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1º ESO B Cuenta la leyenda de un muchacho que, por causas desconocidas, le encerraron en el gimnasio del instituto y los espíritus de la Navidad le convirtieron.

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2 1º ESO B

3 Cuenta la leyenda de un muchacho que, por causas desconocidas, le encerraron en el gimnasio del instituto y los espíritus de la Navidad le convirtieron en fantasma. Y fue condenado a vivir allí. Para él fue muy duro los primeros días, pues no entendía nada. Luego comprendió que tenía que adaptarse a las circunstancias, ¡y bien que se adaptó! Solo se dedicaba a hacer trastadas y a fastidiar a toda persona que se encontraba.

4 Os contaré las del gimnasio. La clase de 1º B estaba en el gimnasio pasando lista, mientras tanto el fantasma tuvo unas de sus ideas espantosas: les ató los cordones de las zapatillas unos con otros, creando el caos cuando se levantaban y a la vez caían; escondiendo todos los balones; cuando los demás corrían, él les ponía la zancadilla; le rompía el cronómetro al profesor; cambiaba las mochilas de sitio, etc. Por esas razones, los alumnos y profesores se extrañaban mucho y antes de entrar en cualquier clase, miraban si había alguien.

5 Además como era un fantasma muy presumido, se dedicaba a coger la ropa de los niños del instituto. Cuando se iban al recreo o salían del aula el fantasma iba por las clases y cambiaba de sitio la ropa que veía colgada de las perchas y se la probaba. Un día en una chaqueta puso unas chucherías y se las dejó al niño. Le gustaba tanto dejar dulces que los niños se encontraban los bolsillos llenos de chicles y caramelos, para desesperación de los profes. Desde ese momento, no les importó encontrar la ropa cambiada de sitio porque sabían lo que se encontrarían dentro. Los dentistas de Fuenlabrada se pusieron muy contentos cuando llegaron tantos chicos con caries.

6 Ahora vais a conocer lo que le pasó un niño llamado Alex que estaba en el instituto castigado a séptima hora con otro alumno y los llevaron a un pabellón distinto. Los chicos allí se encontraron un esqueleto y se asustaron. A pesar de todo, los niños y los profesores hacen como que no lo estaban viendo y obligaron a los chicos a hacer los deberes que tenían pendientes. Alex y el otro amigo se quedaron solos en la clase y ellos miraron por las ventanas. Salieron por ellas para escaparse. Por desgracia, los pillaron porque se quedaron enganchados en los barrotes y no pudieron salir. Lástima. No contento con lo que sucedió en el aula de castigados, el timbre empezó a tocar el solito. Además, el fantasma iba por las clases y hacía que las puertas se abrieran solas, la tizas y el borrador se levantaban sin intervención y claro, se asustaban los niños y los profesores

7 El fantasma empezó a cambiar mesas, sillas, mochilas, mapas y... bocadillos. Los alumnos de 1º B cuando llegaban a clase se encontraban ese desorden y no sabían explicarlo. Primero pensaron que era un compañero muy bromista y empezaron a buscarlo entre ellos. Como se acusaban mutuamente de las faenas que sucedían en clase, hubo un momento de mucha tensión entre ellos. Pero a última hora, la puerta se cerró misteriosamente y empezaron a oírse unas carcajadas que aterrorizaron a los niños y a la profesora. Estaba claro: el fantasma volvía a atacar.

8 Estos fenómenos comenzaron a extenderse también al taller de tecnología. Un día cuando todos estaban trabajando en sus proyectos, los motores empezaron a funcionar y a girar muy rápido y a encenderse y apagarse las luces. Todos los niños estaban horrorizados y la profesora no sabía qué hacer, así que les dijo a sus alumnos que la luz estaba estropeada. Los niños se tranquilizaron pero cuando todos estaban cortando o limando, todos los alicates, seguetas, serruchos y escofinas empezaron a volar por la clase y todos los niños salieron corriendo.

9 La profesora asustada decidió contárselo a la directiva y decidieron cerrar el aula. Un lunes por la tarde cinco amigos entraron en el taller. Entonces una gran niebla se extendió por la sala y la puerta se cerró de pronto. Los cinco niños asustados se quedaron en un rincón y una voz espectral exclamó: -¿Quién osa entrar en mi morada? -¿Quién anda ahí?-dijo uno de los niños tartamudeando. -¡EL FANTASMA DEL SALVADOR ALLENDE!- exclamó y les lanzó una segueta que le cortó el pelo a una de las niñas. Todos se lanzaron hacia la puerta, se fueron y decidieron que nunca se lo dirían a nadie. Pero el viernes siguiente decidieron volver a abrir la clase, a pesar del miedo que tenían. Ese día ya no pasó nada porque el fantasma estaba en otro sitio.

10 Y ¿a dónde fue el fantasma? Pues a la sala de profesores a hacer de las suyas. Un profesor se dio cuenta de pequeños movimientos de su estuche y se comenzó a asustar. La directora se fue a tomar un café y la máquina empezó a descontrolarse y hacer unos atronadores ruidos. Los profesores atemorizados empezaron a mirar como las notas cambiaban solas porque ese fantasma pillo quería ayudar a los niños y enfadar a los profesores. Todos ellos estaban indignados. El trabajo se volvía muy penoso. Tranquilizar a los niños y a algunos profesores resultaba ya difícil. Ya no era una leyenda que se contaba y una excusa para llamar a los padres e irse a casa antes de que acabaran las clases o para no ir al instituto. Había que hacer algo y rápido.

11 Como los profesores estaban muy enfadados el fantasma buscó una nueva víctima. Ya conocemos todas las travesuras de este fantasma, pero esta vez se pasó un poco con su travesura. Los niños y niñas de 1º B estaban haciendo un examen de Lengua. El fantasma entró en la clase e ideó otro plan. ¡Sin que nadie se diera cuenta, empezó a poner las respuestas del examen en la pizarra!

12 Los niños y la profesora se pusieron un poco nerviosos al poder ver como la tiza se movía sin ninguna explicación. Los niños se dieron cuenta de que lo que alguien o algo estaba escribiendo en la pizarra ¡eran las respuestas de su examen! Como estaban tan asustados, empezaron a gritar en vez de aprovecharse y copiar. La profesora intentó tranquilizarlos, aunque a ella también le temblaban las piernas. Al ver semejante caos, el fantasma no dudó en empezar a reírse, pero sintió un poco de compasión y decidió ir a asustar a otra clase. Los niños siguieron gritando unos minutos, pero después al ver que todo había pasado se tranquilizaron. Los alumnos de 1º B se hacían muchas preguntas: ¿Por qué el fantasma eligió justo la clase en la que estaban haciendo el examen para hacer de las suyas? ¿Llegaron los niños y la profesora a averiguar por qué se produjo aquel fenómeno?

13 Y lo más importante: ¿Volverá el fantasma a asustar a los niños o serán los niños quienes le den el susto al fantasma? Mientras tanto el fantasma estaba partiéndose de risa.

14 Como era la hora de gimnasia, la clase de primero bajó al patio. Ese día les tocaba correr y aunque hacía un poco de frío salieron fuera. Todos estaban corriendo pero un niño oyó un ruido en el interior del gimnasio y decidió entrar. El muchacho se asustó un poco porque había muchos balones volando por el aire. Y vio raquetas saliendo disparadas del cuarto del material. Decidió pasar a ver qué sucedía. Y allí encontró con una especie de fantasma muy simpático. Tenía la cara rechoncha y unos mofletes colorados. Como parecía amable, el niño decidió preguntarle quién era y qué hacía allí. El fantasma se asustó y desapareció atravesando la pared. El chico miró al espejo y allí se encontraba bailando. Cuando paró el fantasma preguntó si podía jugar al fútbol porque se encontraba muy aburrido y solo. El niño le dijo que no había problema y salió con él al patio. Como los demás niños no le podían ver, no entendían por qué el muchacho pasaba balones a lugares donde no había nadie. Los compañeros le gritaban y llegaron casi a insultarle. Y así pasó la hora de gimnasia: el niño y el fantasma jugando al fútbol. Por lo menos esta vez no asustó a nadie.

15 Ese mismo día la profesora de Lengua, sin darse cuenta, se llevó al fantasma en la cartera. El fantasma, sin duda, incómodo por la estrechez del bolso, pensó que se distraería leyendo los manuales de sintaxis y de gramática que llevaba la profe. Nada más lejos de eso. Empezó a dar tan grandes bostezos que la alarmó y soltó inmediatamente la cartera, que tiró bruscamente al suelo. Los alumnos que estaban en el pasillo se quedaron, al principio, extrañados por el inusual comportamiento de la profe. Luego empezaron a asustarse. ¿Qué había pasado para ese comportamiento tan anormal?

16 Pero el fantasma seguía leyendo la conjugación de los verbos y todavía no había pasado de la segunda. Empezó a repetir en voz alta yo comiera o comiese, tú comieras o comieses, él comiera o comiese... Los alumnos del pasillo ya no esperaron más. Eso era demasiado y salieron corriendo todo lo deprisa que sus piernas podían llevarles.

17 Entre tanto, la profesora empezó a acercarse cautamente a la cartera. Muy despacio abrió la solapa. El fantasma, sorprendido en plena recitación y deslumbrado por la luz del día, optó por salir volando y refugiarse en la biblioteca, confiando en encontrar lecturas más amenas. Cuando llegó el fantasma a la biblioteca, se ocultó en el estante de los libros de literatura clásica. Como había salido corriendo perseguido por la profesora que pretendía que le recitase la tercera conjugación regular, se refugió en la estantería de los libros de literatura. De un rincón del estante salió Mo, una vaca muy simpática protagonista de una novela que habían leído unos niños de 1º B. - ¿Qué haces aquí y quién eres?- le preguntó la vaca de una forma algo impertinente.

18 Esta vaca, ya los sabéis, es algo impertinente y un poco redicha. Por si fuera poco venía acompañada de El Pesado. -Hija mía, no ves que es un fantasma que huye de las multitudes y del mundanal ruido. Busca la soledad de la biblioteca para descansar de tus problemas. El fantasma no salía de su asombro. Lo que le faltaba: una vaca y su conciencia. ¿Qué querrían decir aquellos dos pasmarotes? Saltó con gracia y agilidad a otro estante más tranquilo, pero no era su día. Allí se encontraba don Cleofás y su redoma. Al fantasma le dio mucho miedo la figura del demonio, pero este estaba tan fresco. ¡A él le iba a dar miedo un fantasmita de nada, con las cosas que había visto en Madrid de noche!

19 - Y tú ¿quién eres? Pero ¿qué haces aquí?- le espetó de una forma algo chulesca. - Yo, un pobrecito fantasma que viene a buscar refugio a la biblioteca- contestó. - Pues estás apañado, porque dentro de un rato vienen los niños y esto no va a ser un lugar tranquilo.¡Qué fieras! - ¡Ayúdame a salir de este lío! - No sé, no sé. Déjame pensar. Don Cleofás le llevó a un sitio donde encontró un amigo. Y el fantasma encontró cobijo esa noche hablando con su colega de Canterville y estuvieron relatándose sus cuitas. Al día siguiente, el fantasma volvió a la clase de 1ª B. Como los niños volvían del gimnasio, no se le ocurrió mejor idea que meterse dentro de un tamagochi que estaba encima de la mesa. Los alumnos llegaron y el profesor empezó a pasar lista. El aparato empezó a mandar mensajes a los padres que decían que se daba vacaciones indefinidas a los niños. El caos fue total.

20 Llegó un momento que el fantasma se aburrió de gastar bromas y de asustar a la gente. Por eso, decidió matricularse en el instituto y estar en la clase de 1º B, porque eran los chicos más simpáticos de todos. Ahora juega al fútbol, tiene amigos y se lo pasan muy bien todos juntos

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