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Oscar Alburquerque Anciano Iglesia Bíblica Jesús el Pan de Vida.

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1 Oscar Alburquerque Anciano Iglesia Bíblica Jesús el Pan de Vida

2 1 Juan 4:7 Amados, amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios; todo el que ama, es nacido de Dios y conoce a Dios. 1 Juan 4:8 El que no ama, no conoció a Dios, porque Dios es amor. 1 Juan 4:9 En esto fue manifestado el amor de Dios en nosotros: En que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por medio de Él. 1 Juan 4:10 En esto está el amor: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. 1 Juan 4:11 Amados, si así nos amó Dios, también nosotros debemos amarnos unos a otros. 1 Juan 4:12 A Dios nadie jamás lo vio; si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor ha sido perfeccionado en nosotros. 1 Juan 4:13 En esto conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. 1 Juan 4:14 Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre ha enviado al Hijo como Salvador del mundo.

3 1 Juan 4:15 Cualquiera que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 1 Juan 4:16 Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios tiene hacia nosotros. Dios es amor, y el que permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios permanece en él. 1 Juan 4:17 En esto ha llegado a la perfección el amor entre nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio: que como Él es, así somos nosotros en el mundo. 1 Juan 4:18 En el amor no hay temor, antes bien, el perfecto amor echa afuera el temor, pues el temor lleva en sí mismo castigo, de donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. 1 Juan 4:19 Nosotros amamos, porque Él nos amó primero. 1 Juan 4:20 Si alguno dijera: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso, porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. 1 Juan 4:21 Y este mandamiento tenemos de parte de Él: el que ama a Dios, ame también a su hermano.

4 Dios es amor. El amor es una de las perfecciones de Dios (Juan 3:16; Romanos 5:8). La expresión Dios es amor se encuentra sólo aquí y en el versículo 16 en toda la Biblia. Los versículos 7 al 10 están entre los más atesorados de toda la Epístola. Hablan del amor que se origina en Dios y describen al creyente como una persona que ama y conoce a Dios. En contraste con esto, el incrédulo no ama porque no conoce a Dios. Y tendríamos que agregar que esta perfección de Dios, el AMOR; es una perfección comunicable. El creyente ama a su prójimo como a sí mismo, porque, como escribe Juan, ese creyente conoce a Dios. Es decir, él tiene comunión con Dios el Padre y con su Hijo (1:3) y refleja por consiguiente la virtud del amor.

5 1 Juan 4:9 En esto fue manifestado el amor de Dios en nosotros: En que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por medio de Él. 1 Juan 4:10 En esto está el amor: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Este es el segundo de un par de versos individuales que se ocupan de forma sustancial del mismo tema en dos aspectos ligeramente diferentes. El pensamiento común a ambos es que la misión de Cristo es la gran revelación del amor de Dios. Pero en el versículo 9 el punto en el que se hace hincapié es la manifestación de ese amor, y en el versículo 10 el punto es que todo es sacado de su naturaleza esencial. El gran pensamiento sugerido por las palabras que tenemos ante nosotros es sólo esto: que en la Encarnación y el Sacrificio de Jesús Cristo tenemos la gran revelación del amor de Dios.

6 El drama hoy es que hay muchas personas que no conocen el amor de Dios, y algunos de ellos con corazones sangrantes y desesperación, se condenan a un pesimismo razonado, porque no son capaces de ver lo que brilla desde la cruz que es el AMOR de Dios. Además muchos hombres han hecho de sí mismos su propio dios, se ha deificado el poder y el vicio, por lo cual al hombre le resulta imposible encontrar un dios cuya perfección sea el amor. Hay dos preguntas claves esta tarde ¿Cómo sabemos lo que es un hombre? Y la respuesta es viendo lo que ese hombre hace. La segunda pregunta es ¿Cómo sabemos lo que es Dios? Y la respuesta es conociendo lo que Dios ha hecho y hará por mi. Y porque le creemos a Dios tenemos la certeza de que Él nos ama, nadie dio nunca tanto por mí.

7 ¿Qué nos dice la Palabra acerca de ese AMOR de Dios? En primer lugar que es un amor independiente y anterior al nuestro. Él cuyo nombre es Yo Soy el que Soy tiene todas las razones de sus acciones dentro de sí mismo, Él es su propio motivo, Él es su propia razón. El AMOR que es Él mismo, es su propia motivación, y Él ama no porque lo amamos, sino porque Él es el Dios de AMOR. Ese gran amor nos envuelve todo, es mayor que nuestros pecados, y no es desviado por ellos. Así que, eso es lo primero que la misión de Cristo nos dice sobre el amor de Dios.

8 Juan dice: Dios envió a Su Hijo y esta frase nos muestra un AMOR que da lo mejor de sí. Nótese que no solo envió, destáquese que la Palabra dice: dio. Pablo afianza esto cuando dice: lo entregó TODO por nosotros yo siento que Pablo nos deja sin aliento cuando en Romanos 8:32 afirma: El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? Entonces podemos afirmar que Él no sólo envía, no sólo nos lo dio, sino que renunció a Él. No hay AMOR más grande que aquel que tiene una inmensa capacidad de renuncia.

9 La verdadera doctrina cristiana es la que afirma Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,... El amor es la causa de la misión, y no la misión la que evoca el amor. Así que vamos a estar seguros de que: no porque Cristo murió nos ama Dios, criaturas y pecadores, sino que, porque Dios nos ama, Cristo murió por nosotros.

10 La tercera cosa que la misión de Cristo nos enseña sobre el amor de Dios, es que es un amor que toma nota y vence el pecado del hombre. 1 Juan 2:2 nos dice: Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Ningún alma pecaminosa que no tiene el hábito, la culpa, la pena de sus pecados barrido, es capaz de recibir la vida, que es el más alto don del amor. La misión de Cristo revela el amor de Dios, porque Cristo es el Hijo de Dios. Si bien es cierto, como dijo Jesús, que "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre;…", entonces lo que podemos afirmar es: En Tu ternura, en Tu paciencia, en Tu atracción por el publicano y la ramera, en Tu simpatía por todos los que yerran y por todos los que están tristes, y, sobre todo, en Tu agonía y pasión, en Tu cruz y la muerte, veo la gloria de Dios, que es el AMOR de Dios.

11 Es la cruz la que nos revela el amor de Dios, y es la cruz como medio de la propiciación la que se vierte a la luz de esta convicción bendiciendo el corazón del hombre.

12 Primero; eres llamado a creer, a tener la firme convicción para poder afirmar que con Cristo: estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. De nada sirve tener las concepciones más ortodoxas y claras de la relación entre la Cruz de Cristo y la revelación a los hombres del amor de Dios, si usted hermano no pone en su propia vida personal la convicción de que Jesús Cristo es su Salvador, de que Jesús es la propiciación por nuestros pecados, que es Él, el que da a la vida eterna. ¿Sabe usted? es la fe la que hace eso. ¡No se trata de cuánta Teología sabe usted, se trata de cuán firme es su relación personal con Aquél que lo dio TODO por usted y por mí!

13 Dios ya hizo TODO lo que es necesario que Él haga. Dios ya no tiene nada pendiente por hacer, por usted y por mi. Su parte de las condiciones del Pacto se han cumplido. Usted ha sido comprado con precio de sangre. ¿Qué falta entonces? Que usted cumpla con la parte suya, con la parte que a usted le toca, eso es lo que significa: "El que cree en Él. Porque Él es la propiciación por nuestros pecados y nada será capaz de separarnos del AMOR de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

14 Bueno este trabajo ya lo hizo Miguel, hace dos semanas, este versículo habla del amor y el miedo. Yo voy a decir unas pocas cosas más, la prédica de Miguel fue extraordinaria. El amor perfecto produce valor en el día del juicio, ya que produce la semejanza a Cristo, que es el Juez. Entregue todos sus pecados a Cristo Jesús, Él y Él sólo puede ocuparse de ellos. Entonces, Él pondrá su mano sobre ti, como lo hizo en la antigüedad, con esas palabras tan características que era tan frecuentes en sus labios, y que sólo Él es competente para decirlas en su significado más profundo: "No temas, soy yo", y Él te dará el valor que demandas. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!.

15 Él nos amó primero. Adecuadamente y en sentido estricto, "primero" sólo declara la prioridad del amor divino hacia nosotros, antes que el nuestro hacia Él. Pero bien podemos darle un significado más amplio, y decir - en primer lugar, antes de la creación y el tiempo, muy atrás en las profundidades abismales de un corazón eterno e inmutable, invariable en el sentido de que su amor era eterno; último en ser descubierto, porque es más antiguo que todos. Él nos amó primero. No es casualidad que no hay más que destellos anteriores de este gran pensamiento en los salmistas y profetas, santos y sabios, mientras que la expresión articulada de la oración simple se escuchó por primera vez de los labios de Aquel que declaró el Padre, y se encuentra en esa parte del libro que, tanto en su posición allí, y en su fecha de composición es la última de las declaraciones apostólicas. Dios es amor, es un aspecto del fundamento de su ser.

16 Es posible que aquí Juan se dirigiese a los maestros gnósticos que decían que ellos amaban a Dios pero en su conducta demostraban odio hacia los cristianos. El amor de Dios no puede seguir siendo ese sentimiento cálido en nuestros corazones que se mueve verticalmente hacia el cielo si en lo horizontal no llega a alcanzar a nuestro prójimo. El amor genuino por Dios y por nuestro prójimo se extiende en ambas direcciones. Juan concluye su consideración del amor formulando el resumen de la ley. Nos da así la esencia de las palabras que Jesús dijo durante la última semana de su ministerio: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer y más grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la ley y los profetas dependen de estos mandamientos (Mateo 22:37–40). Jesús juntó el primer y más gran mandamiento (Deuteronomio 6:5) con el segundo mandamiento (Levítico 19:18). Dios había dado estos mandamientos al pueblo de Israel por medio de Moisés. Jesús y sus apóstoles repetidamente enfatizaban la segunda parte del resumen: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. ¿Por qué acentúan los escritores del Nuevo Testamento el amor por nuestro prójimo? La respuesta es doble: en primer lugar, porque nuestro prójimo lleva la imagen de Dios; en segundo lugar, porque Dios nos da el mandamiento de amar al prójimo.

17 1.Dios es AMOR, por lo tanto TODO creyente debe reflejar la virtud del amor. 2.Cristo es la gran revelación del amor de Dios. 3.En la Encarnación y el Sacrificio de Jesús Cristo tenemos la gran revelación del amor de Dios. 4.El amor de Dios es un amor independiente y anterior al nuestro. Dios nos amó primero. 5.Ese gran amor nos envuelve todo, es mayor que nuestros pecados, y no es desviado por ellos. 6.Dios no sólo envía, no sólo nos lo dio, sino que renunció a Él, a Su Hijo, por amor a nosotros. 7.El amor perfecto produce valor en el día del juicio, ya que produce la semejanza a Cristo, que es el Juez. 8.El amor genuino por Dios y por nuestro prójimo se extiende en ambas direcciones.

18 Invitamos a nuestros hermanos para que se acerquen para la distribución del pan y del vino. Invitamos a los músicos para que nos acompañen en este tiempo de reflexión, en el que cada uno de nosotros busca ponerse a cuenta con el Señor pidiéndole perdón por todo aquello que hayamos hecho que no se corresponde con Su voluntad. Oremos. Aquellos hermanos que han reconocido a Jesús como Su Señor y Salvador y que hayan sido bautizados en un culto Cristiano Evangélico y que deseen participar de la Cena, los invitamos a ponerse de pie.

19 Invitamos a nuestros hermanos a distribuir el pan y el vino. Mientras se distribuye el pan y el vino, leamos por favor Mateo 26: El primer día de los ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús, diciendo: ¿Dónde quieres que te preparemos para comer la Pascua? 18 Y Él dijo: Id a la ciudad, a tal hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cercano: en tu casa celebro la Pascua con mis discípulos. 19 Y los discípulos hicieron como Jesús les ordenó, y prepararon la Pascua. 20 Y llegado el atardecer, estaba reclinado a la mesa con los doce, 21 y mientras ellos comían, dijo: De cierto os digo que uno de vosotros me entregará. 22 Y entristecidos en gran manera, comenzaron a decirle, uno por uno: ¿Acaso soy yo, Señor? 23 Él respondió y dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, éste me entregará. 24 A la verdad, el Hijo del Hombre se va según ha sido escrito de Él, pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido. Y Jesús instituyó la Cena…

20 El apóstol Pablo nos dice lo siguiente: 1 Corintios 11:23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 1 Corintios 11:24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Participemos del pan… 1 Corintios 11:25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Participemos de la copa… 1 Corintios 11:26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. 1 Corintios 11:27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 1 Corintios 11:28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 1 Corintios 11:29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.


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