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SACRAMENTALIDAD, 1 La persona humana es sagrada, por ser imagen y semejanza del Creador en su unidad de cuerpo y alma espiritual, y por el des- tino eterno.

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1 SACRAMENTALIDAD, 1 La persona humana es sagrada, por ser imagen y semejanza del Creador en su unidad de cuerpo y alma espiritual, y por el des- tino eterno al que Dios la llama. De ahí que la unión conyugal posea también una dimensión naturalmente trascendente, sagra- da en cierto modo, como imagen del amor absoluto con que Dios ama al hombre (CCE 1604). Llegada la plenitud de los tiempos, Jesu- cristo elevó el mismo matrimonio original a la dignidad de sacramento. No supone una mera bendición de lo natural, sino su elevación al orden sobrenatural. MFa 33 de 107

2 SACRAMENTALIDAD, 2 Mediante el bautismo, el hombre y la mujer son insertados definiti- vamente en la alianza esponsal de Cristo con la Iglesia. Y, debido a esta inserción indestructi- ble, la comunidad íntima de vida y de amor con- yugal, fundada por el Creador, es elevada y asu- mida en la caridad esponsal de Cristo, sostenida y enriquecida por su fuerza redentora. En virtud de la sacramentalidad de su matrimonio, los esposos quedan vinculados uno a otro de la manera más profundamente indisoluble. Su recíproca pertenencia es representación real, mediante el signo sacra- mental, de la misma relación de Cristo con la Iglesia (Juan Pablo II, Familiaris consortio 13). MFa 34 de 107

3 SACRAMENTALIDAD, 3 La gracia (orden de la redención) no destruye ni sustituye a la naturaleza (orden de la creación), sino que la asume, sanándola, y la eleva al orden sobrenatural (de la vida de los hijos de Dios). Así, del mismo modo que el hombre redimido, ele- vado por la gracia a la condición de hijo de Dios, es el mismo hombre de la creación, el matrimonio incorporado al orden de la redención es el mismo matrimonio del principio. La comunión conyugal es fruto y signo de una exigencia profunda- mente humana. Dios asume esta exigencia humana, la confirma, la purifica y la eleva, conduciéndola a perfección con el sacramento del matrimonio (Juan Pablo II, Familiaris consortio 19). MFa 35 de 107

4 SACRAMENTALIDAD, 4 La base de la dignidad sacramental del matrimonio entre bautizados es el bautismo de los esposos, que los inserta en la alianza esponsal de Cristo con la Iglesia de modo definitivo (irrevocable por parte de Dios e irrenunciable por parte de los hombres), en virtud del carác- ter bautismal impreso en el hombre. Se celebra el matrimonio con rito litúrgico, siempre que es posible, porque es sacramento; no es sacramento porque se celebre litúr- gicamente. Que el matrimonio verdadero entre dos bauti- zados sea sacramento, se debe a la incorpora- ción de cada uno de ellos a Cristo por el bau- tismo, no al rito religioso de la boda. MFa 36 de 107

5 SACRAMENTALIDAD, 5 El sacramento no es sólo ni principalmente la boda, sino el matrimonio, es decir la unidad de dos definitivamente estable- cida por el consentimiento matrimonial. La recíproca pertenencia de los cónyuges es lo que representa sacramentalmente la unión de Cristo con la Iglesia. Esta recíproca pertenencia se asienta en el vínculo conyugal, que por su misma naturaleza es uno e indisoluble y se ordena al bien de los cónyuges y a la generación y educación de los hijos. La gracia del sacramento va más allá del momento constitutivo del matrimonio, para acompañar a los cónyuges a lo largo de toda su existencia. MFa 37 de 107

6 SACRAMENTALIDAD, 6 El matrimonio no es la misma unión de Cristo con la Iglesia, pero tampoco es un mero símbolo o imagen de ella. Gracias a la vincu- lación que Dios ha establecido entre ambas realidades, la significa y la representa realmente, de modo sacramental (es decir, en el sentido fuerte de re-presentar: hacer presente con su eficacia santi- ficadora). Los esposos son sujetos y ministros del sacramento. El signo sacramental es el matrimonio mismo (unidad de marido y mujer, desde el momento en que nace el pacto conyugal). La realidad significada por el signo es la unión salvífica, indiso- lublemente fiel, de Cristo con su Iglesia. MFa 38 de 107

7 SACRAMENTALIDAD, 7 El efecto propio e inmediato del sacramento del matrimonio no es la gracia sobrenatural, sino el vínculo conyugal cristiano, que es como el título permanente por el que los cónyuges se hacen acreedores a la gracia propia del sacramento, que los fortalece y los capacita para vivir su matrimo- nio como vocación y camino eclesial de santidad. En virtud de su sacramentalidad, el vínculo conyugal se convierte en un vínculo sagrado, ya no meramente natural. Por eso, las propieda- des esenciales del vínculo quedan dotadas de una peculiar firmeza, congruente con la significación sacramental (unión indisoluble de Cristo con la Iglesia); y sus fines trascienden el ámbito meramente natural. MFa 39 de 107

8 SACRAMENTALIDAD, 8 El sacramento del matrimonio tiene esta peculiaridad respecto a los otros: ser el sacramento de una realidad que existe ya en la eco- nomía de la creación: ser el mismo pacto conyugal instituido por el Creador al principio (Juan Pablo II, Familiaris consortio 68). Peculiaridad respecto, por ejemplo, al bautismo: la acción física de lavar existe en el orden de la creación, pero en el bautismo no conserva el sentido que posee por naturaleza. Su significado y su finalidad naturales no son asumidos, sino cambiados en la nueva realidad sacramental. En el matrimonio se constituye en sacramento la misma realidad natural en su integridad (marido y mujer con vínculo conyugal, propiedades, fines). MFa 40 de 107

9 SACRAMENTALIDAD, 9 Puesto que lo que Cristo ha asumido como signo es la mismísima realidad del matrimonio, en este sa- cramento la acción sagrada es la misma acción na- tural, con los mismos protagonistas (ministros); y la intención de obtener los fines sobrenaturales pasa necesariamente por la de obtener los naturales. Eso explica la inseparabilidad o identidad entre matrimonio de los bautizados y sacramento: La alianza matrimonial (...) fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados. Por tanto, entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento (CIC 1055). MFa 41 de 107


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