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Ciclo B Comenzamos lo que se llama el tiempo ordinario. Ahora tenemos unos pocos domingos después de Navidad y antes de Cuaresma. El tema de hoy es sobre.

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2 Ciclo B

3 Comenzamos lo que se llama el tiempo ordinario. Ahora tenemos unos pocos domingos después de Navidad y antes de Cuaresma. El tema de hoy es sobre la llamada de Dios.

4 Jesús llama a sus dos primeros discípulos. También nos llama a nosotros a una vida cristiana o de mayor entrega a la causa de Dios.

5 Dios quiere llamar y siempre llama; pero muchas veces nosotros no le escuchamos. Lo primero necesario es estar en la presencia de Dios. Esta presencia más que un acto es una actitud. Si tenemos esta presencia, Dios nos hablará.

6 Al estar en su presencia le pediremos fuerzas para superar las dificultades y contratiempos, para poder seguir su camino. Y pedirle que tengamos las disposiciones necesarias para escuchar su voz y seguirle. Estar en la presencia de Dios es poder hablar con Dios con cierta facilidad.

7 Hoy el evangelio nos habla de los dos primeros discípulos que siguieron a Jesús. Uno de ellos era Andrés. Del otro no pone el nombre, pero parece ser era el mismo que lo está escribiendo, san Juan evangelista. Eran discípulos de Juan Bautista y la primera consideración es que van detrás de Jesús porque se lo indica el mismo Bautista. Juan 1, Dice así el evangelio

8 En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: - «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: - «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: - «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

9 Aquellos dos discípulos conocen a Jesús, por medio de san Juan Bautista. Éste señala a Jesús cuando pasa diciendo: Este es el Cordero de Dios. Parece ser que ya les había hablado antes de aquel que debía venir detrás de él y del que no era digno ni desatar la correa de la sandalia. Palabras estas que significaban la grandeza de esa persona. Llamar a Jesús: el Cordero de Dios es una referencia a los sacrificios de la Pascua. Es posible que estuviera cercana esa fecha, como igualmente la hora de los sacrificios de los corderos, que solía hacerse a las cuatro de la tarde.

10 Normalmente nadie se encuentra con Cristo si alguien no se lo anuncia. Esta es la misión de nosotros cristianos: hacer conocer a Jesucristo entre la gente. Es nuestro deber señalar a Jesús, le sigan o no le sigan. Qué bueno es cuando una persona puede llevar a otra al encuentro con Jesús. Para ello sirve mucho, como primer requisito, una sincera amistad. Puede servir también una predicación o un acontecimiento en la vida.

11 Pero es mucho mejor si uno ha sentido más vivamente la presencia de Dios. Sólo el que tiene una vivencia con Dios puede indicar a ese Dios de la vivencia. Tampoco es que sea necesaria una santidad extraordinaria para enseñar a otros la presencia de Jesús en nuestras vidas.

12 Muchas veces viene el encuentro con Jesús por los medios humanos sencillos: la amistad, familia, el participar de unos mismos ideales, si juntamente se da el testimonio de la vida.

13 Se pretende buscar a Jesús, o la salvación, por muchos sitios o circunstancias equivocadas, por ambientes demasiado materialistas. Claro que no está sólo en la iglesia o templo, sino en la naturaleza, en la bondad de muchos. Y en nuestro propio interior. Miramos demasiado hacia el exterior, somos muy extrovertidos, demasiado empleados con las cosas del mundo. Y por eso no escuchamos la voz de Dios. Hay que meditar más desde el fondo del corazón.

14 Algunos se quejan de que no hay vocaciones o de que Dios llama a menos personas para entregarse plenamente a Él, o a dedicarse plenamente al servicio de Dios. No es que haya menos vocaciones; es que estamos menos disponibles a la llamada de Dios. Falta el vivir o convivir con Jesucristo. Falta el estar, como Andrés y Juan, hablando con Jesús.

15 Andrés y Juan van donde Jesús y le llaman Maestro. Y le preguntan ¿Dónde vives? Con ello manifiestan un deseo de escucharle.

16 Jesús no les echó grandes discursos, sino que les invitó a ver. Es el testimonio de su vida lo que les atraerá plenamente a su servicio. No nos dice lo que hablaron. Es muy posible que hablasen del amor de Dios y de cómo expresarlo por medio del amor al prójimo.

17 Tan importante fue este encuentro con Jesucristo, que san Juan, que lo narra, se acuerda hasta de la hora. Se le quedó grabada esa hora del primer encuentro con Jesús. Eran como las 4 de la tarde. Y conversaron muy contentos con Jesús.

18 El conocimiento de Jesús lleva a una necesidad de transmitirlo a los demás. El encuentro verdadero con Jesús es un gozo tan grande, que desea que los demás gocen también de ese encuentro. Tan contentos quedaron que Andrés se encuentra con su hermano Simón y da testimonio de lo que ha visto: al Mesías o Cristo. Y lo conduce a Jesús.

19 Eso es lo propio de un buen cristiano, porque tenemos el mejor Señor y huésped del alma. Es necesario entusiasmarse con Jesús para que otros puedan vivir la realidad de esta presencia. Cuando uno vive con Jesús, no quiere vivirlo sólo para sí mismo, sino que quiere dar razón de esa vivencia.

20 El encuentro del hermano de Andrés, san Pedro, con Jesús fue trascendental en la historia de nuestra Iglesia. Este hermano se llamaba Simón. Parece ser que era una gran personalidad en la familia y en su entorno social. Jesús se le queda mirando y le dice que en adelante se va a llamar piedra. Para los israelitas era muy importante el nombre cuando tenían o iban a tener un oficio especial. Simón iba a ser la piedra especial donde se iba a asentar esa organización externa para llevar adelante el Reino de Dios. Desde entonces se llamaría Pedro.

21 Esa era la primera llamada para aquellos discípulos. Otro día les llamaría definitivamente para ser sus apóstoles.

22 En la primera lectura se nos expone una hermosa llamada en el Ant. Testamento. Dios llama a Samuel, cuando era niño. Era tiempo en que no eran frecuentes las revelaciones del Señor. Quizá era porque los corazones no estaban abiertos a la respuesta fiel. Por eso le cuesta a Samuel conocer la voz del Señor; pero como su corazón está pronto, al fin sabe que es Dios quien le llama. Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b

23 En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: "Aquí estoy." Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy; vengo porque me has llamado." Respondió Elí: "No te he llamado; vuelve a acostarte." Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy; vengo porque me has llamado." Respondió Elí: "No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte." Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy; vengo porque me has llamado." Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: "Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha." Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: "¡Samuel, Samuel!. Él respondió: "Habla que tu siervo te escucha." Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

24 Para esto hay que saber escuchar la voz de Dios. Dios habló a Samuel porque estaba más disponible que otros, porque su corazón estaba más limpio. Si estaba obediente a aquel sacerdote, estaba fundamentalmente obediente a Dios. Estaba dispuesto a hacer el bien. Hay muchas enseñanzas. Una es que no es fácil ese encuentro con Dios, porque Dios no nos quiere forzar. Más bien que buscar a Jesús sería el dejarse encontrar por él.

25 Muchas veces no es fácil conocer la voz de Dios. El profeta Samuel de niño creía oír al sacerdote y era Dios quien le llamaba de forma extraordinaria.

26 Escuchar la voz de Dios es saber discernir en cada momento lo que es más conforme al evangelio. Para ello debemos poner los medios más conducentes: la oración, la lectura confiada del evangelio, la Eucaristía y otros encuentros eclesiales. Lo importante es estar en actitud de escucha. Por eso Samuel pudo decir a Dios: Habla, Señor, que tu siervo escucha.

27 Habrá algún momento importante en la vida en que podemos sentir que Dios nos llama para algo grande, que nos dé sentido a la vida. Normalmente se tratará de llamadas sencillas, particulares; pero que deben llevar a un encuentro de Dios dentro de la comunidad. Y no necesariamente cuando estemos rezando o en el templo, sino también en otros momentos.

28 Dios llama en muchos momentos de la vida. A unos más especialmente siendo niños, a otros en la juventud, a otros siendo adultos o mayores. No perdamos la ocasión. Lo peor es que Dios nos encuentra a veces dormidos o demasiado distraídos por lo externo.

29 No es tan fácil comprender la palabra de Dios. Hay quienes creen que Dios tiene que hablarles con plena claridad. Hay casos; pero normalmente no es así. Necesitamos oración y discernimiento. Necesitamos paciencia y consejo, porque no siempre se ve tan claro. Por eso hay que esperar y orar mucho para no equivocarnos en nuestra vida.

30 Toda llamada de Dios es un acto supremo de amor que se abaja para hablarnos y proponernos un ideal supremo de vida.

31 La llamada de Dios es también un signo de respeto a nuestra libertad, ya que podemos decir NO al amor de Dios, si no queremos abrirle la puerta.

32 Hay algunos que dicen: Si yo supiera lo que Dios quiere de mi vida… Las dos reglas son: Ponerse en oración y saberse aconsejar para que venga la luz. El aconsejarse puede ser con libros, ver personas entregadas a Dios…; pero lo normal es a través de otras personas que han estudiado y están puestos para saber discernir. Hay algunos que tienen un don o carisma especial de discernimiento. El hecho de ponerse a mirarlo con esa buena voluntad, ya es una garantía de que Dios dará su luz para que se vea clara la llamada de Dios.

33 A veces no se escucha la palabra de Dios, porque la mente no se clarifica; se tienen las ideas demasiado oscuras. Pero otras veces es por falta de voluntad. Todos tenemos alguna vocación, porque Dios siempre nos pide más.

34 Cuando se habla de vocación o llamada de Dios no se trata sólo de una llamada para el sacerdocio o la vida consagrada. Por ejemplo: Cuando un hombre y una mujer se han casado, tienen una vocación de Dios para seguir unidos y hasta que la muerte les separe, si la unión la reciben con el sacramento. Pero hay que cooperar con la llamada de Dios. Porque Dios siempre nos pide más, después de la primera llamada.

35 A veces decimos que estamos disponibles para lo que Dios disponga, creyendo que nos va a pedir grandes cosas. Pero nos pide lo que tenemos entre manos: saber renunciar a posiciones egoístas, quizá renunciar a un estilo de vida muy nuestro, ponernos en las manos de Dios ante un futuro incierto. Y debemos tener la voluntad de responder como Samuel. Habla, Señor, que tu hijo escucha.

36 Otras veces pensamos que no valemos, por ejemplo, para el sacerdocio o vida consagrada, porque hemos vivido un poco licenciosamente y sentimos demasiado el atractivo mundano o sexual. Por eso, cuando uno siente que Dios le llama a una vida más de encuentro con Dios, hay que ponerse en las manos de Aquel que es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

37 Normalmente Dios llama cuando hay una familia buena como la de Samuel. Sus padres le llevaron al templo para consagrarlo al Señor.

38 Desde el fondo del corazón le digamos a Dios, como en el salmo responsorial: O le digamos: ¡Aquí me tienes, Señor! Me pongo en tus brazos.

39 Automático

40 no son altivos mis ojos,

41 no, yo no aceptaré la grandeza

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44 como el niño en los brazos de su madre,

45 esperaré siempre en mi Dios,

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49 AMÉN


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