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«Moisés, ante toda la asamblea de Israel, pronunció hasta el fin las palabras de este cántico» (Dt 31,30). Así se introduce el cántico, tomado de.

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4 «Moisés, ante toda la asamblea de Israel, pronunció hasta el fin las palabras de este cántico» (Dt 31,30). Así se introduce el cántico, tomado de las últimas páginas del libro del Deuteronomio, capítulo De él la liturgia de Laudes ha seleccionado los primeros doce versículos, reconociendo en ellos un gozoso himno al Señor que protege y cuida de su pueblo con amor en medio de los peligros y de las dificultades de la jornada.

5 Se mencionan inmediatamente los espectadores, testigos cósmicos: «Escuchad, cielos; (...) oye, tierra...» (Dt 32,1). + En este proceso simbólico Moisés actúa casi como un fiscal. Su palabra es eficaz y fecunda como la de los profetas, expresión de la palabra divina. Para definirla utiliza estas imágenes: como la lluvia, el rocío, la llovizna, el chubasco y el orvallo, gracias a los cuales la tierra verdea y se cubre de brotes (cf. v. 2).

6 El cántico de Moisés utiliza el genero literario de un pleito, litigio, procesal + La imagen de Dios que se nos presenta es de una persona que tiene sentimientos, actúa y reacciona, ama y corrige, participa en la vida de sus criaturas y no es indiferente a sus obras. + Es el Señor quien convoca una especie de tribunal, en presencia de testigos, y denuncia los delitos del pueblo acusado y exige una pena, pero su veredicto está impregnado de una misericordia infinita.

7 +La voz de Moisés, profeta e intérprete de la palabra divina, anuncia la inminente entrada en escena del gran juez, el Señor, cuyo nombre santísimo pronuncia, exaltando uno de sus numerosos atributos. En efecto, el Señor es llamado la Roca (cf. v. 4); es una imagen que exalta la fidelidad estable e inquebrantable de Dios, opuesta a la inestabilidad y a la infidelidad de su pueblo. +El tema se desarrolla mediante una serie de afirmaciones sobre la justicia divina: «Sus obras son perfectas; sus caminos son justos; es un Dios fiel, sin maldad; es justo y recto» (v. 4).

8 Después de la solemne presentación del Juez supremo, que es también la parte agraviada, la atención del cantor se dirige hacia el acusado. +Para hacer concreta la acusación y lograr que la conversión aflore de un corazón sincero, Moisés apela a la memoria: «Acuérdate de los días remotos, considera las edades pretéritas» (v. 7). El gran pecado de infidelidad coincide con la «falta de memoria», que borra el recuerdo de la presencia divina en nosotros y en la historia. + La denuncia no es fría, sino apasionada: «¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó?» (Dt 32,6). Efectivamente, no es lo mismo rebelarse contra un soberano implacable que contra un padre amoroso. + A sus criaturas, tan amadas, las llama hijos suyos, pero, desgraciadamente, son «hijos degenerados» (cf. v. 5).

9 El acontecimiento fundamental, que no se ha de olvidar, es el paso por el desierto después de la salida de Egipto. Así se evoca el viaje terrible y dramático en el desierto del Sinaí, «en una soledad poblada de aullidos» (cf. v. 10. Pero allí Dios se inclina sobre su pueblo con una ternura y una dulzura sorprendentes: «Lo rodeó cuidando de él; lo guardó como a las niñas de sus ojos. Como el águila incita a su nidada, revolando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas» (vv ). + El camino por la estepa desértica se transforma, entonces, en un itinerario tranquilo y sereno, porque está el manto protector del amor divino. + El cántico de Moisés se transforma en un examen de conciencia coral para que, por fin, a los beneficios divinos, ya no responda el pecado, sino la felicidad

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11 Escuchad, cielos, y hablaré; oye, tierra, los dichos de mi boca; descienda como lluvia mi doctrina, destile como rocío mi palabra; como llovizna sobre la hierba, como orvallo sobre el césped.

12 Voy a proclamar el nombre del Señor: dad gloria a nuestro Dios. Él es la Roca, sus obras son perfectas, sus caminos son justos, es un Dios fiel, sin maldad; es justo y recto.

13 Hijos degenerados, se portaron mal con él, generación malvada y pervertida. ¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó?

14 Acuérdate de los días remotos, considera las edades pretéritas, pregunta a tu padre, y te lo contará, a tus ancianos, y te lo dirán:

15 Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad y distribuía a los hijos de Adán, trazando las fronteras de las naciones, según el número de los hijos de Dios, la porción del Señor fue su pueblo, Jacob fue el lote de su heredad.

16 Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos: lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a las niñas de sus ojos.

17 Como el águila incita a su nidada, revolando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas.

18 El Señor solo los condujo, no hubo dioses extraños con él.

19 Nuestro cántico, con el que se concluye el libro del Deuteronomio, es una invitación a la conversión, puesta en labios de Moisés en el momento de morir; es la última exhortación y como el testamento espiritual del gran caudillo que condujo a Israel desde Egipto al país de Canaán.

20 Cuando Israel tome posesión de la tierra que Dios le ha preparado, debe estar atento en no olvidar al Señor, como, con tanta frecuencia, hizo mientras duró su peregrinación por el desierto. Apliquemos este cántico a nosotros mismos y a toda la Iglesia. Somos los elegidos de Dios, su pueblo amado; pero, al mismo tiempo, los ingratos y los infieles a su bondad.

21 ORACIÓN : Padre, que todo lo atraes hacia ti por medio de tu Hijo; concédenos que su Palabra conduzca la historia humana hacia su meta trascendente y que las fuerzas del mal huyan en retirada ante la fuerza imponente de su paz. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre, que todo lo atraes hacia ti por medio de tu Hijo; concédenos que su Palabra conduzca la historia humana hacia su meta trascendente y que las fuerzas del mal huyan en retirada ante la fuerza imponente de su paz. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


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