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EL BAUTISMO DE FUEGO. MAT. 3: 11 Yo, a la verdad, os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene después de mí, cuyo calzado no soy digno.

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1 EL BAUTISMO DE FUEGO

2 MAT. 3: 11 Yo, a la verdad, os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene después de mí, cuyo calzado no soy digno de llevar, es más poderoso que yo. El os bautizará en el Espíritu Santo y fuego. Hebr. 12:29 Porque nuestro Dios es fuego consumidor.

3 En la antigua Roma y en Grecia, el fuego sagrado estaba al cuidado de sacerdotes y doncellas apartados para ese fin y era el centro del bien común y del hogar. Cuando se apagaba el fuego, se interrumpían todos los negocios del poder ejecutivo y nacionales. Y el fuego tenía que encenderse de nuevo.

4 Desde la antigüedad los seres humanos han tenido mucho miedo y respeto para el fuego, y en lugares como Ur de los Caldeos etc. estaban venerando el fuego. Ur significa fuego.

5 Era un problema de encender el fuego nuevo. Podían hacerlo por medio de la concentración de los rayos del sol o por medio de la fricción de unos troncos de madera. Dios siempre ha reconocido el fuego en su palabra, no como objeto de superstición sino como símbolo de su majestuosa gloria, y del poder santificadora de Su Espíritu.

6 El fuego es la energía más valiosa que tenemos. El sol es el centro de la energía de todo nuestro sistema planetario, y nosotros estamos aprovechándonos de su calor y energía. El fuego es el factor principal de todos los implementos que se emplean en las guerras modernas.

7 El poder le pertenece a Dios y Él es fuego consumidor de cuyo seno emanan todas las otras cosas. Detengámonos para ver algunas de las ilustraciones de esta figura que tenemos en Las sagradas Escrituras, especialmente el empleo del fuego en el ritual Mosaico.

8 Desde el principio del libro de Éxodo, vemos que Dios se reveló bajo el símbolo de fuego en una zarza ardiente. Esta ardía pero no se consumía, de ese modo el fuego llegó a ser, para el pueblo de Israel, símbolo de la presencia de Dios. Como había ocurrido en la visión que tuvo Abraham centenares de años antes, el símbolo de la presencia Divina que le apareció por la noche, en la visión que tuvo, el patriarca, fue una lámpara y un fuego que humeaba

9 En el Monte Sinai descendió de igual modo y le habló al pueblo entre el fuego. Así durante toda la peregrinación por el desierto, Dios manifestó su presencia valiéndose para ello del símbolo del fuego, en la gloriosa Shekinah, que les acompañaba y guiaba en su viaje por el desierto. La gloria del fuego sagrado que ardía en el Lugar Santísimo, era probablemente una llama que se levantaba.

10 Dios contestó la oración de Elías, valiéndose para ello del fuego y de igual modo aceptó el sacrificio que presentaron los padres de Sansón. En relación con la vida de Elías vemos notables manifestaciones del fuego. En el Monte Carmelo el fuego descendió del cielo como señal de que Dios había aceptado el sacrificio ofrecido por el profeta y para manifestarle al pueblo la magnificencia de Su poder.

11 Dios realizó una obra tan gloriosa y divina que todos pudieran ver que había sido la mano de Dios que había realizado el milagro. El Espíritu Santo sigue siendo el poder vengador de los enemigos de Dios. Fue Él que castigó con la muerte a Ananías y a Safira cuando obraron con presunción e hipocresía.

12 El Espíritu Santo es como el fuego consumidor, en cuyas manos podemos dejar, confiadamente, a nuestros enemigos y todos los odios de la tierra y del infierno. El Espíritu Santo no solo quiere que seamos puros, sino nos da la pureza que parte de lo profundo de nuestro ser. Como la llama que consume la escoria y deja el metal derritido puro y sin contaminación. El Espíritu Santo separa pues, de nuestra antigua naturaleza, pecadora y nos da la naturaleza y la vida de Cristo.

13 E L F UEGO ANIMA Y VIVIFICA El retorno de la Primavera y el calor del sol vivifican las semillas enteradas en los campos y jardines y toda la naturaleza se embellece y fructifica. Los invernales sirven para hacer que el calor haga germinar las semillas y las plantas y para hacerles crecer más rápidamente.

14 El pichoncito. Es el calor lo que hace que el pichoncito se forma dentro del cascarón y después de romperlo crezca y se desarrolle. De igual modo, el Espíritu Santo es El que nos cuida y nos hace desarrollar espiritualmente hasta que lleguemos a la madurez. Finalmente, el fuego es una fuerza que imparte energía. Da poder. De igual modo, el Espíritu Santo es la fuente del poder.

15 ¡Cuán ciegos están aquellos que están haciendo la obra de Dios sin el poder del Espíritu Santo! Se dice que en la antigüedad, Arquímedes encendió las naves enemigas que estaban en la bahía de Siracusa valiéndose para ello de un cristal por medio de cual atraía los rayos del sol y los enfocaba sobre las naves enemigas hasta hacerlos encender. Así debemos nosotros consumir a nuestros enemigos por medio del Espíritu Santo.

16 En la antigua Roma, cuando se apagaba el fuego, cesaban todas las actividades comerciales. Los Romanos no se atrevían a hacer nada sin el fuego sagrado. De igual modo, todo el verdadero trabajo de Dios cesa cuando se retira el Espíritu Santo de la Iglesia y del trabajo que ella lleva a cabo. Dios no acepta nada que se haga sin el poder del Espíritu Santo.

17 En la antigua Roma, el fuego sagrado debía encenderse con el fuego de un rayo del sol o con el que producía la fricción de dos troncos de madera. Algunas veces Dios nos manda los rayos de su poder para re-encender la llama. Siempre podemos extraer el fuego del sol de justicia, por medio del cristal de la fe.

18 Dios tiene, sin embargo, otro medio para aumentar nuestro fuego espiritual y este es el de la fricción. Dios a menudo re-aviva nuestra existencia ahondando nuestra fuerza espiritual valiéndose para ello de las pruebas y tribulaciones por los cuales nos deja pasar, las que nos obligan a que dependamos de El y a que tomemos más de la vida y fuerzas que el nos da.


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