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La sexualidad y el control del cuerpo. Nuevos discursos sobre la sexualidad El siglo XVII se convierte en la edad de la represión. Se inaugura la época.

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Presentación del tema: "La sexualidad y el control del cuerpo. Nuevos discursos sobre la sexualidad El siglo XVII se convierte en la edad de la represión. Se inaugura la época."— Transcripción de la presentación:

1 La sexualidad y el control del cuerpo

2 Nuevos discursos sobre la sexualidad El siglo XVII se convierte en la edad de la represión. Se inaugura la época en donde la sexualidad es cuidadosamente encerrada y confiscada por la familia conyugal en función de la reproducción, en torno al sexo SILENCIO. La ley dicta las relaciones de pareja para la procreación.

3 La alcoba se convierte en el único lugar de la sexualidad reconocida, utilitaria y fecunda. Lo anormal, recibirá la condición de tal y será sancionado social y jurídicamente. La represión funciona como una condena de desaparición, como orden de silencio, como afirmación de inexistencia.

4 Sexualidades prohíbidas Si hay lugar para las sexualidades ilegítimas, estos son: el burdel y el manicomio, únicamente allí el sexo salvaje tendría derecho a formas de lo real, pero fuertemente insularizadas y a tipos de discursos clandestinos, circunscritos, cifrados. En todos los demás lugares, el puritanismo moderno impuso su triple decreto de prohibición, inexistencia y mutismo.

5 Entre 1500 y 1700 nuevas actitudes respecto del cuerpo y nuevas reglas de comportamiento dieron lugar a una promoción de castidad y timidez en todas las áreas de la vida diaria. Se cerraron los burdeles, se obligó a los bañistas a conservar las camisas puestas y el camisón reemplazó al desnudo como equipo aprobado para dormir. El desnudo se volvió vulgar

6 En los siglos XVII y XVIII las damas parisinas se desvanecían a la vista de cuerpos masculinos desnudos a orillas del Sena. Se introducía leche o salvado en su baño privado para preservar de la vista de la servidumbre su cuerpo desnudo. La timidez y la discreción se convirtieron en signos de distinción social.

7 Las mujeres víctimas de la moral Las mujeres fueron las primeras víctimas de la moral social, desde antes representadas como incidiosas e incitadoras al mal cuyo objetivo era seducir a los hombres ingenuos y entregarlos a Satán.

8 El control social del cuerpo La Iglesia y el Estado a través del confesionario y la medicina, fueron elaborando los parámetros de lo permitido y lo prohibido que reforzaban celosamente sus derechos sobre el cuerpo y la sexualidad, condenando el erotismo a favor de una sexualidad conyugal y natalista de las relaciones sexuales, en la cual, la actividad sensual se consideraba un medio desafortunado para un fin necesario.

9 La ecuación: Mujeres-sexo-pecado Se fue fortaleciendo cada vez el discurso médico de la voracidad sexual de las mujeres cuya satisfacción erótica no tenía fin y había que controlar, ya que a quienes ignoraban el imperativo natural de la reproducción, les esperaban terribles desórdenes.

10 A los ojos de las autoridades religiosas y seculares había dos tipos de comportamiento sexual: el aceptable que era en la conyugalidad y que se practicaba en función de la procreación y el reprensible gobernado por la pasión amorosa y el placer sensual y su producto era deforme o ilegítimo, su lógica, la de la esterilidad.

11 El matrimonio sagrado Al autorizar la sexualidad sólo en el contexto del matrimonio en función de la procreación, el sexo estuvo sometido a una ola de control y represión que luchó por modelar las costumbres de la población urbana y rural, de acuerdo con las líneas estrictamente definidas por la Iglesia y el Estado.

12 Durante el siglo XVI y XVII la denuncia de la pasión en el matrimonio condenaba tanto a la esposa apasionada como al marido libidinoso. Hasta las posiciones que adoptara la pareja estaban sujetas a controles estrictos. Todas las acrobacias eróticas estaban prohibidas, ya que se consideraban sospechosas en tanto privilegiaban el placer.

13 Los textos médicos daban sostén a las regulaciones teológicas con respecto a las condiciones óptimas para la procreación, en términos tanto de la moderación de la pasión, como de la posición más favorable. Ambas clases de autoridades estipulaban la variedad de días en los cuales debía evitarse la relación sexual.

14 La paradoja sobre la sexualidad El control de la sexualidad se funda en una paradoja, por un lado se prohíbe, se reprime, se restringe, pero al mismo tiempo, una puesta en discurso del sexo a través de la confesión sirve para dar cuenta de ello. Se plantea un imperativo: no sólo hay que confesar los actos contrarios a la ley, sino intentar convertir el deseo, todo el deseo en discurso. Hablar del sexo para CONTROLARLO, REGULARLO, REGLAMENTARLO.

15 Aunque las palabras que se empleen deban ser cuidadosamente neutralizadas, el deber fundamental es confesar lo relativo al sexo y la sexualidad. La prohibición de determinados vocablos, la decencia de las expresiones, todas las censuras al vocabulario podrían no ser sino dispositivos secundarios respecto de esa gran sujeción: maneras de tornarla moralmente aceptable y técnicamente útil.

16 La finalidad era reglamentar el sexo mediante discursos útiles y públicos. Paradójicamente, este nuevo régimen de los discursos es que no se dice menos, sino que se dice de otro modo. Qué se dice, qué no se dice, cómo se dice, quién puede hablar y quién no, qué tipo de discurso está autorizado, cuál forma de discreción es requerida y para quiénes. Aún cuando no se habla de sexo, éste está presente.

17 A partir del siglo XVIII y XIX entraron en actividad los discursos médicos sobre el sexo. La medicina por medio de las enfermedades de los nervios; la psiquiatría, bajo la etilogía de las enfermedades mentales y las perversiones sexuales; la justicia penal que se abrió a la jurisdicción de los pequeños atentados, ultrajes secundarios y perversiones sin importancia, todo ello para emprender la tarea de proteger, separar y prevenir señalando peligros por todas partes.

18 Pecados y peligros De tal manera, los discursos alrededor del sexo intensificaron la conciencia de un peligro incesante que a su vez reactivaba la incitación a hablar de él, que por un lado se convierte en pecado y al mismo tiempo en peligroso para la sociedad.

19 Lo que marca estos tres últimos siglos es la variedad y la amplia dispersión de los aparatos inventados para hablar, para hacer hablar del sexo, para obtener que él hable por sí mismo, para escuchar, registrar, transcribir y redistribuir lo que se dice. Lo propio de las sociedades modernas no es que hayan obligado al sexo a permanecer en la sombra, sino que ellas se hayan destinado a hablar del sexo siempre, haciéndolo valer, poniéndolo de relieve como el secreto.


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