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PARROQUIA SANTA RITA DE CASIA Agustinos Recoletos Lima -Perú

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Presentación del tema: "PARROQUIA SANTA RITA DE CASIA Agustinos Recoletos Lima -Perú"— Transcripción de la presentación:

1 PARROQUIA SANTA RITA DE CASIA Agustinos Recoletos Lima -Perú

2 ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS Por la señal de la santa cruz... ACTO DE CONTRICIÓN Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que por tu infinita misericordia me has conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén ORACIÓN INICIAL Dios y Señor nuestro, que, disponiéndolo todo con admirable providencia, has puesto en tu Iglesia a los Santos para que fuesen un modelo constante de todas las virtudes, y que, llamándolos a tu seno, los has constituido nuestros protectores y abogados: escucha propicio los ruegos de tu sierva santa Rita, que diste al mundo como ejemplar en los diferentes estados de vida, y concédenos que todo cuanto nuestra debilidad no puede por sí obtener lo consigamos mediante su poderosa intercesión. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. * Rezar la oración del día que corresponda ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS V/ Ruega por nosotros, Santa Rita. R/ Para que seamos dignos de las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Oh Dios omnipotente y eterno, que te dignaste conceder a Santa Rita la gracia de vivir fielmente los distintos estados de virgen, casada, viuda y religiosa consagrada, concédenos, por su intercesión, cumplir fielmente las obligaciones de nuestro propio estado para que un día podamos vivir felices con ella en tu reino. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén

3 «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida (Porta Fidei, 1). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación (Porta Fidei, 4). ORACIÓN Salve, Rita, modelo de perfecta obediencia; salve, espejo de jóvenes pudorosas, de esposas atribuladas y de madres que saben amar a los hijos de sus entrañas; salve, mujer fuerte, que, comprendiendo ser mejor la obediencia que el sacrificio, renunciaste al voto de virginidad, que tanto te halagaba, para aceptar la vida en matrimonio, con todas las consecuencias de un esposo iracundo y dominado por algunos vicios, a quien, como otra Mónica, lograste amansar y convertir con la elocuencia de tu amor silencioso y la eficacia de tu oración. Apiádate, ¡Santa Rita!, y alivia el peso de tanta tribulación y de tanta amargura como gravita sobre muchos hogares por la incomprensión y falta de respeto y amor entre los esposos y el descuido en la orientación cristiana de los hijos. Consíguenos generosidad, paciencia y perseverancia en el amor para que todos los que formamos el hogar alcancemos juntos la felicidad eterna en el cielo. Amén. *Terminar con un Padrenuestro, una Avemaría y la oración final de todos los días. «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida (Porta Fidei, 1). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación (Porta Fidei, 4). ORACIÓN Salve, Rita, modelo de perfecta obediencia; salve, espejo de jóvenes pudorosas, de esposas atribuladas y de madres que saben amar a los hijos de sus entrañas; salve, mujer fuerte, que, comprendiendo ser mejor la obediencia que el sacrificio, renunciaste al voto de virginidad, que tanto te halagaba, para aceptar la vida en matrimonio, con todas las consecuencias de un esposo iracundo y dominado por algunos vicios, a quien, como otra Mónica, lograste amansar y convertir con la elocuencia de tu amor silencioso y la eficacia de tu oración. Apiádate, ¡Santa Rita!, y alivia el peso de tanta tribulación y de tanta amargura como gravita sobre muchos hogares por la incomprensión y falta de respeto y amor entre los esposos y el descuido en la orientación cristiana de los hijos. Consíguenos generosidad, paciencia y perseverancia en el amor para que todos los que formamos el hogar alcancemos juntos la felicidad eterna en el cielo. Amén. *Terminar con un Padrenuestro, una Avemaría y la oración final de todos los días.

4 Por la señal..., acto de contrición y oración inicial para todos los días. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Como afirma san Agustín, los creyentes «se fortalecen creyendo» (Porta Fidei, 9). ORACIÓN ¡Oh insigne creyente santa Rita, ejemplar acabado de virtudes cristianas, que, habiéndote sido arrebatado violentamente tu marido cuando comenzabas a gustar los frutos de la conversión operada en su alma, merced a la labor constante de dieciocho años de paciencia y sufrimientos, no sólo te resignaste con tan terrible pérdida, sino que interpusiste tu valimiento en favor de los asesinos; y lo que es más, pediste a Dios que dispusiera de la vida de tus hijos antes que verlos homicidas, vengadores de la muerte de su padre! Haz que con la misma generosidad perdonemos a nuestros enemigos, a fin de que el Señor perdone nuestras ofensas y nos conceda su paz. Amén. *Terminar con un Padrenuestro, una Avemaría y la oración final de todos los días. Por la señal..., acto de contrición y oración inicial para todos los días. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Como afirma san Agustín, los creyentes «se fortalecen creyendo» (Porta Fidei, 9). ORACIÓN ¡Oh insigne creyente santa Rita, ejemplar acabado de virtudes cristianas, que, habiéndote sido arrebatado violentamente tu marido cuando comenzabas a gustar los frutos de la conversión operada en su alma, merced a la labor constante de dieciocho años de paciencia y sufrimientos, no sólo te resignaste con tan terrible pérdida, sino que interpusiste tu valimiento en favor de los asesinos; y lo que es más, pediste a Dios que dispusiera de la vida de tus hijos antes que verlos homicidas, vengadores de la muerte de su padre! Haz que con la misma generosidad perdonemos a nuestros enemigos, a fin de que el Señor perdone nuestras ofensas y nos conceda su paz. Amén. *Terminar con un Padrenuestro, una Avemaría y la oración final de todos los días.

5 Por la señal..., acto de contrición y oración inicial para todos los días. La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. En esta perspectiva, el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31). Para el apóstol Pablo, este Amor lleva al hombre a una nueva vida (Porta Fidei, 6-7). ORACIÓN Esclarecida hija de san Agustín, que, habiendo logrado tus deseos de vestir su santo hábito y ceñir su bendita correa, consagrándote totalmente a Dios por los votos religiosos, te dedicaste a acrisolar tus virtudes en el nuevo estado, mereciendo, en premio de tu entrega y contemplación, abundantes gracias para ti y para los demás, sobre todo, el sentir clavada en tu frente una de las espinas desprendidas de la corona del Salvador: alcánzanos una perfecta obediencia a los divinos mandamientos, y la gracia de saber orar y tener siempre presente la cruz y los padecimientos de nuestro Señor, de modo que podamos alcanzar, por sus divinos méritos, la gracia de la perseverancia final y una muerte preciosa ante los ojos del Padre. Amén. Por la señal..., acto de contrición y oración inicial para todos los días. La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. En esta perspectiva, el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31). Para el apóstol Pablo, este Amor lleva al hombre a una nueva vida (Porta Fidei, 6-7). ORACIÓN Esclarecida hija de san Agustín, que, habiendo logrado tus deseos de vestir su santo hábito y ceñir su bendita correa, consagrándote totalmente a Dios por los votos religiosos, te dedicaste a acrisolar tus virtudes en el nuevo estado, mereciendo, en premio de tu entrega y contemplación, abundantes gracias para ti y para los demás, sobre todo, el sentir clavada en tu frente una de las espinas desprendidas de la corona del Salvador: alcánzanos una perfecta obediencia a los divinos mandamientos, y la gracia de saber orar y tener siempre presente la cruz y los padecimientos de nuestro Señor, de modo que podamos alcanzar, por sus divinos méritos, la gracia de la perseverancia final y una muerte preciosa ante los ojos del Padre. Amén.


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