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C u r s o para padres y catequistas dePrimeraComunión Curso del Instituto de Formación Teológica por Internet ( I. F. T. I. ) www.institutodeteologia.org.

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1 C u r s o para padres y catequistas dePrimeraComunión Curso del Instituto de Formación Teológica por Internet ( I. F. T. I. ) 1

2 24° lección I. La huida a Egipto Por fin Herodes se canso de esperar. Y, dándose cuenta de que los Reyes Magos le habían pegado el esquinazo mando matar a todos los chiquitos que tuvieran menos dos años de edad, nacidos en Belén y sus aledaños. Suponía que en la volteada caería el futuro Rey de Israel y que de esa manera aseguraba su permanencia en el trono. Herodes era un bestia. 2

3 Esos chiquitos, muertos por Herodes sin culpa ninguna, son los Santos Inocentes. Y su fiesta se festeja el 28 de Diciembre, el día que se embroma a la gente para decirle después: Que la inocencia te valga. Antes de que llegaran los soldados de Herodes a Belén, José dormía en la casita que ocupaban con María y el Niño. Y, en sueños, le dijo un ángel: -José, tomá al Chico y a su Madre y dispará a Egipto, porque Herodes anda buscando a Jesús para matarlo. 3

4 José, sin perder un minuto, sin esperar siquiera que aclarara despertó a María, acomodó el equipaje y ensilló su burro, poniéndose en viaje. Tomó un camino poco transitado, a fin de despistar a los soldados. Por allí no pasaba casi nadie, porque culebreaba entre montañas y cortaba por lo peor del desierto. Dejaba las poblaciones a un costado y no había en todo el trayecto ni una fonda. De yapa, era frecuente topar en su recorrido con fieras y ladrones. 4

5 Con el alma en un hilo a avanzarían los tres viajeros, al tranco parejo del burro. Y José pensaría: -Responsabilidad grande la mía, pues Dios me ha confiado la custodia de su Hijo. Haré todo lo que pueda para cuidarlo, según cuadra a un buen padre de familia. Nada se sabe de lo ocurrido en esa fuga larga y penosa. Cada vez que se oía algún galope a lo lejos, previendo que pudieran ser los soldados, José se apartaría de la ruta, escondiéndose con su familia y el burro entre las piedras y los matorrales. 5

6 No falta el que supone que, en ese viaje, fueron asaltados por una banda de ladrones y que, en la guarida de estos, la Santísima Virgen curó al hijo del jefe, que estaba enfermo y que llegaría a ser Dimas, el Buen Ladrón que moriría junto a Jesús. Otros cuentan que se salvaron raspando del ataque de leones y chacales. Pero como saber, nada se sabe a ciencia cierta. La verdad es que por fin cruzaron la frontera y, de allí en más, pudieron utilizar el camino real, llegando a Egipto sin novedad. 6

7 Instalados en Egipto, la vida fue para ellos muy dura. Capital tenían poco o nada, porque el oro que los Magos regalaran al Niño seria apenas un puñado simbólico. Además no conocían a nadie y los egipcios miraban con recelo a los judíos, con los cuales mantenían viejas enemistades. José instaló su tallercito de carpintería y, como era trabajador y hábil en su oficio, se fue haciendo de una clientela. 7

8 Judíos como él han de haber sido los primeros clientes pero, el ver que en el taller de José las cosas se hacían bien, algunos egipcios terminarían por arrimarse para encargarle tareas. Uno le diría. -Vea, José, se me quebró el cabo de la pala y hay que componerlo. José compondría la pala. Otro diría: -Don José, anoche se partió una pata de la mesa y habrá que hacerle otra nueva. José haría la pata nueva. 8

9 Y otro más diría: -José, hágame la gauchada, en casa se rajó la viga del mojinete y tengo que empatillarla rápido, no sea cosa que venga tormenta y me llueva adentro de la pieza. Allá iría José para hacer la gauchada. Y, mientras José paraba la olla, María se encargaría de cocinar lo que hubiera en ella, de hacer las compras, barrer el patio, cultivar algunas verduras y, sobre todo, de cuidar al Niño, alimentarlo, cambiarle los pañales y cantarle viejas canciones, por lo bajo, para que se durmiera. 9

10 Después de un tiempo bastante largo, el ángel se le presento otra vez a José en sueños y le ordenó: -Volvé a tu tierra porque Herodes ya se murió. Y José, siempre obediente a la voluntad de Dios, levantó la casa, cargó el burro y volvió a su tierra, con Jesús y María Santísima. Enterado de que allí gobernaba ahora Arquelao, un hijo de Herodes que tampoco era trigo limpio, dio un rodeo para evitar pasar por sus dominios y sujetó en Nazaret. 10

11 Objetivo: Objetivo: Destacar la inteligente docilidad con que José cumplía la voluntad de Dios, como cabeza de la Sagrada Familia, gobernando en esa Trinidad de la Tierra que formaba con Jesús y María. 11

12 II. Verdades del Compendio (nn. 101 a 103) - Toda la vida de Cristo es acontecimiento de revelación. - Lo que es visible en la vida terrena de Jesús conduce a su Misterio invisible. - Aunque la salvación nos viene plenamente con la Cruz y la Resurrección, la vida entera de Cristo es misterio de salvación. - Dios ha preparado la venida de su Hijo mediante la Antigua Alianza, hasta Juan el Bautista. 12

13 - En el Nacimiento de Jesús, la gloria del cielo se manifiesta en la debilidad de un niño. - La circuncisión es signo de su pertenencia al pueblo hebreo y prefiguración de nuestro Bautismo; - La Epifanía es la manifestación del Rey- Mesías de Israel a todos los pueblos. - Durante la presentación en el Templo, en Simeón y Ana se concentra toda la expectación de Israel, que viene al encuentro de su Salvador. 13

14 - La huida a Egipto y la matanza de los inocentes anuncian que toda la vida de Cristo estará bajo el signo de la persecución. - Su retorno de Egipto recuerda el Éxodo y presenta a Jesús como el nuevo Moisés: - Él es el verdadero y definitivo liberador. Más verdades del Compendio (Compendio 422 a 428) Gracia y Justificación - La justificación es la obra más excelente del amor de Dios. 14

15 - Es la acción misericordiosa y gratuita de Dios, que borra nuestros pecados, y nos hace justos y santos en todo nuestro ser. - La gracia es un don gratuito de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él. - Se le llama gracia habitual, santificante o deificante, porque nos santifica y nos diviniza. 15

16 - Es sobrenatural, porque depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios y supera la capacidad de la inteligencia y de las fuerzas del hombre. - Escapa, por tanto, a nuestra experiencia. - Además de la gracia habitual, existen otros tipos de gracia: las gracias actuales (dones en circunstancias particulares); las gracias sacramentales (dones propios de cada sacramento); 16

17 las gracias especiales o carismas (que tienen como fin el bien común de la Iglesia), entre las que se encuentran las gracias de estado, que acompañan al ejercicio de los ministerios eclesiales y de las responsabilidades de la vida. - La gracia previene, prepara y suscita la libre respuesta del hombre; responde a las profundas aspiraciones de la libertad humana, la invita a cooperar y la conduce a su perfección. 17

18 - El mérito es lo que da derecho a la recompensa por una obra buena. - Respecto a Dios, el hombre, de suyo, no puede merecer nada, habiéndolo recibido todo gratuitamente de Él. - Sin embargo, Dios da al hombre la posibilidad de adquirir méritos, mediante la unión a la caridad de Cristo, fuente de nuestros méritos ante Dios. 18

19 - Por eso, los méritos de las buenas obras deben ser atribuidos primero a la gracia de Dios y después a la libre voluntad del hombre. - Bajo la moción del Espíritu Santo, podemos merecer, para nosotros mismos o para los demás, las gracias útiles para santificarnos y para alcanzar la gloria eterna, así como también los bienes temporales que nos convienen según el designio de Dios. 19

20 - Todos los fieles estamos llamados a la santidad cristiana. - Ésta es plenitud de la vida cristiana y perfección de la caridad, y se realiza en la unión íntima con Cristo y, en Él, con la Santísima Trinidad. - El camino de santificación del cristiano, que pasa por la cruz, tendrá su cumplimiento en la resurrección final de los justos. 20

21 En pocas palabras… Dejar a Dios, por Dios, nos dice San Francisco de Sales, es lícito.

22 San Vicente de Paul enseñaba: Si alguien está rezando, pero en ese momento sabe de alguien que necesita urgentemente de su ayuda, no tema dejar su oración por ir a ayudarlo, que el Señor puede ser igualmente servido, cuando lo amamos en el necesitado, que cuando le hablamos en la oración.

23 J (Mt 25, 40). Jesús dijo: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis. (Mt 25, 40).

24 III. INSTRUCCIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO Liturgia eucarística (continuación) Si el celebrante es un Obispo, en las Plegarias, después de las palabras: con tu servidor el Papa N., añade: conmigo, indigno siervo tuyo. O después de las palabras: al Papa N., añade: a mí, indigno siervo tuyo. Si un Obispo celebra fuera de su diócesis, después de las palabras : 24

25 conmigo, indigno siervo tuyo, y mi hermano N. Obispo de esta Iglesia de N., o después de las palabras: al Papa N., añade: a mí, indigno siervo tuyo y a mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N. El Obispo diocesano o quien, por derecho, es equiparado a él, debe ser mencionado en esta forma: con tu servidor el Papa N., y con nuestro Obispo (o bien: Vicario, Prelado, Prefecto, Abad) N. 25

26 En la Plegaria eucarística conviene nombrar a los Obispos Coadjutores y Auxiliares, pero no a los otros Obispos que pudieran estar presentes. Si son muchos los que se han de mencionar, se usa la forma general: con nuestro obispo y sus Obispos auxiliares. En cada Plegaria eucarística hay que adaptar dichas menciones a las reglas gramaticales. Un poco antes de la consagración, el ministro, si se cree necesario, advierte a los fieles mediante un toque de campanilla. Asimismo toca la campanilla en cada una de las elevaciones, de acuerdo con la costumbre del lugar. 26

27 Si se usa incienso, el ministro inciensa la hostia y el cáliz, cuando son presentados al pueblo después de la consagración. Después de la consagración, luego que el sacerdote dice: Este es el sacramento de nuestra fe, el pueblo aclama, usando una de las fórmulas prescritas. Al final de la Plegaria eucarística, el sacerdote, tomando la patena con la hostia y el cáliz y elevándolos, dice, él solo, la doxología: Por Cristo. Al final el pueblo aclama: Amén. Luego el sacerdote deja la patena y el cáliz sobre el corporal. 27

28 Terminada la Plegaria eucarística, el sacerdote, con las manos juntas, dice la monición antes de la oración del Señor, que luego pronuncia juntamente con el pueblo, con las manos extendidas. Concluida la oración del Señor, el sacerdote, con las manos extendidas dice, solo, el embolismo Líbranos, Señor, y terminado éste, el pueblo aclama: Tuyo es el Reino. 28

29 Presentación confeccionada por el Padre Juan María Gallardo ( Para ywww.institutodeteología.org Con el aporte Mónica Heller (


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