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Domingo IV de Adviento. Año A. Va a entrar el Señor: Él es el Rey de la Gloria.

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Presentación del tema: "Domingo IV de Adviento. Año A. Va a entrar el Señor: Él es el Rey de la Gloria."— Transcripción de la presentación:

1 Domingo IV de Adviento. Año A

2 Va a entrar el Señor: Él es el Rey de la Gloria.

3 Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe, y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

4 Va a entrar el Señor: Él es el Rey de la Gloria.

5 -¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? -El hombre de manos inocentes, y puro corazón. -¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? -El hombre de manos inocentes, y puro corazón.

6 Va a entrar el Señor: Él es el Rey de la Gloria.

7 Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. -Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

8 Va a entrar el Señor: Él es el Rey de la Gloria.

9 Ya próxima la Navidad, en este IV domingo de Adviento, domingo muy mariano, la liturgia nos da el salmo 23 como canto interleccional. Se trata de un salmo de subida procesional al Templo. Con dos partes bien definidas: a) Una torah de entrada (vv. 1-6), enumeración de leyes que apuntan a una perfección moral del que quiera entrar a participar en la liturgia del templo. b) Un himno que invita a los fieles a alabar a Dios (vv. 7-10) cuyo origen –según algunos autores- puede ser muy antiguo, quizá de la entronización del arca del Señor en Jerusalén en tiempos del rey David (s. X a. C). La selección de este domingo sólo toma la primera parte. Lectio

10 Si el sentido primario del salmo nos habla de una entronización y exaltación, de un subir al monte del Señor, y de que sólo pueden acceder a él los que cumplen las condiciones requeridas para ello (manos inocentes, pureza de corazón), resulta que en el contexto de las lecturas de hoy se nos invita a leer este salmo a la inversa: es el Señor el que se abaja, es Él el que, dejando su trono real, en el silencio de la noche, vendrá al mundo y nacerá del seno purísimo de la Virgen. Vino el Señor para justificarnos a nosotros, injustos y pecadores, y corrió el riesgo de no ser reconocido ni por los suyos… Con todo, sí encontró en su Madre (y en san José) las condiciones que describe el salmo para estar en el recinto sacro. Ella sí tiene labios puros, sencillez de corazón, confianza ilimitada en el Señor… por eso se convirtió en arca de la alianza, portadora de Dios. En Ella, tal como nos lo dice san Mateo, se cumple en plenitud la profecía de Isaías al rey Acaz: Mirad: la virgen está encinta y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, Dios con nosotros. Y san José, al aceptar la voluntad de Dios en su vida, haciendo cuanto le fue revelado por el ángel del Señor, entroncará al Hijo de María con la casa de David, dando así cumplimiento a la Escritura que anunciaba que el Mesías nacería de la estirpe de David (2ª lectura). Meditatio

11 Va a entrar el Señor: Él es el Rey de la Gloria. Señor, leo este salmo y contemplo cómo el fiel israelita se preparaba para entrar en el templo, para ser considerado digno de entrar a la presencia del Señor. Ahora, el Señor en persona se abaja, se anonada, toma nuestra condición humana, y yo… ¿cómo me preparo? ¿cómo te acojo? Soy consciente de mi pobreza, Señor, por eso miro a María. Ella te acogió como nadie en este mundo te ha acogido: con sencillez, humildad, con mirada profunda y corazón que guardaba y meditaba cuanto vivía y que le desbordaba. Todo en un gran silencio interior. ¡Señor, prepárame Tú como a la Virgen María! Oratio

12 La Palabra que existía en el principio, Dios junto a Dios, ¿tiene día de nacimiento? –Sí, lo tiene. Si Él no hubiera tenido generación humana, no llegaríamos nosotros a la regeneración divina: nació para que renaciéramos. Nadie dude de que puede renacer: Cristo ha nacido. […] Hágase presente en nuestros corazones su misericordia. Su madre lo llevó en el seno; llevémosle nosotros en nuestro corazón; la Virgen quedó grávida por la encarnación de Cristo; queden grávidos nuestros pechos por la fe en Cristo; ella alumbró al Salvador; alumbremos nosotros alabanzas. No seamos estériles, sean nuestras almas fecundas para Dios. (S AN A GUSTÍN, Sermón 189, citado en: L UIS O BREGÓN B ARREDA, María en los Padres de la Iglesia, Ciudad Nueva, Madrid 1988, 76) Contemplatio

13 Estos días voy a mirar mucho a la Virgen María y a san José. Quiero aguardar al Señor como ellos lo hicieron. Pero sin descuidar, por ello, la afabilidad y la caridad para con todos los que comparta estos días. Actio


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