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División por períodos Heinz Remplein en Tratado de Psicología Evolutiva: el niño, el joven y el adolescente. Labor.

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1 División por períodos Heinz Remplein en Tratado de Psicología Evolutiva: el niño, el joven y el adolescente. Labor.

2 La infancia

3 Se divide en tres períodos: lactancia, primera infancia y segunda infancia, a su vez subdivididos en diferentes etapas.

4 La infancia Período de lactancia. (Hasta cumplido el primer año).

5 La infancia Considerado desde el punto de vista psicológico y biológico como un período previo al verdadero desarrollo humano de la niñez, ya que el lactante carece aún de la facultad de pensar y hablar de una manera específicamente humana. Desde el punto de vista biológico también por el hecho de que el sistema motor está aún muy inmaduro.

6 La infancia Se divide en: Edad del sueño, llamada así porque el sueño es la característica fundamental de esta etapa, hasta el punto de que puede ser considerada como continuación de la vida intrauterina. Al principio el bebé duerme las nueve décimas partes del día. La duración del sueño decrece paulatinamente desde la segunda semana. A los seis meses, sueño y vigilia quedan aproximadamente equilibrados.

7 La infancia Edad de la versión al mundo. De la pasividad de la primera etapa se pasa ahora a una actitud activa de los sentidos respecto a los estímulos ambientales. Vista y oído se dirigen hacia los objetos, dando origen a movimientos auxiliares del cuerpo. Comienza a escuchar y mirar atentamente.

8 La infancia Primera infancia. (Desde el comienzo del segundo año hasta la mitad del sexto año).

9 La infancia Edad de adquisición del lenguaje. Dos nuevas adquisiciones hacen que el niño se desligue del período de lactancia: andar y hablar. El espacio a su alrededor se convierte en transitable y, a medida que se agranda el espacio que puede dominar, más libre se vuelve respecto a él, así como respecto a las personas que le rodean. Por ello se alcanza con los primeros pasos un nuevo grado de desarrollo.

10 La infancia Mientras el niño permanece echado o se arrastra, capta el mundo desfigurado. Sólo la posición erguida hace posible la visión ortoscópica (ortos=de pie, erguido; copia=ver). Esto implica la pluralidad de ejes perceptivos que caracteriza sólo al hombre.

11 La infancia Primera etapa de la obstinación. Una vez cumplidos los dos años, hay un cambio en la conducta. Hasta ahora el niño obedecía, ahora se vuelve desobediente y difícil de dirigir. Quiere imponer su voluntad. Esta conducta recibe el nombre de obstinación. Tiene lugar entre los dos años y medio y tres años y medio. Supone una barrera contra la voluntad ajena; la reacción negativa de un yo ante los intentos que un yo externo hace por influirlo.

12 La infancia Etapa del juego en serio. En los niños de cuatro años se establece cierto acuerdo entre las pretensiones de su yo y las de los que le rodean. Ello se manifiesta en un cambio de conducta. Los fenómenos de obstinación van siendo menos frecuentes y el niño no responde ya sólo con protestas, sino que se muestra más razonable.

13 La infancia Recibe este nombre por la tendencia a practicar sus juegos casi con el mismo fervor y seriedad con que el adulto se entrega al trabajo. Abarca desde los tres años y medio hasta los cinco y medio aproximadamente. Se produce una objetivación de la imagen del mundo. Desparece la percepción fisiognómica, característica de la etapa anterior, perdiendo todas las cosas su carácter expresivo, teniendo como ejemplo el modo en que los adultos manipulan las cosas que hasta ahora se le presentaban al niño como expresivas.

14 La infancia Como consecuencia, las entidades animadas se transforman en cosas inanimadas, sin fuerza activa. Se suprimen así las interpretaciones ilusorias que el niño hacía de la realidad. Se va produciendo también un desarrollo del concepto de número. Ya durante el segundo año de vida comprende el más o el menos, lo más grande o lo más pequeño.

15 La infancia Pero hasta después de los tres años no comienza a darse cuenta de relaciones numéricas y a poder contar hasta tres utilizando los numerales correspondientes. Es también la edad de la fabulación, ya que tiene aún un conocimiento tan escaso de las leyes naturales, que cree en la existencia del contenido de los cuentos. El niño encuentra en el cuento una estructura espiritual homóloga a la suya. La exposición es infantil, todo trazado con simplicidad…

16 La infancia Se acrecientan los impulsos de sociabilidad, necesitando ahora el niño la actividad en común, por lo que tiende a apreciar los juegos en común con otros niños. Aparece también el complejo de Edipo y Electra, por el que los niños se unen más con la madre, y las niñas con el padre. Esta fase suele durar de los tres a los seis años. Además, nace ahora una curiosidad por saber, por lo que en esta etapa son frecuentes las preguntas dirigidas a obtener el porqué de las cosas. Se despierta también el impulso de creación, que tiende a un fin objetivo, a producir una obra. Se manifiesta en el juego creador: construir, modelar, recortar…

17 La infancia Segunda infancia. (Desde los cinco años y medio a los diez años en las niñas, y a los doce en los niños).

18 La infancia Edad del primer cambio de configuración. Recibe este nombre por el cambio de proporciones que se produce entre los cinco y los seis años, que modifica sustancialmente el aspecto del niño en poco tiempo. También debido al cambio de estructura psíquica, que lleva consigo una transformación de vivencias y de conducta. Por tanto, se trata de una fase de reconstrucción corporal y psíquica.

19 La infancia Todo ello da origen a la figura tópica de la segunda infancia: las extremidades se alargan y robustecen, dando la impresión de mayor esbeltez. Todos estos cambios afectan psicológicamente y se traducen en la conducta, que muestra evidentes reminiscencias de la primera edad de la obstinación. Propensión a las descargas afectivas en forma de explosión, aspereza y labilidad.

20 La infancia Se da el paso definitivo de la comprensión global a la comprensión de contenidos parciales, o comprensión analítica. Anteriormente, la mirada abarcaba la totalidad del campo de percepción, de modo que sólo resaltaba estímulos que destacaban de un modo especial y la comprensión era borrosa e inexacta.

21 La infancia Esto se suplía inconscientemente con la síntesis fantástica, completando de modo subjetivo las lagunas de la percepción. A los seis o siete años el niño ya domina perfectamente la comprensión analítica, lo cual supone mayor exactitud y objetividad en la comprensión. Esto se muestra en el predominio que la atención a la forma adquiere ahora sobre la atención al color. Se manifiesta también en una propensión al cansancio por los cambios del organismo, que da lugar también en una mayor exposición a enfermedades.

22 La infancia Niñez media. (Entre los seis años y medio y los nueve años). La conformación del niño mayor alcanza su plenitud entre los seis años y medio y los siete años. Después del rápido crecimiento viene una fase muda que en el aspecto corporal no aporta nada sustancialmente nuevo.

23 La infancia La excitación pasajera es sustituida por un nuevo sosiego. La afectividad ya no es tan determinante, ni perturba tanto el equilibrio del niño. El pensamiento adquiere un papel predominante, verificándose un gran desarrollo espiritual. Se adquiere una visión objetiva del mundo. La extraversión y ampliación del radio de acción alcanza ahora su plenitud.

24 La infancia El niño no se limita ya a la observación subjetiva del mundo exterior, sino que lo observa objetivamente, con ayuda de la razón. En vez de proyectar ideas y sentimientos subjetivos, capta las propiedades objetivas de las cosas. Ahora el niño aprende a conocer el mundo de la apariencia como tal, así como a diferenciarlo de lo real. La imagen del mundo se hace sensiblemente realista hacia el término de la niñez media.

25 La infancia La aparición del realismo se manifiesta en la terminación de la edad de los cuentos y en el amplio desarrollo experimentado en los dibujos del niño. Deja de creer en cuentos entre los ocho y los diez años, pasando a leyendas y relatos que encierran ya un contenido real o posible.

26 La infancia Aumenta la vitalidad, ganando en equilibrio. El cuerpo alcanza una relativa estabilidad y entra en un estadio de pleno vigor. El afán de convivencia crece ahora de nuevo, yendo más allá del círculo familiar, especialmente entre los chicos, que necesitan compañeros de juego, dándose una preferencia marcada por los juegos en común. También por los juegos en los que se crea o se construye.

27 La infancia El afán de hacer las cosas lo mejor posible y la avidez de saber se intensifican, dando lugar a una separación definitiva de la actividad lúdica frente a la actitud de trabajo.

28 La infancia Niñez tardía. (De los nueve a los diez años y medio en las niñas, y a los doce en los niños). Se caracteriza por el desarrollo continuo y homogéneo.

29 La infancia Cuerpo, alma y espíritu alcanzan ahora un equilibrio armónico de fuerzas. El comportamiento adquiere rasgos de consciencia, el juego muestra formas nuevas, el trato social se organiza de forma diferente. Estos cambios están motivados por un cambio en la relación yo-mundo: nuevo distanciamiento del yo con respecto a los objetos del mundo. Repercute en la imagen del mundo, que se convierte de forma definitiva en objetivo y no domina al sujeto, sino que es dominado por él.

30 La infancia Supone el despertar de una actitud teorética (la reflexión no se para en realidades particulares, sino que intenta llegar hasta el conocimiento de leyes generales) y crítica. El realismo alcanza su máxima expresión de fanatismo por la realidad. Ahora leer cuentos es algo infantil. Desarrollo de la facultad de abstracción, que determina un progreso en la formación de conceptos y juicios.

31 La infancia El niño domina ahora la mímica, de forma que su rostro no refleja ya todas sus emociones. Domina también sus movimientos, resultando éstos más ordenados y menos libres. En el desarrollo del dibujo, se produce una tendencia marcada a la reproducción fiel de la realidad. También aparece el interés por coleccionar. Nuevo aumento del compañerismo, que les lleva a querer juntarse con los de su misma edad y ganar terreno frente a sus progenitores.

32 La juventud

33 Es la etapa comprendida entre la infancia y la edad adulta. Hace que se forme el adulto partiendo de la segunda infancia. El niño se convierte en esta etapa, morfológica y fisiológicamente en un adulto, produciéndose también la maduración de las glándulas sexuales. El desarrollo social ahora tiende a una última etapa brusca de independencia.

34 La juventud El desarrollo espiritual lleva a la formación de la personalidad orientada a un orden axiológico. Al final de ese camino se haya el adulto espiritualmente maduro. En este período existen diferencias de etapas según los sexos, siendo las chicas un poco más avanzadas en el desarrollo que los chicos.

35 La juventud Prepubertad. Llamada también Segundo cambio de configuración o Segunda edad de la obstinación.

36 La juventud Para los chicos, la etapa es uniforme y se conoce como la Segunda edad de la obstinación. Para las chicas, sin embargo, hay que distinguir dos subperiodos: 1º) aún con rasgos positivos de la versión de contacto con la vida que marcan la última infancia. 2º) características negativas de desviación con respecto a la vida, que anuncian la proximidad de la pubertad.

37 La juventud Se produce un cambio en las proporciones que rompe la armonía de la configuración del niño mayor. Le acompaña también un desequilibrio motor, así como gestual, haciéndose toda la conducta disarmónica. En cuanto al comportamiento social, se adoptan formas de comportamiento agresivas y extremas como la apatía, el mal genio, la insubordinación, la oposición…

38 La juventud Hay en los chicos un hábito esténico- irritable y en las chicas esténico-negativo. Todo ello provoca una disminución del rendimiento, tanto en los estudios como en otras facetas de la vida del niño. La sed de vivencias se manifiesta en esta etapa en un nuevo afán por la lectura y el cine, volviendo de alguna manera a las fábulas como contrapunto a la vida real.

39 La juventud Pubertad. A medida que va desapareciendo la disarmonía puberal, disminuye la desintegración de la conducta, típica de la etapa anterior. Las formas negativas de la conducta cesan repentinamente.

40 La juventud Comienza a experimentar su mundo exterior: pensamientos, sentimientos, emociones, impulsos, aspiraciones y deseos, descubre su yo psíquico. Además descubre el mundo psíquico de los que lo rodean, estableciendo una distinción entre ambos. Descubre su yo, pero también alcanza la facultad de comprender el obrar y comportamiento exteriores de una persona por los motivos psíquicos, por los rasgos de carácter, por los sentimientos.

41 La juventud Concepción idealista del mundo: Al púber, al buscar valores, se le hace indiferente el mundo de las realidades concretas, y su interés es absorbido por las valoraciones. Es característico de los púberes una imagen idealista del mundo. Esto se da no solo en la conducta práctica, sino también en el juzgar, en la actitud frente a las realidades del mundo exterior.

42 La juventud Los jóvenes se consideran a sí mismos muy importantes, se encierran en sus sentimientos, sobrestiman su vivencia, y dictan sus juicios, creyéndolos el "sumum" de la sabiduría. Estimulado por personas ejemplares, se forma en el alma del joven un ideal, que actúa como directriz de su vida. El ideal es una suma de los objetivos personales, formado por la acción conjunta de la percepción de la persona ideal y de la aspiración a los valores.

43 La juventud Crisis juvenil y adolescencia. Armonización de la conducta: Junto al equilibrio corporal se va dando una armonización de toda la conducta que se manifiesta no solo con relación a lo social sino también al propio rendimiento.

44 La juventud En la escuela y en el taller se da un progreso del rendimiento. Esta es una fase de transición no sólo en lo psicológico, sino también en lo pedagógico. Después de la introversión sufrida en la etapa anterior surge como resultado que el joven se ha encontrado a sí mismo y que del caos interior ha surgido un cosmos en un duro proceso de autoformación.

45 La juventud Relación equilibrada entre el pensar y el sentir: El desarrollo de la inteligencia ha terminado y en la medida en que disminuye la gran acentuación afectiva, pensar y sentir entran en un mayor equilibrio. Logra una objetivación del pensar, es decir, puede prescindir de su sentir y hacer un enjuiciamiento objetivo del mundo exterior.

46 La juventud De esta manera idealismo y realismo en esta etapa quedan hasta cierto punto en equilibrio: el alma no ha perdido su poder idealizado pero ya no violenta la realidad con construcciones abstractas y subjetivas.

47 La juventud La extroversión que comienza en la adolescencia acrecienta de nuevo el afán de estar en compañía, especialmente el afán de asociarse, la necesidad y predisposición al contacto. Se abre a influencias heterogéneas y reconoce que la autoridad, el orden, la ley y la obediencia, son necesarias. En consecuencia, se hace maduro para el orden político y social.

48 La juventud Separación de los garantes éticos: Al descubrir el mundo de los valores personales, se da una independización espiritual, una separación repentina o paulatina de los garantes éticos. Desde ahora, la formación del carácter se logra en la unión inmediata con los valores mismos y no a través del garante ético como ocurría en la pubertad.

49 La juventud La vida volitiva del joven sufre un cambio en su centro de gravedad: logra guiar hacia el exterior las energías psíquicas reprimidas en la pubertad para hacer que estas contribuyan a una actividad valiosa. La madurez consiste en que la personalidad formada actúe en el mundo en el sentido de una ordenación objetiva de los valores. Mayor estabilidad de los estados de ánimo.

50 La juventud El haber logrado dominarse, los éxitos en el trabajo, en los estudios, y la alegría de vivir contribuyen a fortalecer el sentimiento del propio valor. La fuerza e impuso vital es tan grande que puede disipar rápidamente cualquier depresión. Constitución de la forma de vida: La consolidación de un mundo de valores propio logra marcar en el joven una dirección valorativa ejemplar para regir su vida.


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