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Recitamos este admirable himno cristológico de la Carta a los Colosenses en la liturgia de Vísperas de cada una de sus cuatro semanas. + Muchos estudiosos.

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4 Recitamos este admirable himno cristológico de la Carta a los Colosenses en la liturgia de Vísperas de cada una de sus cuatro semanas. + Muchos estudiosos están convencidos de que ese himno podría ser la cita de un canto de las Iglesias de Asia Menor, insertado por san Pablo en la carta dirigida a la comunidad cristiana de Colosas, una ciudad entonces floreciente y populosa.

5 En ese himno destaca la grandiosa figura de Cristo, Señor del cosmos. Como la Sabiduría divina creadora exaltada en el Antiguo Testamento (cf., por ejemplo, Pr 8,22-31), «él es anterior a todo y todo se mantiene en él». Más aún, «todo fue creado por él y para él» (Col 1,16-17). + Así pues, en el universo se va cumpliendo un designio trascendente que Dios realiza a través de la obra de su Hijo. Lo proclama también el prólogo del evangelio de san Juan, cuando afirma que «todo se hizo por el Verbo y sin él no se hizo nada de cuanto existe» (Jn 1,3).

6 El cántico de la Carta a los Colosenses presenta otra función de Cristo: él es también el Señor de la historia de la salvación, que se manifiesta en la Iglesia (cf. Col 1,18) y se realiza «por la sangre de su cruz» (v. 20), fuente de paz y armonía para la humanidad entera. + Por consiguiente, la historia no está a merced de fuerzas ciegas e irracionales; a pesar del pecado y del mal, está sostenida y orientada, por obra de Cristo, hacia la plenitud. De este modo, por medio de la cruz de Cristo, toda la realidad es «reconciliada» con el Padre (cf. v. 20). === El himno dibuja, así, un estupendo cuadro del universo y de la historia, invitándonos a la confianza. No somos una mota de polvo insignificante, perdida en un espacio y en un tiempo sin sentido, sino que formamos parte de un proyecto sabio que brota del amor del Padre.

7 Subraya la gratuidad del don de Dios «que nos ha hecho capaces de compartir la suerte del pueblo santo en la luz» (v. 12). «¿Por qué la llama "suerte"?», "Cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer"» San Juan Crisóstomo en su Comentario a la Carta a los Colosenses glosa ampliamente este cántico (…) « De él depende la sustancia de todas las cosas -explica el Obispo-. No sólo hizo que pasaran del no ser al ser, sino que es también él quien las sostiene, de forma que, si quedaran fuera de su providencia, perecerían y se disolverían.

8 Con mayor razón es signo de amor gratuito lo que Cristo realiza en favor de la Iglesia, de la que es Cabeza. En este punto (cf. v. 18), explica el Crisóstomo, «después de hablar de la dignidad de Cristo, el Apóstol habla también de su amor a los hombres: "Él es también la cabeza de su cuerpo, que es la Iglesia"; así quiere mostrar su íntima comunión con nosotros. Efectivamente, Cristo, que está tan elevado y es superior a todos, se unió a los que están abajo» (PG 62, 320).

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10 Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.

11 Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

12 Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.

13 Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.

14 Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

15 Demos gloria a Dios Padre, que ha querido incorporarnos a su Hijo. Demos gloria a Dios Hijo, que, ya en la creación, como reflejo del Padre, fue instrumento único, a través del cual el Padre realizó su obra; y que, después de la creación, hecho hombre por nosotros, con su misterio pascual y por su Iglesia, ha devuelto a la creación todo su sentido.

16 Que este cántico, que de manera tan plena nos hace proclamar el papel de Cristo en la eternidad y en la historia, sea el himno de nuestra fe en el Hijo amadísimo del Padre, el «Amado» de la Iglesia, según la expresión del Cantar de los cantares.

17 ORACIÓN Señor, Padre santo, que por tu Verbo, imagen de tu gloria, has creado el universo de una manera admirable y de una manera más admirable has hecho de Cristo cabeza de la Iglesia, haz que, finalmente, por su sangre sean reconciliados contigo todos los seres del cielo y de la tierra. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


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