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Filosofía Moral Analítica del Siglo XX Visión de Robert Cavalier Por Jaime Ernesto Vargas-Mendoza Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C. 2009.

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1 Filosofía Moral Analítica del Siglo XX Visión de Robert Cavalier Por Jaime Ernesto Vargas-Mendoza Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C. 2009

2 La Ética Anglo-Americana del Siglo XX puede caracterizarse con los siguientes trabajos: Primero tenemos el dispositivo inicial representado por el libro de G. E. Moore Principia Ethica (1903) y el de Sir David Ross The Right and the Good (1930). Luego, desde los primeros treintas a la mitad de los cuarentas, el efecto del Tractatus de Wittgenstein, mediante el Círculo de Viena, se hizo evidente en las teorías emotivas de A. J. Ayer y su libro Language, Truth and Logic (1935), así como la obra de Stevenson Ethics and Lenguage (1944). Un movimiento alejado de estas teorías se da en el libro de Toulmin Reason in Ethics (1948) y en el de R. M. Hare The Language of Morals (1952), así como el de Kurt Baier The Moral Point of View (1957), con los que se inaugura una nueva era en el razonamiento ético. En los años sesenta se vieron gran cantidad de artículos dedicados al escrutinio de temas anteriores y el libro de Philippa Foot Theories of Ethics (1967) es el mejor representante de este periodo. Finalmente, la publicación en 1971 del libro de John Rawl A Theory of Justice trajo a la ética analítica dentro del contexto del nivel de discusión contemporáneo.

3 G. E. Moore, Principia Ethica (1903) En este libro, su autor ejemplifica una postura utilitaria. La obra se preocupa por tres temas principales: la descripción de la falacia naturalista, el principio del utilitarismo y la doctrina de la intuición moral que surge de estos dos primeros temas. La falacia naturalista es la falacia que identifica lo bueno con alguna propiedad natural como, por ejemplo, cuando uno identifica lo bueno con lo placentero. A partir de esto, los argumentos que contengan nociones fácticas de placer en sus premisas podrían lógicamente implicar conclusiones conteniendo juicios éticos. Moore argumenta que, de hecho, ninguna descripción de propiedades naturales puede comprometer lógicamente a uno para hacer juicios éticos. Las cuestiones éticas permanecen como cuestiones abiertas, ejemplo, ante el enunciado naturalista X es placentero, uno puede replicar siempre ¿pero, es bueno?

4 Una consecuencia de lo anterior para Moore es que lo bueno es una noción simple, como amarillo es una noción simple. El Bien no se define en términos de cualquier cosa externa a él y esto no hace que sea imposible alcanzarlo, no más que al color amarillo. De lo que se sigue que, podemos hablar de lo bueno y, de hecho, decir muchas cosas sobre ello. Moore ve en el principio utilitario la articulación de una manera en la que uno puede razonar éticamente. Es aquí donde la ética se relaciona con la conducta. Cuando surge el cuestionamiento práctico ¿Qué debo hacer? Uno debe siempre basar su decisión en la posibilidad de que la acción traiga algo bueno o tenga un buen efecto. De aquí se sigue que lo correcto solo puede referirse a causar un buen resultado y es idéntico a lo útil. La determinación final de lo que es útil, fue para Moore cierta clase de intuición. Uno 2devisa2 el valor intrínseco de las acciones morales prácticas.

5 Sir David Ross, The Right and the Good (1930) El libro de Ross surge principalmente como respuesta al tipo de utilitarismo expuesto en Principia Ethica, ese que afirma que lo correcto es lo que produce mayor beneficio. Para Ross lo que hace que un acto correcto sea correcto no es el principio de utilidad sino un deber moral superior, que pudiera algunas veces entrar en conflicto con el utilitarismo ideal de Moore que afirma en efecto, que la única relación moralmente significativa en la que mis vecinos se vinculan conmigo es la de poder ser beneficiarios de mis acciones. Por ejemplo, en la situación de una promesa y quien la hace, puede resultar inofensivo o hasta benéfico romper la promesa, pero esto no hace necesariamente que esto sea algo correcto. Tenemos ciertos deberes que no se basan en las consecuencias adaptativas, sino en lo correcto de su adaptación. Podríamos decir que estos deberes son de naturaleza Kantiana, es decir universales y deónticos. Ross denomina a estos principios como prima facie a la luz del hecho de que si todo se mantiene igual (sin que haya alguna circunstancia en contra), deberíamos seguir el principio. Por ejemplo, si todo es igual, deberíamos respetar nuestras promesas.

6 Aunque las situaciones morales frecuentemente exhiben una complejidad que involucra un conflicto entre deberes prima facie. En esta explicación, Ross nos dice que nuestro deber actual sería lo que resulte correcto para la situación particular en la que estemos. Por ejemplo, aunque mantener una promesa es un deber prima facie, puede darse una situación particular en que hay otro deber prima facie que lo supere. Ross utiliza el ejemplo donde se rompe con una promesa trivial de encontrarse con un amigo, con objeto de prevenir que ocurra un serio accidente. En este caso, este último deber sería nuestro deber actual, dado que ambos deberes prima facie conservan su naturaleza deóntica. Ross se ubica en una posición donde sobrepasa el énfasis de la utilidad en la ética de Moore. Es una postura que enfatiza la noción del deber de hacer lo correcto.

7 A.J. Ayer, Language, Truth and Logic (1935) Puesta simplemente, la tesis es como sigue: Solo hay dos clases de proposiciones, las analíticas (que expresan las verdades necesarias de la lógica y las matemáticas) y las sintéticas (que expresan cuestiones de hecho ). Respecto a estas últimas, debemos someterlas al principio de verificación de su significado, el cual dicta que cualquier proposición genuina debe ser capaz de reducirse proposiciones observables que impliquen la posibilidad de alguna situación empírica. Si algunas proposiciones no pueden satisfacer este criterio, entonces carecen de significado literal. Tales proposiciones entonces resultan no ser verdaderas proposiciones, sino pseudo-proposiciones sin significado. Así, como las proposiciones de la ética no pueden reducirse a expresiones capaces de ser empíricamente verificadas, caen en la categoría de las pseudo- proposiciones y no son literalmente significantes.

8 Lo que queda, como una forma de análisis positivo, es la creencia de que las expresiones éticas son meramente emotivas en su naturaleza, sin adicionar nada a la situación actual del mundo. Por ejemplo, al decir es malo robar dinero, uno solo expresa sus sentimientos e igualmente uno podría decir robar dinero, que sería una expresión equivalente, pero sin el matiz ético. De esta manera, la ética es la expresión de las emociones del orador o un fenómeno de las ciencias descriptivas de la sociología y la psicología. En cualquier caso no podría uno hablar de la ética como lo haría una disciplina normativa, es decir no se podría hablar significativamente de la ética.

9 C. L. Stevenson, Ethics and Language (1944) Stevenson nos presenta, de una manera más sistemática, los recovecos y las consecuencias de la teoría emotiva. Basando su enfoque en la distinción entre hechos y valores, intenta develarnos esta diferencia en la ética refiriéndose a la distinción entre las creencias y las actitudes. Las primeras caen dentro de la esfera de los hechos y las segundas pertenecen a los estados psicológicos de aprobación o desaprobación. Los juicios morales tienen que ver con recomendar algo para su aprobación o desaprobación y esto involucra algo más que una descripción desinteresada. La riqueza del análisis de Stevenson radica en su constante investigación sobre la interrelación entre creencias y actitudes y el intento de descubrir el sutil vínculo entre las dos esferas.

10 Siendo como podría ser, la diferencia fundamental entre las esferas de la creencia y la actitud permanece y estas últimas, en principio, nunca podrían reducirse a una descripción desinteresada. El fundamento final de nuestra existencia ética es la expresión emotiva de nuestras actitudes, las que no son ni verdaderas ni falsas, sino simplemente están más allá de la esfera de los hechos.

11 Stephen Toulmin, Reason in Ethics (1948) El libro de Toulmin trajo a la ética los ataques decisivos contra las escuelas positivistas. Él esencialmente desfondó la teoría emotiva al arrancar de raíz la distinción entre hechos y valores, sobre la cual se había basado esta. Esto lo logró mediante el cuestionamiento del estatus de las proposiciones fácticas. Aunque resulta más importante para nosotros su intento de proporcionarle a la ética un razonamiento propio, al considerarla como un juego de lenguaje con sus propias reglas que lo hacen inteligible. Debemos esperar que cada forma de razonamiento, todo tipo de sentencias … tengan sus propios criterios lógicos, que se descubren al examinar sus usos particulares propios.

12 El texto intenta mostrar que la ética no es reductible a un terreno objetivo (con los valores como propiedad), a un terreno subjetivo (o emotivo), ni a un terreno imperativo, sino que contiene elementos de todos ellos. Por el contrario, la ética tiene su propia visión y consecuentemente su razonamiento propio, determinado por las actividades y las formas de vida que hacen surgir su existencia ética. Y el criterio para una existencia ética está en lo armonioso de la convivencia social. A partir de esto podemos hacer inferencias respecto al tipo de acciones a ejecutar. Sin embargo, el compromiso central está en el intento por fundamentar la ética en su propia esfera de razonamiento.

13 R. M. Hare, The Language of Morals (1952) Se trata de uno de los trabajos más conocidos en la exploración del razonamiento ético mediante procedimientos analíticos clásicos. El lenguaje de la moral es esencialmente prescriptivo por naturaleza, trayendo a cuenta imperativos universales ante circunstancias particulares. Por ejemplo, yo puede estar prescribiendo para mí y para otros la ordenanza de no decir mentiras. Tal prescripción demanda que actúe de acuerdo a ella. El verdadero lenguaje de la moral involucra un compromiso conductual y nuestro razonamiento moral al respecto, se refiere a un principio de universalidad. Tomados juntos, ambos momentos conforman el sentido de la esfera ética. Lo que es de particular interés aquí es el intento por pensar acerca de la ética dentro de la esfera de la ética y no traer a colación consideraciones metafísicas o epistemológicas más amplias.

14 Kurt Baier, The Moral Point of View (1957) El enfoque de Baier resulta esencialmente una investigación sobre las condiciones que ubican lo que sería un punto de vista moral. Una vez que se describe este punto de vista, el problema se reduce a que se adopte o se rechace. Lo que resulta importante para nosotros del trabajo de Baier es su anclaje en la visión Hobbsiana del mundo, en la que una persona racional tendría que aceptar que una sociedad moral es más deseable a la alternativa de un estado natural. La razón de entrada para la moralidad esta en encontrar argumentos que superen a los que sustentan el interés en uno mismo o el egoísmo, pues este puede ser dañino para todos. Esto re-introduce el elemento social (ya presente con Toulmin) en la teoría ética y dispone el escenario para la propuesta de Rawls de una descripción de la ética basada en la sociedad.

15 Theories of Ethics, ed. Phillippa Foot (1967) Ya que el vehículo de la filosofía analítica ha sido la escritura de artículos, no es de sorprender ver en ciertas etapas del pensamiento Anglo-Americano la expresión de una enorme cantidad de ensayos referentes a un solo tema. Este es el caso con la ética de los años 60s. En la colección de Philippa Foot tenemos esencialmente una re-elaboración de los temas puestos en la mesa desde los comienzos del siglo pasado, su lectura cuidadosa puede servir para aclarar las bases que hicieron surgir el nuevo movimiento que caracterizó a los años 70s. El cambio fundamental que ha ocurrido en la filosofía moral es un movimiento hacia la comprensión de lo que es la ética, entendiendo por ética no los términos de primer orden como lo correcto o lo bueno, sino el análisis de nociones de segundo orden, que contienen el verdadero sentido de la institución moral.

16 La aventura actual no está en promocionar ciertos principios o metas morales o en clarificar solo palabras tales como lo correcto o el deber, sino en escudriñar la naturaleza misma de la moralidad, en comparación con la ley, la religión o la ciencia. Este intento por comprender la institución de la moralidad es un importante factor dentro del interés contemporáneo de John Rawls, cuyo tratado de la justicia ha influido fuertemente en la más reciente filosofía moral

17 John Rawls, A Theory of Justice (1971) Su trabajo no es, estrictamente, un trabajo sobre la ética, sino sobre una especie particular de ética, denominado, justicia. No obstante, la amplia visión de una Teoría de la Justicia proporciona muchos momentos de reflexión ética con temáticas que van desde lo intuitivo y lo utilitario, hasta las éticas de Kant y de Aristóteles. Como tal, contiene los tópicos centrales de la ética a partir de un interés propio.

18 La teoría de la justicia se desarrolla a partir de la adaptación de dos principios fundamentales de la justicia que podrían, a su vez, garantizar una sociedad justa y moralmente aceptable: Primer Principio.- Cada persona tiene el mismo derecho al total de libertades básicas igualitarias. Segundo Principio.- Las inequidades sociales y económicas comprometen a que haya un mayor beneficio para el menos aventajado y a que el sistema permita una igualdad en las oportunidades.

19 REFERENCIA : Caae.phil.cmu.edu/Cavalier/80130/

20 En caso de citar este documento por favor utiliza la siguiente referencia: En caso de citar este documento por favor utiliza la siguiente referencia: Vargas-Mendoza, J. E. (2009) Filosofía moral analítica del siglo XX: Visión de Robert Cavalier. México: Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C. En Vargas-Mendoza, J. E. (2009) Filosofía moral analítica del siglo XX: Visión de Robert Cavalier. México: Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C. En


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