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1. Un periodo de cambios. 2. Las características de la novela en este periodo. 3. Estilos y novelistas más destacados. La novela española entre 1975 y.

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1 1. Un periodo de cambios. 2. Las características de la novela en este periodo. 3. Estilos y novelistas más destacados. La novela española entre 1975 y 2000

2 1. Un periodo de cambios Hay un hecho que establece frontera para delimitar este periodo: la muerte de Francisco Franco el 20 de noviembre de Sin embargo, para entender el periodo que estudiamos, hay que tener en cuenta algunos hechos anteriores y posteriores de carácter económico, social, cultural y político. - El atentado contra Carrero Blanco en 1973 supone un parón en el desarrollo de la política. - Los afanes por dar muestras de fortaleza del régimen. -La muerte de Franco supone la apertura a un periodo de cambios en el que se mezclan a partes iguales la esperanza, el temor y la responsabilidad de los políticos. - La Transición es un periodo de negociación en el que todas las tendencias políticas se ven representadas. -En 1973 la crisis del petróleo frena el desarrollo (en especial de algunas zonas) y hace que aumente el desempleo y la inflación llegue al 40%. - En 1977 se firman los Pactos de la Moncloa con el fin de contener la inflación y dar seguridad a empresas e inversores ante los cambios políticos que se estaban fraguando. Creación de infraestructuras. - Hasta mediados de los años 80 no se ve la salida de la crisis. Empieza entonces un periodo dominado por la ingeniería financiera, la especulación y, como consecuencia, la corrupción. - Una parte de la sociedad estaba ya sensibilizada ante los cambios presagiados por el mayo del La sociedad española asiste a este periodo de cambios en los que se van sucediendo fechas importantes: 1977: Primeras elecciones democráticas. 1978: Aprobación de la Constitución. 1981: Intento de golpe de estado. 1982: Llegada de los socialistas al Gobierno. -La opinión se forma a través de los medios de comunicación: El País y Diario 16 nacen en La imagen de España en el mundo va cambiando y a ello contribuyen las Olimpiadas de 1992, así como la Expo de Sevilla. -La cultura vive la llegada de las libertades con sensaciones positivas, aunque también cayeron algunos mitos que habían hecho de la censura un magnífico pretexto. - El rechazo del realismo ya se estaba manifestando, pero se produce un movimiento de búsqueda de otra realidad y, sobre todo, de otra forma de enfrentarse con la realidad: la movida. - El desarrollo editorial favorece la difusión de la novela: premios, campañas publicitarias, difusión de la imagen del escritor, etc. hacen que se hable de los escritores y que algunos títulos se conviertan en verdaderos best sellers. - Los momentos de bonanza económica permiten una proliferación de ayudas y premios de carácter local o regional, más encaminados a una campaña de imagen que a un verdadero interés por la narrativa. - La coincidencia de autores especialistas y la tendencia al consumo rápido favorece el desarrollo de un género algo olvidado: el cuento literario. Aparece con fuerza el microrrelato.

3 2. Las características de la novela de este periodo La mayoría de los novelistas de este periodo han nacido después de la guerra, incluso algunos de los que publican alrededor del 2000 no tienen recuerdos de la época franquista. Aunque algunos novelistas proceden de la etapa experimental de los años 60, es evidente que disminuye la preocupación por la forma del texto y por la experimentación en este campo. La novela se concibe como un género que sirve para CONTAR HISTORIAS y esa será la intención última de los narradores. Vuelta a la elaboración del argumento. Creación de personajes individualizados. Historias cerradas con una evolución cronológica. Uso de los narradores más tradicionales: 3ª y 1ª persona. Novelas con diálogo. Actualización del realismo a través de la imaginación, la fantasía, la revisión de la historia, el humor … Aunque el periodo que estudiamos ( ) es corto, no podemos considerarlo un bloque en el que las características se dan de manera homogénea: entre los pasos vacilantes de los primeros años de la democracia y las voces más maduras y seguras de los primeros años del nuevo siglo encontramos una amplia variedad de estilos, temas e, incluso, motivaciones. Las diapositivas siguientes son un intento de organizar esos contenidos.

4 3. Estilos y novelistas más destacados EVOCACIÓN DE LA MEMORIA: En los primeros años de la Transición se trata de recurrir a la memoria individual para explicar su propia situación novelando con más o menos fantasía los recuerdos de una infancia durante la dictadura. En esa línea tenemos novelas como El cuarto de atrás (1978) o Lo raro es vivir (1996) de Carmen Martín Gaite o algunas de las novelas de Ana María Matute, con frecuencia ambientadas en los recuerdos de la infancia. La trilogía escrita por Josefina Aldecoa (Historia de una maestra (1990) Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1998)) representan la necesidad de buscar explicación a la propia existencia a la vez que se habla de las circunstancias sociales y políticas difíciles. El uso del humor para distanciar los recuerdos es otra constante en algunos novelistas de esta época como Martínez de Pisón en Carreteras secundarias (1996) o María Bonita (2000). Escenas de cine mudo (1994) de Julio Llamazares es un ejemplo de la evocación de la memoria rural. En esta novela las películas de su infancia sirven de guía al escritor para ir creando su propia película vital. A partir del 2000 se produce un giro en la evocación de la memoria. Con la ley de memoria histórica se pretende reivindicar en derecho a saber y a reponer el honor de los vencidos. La novela se hace eco y de ahí algunos títulos como La voz dormida (2002) de Dulce Chacón o El corazón helado (2007) de Almudena Grandes. REALISMO CRÍTICO: Se caracteriza por su objetivismo crítico mediante el que transmite un mundo en conflicto: el personaje con los demás y el personaje consigo mismo. Los espacios, rurales o urbanos, donde suceden los hechos narrados cobran especial importancia. La cercanía a la realidad hace que la novela se acerque al tono reivindicativo. Ejemplo de este realismo crítico serían dos novelas de Miguel Delibes: Los santos inocentes (1981) y El disputado voto del Sr. Cayo (1978). De otro tipo es Fragmentos de interior (1976) de Carmen Martín Gaite, situada en el ambiente burgués del posfranquismo o Visión del ahogado (1977) de Juan José Millás en la que los espacios son fundamentales en el juego que el novelista hace entre el pasado del protagonista y el relato de su último día. Millás sigue la línea realista en sus novelas posteriores: El desorden de tu nombre (1988) y La soledad era esto (1990). En la década de los 80 es fundamental Juan Marsé por su capacidad para situar a personajes atormentados en una Barcelona siempre en ebullición: Un día volveré (1982) PERVIVENCIA DEL EXPERIMENTALISMO: A pesar de que la tendencia general volver a la narración de historias, más o menos realistas, en estos años perviven algunos novelistas o algunas formas de narrar en las que lo fundamental sigue siendo la experimentación con la forma. No sólo se trata de novelistas que proceden de la época anterior, como Juan Goytisolo con Mackbara (1980), sino que jóvenes novelistas también toman ese camino como Javier Marías con Monarca del tiempo (1978), novela formada por cinco textos diferentes formalmente entre los que hay relación a través de referencias cruzadas y reflexiones sobre temas comunes: el tiempo, el equilibrio, etc. En esta línea tendríamos también dos novelas de Camilo J. Cela: Mazurca para dos muertos (1983) y Cristo versus Arizona (1988) En los últimos años del siglo, las editoriales apuestan por novelas fáciles, más cercanas a la forma tradicional de narrar, dirigidas al gran público, aunque no faltan ejemplos de experimentación como El sueño del inquisidor (2000) de Pablo Sanz.

5 3. Estilos y novelistas más destacados NOVELA HISTÓRICA: Son variados los motivos de la proliferación de novela histórica en estos años, pero domina la necesidad de revisar épocas históricas que se habían presentado como heroicas y que ocultaban zonas oscuras que el novelista quiere descubrir. Extramuros (1978) de Jesús Fernández Santos sorprende por dejar al descubierto la hipocresía de los últimos años de los Austrias. Tras una larga carrera como novelista, Torrente Ballester mezcla la novela histórica con el humor en novelas como La isla de los jacintos cortados (1980) o Crónica del rey pasmado (1989). Las novelas de José Luis Sampedro La sonrisa etrusca (1985) y La vieja sirena (1990) no son más que un pretexto para expresar su concepción del mundo y, sobre todo, el paso del tiempo. Entre la novela psicológica y la histórica podemos situar Urraca (1982) de Lourdes Ortiz, una reflexión sobre los hechos históricos y sobre la condición humana. La última novela de Miguel Delibes, El hereje (1998), el novelista enfrenta a los dos bandos que en el Renacimiento representaban la ortodoxia y la herejía. Tendríamos que mencionar en este género el éxito de la serie de El capitán Alatriste, por ahora siete novelas. Se iniciaron en 1993 escritas por el periodista Arturo Pérez Reverte, quien ya había publicado algunas novelas históricas como El maestro de esgrima (1988) Desde los primeros años de la Transición, la Guerra Civil se convierte en escenario de historias de ficción: En el día de hoy (1976) de Jesús Torbado. Juan Benet escribe en tres volúmenes Herrumbrosas lanzas (1983/1985/1986), novela en la que sitúa en Región (su lugar mítico) los hechos de la guerra civil. Javier Cercas en Soldados de Salamina (2001) toma un hecho histórico como punto de partida para crear una ficción actual. NOVELA PSICOLÓGICA: Se apoya en la profundización en la psicología de los personajes creando, habitualmente una trama compleja en la que la realidad se llena de matices y ambigüedades. Son fundamentales en este caso las novelas de Álvaro Pombo, especialmente El metro de platino iridiado (1990). El autor sitúa habitualmente la trama en el sencillo mundo familiar que contrasta con la complejidad psicológica de sus componentes. Novela psicológica es la que escribe Javier Marías, especialmente El siglo (1983), Todas las almas (1989) y Mañana en la batalla piensa en mí (1994) en las que insiste en la caracterización psicológica del que se siente diferente a los demás. En la misma línea psicológica están las novelas de Soledad Puértolas Todos mienten (1988) y Queda la noche (1989), Premio Planeta.

6 3. Estilos y novelistas más destacados NOVELA DE ACCIÓN: Se ve como una válvula de escape para los lectores a los que la novela psicológica y el experimentalismo no les interesa. Su triunfo se debe también a la influencia del cine y la televisión y a las campañas comerciales. Algunos novelistas como Manuel Vázquez Montalbán adaptan el género a la situación concreta española. Para ello crea el personaje de Pepe Carvalho que se desenvuelve entre los tópicos del género policiaco: bohemia, tabaco, mujeres, fracaso… En esta línea está Asesinato en el comité central (1981). Eduardo Mendoza da un paso más en la novela policiaca con El misterio de la cripta embrujada (1979) en la que no solamente investiga un caso de secuestro, sino que aprovecha para parodiar la sociedad barcelonesa con un lenguaje muy elaborado, lejos del estilo habitual de estas novelas. Más cercanos a las características de la novela negra americana están Andreu Martín: Barcelona connection (1988) y Juan Madrid, quien se acerca al género con novelas como Las apariencias no engañan (1982) aunque después se aleja para dedicarse a una novela-crónica de acción en Días contados (1993). Las primeras novelas de Antonio Muñoz Molina se inscriben en este estilo policiaco, de investigación, de aventuras… pero siempre a la española. Desde una novela muy ligera como Los misterios de Madrid (1993) hasta obras como Beatus ille (1986), El invierno en Lisboa (1987) o Beltenebros (1989). Poco se puede decir de la novela de ciencia ficción en España. Hay algunos intentos como Nueva Lisboa (1995)de José Antonio Millán, más interesante como experimento narrativo que por su temática.


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