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VOCACIÓN CRISTIANA, 1 Todos los cristianos, de cualquier condición y estado (...) están llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección.

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1 VOCACIÓN CRISTIANA, 1 Todos los cristianos, de cualquier condición y estado (...) están llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad en la que el mismo Padre es perfecto (Lu- men gentium 11). San Josemaría, Camino 291: Tienes obligación de santificarte. –Tú también. -¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos sin excepción, dijo el Señor: Sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto. La llamada a la santidad es universal, pero es para cada cristiano vocación personalísima. Cada hombre o mujer, como persona única, irrepetible, protagoniza una relación personal con Dios. MFa 78 de 107

2 VOCACIÓN CRISTIANA, 2 Ef 1, 4: Nos ha elegido en Cristo, antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia por el amor Podemos decir que Dios primero elige al hombre, en el Hijo eterno y consustancial, para participar en la filiación divina, y sólo después quiere la creación (Juan Pablo II, Discurso, ). Nadie existe casualmente o sin sentido. La vocación no es algo añadido a la persona: configura y constitu- ye a la persona misma, es la clave más profunda de su identidad y la razón de su existir. Responder a esa vocación no es una tarea más para el hombre o la mujer, ni siquiera la más importante: es mi ra- zón de ser y mi único fin. MFa 79 de 107

3 VOCACIÓN CRISTIANA, 3 El matrimonio es más que una mera circunstancia personal, que pueda y deba santificarse del mismo modo que las otras. Consti- tuye una precisa determinación, una concreción de la vocación bautismal: La vocación universal a la santidad está dirigida también a los cónyuges y padres cristianos. Para ellos está espe- cificada por el sacramento celebrado y traducida concretamente en las realidades propias de la existencia conyugal y familiar (Familiaris consortio 56). El matrimonio es una auténtica vocación sobrenatural. Sacramento grande en Cristo y en la Iglesia, dice San Pablo (...); signo sagrado que santifica, acción de Jesús, que invada el alma de los que se casan (...), transfor- mando toda la vida matrimonial en un andar divino en la tierra (San Josemaría, Es Cristo que pasa 23). MFa 80 de 107

4 VOCACIÓN CRISTIANA, 4 Para comprender la dimensión vocacional del matrimonio es preciso recordar que marido y mujer ya no son dos, sino una sola carne. Esa unión no es una relación superficial, sino que incide en el ser de los esposos: el matrimonio une sus personas en todos los aspectos conyugales, que están íntimamente implicados en la vocación fun- damental al amor y, por eso mismo, en la vocación a la santidad. Al ser elevado el matrimonio a la dignidad de sa- cramento, también sus fines se elevan al orden de la gracia. Por eso el bien de los cónyuges y el bien de los hijos se extienden, en el matrimonio cristiano, a la realización plena de su dignidad cristiana como hijos de Dios. MFa 81 de 107

5 VOCACIÓN CRISTIANA, 5 Como Cristo elevó a sacramento el ma- trimonio mismo, en su plena realidad natural, la vida familiar, las relaciones conyugales, el cuidado y la educación de los hijos, el esfuerzo por sacar económi- camente adelante a la familia y por ase- gurarla y mejorarla, el trato con las otras personas que constituyen la comunidad social, todo eso son situaciones humanas y corrientes que los esposos cristianos deben sobrenaturalizar (San Josema- ría, Es Cristo que pasa 23). MFa 82 de 107

6 VOCACIÓN CRISTIANA, 6 La vocación matrimonial lleva a descubrir el significado y alcance que poseen en el plan divino de la redención las realidades humanas y corrientes que configuran la existencia de los esposos. No se trata simplemente de que cada cónyuge pueda santificar su vida conyugal (de igual modo que su trabajo, por ejemplo) si la vive con una intención recta. La diferencia consiste en que la fuerza santificadora del matrimonio es intrínseca, sacramental. El sacramento del matrimonio, que presupone y especifica la gracia santificadora del bautismo, es fuente y medio original de santificación propia para los cónyuges y para la familia cristiana (Familiaris consortio 56). MFa 83 de 107

7 VOCACIÓN CRISTIANA, 7 La relación conyugal no agota la relación de cada cónyuge con Dios y con la Iglesia. La persona ca- sada no puede amar a Dios y tender a la santidad al margen de su matrimonio, pero su trato con Dios y su santificación no se dan exclusivamente a través del matrimonio. Cada esposo mantiene su singularidad ante Dios, y debe secundar la acción del Espíritu en su vida para responder personalmente a su vocación a la santidad, que incluye como aspecto esencial la santifi- cación de su vida matrimonial y familiar en íntima cooperación con su cónyuge. La intimidad conyugal debe ser fuente de confianza y amistad crecientes: lo natural será que haya siempre comunicación, con delicado respeto a la libertad y a la conciencia del otro. MFa 84 de 107

8 VOCACIÓN CRISTIANA, 8 Los esposos deben confiar plenamente en la realidad de su voca- ción divina, sabiendo que así como del sacramento derivan para los cónyuges el don y el deber de vivir cotidianamente la santi- ficación recibida, del mismo sacramento brotan también la gracia y el compromiso moral de transformar toda su vida en un conti- nuo sacrificio espiritual (Familiaris consortio 56). La vocación matrimonial, como toda vocación di- vina, es gracia y compromiso moral, don y tarea: elección eterna de Dios y propuesta amorosa que Dios hace a nuestra libertad. La correspondencia libre a esa elección divina es posible precisamente por la vocación, que implica que la tarea no supera las fuerzas de los esposos porque es una tarea rea- lizada por Dios en correspondencia con ellos. MFa 85 de 107

9 VOCACIÓN CRISTIANA, 9 La gracia propia del sacramento, que acompaña permanente- mente a los esposos, es lo que convierte la vida conyugal y familiar en camino específico de santificación. Los esposos cristianos deben esforzarse por mantener siempre vivo el don de Dios, recibido en el bautismo y determinado por el sacra- mento del matrimonio. Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si edi- ficaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar (San Josemaría, Es Cristo que pasa 23). MFa 86 de 107

10 VOCACIÓN CRISTIANA, 10 También la familia cristiana está insertada en la Iglesia, pueblo sacerdotal, mediante el sacramento del matrimonio, en el cual está enraizada y del que se alimenta, es vivificada continuamente por el Señor y es llamada e invitada al diálogo con Dios mediante la vida sacramental, el ofrecimiento de la propia existencia y la oración (Familiaris con- sortio 55). Este es el cometido sacerdotal que la familia cristiana puede y debe ejercer, en íntima comunión con toda la Iglesia, a través de las realidades cotidianas de la vida conyugal y familiar. De esta manera (...) es llamada a santificarse y a santificar a la co- munidad eclesial y al mundo (Idem). MFa 87 de 107


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