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El debate intelectual en torno al vampiro. Si bien el mito del vampiro estuvo vivo en casi todas las tradiciones del mundo, fue en la zona del este europeo.

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Presentación del tema: "El debate intelectual en torno al vampiro. Si bien el mito del vampiro estuvo vivo en casi todas las tradiciones del mundo, fue en la zona del este europeo."— Transcripción de la presentación:

1 El debate intelectual en torno al vampiro

2 Si bien el mito del vampiro estuvo vivo en casi todas las tradiciones del mundo, fue en la zona del este europeo donde tuvo más arraigo, llegando a convertirse en el siglo XVIII en un tema de importancia vital para los ilustrados.

3 AA.VV. Vampiria. 24 historias de revinientes en cuerpo, excmulgados, upires, brucolacos y otros chupadores de sangre, Ricardo Ibarlucía y Valeria Castelló-Jouvert, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, El origen de la superstición viene dado por el problema de la corruptibilidad de la carne. Para los católicos, esta es signo de santidad, mientras que para los cristianos ortodoxos lo es de excomunión. Para ellos, uno podría convertirse en vampiro o criatura maligna (reviniente) si no era bautizado según el rito ortodoxo, si había sido malvado en vida o incluso si se había suicidado. La única forma de librarse de ellos era profanando la tumba.

4 Primeras muestras de la existencia de vampiros reales en la zona del este europeo Crónica aparecida en Le Mercure Galant en El viaje a Levante (1702), de Joseph Piton de Tournefort. Magia posthuma (1706), de Karl Ferdinand von Schertz.

5 El primer informe oficial sobre vampirismo apareció hacia 1725, refiriéndose a ciertos casos que habían tenido lugar en la aldea de Kisolova, entre Transilvania y la Bucovina. Un campesino rumano, Plogojovitz, una vez muerto, fue acusado de matar a ocho personas; cuando lo desenterraron vieron que tenía los ojos abiertos, las mejillas coloreadas y los pies llenos de barro. La exhumación y destrucción del cadáver ante las autoridades pertinentes, en este caso las del Imperio Austro- Húngaro, dieron lugar a la difusión de los rituales para acabar con estos revinientes sino también de las diferentes prevenciones mágicas de su influjo.

6 Michael Ranft, diácono de Nebra, elaboró en 1728 el De Masticatione Mortuorum in Tumulis, un tratado en el que analiza de forma ecléctica el caso de Plogovitz, con el fin de demostrar la incorruptibilidad de la carne a partir de pruebas científicas como la impermeabilidad del suelo o el crecimiento de uñas y pelo en los cadáveres.

7 Entre 1730 y 1735 los tratados vampíricos se sucedieron vertiginosamente. Cabe destacar entre todos el de Johann Heinrich Zopfius, Dissertatio de Vampiris, tratado pseudo-científico que recoge de manera definitiva la imagen del vampiro "como un resucitado en cuerpo, que chupa la sangre de los vivos provocando una debilidad mortal y contagia al hombre o la mujer que hace blanco de sus ataques".

8 La Iglesia católica también se pronunció al respecto, en un documento de La Sorbona donde condenaba la exhumación de cadáveres y la profanación de tumbas. Los informes con certificación oficial de vampiros (esto es, con sello y firma del emperador) se recogieron por toda la zona de Europa del Este, pero el más importante fue el caso de Arnold Paul, ocurrido en Medreïga, cerca de Belgrado.

9 Debido a las torturas provocadas por el vampiro Arnold Paul, la gente del lugar, presa del pánico colectivo, pidió cuentas al gobierno de Austria, el cual en 1731 envió una orden de inspección firmada por el mismo emperador. El médico que se encargó de la misma, Johannes Fluckinger, tras interrogar a los vecinos de la localidad, realizó su informe, titulado Visum et repertum, que Agustín Calmet recogió luego en su tratado.

10 La Dissertacion sur les vampires et revenants, del Padre benedictino Dom Agustín Calmet se publicó en París en 1751 y con una intención similar a la de la Iglesia: condenar la exhumación y profanación de tumbas. Recopiló informes jurídicos, cotejó cartas de testigos, hizo un acopio de la bibliografía existente acerca del tema y contó diversas historias de casos de vampirismo, todo para llegar a la conclusión de que los vampiros no existen.

11 El libro de Calmet se tradujo a varios idiomas (francés e inglés, entre otros) y gozó de gran difusión y amplia respuesta general. Lejos de condenar y erradicar la superstición, llegó a convertirse en el mejor y más completo tratado sobre vampiros. Tanto fue así, que remitiéndonos a nuestra tradición más próxima (por el idioma), el Padre Benito Jerónimo Feijoo dedicó la Carta número XX de sus Cartas eruditas y curiosas a la Disertación de Calmet.

12 Características del vampiro del folklore En este siglo, desde hace alrededor sesenta años, una nueva escena se ofrece a nuestra vida en Hungría, Moravia, Silesia, Polonia: se ven, dicen, a hombres muertos desde hace varios meses, que vuelven, hablan, marchan, infestan los pueblos, maltratan a los hombres y los animales, chupan la sangre de sus prójimos, los enferman, y, en sus peligrosas visitas y de sus infestaciones, más que exhumándolos, empalándolos, cortándoles la cabeza, arrancándoles el corazón o quemándolos. Se da a estos revinientes (revenants) el nombre de upiros o vampiros, es decir, sanguijuelas, y se cuentan de ellos particularidades tan singulares, tan detalladas y revestidas de circunstancias tan probables y de informaciones tan jurídicas, que no puede casi rehusarse a la creencia que tienen en esos países, de que los revinientes parecen realmente salir de sus tumbas y producir los efectos que se les atribuye.

13 Los que morían chupados se transformaban habitualmente en vampiros a su vez […] era una opinión muy común en los pueblos que los vampiros aparecían después de mediodía y hasta la medianoche […]. Se decía que estos vampiros, como tenían continuamente gran apetito, comían también la ropa que se encontraba alrededor de ellos […] [y se interrumpe la maldición] cortando la cabeza o perforando el corazón de un vampiro […] Colin de Plancy, basado en la definición de Calmet.

14 - Ornella Volta, El vampiro El vampiro presenta diferencias físicas dependiendo de la zona, sí mantiene rasgos comunes: Rostro delgado, de una palidez fosforecente. Espeso y abundante pelo en el cuerpo, cuyo color suele ser rojizo, como el vello en la palma de sus manos. Labios gruesos y sensuales que encubren sus agudos colmillos, cuya mordedura tiene poderes anestésicos. Uñas extremadamente largas. Orejas puntiagudas semejante a los murciélagos. Olor nauseabundo.


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