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La Presentación del Señor (Domingo IV del T.O.). El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

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Presentación del tema: "La Presentación del Señor (Domingo IV del T.O.). El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria."— Transcripción de la presentación:

1 La Presentación del Señor (Domingo IV del T.O.)

2 El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria

3 ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la Gloria.

4 El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria

5 - ¿Quién es ese Rey de la Gloria? - El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.

6 El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria

7 ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la Gloria.

8 El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria

9 - ¿Quién es ese Rey de la Gloria? - El Señor, Dios de los Ejércitos: él es el Rey de la Gloria.

10 El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria

11 El ambiente vital de este salmo 23 es una procesión litúrgica que se dirige al templo para entronizar el arca de la alianza, signo por excelencia de la Presencia del Señor en medio de su Pueblo. En esta procesión se alternan los cantos a la grandeza de Dios y a la santidad que debe adornar al pueblo que lo acompaña. Este Salmo consta de una introducción y dos partes muy diferenciadas. La introducción es un breve himno al Creador (vv. 1-2). La primera parte, de tono sapiencial, enumera las condiciones morales que debe reunir el que se acerca al recinto sagrado (vv. 3-6). La parte final (vv. 7-10), es un diálogo de dos coros entre los guardias que custodian las puertas del Santuario y la asamblea que llega en procesión. Lectio

12 En esta hermosa fiesta de la Presentación del Señor en el templo, la liturgia nos regala la segunda parte del salmo 23 como canto interleccional. Es el eco de la lectura de Malaquías que nos anuncia la llegada del mensajero de YHWH cuyo cumplimiento se verifica en Jesucristo, si bien, hoy lo contemplamos en su primera venida, en la debilidad y pequeñez de un Niño. Pero, que precisamente, por haber experimentado la prueba del dolor puede compadecerse de nosotros (2ª lectura). Hoy toda la acción celebrativa nos va a ayudar a vivir el salmo que cantamos. Hemos entrado en procesión a la iglesia, no ya con el arca sino con candelas en nuestras manos, fuego bendito, que simboliza a Cristo, Luz del mundo. Y gritamos a los guardias que nos abran las compuertas antiguas que va a entrar el Rey de la gloria. ¿Qué guardias y qué antiguas compuertas? Nuestra libertad es el guardia que tiene que abrir la puerta de nuestro hombre viejo, pues Dios no entra en nosotros sin nuestro consentimiento. Y no temamos repetirlo varias veces puesto que el Señor no se cansa de esperarnos. Así podremos no sólo comulgar con el Cuerpo de Cristo (que será cuando realmente entre el Señor en su templo que somos cada uno de nosotros) sino llevar nuestra participación en la ofrenda de Cristo al Padre, como Santa María, con todas sus consecuencias, a toda nuestra vida. Meditatio

13 Abre, Señor, mis compuertas, derriba mis murallas. Que todo lo viejo que hay en mi se alce para dejarte pasar. Entra en mi y sé el Rey de la Gloria en todo tu esplendor. Yo deseo abrirte, te busco y descubro con estupor que eres Tú quien ya antes me has buscado y te has donado por entero a mi. ¡Gracias! ¡Gloria a Ti, Señor! Oratio

14 Hoy nos acompaña un texto de san Bernardo, el gran impulsor de la reforma cisterciense en el siglo XII. No es propiamente hablando un Padre de la Iglesia ya que él vivió en la Alta Edad Media, pero acogiéndonos a las palabras del Papa Pío XII que lo consideró como el último de los Padres de lo Iglesia proponemos un breve fragmento de uno de sus sermones. El mismo Señor de los ejércitos, el Señor de todo poder, Rey de la gloria, bajará a transformar nuestros cuerpos, configurándolos al resplandor del Suyo. ¡Qué gloria! ¡Qué júbilo tan inefable! El Creador de todo, que en una primera venida se presentó humilde y desapercibido para santificar a las almas, ahora viene glorioso y a plena luz; no viene en la debilidad, sino en su gloria y en su majestad, para glorificarte a ti. Descenderá en pleno fulgor luminoso, precedido de los ángeles; éstos, al fragor de trompetas, despertarán al pobre cuerpo sumergido en el polvo, y lo arrebatarán para cortejar en los aires a Cristo. (Sermón séptimo en el Adviento del Señor) Contemplatio

15 Cristo se ofrece por nosotros al Padre. La Virgen se une a su Hijo en la ofrenda de su vida. ¡Acepta, Señor, mi pobre ofrenda y hazme ofrenda Tuya para los demás! Actio


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