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PALABRAS de VIDA Benedictinas Montserrat Juan 20, 19-31. II domingo de Pascua –C- Vivimos sin miedo, en paz, con alegría, porque tenemos.

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2 PALABRAS de VIDA Benedictinas Montserrat

3 Juan 20, II domingo de Pascua –C- Vivimos sin miedo, en paz, con alegría, porque tenemos misión, porque Jesús está en medio de

4 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: -«Paz a vosotros.» Jesús abre las puertas que cierra el miedo, el formalismo, la inercia, la cobardía... Decir paz es decir perdón, confianza, esperanza de un futuro siempre nuevo que se abre con la Resurrección de Jesús.

5 Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Jesús es nuestra Paz, la armonía con y con los demás, con la naturaleza y con Dios; la alegría de vivir, en la solidaridad y la justicia. Nos impulsa a continuar su misión, anunciar y construir el Reino, a hacer visible su Presencia.

6 Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» El perdón despierta esperanza en quien perdona y en quien es perdonado. Es la virtud de la persona resucitada. El perdón es parte de nuestra misión: si perdonamos habrá perdón, si no perdonamos no lo habrá. Si acogemos y dejamos actuar al Espíritu no habrá comunidades con las puertas cerradas, sin objetivos, sin misión, llenas de miedo y a la defensiva, temerosas de las autoridades, replegadas, sin alegría, perdón y vida que transmitir.

7 Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: - «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» Todos somos Tomás en algún momento de la vida, pues la fe lleva siempre consigo una posibilidad de duda. En esas ocasiones, podemos aprender a despojamos de falsos apoyos, a estar un poco menos de y aceptar la purificación que suponen los momentos de inseguridad. Como Tomás, a veces queremos ver para creer. No esperes a ver para creer. Cree y verás. (san Agustín) También es buen momento para valorar y agradecer nuestra fe: regalo de Dios y respuesta y compromiso por nuestra parte.

8 A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: - «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Del más incrédulo surge una gran expresión de fe : Señor mío y Dios mío Hoy podemos ver, descubrir, conocer... la presencia del Resucitado en las personas que llevan los estigmas del sufrimiento y la marginación. En los olvidados, los pobres, los excluidos... se hace presente el Resucitado y en las personas que se comprometen por una vida más humana, más plena y más digna para ellos.

9 Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre La duda de Tomás consigue de Jesús una promesa en forma de bienaventuranza para Ojalá que los que no "ven" a Jesús puedan descubrirlo por el testimonio de la comunidad acogedora, servicial, unida, alegre, abierta, valiente, solidaria, pobre, comprensiva, compasiva, reconciliadora, EVANGÉLICA... seguidora de los pasos salvadores y liberadores de Jesús.

10 Danos, Señor, aquella Paz extraña que brota en plena lucha como una flor de fuego; que rompe en plena noche como un canto escondido; que llega en plena muerte como un beso esperado. Danos la Paz de los que andan siempre, desnudos de ventajas; vestidos por viento de una esperanza núbil. Aquella Paz del pobre que ya ha vencido el miedo. Aquella Paz del libre que se aferra a la vida. Paz que se comparte en igualdad como el agua y la Hostia. Pedro Casaldáliga.


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