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Creo en Jesucristo Inmediatamente después de la cobarde decisión de Pilato, vistieron a Jesús con sus propias ropas, y cargó el madero de su cruz. Custodiado.

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2 Creo en Jesucristo

3 Inmediatamente después de la cobarde decisión de Pilato, vistieron a Jesús con sus propias ropas, y cargó el madero de su cruz. Custodiado por solda- dos romanos, salió Jesús hacia el lugar llamado Gólgota o Calvario, en los extramuros de la ciudad.

4 La cruz romana era el instrumento de ejecución para los disidentes y enemigos de Roma. Era el instrumento de muerte y advertencia que usaban los romanos; y las cruces se colocaban a las entradas y salidas de las ciudades como escarmiento.

5 Aquí a Jesús le mandan a cargar el palo transversal de la cruz que se cree que pesaba unas 110 libras. Fue forzado a cargar el madero sobre su ya desgarrada y sangrienta espalda por un tramo de distancia de unos 600 metros hacia el monte de La Calavera por un terreno pedregoso, con subidas y bajadas. Era la costumbre que el reo cargara con su madero hasta el lugar de la crucifixión.

6 Viendo que Jesús estaba demasiado debilitado, el centurión obligó a un labrador llamado Simón de Cirene, a que le ayudara a llevar el madero.

7 Era mediodía cuando llegaron al Calvario. Lo primero que hicieron los soldados fue despojarle violentamente de sus vestidos. La tunica interior estaba pegada a las llagas, debido a la sangre coagulada. Por lo tanto, el dolor tuvo que ser atroz.

8 Cada hilo pegado a la superficie desnuda, al ser arrancado, arrastra consigo una de las innumerables terminaciones nerviosas puestas al descubierto con la llaga. Estos millares de choques dolorosos se suman y multiplican, aumentando cada uno en consecuencia la sensibilidad del sistema nervioso.

9 Aquí no se trata de una lesión local, sino de casi la totalidad de la superficie del cuerpo, especialmente del tan maltratado dorso. La sangre corre de nuevo y al ser Jesús derribado al suelo, las llagas de su dorso, muslos y pantorrillas se llenan de polvo y arena.

10 Era también la muerte más dolorosa ya que era una muerte lenta, que se producía generalmente por asfixia y por un paro cardiaco por insuficiencia de oxígeno. Era también visto por los judíos como un instrumento de maldición: maldito todo aquel que es colgado en un madero (Gálatas 3:13). La crucifixión era la muerte más vergonzosa, ya que se desnudaba completamente al reo y quedaba expuesto al escarnio público.

11 Antes de comenzar el suplicio de la crucifixión, era costumbre dar una bebida narcótica (vino, con mirra, e incienso) a los condenados, con el fin de mitigar un poco sus dolores. Cuando presentaron a Jesús este brebaje, no quiso beberlo.

12 Con los brazos extendidos, pero no tensos, las muñecas eran clavadas en el patíbulo. De esta forma, los clavos de un centímetro de diámetro en su cabeza y de 13 a 18 centímetros de largo, eran probablemente puestos entre el radio y los metacarpianos, o entre las dos hileras de huesos carpianos. En estos lugares aseguraban el cuerpo.

13 Si se colocasen los clavos en las palmas de las manos se desgarrarían fácilmente ya que no tenían un soporte óseo importante. El clavo penetrado destruía el nervio sensorial motor, o bien comprometía el nervio mediano, radial o el nervio cubital. La afección de cualquiera de estos nervios produjo tremendas descargas de dolor en ambos brazos.

14 Gran parte de tradición nos presenta los pies fijados por medio de un gran clavo de hierro, clavado a través del primero o segundo espacio intermetatarsiano. El nervio profundo y ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta del pie fueron heridos.

15 San Cipriano que, más de una vez había presenciado crucifixiones, habla en plural de los clavos que traspasaban los pies. San Ambrosio, San Agustín y otros mencionan expresamente los cuatro clavos que se emplearon para crucificar a Jesús. Es mucho más probable que cada uno de los pies de Jesús estuviera fijado a la cruz con clavo distinto.

16 De hecho una muerte por crucifixión parece incluir todo lo que el dolor y la muerte puedan tener de horrible y espantoso: vértigo, calambres, sed, inanición, falta de sueño, fiebre, tétano, vergüenza, larga duración del tormento, mortificación de las heridas no cuidadas; todo intensificado hasta el punto en el que puede ser soportado.

17 se hacían aun más intensos por el peso del cuerpo suspendido de los clavos, por la forzada inmovilidad del paciente, por la intensa fiebre que sobrevenía, por la ardiente sed producida por esta fiebre, por las convulsiones y espasmos, y también por las moscas que la sangre y las llagas atraían. San Meliton de Sardes escribió: los padecimientos físicos ya tan violentos al hincar los clavos, en órganos por extremo sensibles y delicados,

18 El ver una muchedumbre de gente que saciaba sus ojos con el espectáculo de aquella agonía, acompañando con todo tipo de ultrajes. Sufría al ver la mirada abnegada de su madre y sus amigos, a quienes sus dolores tenían sumidos en profunda tristeza. Todo Él era un tormento en sus miembros, en su espíritu, en su corazón y en su alma. Los sufrimientos morales eran igualmente supremos:

19 Después, los verdugos romanos dejaron caer la cruz en un agujero en la tierra entre otras dos cruces que cargaban a ladrones condenados.

20 Jesús fue levantado cumpliendo su propia profecía: y si yo fuese levantado de la tierra, a todos atraeré a mi mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir. (Juan 12:32)

21 Su cuerpo estaba horriblemente magullado, cortado y sangrante. Tras no haber tenido ningún alimento durante muchas horas, y después de haber perdido líquidos por medio de abundantes hemorragias, Jesús estaría gravemente deshidratado. Esta tortura brutal ciertamente le habría llevado a lo que los médicos llaman colapso (shock), y el colapso mata.

22 Su pulgar, con un movimiento violento se ha doblado sobre la palma colocándose en oposición a los otros dedos, debido a que su nervio mediano ha sido herido. Un dolor fulgurante e indecible se ha apoderado de sus dedos, saltando como un dardo de fuego hasta su espalda y estallando en su cerebro. Es el dolor mas insoportable que un ser humano puede experimentar al producirse la lesión en un tronco nervioso. Jesús no ha emitido ningún grito, pero su rostro se ha contraído horriblemente.

23 Jesús en la Cruz se ve envuelto en un mar de insultos, de burlas y de blasfemias. Pero Jesús rezaba:Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Jesús no sólo perdona, sino que pide el perdón de su Padre para los que lo han entregado a la muerte. Y no sólo pide el perdón para ellos, sino también para todos nosotros.

24 El diafragma muscular que se mueve para que pueda respirar al contraer y relajar los pulmones, se queda en posición de inhalación y es casi imposible exhalar el aire tomado. La única manera es apoyándose en los clavos de los pies y en las muñecas para poder exhalar el aire y luego comenzar de nuevo. Muy pronto Jesús comenzó a tener dificultad al respirar. Esto era propio de los crucificados.

25 Poco a poco le fueron faltando las fuerzas, al tiempo que los calambres aumentaban y las alternativas de elevación y descensos sucesivos hubieron de abreviarse y repetirse más a menudo, por lo cual los dolores se acrecentaban hasta lo indecible.

26 Y le hace esta súplica: Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. Y Jesús le responde: Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso. Uno de los ladrones se sintió impresionado al ver cómo era Jesús. Lo había visto lleno de una paz, que no era de este mundo. Le había visto lleno de mansedumbre. Era distinto de todo lo que había conocido hasta entonces. Incluso le había oído pedir perdón para los que le ofendían.

27 Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

28 Así pasaron tres interminables horas y a la hora novena (como las 3 de la tarde), Jesus clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, lama sabactani? Que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has desamparado? Sus palabras no son sólo expresión de aquel abandono, son palabras que repetía en oración, siguiendo el salmo 22 (21).

29 ¿Cómo poder entender que el Hijo de Dios soportara el abandono de su Padre para ampararnos a nosotros? Podemos decir como san Pablo: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

30 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre. Ellos empaparon en vinagre una esponja y, poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Todo está terminado Juan 19:28-30 Un tormento terrible es la sed. Jesús tenía sed material y espiritual.

31 Finalmente, el mecanismo de muerte por crucifixión era la sofocación. Para respirar, la víctima era forzada a empujarse sobre sus pies para permitir que los pulmones se expandieran. A medida que el cuerpo se debilitaba y el dolor en los pies y piernas se hacía insoportable, la víctima era forzada a escoger entre el respirar y el dolor y cansancio.

32 Después de varias horas de agonía, el cuerpo de nuestro Señor había perdido mucha sangre y la poca que le quedaba en su cuerpo se había espesado de manera que el corazón ya casi no la podía bombear. El suero se separa de los glóbulos rojos y la membrana alrededor del corazón, llamada el pericardio, estaba llena de líquido. En los momentos finales, algunos médicos creen que Jesús muere de una pericarditis, que es la ruptura del pericardio por inflamación. Es como si su corazón hubiera explotado.

33 Todavía puede exclamar, casi en señal de triunfo: Todo está cumplido. Estas palabras manifiestan la conciencia de haber cumplido hasta el final la obra para la que fue enviado al mundo: dar la vida por la salvación de todos los hombres. Vino a la tierra para cumplir la voluntad de su Padre. Y la ha realizado con plenitud.

34 Y ahora Jesús se abandona en las manos de su Padre. Padre, en tus manos pongo mi Espíritu. Las manos de Dios son manos paternales. Las manos de Dios son manos de salvación y no de condenación. Dios es un Padre.

35 E inclinando la cabeza expiró. La tierra tembló, rasgándose el velo del templo. Era hacia las tres de la tarde. Densos nubarrones habían entenebrecido el cielo.

36 Todos los evangelistas afirman que Jesús expiró. Cristo fue verdadero y perfecto hombre, y, como de todo hombre, cuando decimos que Jesús murió, significamos que su alma se separó del cuerpo. Mas no por eso la divinidad se apartó del cuerpo, sino que separándose su alma del cuerpo, siempre la divinidad estuvo unida así al cuerpo en el sepulcro y al alma fuera de él.

37 Pilato quería confirmación de que Jesús estaba muerto antes de permitir que su cuerpo fuera sepultado. Entonces un guardia romano hundió una lanza en su costado. La mezcla de sangre y agua que fluyó fue una clara indicación de que Jesús ya estaba muerto.

38 Lo singular en Cristo Señor fue que murió en el tiempo que él dispuso morir, y haber recibido la muerte no tanto por fuerza ajena, cuanto por propia voluntad. De suerte que no solamente dispuso Él su muerte, sino también el lugar y tiempo en que había de morir. Jesús había dicho: "Doy mi vida para tomarla otra vez. Nadie me la arranca, sino que yo la doy de mi propia voluntad, y soy dueño de darla, y dueño de recobrarla".

39 Jesús murió realmente por todos nosotros. ¡La cruz no fue una apariencia, pues entonces apariencia habría sido la redención! ¡Su muerte no fue una fantasía, pues en ese caso mera fábula hubiera sido la salvación! La pasión de Cristo fue real: realmente fue crucificado, sin que nos avergoncemos de ello ni lo neguemos, antes bien nos gloriamos en decirlo. ¡Confieso la Cruz, porque me consta la resurrección!

40 La crucifixión del Mesías era algo absolutamente insólito e inesperado en las expectativas religiosas de Israel y reclamaba por parte de los cristianos una explicación y una interpretación que lo hiciese comprensible dentro del plan de Dios. Por eso la Pasión narrada de los evangelios es ciertamente un relato histórico con unos datos ciertos y fehacientes, pero es también un testimonio de fe, en el que también se da una interpretación.

41 La muerte de Cristo es el sacrificio único y definitivo. La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres y el sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios. Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios. Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos con Él.

42 El amor hasta el extremo es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio. La existencia en Cristo de la persona divina del Hijo, que al mismo tiempo sobrepasa y abraza a todas las personas humanas, y que le constituye Cabeza de toda la humanidad, hace posible su sacrificio redentor por todos. En la cruz, Jesús consuma su sacrificio.

43 Dios ha revelado que su amor al hombre, a cada uno de nosotros es sin medida: en la Cruz, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre nos muestra, en la forma más luminosa, hasta dónde llega este amor, hasta darse a sí mismo en sacrificio total.

44 La Cruz es el único sacrificio de Cristo; pero El llama a sus discípulos a "tomar su cruz y a seguirle porque Él "sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas. Fuera de la Cruz no hay otra escala por donde subir al cielo.

45 Jesús ofreció libremente su vida en sacrificio expiatorio, es decir, ha reparado nuestras culpas con la plena obediencia de su amor hasta la muerte. Este amor hasta el extremo del Hijo de Dios reconcilia a la humanidad entera con el Padre. El sacrificio pascual de Cristo rescata, por tanto, a los hombres de modo único, perfecto y definitivo, y les abre a la comunión con Dios.

46 En la cruz Jesús se muestra plenamente como el Mesías, el Cristo, que trae la salvación plena y definitiva, de modo que «es el que había de venir y no tenemos que esperar a otro». En la cruz, sin bajar de ella como le proponen, Jesús muestra que es el Mesías, el Salvador de todos los que le acogen: salva al ladrón que se reconoce culpable e implora piedad, toca el corazón del centurión romano y hace que el pueblo «se vuelva golpeándose el pecho».

47 Con Jesús la cruz deja de ser instrumento de suplicio y se convierte en madero santo, cruz gloriosa, fuerza de Dios y fuente de salvación para el mundo entero.

48 Jesucristo murió por la salvación de todos los hombres y por todos ellos satisfizo. Murió por todos; pero no todos se salvan, porque o no le quieren reconocer o no guardan su ley, o no se valen de los medios de santificación que nos dejó.

49 La cruz, como confiesa san Pablo, es el compendio, la fórmula abreviada de todo el Evangelio, símbolo autén- tico de la vida cristiana, de modo que el cristiano no quiere «conocer cosa alguna sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Cor 2,2).

50 Este es también el escándalo del cristianismo. La cruz es signo de salvación y signo de contradicción, piedra de escándalo. Ante ella se definen quienes están con Cristo y quienes están contra Cristo.

51 Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres (1 Cor 1,17-25).

52 La cruz pone al descubierto el pecado y revela el amor. Por la cruz, Dios «destituyendo por medio de Cristo a los principados y potestades, los ofreció en espectáculo público y los llevó cautivos en su cortejo» (Col 2,15). La liturgia invitará a los cristianos a: «Mirar el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo»:

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54 donde estuvo clavada la salvación del mundo.

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56 «Cuando exaltéis al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy yo» (Jn 8,28). Que aquella figura se relaciona con este misterio, lo puedes aprender también de Él, cuando dijo: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser exaltado el Hijo del hombre (Jn 3,14). La serpiente de bronce era figura de Cristo exaltado en la Cruz gloriosa, como El mismo dijo a los judíos:

57 En el abismo del mal humano, que condena a morir en cruz al Hijo, se manifiesta en toda su plenitud el abismo inagotable del amor del Padre, que entrega al Hijo por nosotros. Pero la cruz revela también a Dios.

58 El Salvador escogió aquella manera de muerte, porque parecía la más propia y acomodada para la redención del linaje humano, así como en efecto era la más vergonzosa e indigna de cuantas había. Porque el suplicio de la cruz no solamente entre los gentiles fué aborrecible y lleno de grandísima ignominia y afrenta, sino que en la ley de Moisés se llama maldito el hombre que está pendiente en el madero.

59 «Era necesario», repite constantemente el Nuevo Testamento, que Cristo sufriera la muerte del malhechor (Lc 24, ; Mc 8,31). Es lo que Pablo, al convertirse, encuentra ya en las comunidades cristianas como confesión de fe: «Porque os transmití, en primer lugar, lo que yo a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras» (1 Cor 15,3).

60 La muerte de Jesús tuvo un propósito preciso y tiene mucho que ver con nosotros aquí y ahora. De hecho, nuestra relación con Jesús y su obra en la cruz es la que determinará nuestro destino futuro.

61 La Pasión del Señor no se contempla ni se interpreta como un hecho accidental o desgraciado en la vida terrena de Jesús, sino como un acontecimiento esencial dentro del plan salvífico de Dios, como algo que forma parte del gran misterio de nuestra fe. Por eso, el anuncio de la Pasión va siempre sustancialmente unido a la Resurrección: Cristo, el Mesías, murió pero resucitó, sufrió la Pasión pero ahora vive para siempre, se humilló y se rebajó hasta la muerte de cruz pero ahora ha sido glorificado, fue desechado por los hombres pero ahora ha ascendido a la derecha del Padre. La Pasión y la Cruz no han sido una catástrofe irremediable, porque van inexorablemente unidas a la resurrección y la gloria.

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63 Triunfaremos

64 Nuestra gloria es la cruz del Señor de quien viene nuestra salvación.

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66 Cristo y su cruz, la salvación.

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68 AMÈN


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