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Por: González Rodríguez Desireé 309066996 Grupo: 609 Asesor: González Velez Guadalupe.

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Presentación del tema: "Por: González Rodríguez Desireé 309066996 Grupo: 609 Asesor: González Velez Guadalupe."— Transcripción de la presentación:

1 Por: González Rodríguez Desireé Grupo: 609 Asesor: González Velez Guadalupe.

2 El Neptuno alegórico es un largo texto en prosa escrito por Sor Juana Inés de la Cruz, para celebrar la entrada en la Ciudad de México del virrey Tomás de la Cerda y Aragón, marqués de la Laguna, el 30 de noviembre de A la vez, Sor Juana publicó un larguísimo soneto a manera de explicación del arco.

3 En los lienzos y estatuas de este arco de triunfo se representaron las virtudes del nuevo virrey, personificadas por la figura de Neptuno. La obra se adscribe en una larguísima tradición clásica que vincula las bondades de héroes o gobernantes con arcos triunfales y a un contexto alegórico específico. Aunque se vincula al marqués solo con el dios del mar, su divinización abarca todos los reinos naturales. Fue muy bien recibida en la sociedad novohispana, tanto por los virreyes entrantes como por buena parte del clero.

4 En 1680 Sor Juana Inés de la Cruz fue invitada por la Iglesia Metropolitana a idear, un arco triunfal para la entrada en México de su sucesor en el gobierno civil, don Tomás Antonio de la Cerda, Conde de Paredes y Marqués de la Laguna. El resultado de las especulaciones simbólicas de Sor Juana fueron, por una parte, el arco propiamente dicho, erigido frente a la puerta oriental de la Catedral novohispana y, por otra, el Neptuno alegórico(Madrid, 1689). Importa que nos detengamos brevemente en la dedicatoria del libro al nuevo virrey mexicano porque en ella Sor Juana se mostró particularmente conocedora de las tradiciones emblemáticas y perspicaz teórica de ese exitoso género icónico-verbal. En dicha Introducción se recuerda precisamente la costumbre de los antiguos egipcios de «adorar a sus deidades debajo de diferentes jeroglíficos y formas varias», de suerte que -según el autorizado testimonio de Pierio Valeriano, autor de una Hieroglyphica (Florencia, 1556) realmente vasta y erudita- solían representar a Dios por medio de un círculo, por ser éste símbolo de lo infinito; pero Sor Juana niega el carácter óntico -o hermético- de los jeroglíficos, es decir, la vinculación directa de tales signos con la divinidad y sus atributos.

5 El Neptuno alegórico se constituye como un monumental libro de emblemas en el cual, por medio de los «colores» de la pintura, se da concreción a las «ideas» o imágenes que bajo la cubierta de las hazañas de un dios fabuloso- representan el ideal político de un príncipe católico: sabio, prudente, poderoso y justiciero. Con todo, este diseño, simple en apariencia, se complica y prolifera por modo extraordinario: no bastan las sutilezas del ingenio para poder encontrar esas «simetrías intelectuales entre dos términos del Pensamiento», es decir, las correspondencias analógicas entre el mítico rey de las aguas y el Marqués de la Laguna; es necesario, además, poner a contribución todos los caudales de la erudición cuya «universal noticia de dichos y hechos» -para volver a decirlo con Gracián- sirve para «ilustrar con ellos la materia que se declara» ; en nuestro caso, las virtudes políticas y morales atribuidas al nuevo gobernante novohispano. Las fuentes de tales noticias son múltiples: van desde las historias sagradas y humanas hasta las sentencias de poetas y filósofos. Para la poética culterana, «sin erudición no tienen gusto ni substancia los discursos, ni las conversaciones, ni los libros», pero hay que saberla extraer del abundante magacén de la memoria con oportunidad y variedad, y aplicarla con sutileza.

6 Dentro de ese vasto reservorio de citas y referencias eruditas, los emblemas y jeroglíficos eran -para el mismo Gracián- el más preciado adorno, comparables con «la pedrería preciosa» engastada sobre el «fino oro del discurrir». Y, en efecto, en los tableros de ese arco de triunfo erigido frente a la entrada occidental de la Iglesia Metropolitana se colocaron los lienzos en que se representaban «las empresas y virtudes del dios Neptuno», cuyas «inscripciones» o versos - comenta Sor Juana- se llevaron «la atención de los entendidos», en tanto que las coloridas efigies suspendieron «los ojos de los vulgares», haciendo diferencia entre aquellos individuos que «sólo tienen por empleo de la voluntad el que es objeto de los ojos», por no decir los iletrados ignorantes, y los cultos y discretos que prefieren los conceptos que forma el entendimiento a través de la palabra. Sin embargo, unos y otros -ya fuese por intermediación de las imágenes o de las palabras-, comprenderían sin duda los mensajes insinuados por aquel. Pero dándoles a los cónyuges míticos las fisonomías del virrey y de su esposa, los cuales -por supuesto- excedían en hermosura a los antiguos dioses, así como también los superaban en virtudes.

7 He aquí por dónde el Neptuno alegórico se presenta ante la faz admirativa del Marqués de la Laguna como un espejo moral en el que -como acontece también en la Empresa 33 ( «Siempre el mismo» ) de Saavedra Fajardo - el príncipe ha de saber examinar sus propias acciones y comprobar que sean todas ellas conformes con las virtudes que ya se apresuran a atribuirle sus vasallos, y he aquí también cómo la figura de Harpócrates -según la había canonizado Alciato- viene a insertarse, tácitamente, en el esquema de las correspondencias analógicas en que se funda la construcción mental y el despliegue imaginario del arco de triunfo o, por mejor decir, del programa político trazado por Sor Juana Inés de la Cruz.

8 Toda la obra está repleta de alusiones mitológicas, una constante en la obra de Sor Juana. Sin embargo, ésta puede ser la composición que más alude a la mitología. La monja representa, a través del dios y de su esposa Anfítrite, a los álter ego del virrey y su esposa. Los virreyes quedaron tan satisfechos con la obra de Sor Juana que ese sería el comienzo de una larga y fructífera amistad, pues ambos se convertirán en su mecenas. A pesar de las interpretaciones que modernamente suelen darse del Neptuno alegórico, considerándolo principalmente como una opresiva y espectacular manifestación del autoritarismo monárquico, no olvidemos que bajo sus halagüeños «colores» alegóricos, el Neptuno de Sor Juana es un «simulacro político» ; vale decir, el diseño del paradigma de un nuevo virrey representado en tanto que un Neptuno moderno - imagen de sabiduría, prudencia y trabajo- pero sobre todo, el bosquejo ideal que de su futuro gobernante deseaban formarse los novohispanos. El Neptuno alegórico no se limitó a ser una «triunfal máquina» política, por más que mediante ella se repitiesen los ritos cortesanos y tautológicos de vasallaje al nuevo representante de la monarquía española; sin abandonar la ortodoxia ceremonial, es también -y quizá primordialmente- la manifestación de una esperanza de mejor gobierno para los mexicanos. No en balde la propia Sor Juana calificó su arco emblemática como un «Dédalo de dibujos» y un «Cicerón sin lengua» no sólo atento a publicar «con voces de colores» los «triunfos» del príncipe, sino a insinuar con sutileza cortesana las verdaderas expectativas políticas de sus nuevo vasallos, que esperaban -al fin- poder «gozar estables felicidades sin que turben su sosiego inquietas ondas de alteraciones ni borrascosos vientos de calamidades».


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