la cual puede degenerar.

68 Las buenas maneras, en parte convencionales y en parte originadas por la caridad hacia el prójimo, resultan necesarias para la grata convivencia y denota dominio de sí: –Moderación de los impulsos, de la curiosidad, de la lengua; en resumen, orden y medida de los sentidos internos. –En resumen, castidad, sobriedad, humildad, mansedumbre, junto con la studiositas, son formas en que aparece la templanza; lujuria, desenfreno, soberbia, cólera que no entiende de razones, junto con la curiositas son formas de destemplanza.

69 La laboriosidad Es la virtud que lleva a poner empeño por sacar partido a los talentos que cada uno ha recibido de Dios. Se trata de una virtud humana central, aunque poco analizada en los tratados clásicos. La virtud de la laboriosidad es un modo importante de poner en práctica el amor de Dios, porque El creó al hombre para que lo glorificara también por el trabajo, y a través del trabajo experimentará su comunión con los demás hombres y contribuyera a su bien.

70 El que es laborioso aprovecha el tiempo, que no sólo es oro, ¡es gloria de Dios! Hace lo que debe y está en lo que hace, no por rutina, ni por ocupar las horas, sino como fruto de una reflexión atenta y ponderada. Por eso es diligente. El uso normal de esta palabra –diligente-, nos evoca ya su origen latino. Diligente viene del verbo diligo, que es amar. Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, n. 81. (...) mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre. J.P. II, Enc. Laborem excercens, n. 9.

71 La penitencia Es la virtud que impulsa a dolerse de los propios pecados, principalmente en cuanto son ofensa a Dios, y a hacer cuanto sea para removerlos y volver a la amistad divina. La penitencia y el perdón eran casi desconocidos en la cultura antigua. Se consideraba que la reacción adecuada era la punición. La idea del amor a los pecadores, que da sentido al perdón e invita al arrepentimiento y la penitencia, es una idea bíblica. El N.T. Supone un desarrollo ulterior.

72 Complementariedad y conexión Las virtudes morales adquiridas están conexas de manera tal que si una está en estado perfecto, están todas las demás; si hay un vicio opuesto a una de las virtudes morales, entonces no hay ninguna otra virtud moral perfecta en tal hombre. Las virtudes no son piezas aisladas sino elementos de la rectitud del corazón de cada hombre. De ahí, la necesaria conexión no sólo entre las virtudes morales sino de estas con y en su independencia de las teologales. Las virtudes viven y crecen en armonía: quien se ejercita en una, tiende a crecer en las demás.

73 Escribe San Agustín La inseparabilidad de las virtudes siempre convenció a los filósofos (…). Por eso enseñaron que si existe una virtud, se dan las demás; y todas fallan cuando falta una. Ciertamente, la prudencia no puede ser débil, ni injusta, ni destemplada, porque si algo de esto ocurriera, ya no habría prudencia, que por sí debe ser justa, fuerte y moderada; donde una comparece se hacen presentes las demás. De modo semejante, la fortaleza no puede ser imprudente, ni intemperante, ni injusta; y no puede haber justicia que no sea prudente, fuerte y templada. De modo que si una existe verdaderamente, todas las demás están; si una falta ninguna otra se encuentra presente, aunque haya algo semejante a ella. (Epistula XLVIII, II, 4.)

74 Relación entre las virtudes naturales o adquiridas y gratuitas o infusas Las virtudes adquiridas condicionan el ejercicio de las infusas. Estas, a su vez, facilitan la adquisición y desarrollo de las humanas, y causan su perfección. Es el tema de la relación entre naturaleza y gracias. Ej.: cuanto mayor sea la prudencia natural, mejor se vivirá la sobrenatural; la fortaleza humana y la sobrenatural de una persona crecen en unidad. Las virtudes sobrenaturales no se asientan sin las adquiridas.

75 In medio virtus El fin constituye la regla y la medida de la virtud. La expresión in medio virtus señala precisamente esta exigencia de recta ordenación al fin. Es una equivocación pensar que las expresiones término medio o justo medio, como algo característico de las virtudes morales, significan mediocridad; algo así como la mitad de lo que es posible realizar. Ese medio entre el exceso y el defecto es una cumbre, un punto álgido: lo mejor que la prudencia indica. Por otra parte, para las virtudes teologales no se admiten equilibrios; no se puede creer, esperar o amar demasiado Josemaría E. de B., Amigos de Dios, n. 83. El medio de la virtud no es la mediocridad, sino ausencia de toda desviación del fin.

76 Las virtudes sobrenaturales La gracia y la divinización del ser cristiano La gracia –convierte al hombre en hijo de Dios y –le proporciona los principios operativos para conducirse como tal. Junto a la gracia santificante –Dios infunde en el hombre –las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad-, –las virtudes morales y –los dones del Espíritu Santo.

77 Los medio principales para crecer en la virtudes son: –1) Crecer en el conocimiento del bien que le es propio, lo que máximamente se logra por la contemplación de la Humanidad de Cristo. –2) la recepción de los sacramentos. –3) el ejercicio de actos concretos de virtud. En el desarrollo de la vida sobrenatural, el hombre se encuentra como un niño que ha de ser conducido por su Padre.

78 La Fe Es la virtud sobrenatural que dispone nuestra inteligencia a asentir a las verdades reveladas, a responder que sí a Cristo, que nos ha dado a conocer plenamente el designio salvador de la Trinidad Beatísima. Es la certeza de las cosas que se esperan y prueba de las que no se ven (Heb. 11,1). Por la virtud teologal de la fe creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado y que la Iglesia nos propone. El creyente se esfuerza conocerla y vivirla

79 La Esperanza Es la virtud infusa por la cual, apoyados en el auxilio de la omnipotencia divina, confiamos vivir como hijos de Dios y alcanzar la bienaventuranza. Mediante la virtud teologal de la esperanza aspiramos al Reino de los Cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. –Protege del desaliento, sostiene en todo desfallecimiento, dilata el corazón en la espera, preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad. Es el ancla del alma. Se expresa y se alimenta en la oración.

80 La Caridad Es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Es el mandamiento nuevo de Jesús. El apóstol San Pablo ofrece una descripción incomparable de la caridad: cfr. 1 Cor. 13. La caridad es superior a todas las virtudes. Asegura y purifica nuestra facultad humana de amar. –Frutos de la caridad son: el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien y la corrección fraternal. Es benevolente, desinteresada y generosa. Es amistad y comunión.

81 El desarrollo de la vida virtuosa 1. Las virtudes infusas aumentan intrínsecamente, cada vez que aumenta la gracia santificante. No está en manos de la criatura ni la adquisición ni el aumento de las virtudes infusas y dones. –Al ser sobrenaturales NO caen dentro de su potencia operativa propia. –Sólo nacen y crecen por el don gratuito de la gracia y por los medios que Dios ha dispuesto para su aumento. –En concreto: a) a quienes lo piden en la oración; b) por la recepción fructuosa de los sacramentos; c) por las obras buenas que el hombre realiza, pues le merecen el aumento de la gracia y con ella de las virtudes.

82 Recordemos con Sto Tomás que los actos que proceden de un hábito infuso no causan hábito alguno, pero sí confirman al preexistente (S.Th., I-II, q.51, a4, ad 3). Entre otras cosas, porque hacen aumentar el conocimiento y el amor al bien y el orden de las pasiones propios de la correspondiente virtud adquirida, que facilita luego el ejercicio de la gratuita o infusa. 2. Las virtudes infusas se pierden (excepto la fe) por el pecado mortal. Los hábitos sobrenaturales, igual que no aumentan, tampoco disminuyen por nuestros actos, pero se pierden por el pecado mortal.

83 3. La virtudes infusas no pueden disminuir ni aumentar directamente por los actos humanos. Enseña San Agustín: –Dios obra en nosotros sin nosotros, y recuerda también –Dios que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti. Al hombre le corresponde ansiarlos, pedirlos, disponerse a recibirlos (no poner obstáculos), aceptarlos y cooperar y merecer así su aumento, causado siempre gratuitamente por Dios. Los pecados veniales disminuye la facilidad para ejercitar las virtudes y hábitos sobrenaturales. Para el desarrollo de las virtudes infusas y los dones, importa particularmente cultivar la humildad y la docilidad.

84 4. Características de las virtudes infusas y dones. Confieren una connaturalidad creciente para portarnos en todo como hijos de Dios Las virtudes teologales y morales infusas otorgan la capacidad y la inclinación a obrar según la vida del Espíritu, pero sólo de modo incoativo la facilidad. –Esta es la diferencia con las virtudes adquiridas, que suponen el desarrollo y actualización del poder propio de las potencias de la naturaleza, que les hace connatural su obrar electivo. La virtudes sobrenaturales o infusas y los dones inclinan a la realización de sus actos propios: –ej.: la caridad a realizar actos de amor de Dios, a servir a los demás, a sacrificarse por el bien de las almas...

85 5. Los mandamientos y la verdad de la persona. La respuesta de Jesús al Joven Rico. –Los mandamientos, recordados por Jesús al joven interlocutor, están destinados a tutelar el bien de la persona humana, imagen de Dios, a través de la tutela de sus bienes particulares. El ´no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio´ son normas morales formuladas en términos de prohibición. Los preceptos negativos expresan con singular fuerza la exigencia indeclinable de proteger la vida humana, la comunión de las personas en el matrimonio, la propiedad privada, la veracidad y la buena fama. (J.P. II, Enc. Veritatis Splendor, n. 13). –La norma de conducta que el hombre tiene que seguir es la fidelidad a la verdad de las personas que trata.

86 6. La reinterpretación del decálogo a partir de la caridad. En los antiguos tratados de moral, el Decálogo aparecía como la suma de obligaciones, mandamientos y prohibiciones que Dios impone bajo la pena de pecado y de castigos. El Decálogo no es una barrera que no se debe franquear. –El Decálogo reclama del hombre mucho más que una obediencia material y servil; nos pide una respuesta de amor. –Se trata de colocar a la caridad en primer lugar y así efectuar una relectura de los diez mandamientos. –El Decálogo impone una doble respuesta de amor: el amor a Dios (en los mandamientos de la primera tabla); y el amor al prójimo (regidos por los preceptos de la segunda tabla) que se resume en el mandamiento amarás al prójimo como a ti mismo).

87 7. La respuesta plena. El amor del Señor y la llamada personal. La llamada del Señor a su seguimiento es la culminación, la plenitud del cumplimiento del hombre: –La perfección exige aquella madurez en el darse a sí mismo, a que está llamada la libertad del hombre. Jesús indica al joven los mandamientos como la primera condición irrenunciable para conseguir la vida eterna; el abandono de todo lo que el joven posee y el seguimiento del Señor asumen, en cambio, el carácter de una propuesta: si quieres… (J.P. II, Enc. Veritatis Splendor, n. 17). –Seguir a Cristo: éste es el secreto. Acompañarle tan de cerca, que vivamos con Él, como aquellos primeros doce; tan de cerca, que con Él nos identifiquemos (Josemaría E. de B., Amigos de Dios, n. 299).

88 8. El amor (o amistad). Cuando el hombre se ama a sí mismo por encima de todo, falla su ordenamiento y fracasa la realización de aquel sentido inherente al recto amor de sí mismo, por el que se constituye, se realiza y logra la esencia del hombre en toda su plenitud. Enraizada en la humildad crece en el hombre la más importante de las virtudes, la amistad, por la que el hombre desarrolla y arraiga su inclinación natural al amor de Dios y del prójimo. Una excesiva dependencia del esquema aristotélico de las virtudes ha hecho que se difumine el papel insustituible del amor de amistad en la vida moral. Son virtudes que acompañan al amor de amistad:

89 –La comprensión, –la capacidad de disculpar, –la apertura a los demás, –el saber escuchar, etc. –Ponemos particularmente de relieve a la castidad, que no es la simple continencia, sino una de las condiciones inmediatas del amor. –La castidad o santa pureza no es un peso, una negación, sino una afirmación gozosa, que amor requiere y de él procede. Es una virtud propia de todos los estados... –Es la energía espiritual que sabe defender el amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y promoverlo a su plena realización (J.P. II, Exhort. Apost. Familiaris consortio, n. 33).


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