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Paula Gil Cano Vuestra Amiga Desde el Cielo ¡Hola amigos, soy Paula. Os quiero contar la historia de mi vida. Una vida llena de alegrías y tristezas, aunque.

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1 Paula Gil Cano Vuestra Amiga Desde el Cielo ¡Hola amigos, soy Paula. Os quiero contar la historia de mi vida. Una vida llena de alegrías y tristezas, aunque con la ayuda de Dios y, sobre todo de la Virgen María, éstas últimas fueron fáciles de llevar!

2 VERA Nací el día 2 de febrero de 1849 en el pueblecito de Vera, en la provincia de Almería

3 Mis padres se llamaban Cristóbal Gil y Catalina Cano. Yo era la sexta de sus hijos.

4 Pero ¡qué pequeñita ! Parece muy simpática ¡Qué salada es! Mis hermanos, que se despertaron al oír mis llantos, se pusieron muy contentos y, algunos decían: ¡Qué salada es! Pero, ¡qué pequeñita! Parece muy simpática... Catalina, mi madre, que había perdido otra niña antes, se sentía muy feliz e, incluso, intuía que yo haría grandes cosas.

5 El 5 de febrero, un día muy frío, muy arropadita, entre mantillas que apenas me dejaban ver lo que había alrededor, me llevaron a la iglesia de la Encarnación de Vera, donde fui bautizada.

6 Me pusieron el nombre de Francisca de Paula. Con el tiempo me quité el nombre de Francisca y me quedé sólo con el nombre de Paula. No porque no me gustara sino porque era muy largo.

7 Esta es la pila donde me bautizaron. Aún se conserva en la iglesia

8 Pasado un tiempo, papá, que no encontraba trabajo y se sentía muy triste, nos abandonó.

9 Mamá, aunque tenía mucha fe en Dios y decía Dios proveerá, sabe que no puede atendernos a todos.

10 ¡Dios mío!. No puedo atenderlos a todos. Deberé ingresar a los pequeños en la Casa de Misericordia de Cartagena Decide, con gran dolor de su corazón, que mi hermano Alfonso y yo, que éramos los más pequeños, yo tenía 4 meses, ingresemos en la Casa de la Misericordia de Cartagena.

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12 Mi madre nos visitaba siempre que podía. Pasábamos ratos muy felices con ella.

13 También nos lo pasábamos bien jugando con los demás niños, que como nosotros, estaban internos en la casa.

14 . Recuerdo un día, yo ya tenía 4 años. Salí a pasear con mamá y vi una muñeca que me gustó. Yo pensé cuánto me gustaría tenerla y dicho y hecho. Mientras mamá hablaba con una amiga, yo entré en la tienda, la cogí y me la llevé tan contenta.

15 Mira que muñeca tan bonita tengo, le dije a mi mamá. ¿de dónde la has cogido? Preguntó mi madre La he cogido de aquella tienda, contesté yo. Entonces mi madre me llevó a la tienda, me hizo devolverla y pedir perdón al señor. ¡que vergüenza pasé!, pero aprendí que las cosas que no son nuestras no las podemos coger.

16 Después de regañarme, mi madre fue muy cariñosa y me compró otro juguete.

17 El tiempo pasaba y yo seguía viviendo en la Casa de Misericordia. Cuando tenía 15 años se hicieron cargo de mi CASA, y digo mi casa porque aquí me habían criado, las Hermanas de la Caridad.

18 Ellas valoraban mucho la educación de la mujer, tanto cultural y doméstica como religiosa. Con ellas aprendí muchas cosas

19 A partir de este momento me hice cargo de cuidar a las niñas pequeñas y me quedaba de encargada de la clase cuando faltaba alguna hermana. Esto me encantaba.

20 Una de mis aficiones favoritas era la costura. Aprovechaba la ropa de mil maneras, bien fuera darle la vuelta a un vestido o sacar servilletas o pañuelos del menor trozo de tela. Incluso los zapatos viejos que se tiraban los revisaba por si alguno había útil. Muchos los arreglaba. Yo era una experta zapatera. es una lástima tirar tantas cosas cuando tanta gente lo necesita

21 Me pasaba el día lavando ropa, fregando suelos, barriendo pasillos, ayudando en la cocina y en la despensa, haciendo camas y ayudando en la enfermería. Todo a cambio de una cama pobre, de la comida y de un vestido modesto.

22 Así era un día tras otro. Pero todo lo hacía con mucha alegría. Me gustaba ayudar a los demás.

23 Iba creciendo y las preguntas sobre mi vida se agolpaban en mi cabeza.¿Qué voy a hacer con mi vida? me preguntaba. No quiero triunfar en el sentido egoísta de la palabra: ser rica, ser famosa, tener de todo cuanto quiera. Quiero servir a los demás. Pero ¿cómo? Hablé con el padre Luis, un misionero que venía de África y le conté lo que me pasaba y le dije: Padre: No tengo apego a la vida casada, ni a la vida religiosa. ¿ Que puedo hacer? A lo que el me contestó: Tranquilízate, hija mía. No sólo serás religiosa, sino Fundadora, y de una gran Congregación que se extenderá por todo el mundo. Esto que me dijo me dio mucho que pensar. El tiempo siguió pasando y yo continuaba dedicada a mis niños huérfanos.

24 Padre, no tengo vocación de casada. Tampoco veo posible ser religiosa. ¿qué debo hacer? No sólo serás religiosa,sino fundadora

25 Una mañana, el 15 de octubre de 1879, yo ya tenía 30 años, empezó a llover sin parar sobre toda la provincia de Murcia.

26 El río Segura, que es el que pasa por la ciudad, se desbordó e inundo los campos y las casas.

27 Según me dijeron, hubo 800 muertos y muchos heridos y necesitados, además de grandes daños en las huertas.

28 Dejé la Casa de Caridad de Cartagena y me marché a Murcia a ayudar a los niños que habían quedado huérfanos. Fue uno de los momentos más importantes de mi vida. Ya se que hacer con mi vida, me dije. Ayudaré a la gente que más lo necesite

29 Empecé a trabajar en un asilo para niñas huérfanas en Murcia. Éramos muy pobres. Vivíamos de las limosnas y los donativos. Los huertanos nos daban hortalizas, frutas, etc. Pero como no sólo de pan vive el hombre, empezamos a enseñar a las niñas y a prepararles para cuando fueran mayores.Con el correr de los años el número de huerfanitas fue creciendo y fuimos cambiando de vivienda hasta llegar a una más grande, que, con el tiempo, se convertiría en la Casa Madre.

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31 Pero, ¿como nacieron las Religiosas Terciarias de la Purísima Concepción? El 1 de enero de 1880 me hice monja franciscana, con un hábito azul, en honor a la Virgen, precioso. El padre Manuel Malo, que era muy, bueno nos preparaba y nos aconsejaba en nuestro nuevo camino. Seguimos trabajando con las personas necesitadas guiados por las enseñanzas de nuestro Padre Francisco de Asís. Como él, teníamos que mendigar para comer y, sólo, cogíamos aquello que necesitábamos.

32 Entre los años 1884 y 1885 toda España padeció una enfermedad muy contagiosa que se llamaba el cólera. Murcia fue una de las zonas con más enfermos. Como era tan contagiosa, la gente se marchaba de la ciudad, empezando por los que mandaban en ella, y solamente se quedaban aquellas personas que no podían andar debido a la enfermedad. Mis hermanas y yo nos quedamos, sin temor al contagio, pensando sólo en los más necesitados. Íbamos de casa en casa buscando a los enfermos abandonados para cuidarlos, consolarlos en sus últimos momentos y hasta enterrarlos cuando no había quien lo hiciera.

33 A causa de esa enfermedad cuatro hermanas fallecieron contagiadas por atender, en cuerpo y alma a los coléricos. Yo también me contagié pero logré curarme.

34 Como siempre nos gustaba estar en los sitios en los que las personas nos necesitaban, yo llamaba a los enfermos las niñas de mis ojos, un grupo de hermanas nos tuvimos que marchar a un pequeño pueblo de la provincia de Toledo llamado Consuegra. De nuevo una terrible inundación que sucedió el 11 de septiembre de Fueron muchos los muertos, innumerables heridos, casi quinientas casas destrozadas.

35 Ocho meses permanecimos en este pueblo realizando nuestra labor habitual: recoger huérfanos, cuidar enfermos, consolar a todos. Trabajamos desinteresadamente en el hospital y aliviamos, dentro de nuestras posibilidades, los daños de la inundación.

36 A pesar de las buenas obras que hacíamos, tuvimos muchas dificultades para que nuestra Congregación fuera reconocida por el Papa. Cartas a Roma, oraciones... todo era esperar y esperar. Sabíamos que la Virgen María nos ayudaría en nuestro empeño. Yo siempre decía que la Virgen María era nuestra fundadora

37 Hasta que un día, el 10 de septiembre de 1903 recibimos una carta de Roma. ¡qué nervios! ¡qué emoción! ¿qué sería?. Yo me santigüé antes de abrir la carta. ¡Por fin! Era la aprobación definitiva. Cuando terminé de leer la carta dije como Simeón en el Evangelio: Ahora ya puedo morir en Paz

38 Durante estos años, entre 1884 y 1906 había recorrido Murcia, Alicante y Castilla la Mancha. Había fundado 13 asilos para gente pobre, colegios, también para niños pobres.

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42 Recuerdo con mucho cariño uno que fundé en Madrid en el año 1900 en el que estudiaban las hijas de las lavanderas que iban a lavar la ropa al río Manzanares. Le llamamos San José y hoy en día, es un colegio para niños y niñas de padres de todas las profesiones, porque las lavanderas ya no existen. Recuerdo con mucho cariño uno que fundé en Madrid en el año 1900 en el que estudiaban las hijas de las lavanderas que iban a lavar la ropa al río Manzanares. Le llamamos San José y hoy en día, es un colegio para niños y niñas de padres de todas las profesiones, porque las lavanderas ya no existen.

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44 Tanto trabajo afectaba a mi salud. Desde 1894 tenía una enfermedad bastante grave, pero esto no impedía que siguiera trabajando con todas mis fuerzas, ayudando a todas las personas que nos necesitaban. Poco a poco, la enfermedad, me iba impidiendo toda actividad el movimiento; incluso alguna vez, mis hermanitas, tenían que abrocharme los zapatos porque yo no podía. Con gran paciencia soporté las dolorosas curas.

45 YO SOY EL CAMINO,LA VERDAD Y LA VIDA. VENID A MI TODOS LOS QUE ESTÁIS CANSADOS Y, al fin, el día 18 de enero de 1913, Dios me llamó a vivir con Él y con La Virgen María, a la que tanto había amado aquí en la tierra, en el paraíso.

46 Pero no os dejé solos. Aunque yo ya no estoy con vosotros en cuerpo, queda mi mensaje y quedan mis obras.

47 Mis hermanas siguen con mucho cariño mi obra por todo el mundo Aquella semilla que yo planté en la provincia de Murcia se ha ido extendiendo por toda España.

48 Ha llegado hasta los más alejados lugares de África

49 y sobre todo a América

50 Bueno, amigos, espero que hayáis aprendido lo que ha sido toda mi vida. Quisiera que os quedara mi mensaje.

51 DAD GLORIA A DIOS CON VUESTRAS BUENAS OBRAS

52 Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los dulces, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los afligidos, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios

53 FIN

54 REALIZACIÓNJosé Antonio Sandoval Fernández COORDINACIÓN Vicenta Mateos Calvo NARRACIÓN Jénnifer Ruiz Moreno Elisa Canoyra Cordero


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