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La espiritualidad de Jesús, como la mayoría de las espiritualidades, es un proceso de transformación personal y social, un itinerario. Como todas las.

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Presentación del tema: "La espiritualidad de Jesús, como la mayoría de las espiritualidades, es un proceso de transformación personal y social, un itinerario. Como todas las."— Transcripción de la presentación:

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2 La espiritualidad de Jesús, como la mayoría de las espiritualidades, es un proceso de transformación personal y social, un itinerario. Como todas las demás formas de vida, nuestra vida espiritual evoluciona. Siguiendo la inspiración del mismo Jesús, proponemos algunos cambios que tendremos que considerar en el camino hacia una mayor madurez, una conciencia más profunda y una libertad radical. Lo interesante es que no estaremos solos al recorrer este y otros camino similares de transformación personal. Hay compañeros de ruta, pues la única manera de seguir avanzar es caminando juntos, mano con mano, ayudándonos, sanándonos unos a otros. Pero por dónde tendremos que empezar es por nosotros mismos.

3 El exceso de actividad, ya sea por ganar dinero por tratar de cambiar el mundo o, simplemente, por hacer lo que otros hacen, se ha convertido en una obsesión. Nos sentimos incitados y obligados a trabajar duramente. El tiempo es oro, se dice, no pierdas tiempo. Queremos que las personas piensen que estamos ocupados, aunque no sea cierto. Si no trabajamos mucho y nos mantenemos ocupados, empezamos a sentirnos culpables. En realidad, el activismo es la suprema distracción. Nos distrae de la conciencia de nosotros mismos y de la conciencia del mundo real, de Dios. El activismo se asemeja al sonambulismo.

4 Jesús era también un hombre muy ocupado…. Y sin embargo parece que Jesús experimentó una profunda necesidad de silencio y soledad. Si queremos seguir a Jesús, tenemos que seguirlo, primero y sobre todo, hasta el desierto. No es posible que tú y yo nos entremos hoy en el Camino de Jesús si no creamos algún espacio en nuestras vidas para el silencio y la soledad. Las oportunidades para hacerlo variarán según las personas y sus circunstancias. Necesitamos una manera de desconectarnos de algún modo del flujo implacable de las palabras, sonidos e imágenes que nos bombardean día y noche. Y más importante necesitamos un silencio interior.

5 Es una manera de llegar al silencio interior. Es un ejercicio para calmar la mente y el corazón. Es una manera de poner cierto orden y paz en el caos vaciando nuestra mente de todos los pensamientos y sentimientos. Hay una manera de hacerlo que se ha usado con mucho éxito a los largo de los siglos en el cristianismo que es: la oración de Jesús Señor Jesús, ten misericordia de mí. Esta frase asociada a la respiración tiene como la finalidad de calmar el corazón y la mente.

6 No sabemos cómo oraba Jesús cuando se retiraba al desierto o a un lugar de silencio y soledad. Lo que sí sabemos es que su conducta pone de manifiesto una vida interior de calma y tranquilidad perfectas. No mostró ningún signo de agitación emocional o de sentimientos u pensamientos incontrolables. Estaba en paz consigo mismo, con Dios y con el mundo. Cualquier cosa que pueda ayudarnos, aunque sea parcialmente, a encontrar tal calma y tranquilidad será una aportación inapreciable para vivir como él vivió.

7 Ordinariamente se recomienda que meditemos durante veinte minutos al día. Esto podrá ayudar, pero no es necesario. No es sabio convertir la meditación en otra obligación que produzca sentimientos de culpa cada vez que no lo logremos. Hacemos lo que podemos. Más bien se trata de la llamada: experiencia de centro, la toma de conciencia del aquí y del ahora. Es darme cuenta de las diversas sensaciones que experimento en mi cuerpo.

8 Es demasiado estresante. Vivimos en un mundo que busca resultados. La prisa y la rivalidad, las amenazas y los peligros, los miedos y las preocupaciones son simple y llanamente, infinitos. Ponen nuestros cuerpos en alerta máxima de día y noche. El estrés en sí no es malo para nosotros. Cuando tenemos que afrontar el peligro, nuestros músculos se ponen tensos, a fin de estar preparados para luchar o huir. Cuando pasa el peligro, nuestros músculos se relajan de nuevo. Pero si los estresores o cosas que causan alerta máxima son constantes y continuos, nuestros músculos están siempre tensos y rígidos. Esto no es sano. El cuerpo no sólo empieza a deteriorarse, sino que la tensión afecta a nuestra conducta y a la paz de nuestra mente.

9 1. Masaje 2. Actividades deportivas. 3. Leer un buen libro. 4. Sentarse a escuchar música. 5. Pero para nuestro propósito, lo único que necesitamos es sentarnos con la espalda recta durante la meditación y relajar los músculos de la cara y de los hombros, donde se concentra la mayor parte de tensión. 6. Aún y con todo esto, el problema del activismo no se resuelve simplemente reservando un tiempo para volver a trabajar tan frenéticamente como antes, necesitamos aprender algo más: a) Ir más despacio b) El arte de no hacer nada o más bien el arte de ser y no del hacer.

10 Jesús enseña a sus discípulos a no andar preocupados por el mañana, por la comida o por el vestido. (Mt. 6, 25-34)Tenían que poner su corazón en el reino. La mayoría de los seres humanos vivimos en el pasado o en el futuro. Estamos distraídos por lo que sucedió ayer. También podemos idealizar el pasado. Pero el pasado ya no existe no es real. Vivir en el pasado de deprime. Otros viven el futuro, en la clase de mundo que esperan tener un día, la clase de iglesia o negocio que esperan crear un día, la clase de persona que les gustaría ser… O nos preocupamos de la ropa, o de qué comeremos, como dice Jesús. Estos mundos imaginarios no existen todavía. Vivir del futuro nos angustia.

11 Lo que existe es el aquí y ahora, el momento presente. El conocimiento del pasado es valioso porque nos ayuda a comprender dónde nos encontramos en el presente. Hacer planes para el futuro merece la pena porque puede ayudarnos a decidir qué hacer ahora. Pero lo único que realmente existe es el aquí y el ahora. Y eso significa que el único lugar donde podemos encontrar al Dios vivo y experimentar la presencia de Dios es el aquí y el ahora.

12 Una de las razones por las que Jesús eligió al niño como modelo de vida es porque tienen sentido de asombro. Todo es nuevo y sorprendente. La mayoría de nosotros hemos observado el asombro y el sobrecogimiento que reflejan la cara de un niño que ve el mar por primera vez. Para un niño que no ha sido privado de su infancia de alguna manera, la vida es mágica, y todo es un milagro. Cuando crecemos, vamos a la escuela y aprendemos a afrontar las exigencias prácticas del mundo en que vivimos, generalmente perdemos nuestro sentido de asombro. Empezamos a considerarlo todo en la vida como lo más natural del mundo.

13 Einstein dijo; El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y la ciencia verdaderos. Quien no la conoce, quien no puede sorprenderse y asombrarse, esta muerto. El asombro es una profunda experiencia, es una forma de conciencia. Lo único que puedo permitir uno pueda permitir es que le suceda. La naturaleza pudiera ser un buen lugar para comenzar: desde las plantas que florecen hasta las aves que hacen sus nidos. Jesús se sentía fascinado por la belleza de los lirios del campo, cuyo esplendor, según su percepción, sobrepasaba por mucho toda la pompa del rey Salomón. Se maravillaba ante las aves del cielo, que encontraban comida sin tener que sembrar cosechar y almacenar en graneros. (Mt. 6, 26-29).

14 Desprendimiento no es hoy una palabra demasiado popular. Parece que indica distanciamiento e indiferencia. El desprendimiento, correctamente entendido, significa libertad, libertad interior. Aunque Jesús no uso esta palabra, ésta expresa muy bien un elemento muy importante de su espiritualidad: la capacidad de soltar. No seremos libres para amar mientras no estemos dispuestos a soltar a la presa de nuestras propiedades, sean del tipo que sean. (Mc. 10, 21ss) Podemos tener muchos apegos: a la riqueza y las posesiones, lujos, comodidades o placeres; a la limpieza, la pulcritud y el orden; a la comida o a la bebida; a las personas pensamos que las necesitamos. No podemos renunciar siquiera a nuestro tiempo. A la reputación y a nuestro trabajo. A nuestras ideas y prácticas.

15 Cuando lo sueltas todo tienes dos manos libres. Considéralo. Estas manos libres me permiten configurar algo y darle forma, estrechar la mano de otra persona, tenderle mi propia mano si está en un apuro, y tocarlo si tiene necesidad de amor. El pajarillo para volar libre necesita soltar la rama

16 Llevan a cabo algo que es adecuado para el ser humano y su ritmo vital, que es apropiado y correcto para él. Los ritos abren el cielo sobre nuestra vida. (Dios presente) Los ritos cierran una puerta y abren otra. (trabajo-ocio) Los ritos expresan sentimientos que, de otro modo, no expresaríamos nunca. (pésame) Los ritos ahondan las relaciones. (cumpleaños) Los ritos fundan una identidad. (familia) Los ritos crean un lugar sagrado y un tiempo sagrado. (habitación-siesta) Los ritos son recordatorios (Iglesia-Eucaristía-Angelus) Los ritos crean un hogar (yo-padres-abuelos) Los ritos aseguran que mi vida tendrá buen éxito.(encender una vela)

17 Los días se nos van a menudo entre los dedos. No vivimos conscientemente. Los ritos nos ayudan a recordarnos que cada día estamos bajo la bendición de Dios y que lo vivimos con él. Los ritos estructuran el día. Nos recuerdan continuamente que hemos de vivir activamente, en lugar de ser vividos. Es decir: Quiero darle al día de hoy mi sello personal. Gracias a los ritos vivimos el ritmo del día. Descubrimos que la vida es un regalo que hay que disfrutarlo.

18 1. Bendecir el día: Levantar las manos. Fluir. 2. Empezar el día: abre la ventana y siente el frescor, exhala algo de la novedad de Dios. 3. Abrir el cielo sobre las personas: postura orante. 4. Rito de descanso. No comas y trabajes. Iglesia. Parque. Siesta. 5. Interrupciones saludables. Detenerse. Liberar presión. 6. Ritos en torno a la comida. Lo medido. Ocio. Reponer la fuerzas. Meditar. Bendecir. 7. Rito de final de la jornada. Tiempo libre. Ducharse. 8. Dejar que el día termine. Puesta del sol. Ya es de noche Señor 9. Irse a la cama. Desvestirse. Lavarte. Acurrucarte.

19 Habla San Alberto Magno que existen tres géneros de plenitudes: "la plenitud del vaso, que retiene y no da; la del canal, que da y no retiene, y la de la fuente, que crea, retiene y da". ¡Qué tremenda verdad! Efectivamente, yo he conocido muchos hombres-vaso. Son gentes que se dedican a almacenar virtudes o ciencia, que lo leen todo, coleccionan títulos, saben cuanto puede saberse, pero creen terminada su tarea cuando han concluido su almacenamiento: ni reparten sabiduría ni alegría. Tienen, pero no comparten. Retienen, pero no dan. Son magníficos, pero magníficamente estériles. Son simples servidores de su egoísmo.

20 También he conocido hombres-canal: es la gente que se desgasta en palabras, que se pasa la vida haciendo y haciendo cosas, que nunca rumia lo que sabe, que cuando le entra de vital por los oídos se le va por la boca sin dejar pozo adentro. Padecen la neurosis de la acción, tienen que hacer muchas cosas y todas de prisa, creen estar sirviendo a los demás pero su servicio es, a veces, un modo de calmar sus picores del alma. Hombre-canal son muchos periodistas, algunos apóstoles, sacerdotes o seglares. Dan y no retienen. Y, después de dar, se sienten vacíos. Qué difícil, en cambio, encontrar hombres-fuente, personas que dan de lo que han hecho sustancia de su alma, que reparten como las llamas, encendiendo la del vecino sin disminuir la propia, porque recrean todo lo que viven y reparten todo cuanto han recreado. Dan sin vaciarse, riegan sin decrecer, ofrecen su agua sin quedarse secos. Cristo -pienso- debió ser así. El era la fuente que brota inextinguible, el agua que calma la sed para la vida eterna. Nosotros -¡ah!- tal vez ya haríamos bastante con ser uno de esos hilillos que bajan chorreando desde lo alto de la gran montaña de la vida.

21 Alejarse de Él es perecer, Dirigirse a Él es levantarse, Permanecer en Él es estar seguro, Habitar en Él es vivir. San Agustín


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