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Hay Poder sin igual poder. Introduccion El estadista habla de poder político en el mundo Los científicos hablan del poder nuclear Cuán placentero es ver.

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Presentación del tema: "Hay Poder sin igual poder. Introduccion El estadista habla de poder político en el mundo Los científicos hablan del poder nuclear Cuán placentero es ver."— Transcripción de la presentación:

1 Hay Poder sin igual poder

2 Introduccion El estadista habla de poder político en el mundo Los científicos hablan del poder nuclear Cuán placentero es ver entonces, en esta clase de mundo, al Señor Jesús acercarse al oído de este siglo y decir a todo el que quiera escucharle y obedecerle: Recibiréis poder.

3 I.¿A QUIEN SE PROMETE ESTE PODER?

4 II.¿CUAL ES EL PROPOSITO DE ESTE PODER? Desde los días de Simón el mago los hombres han pretendido poseer poder especial de Dios para explotar a sus prójimos. Algunos han pretendido tener poder de Dios para explotar la curiosidad ajena. Es sorprendente cuántos creen en esas esferas de cristal donde pueden ver, según ellos, el futuro. Su fortuna, desde luego, está en que la gente olvida sus predicciones fallidas.

5 La naturaleza humana no cambia. Los discípulos mis­mos de Cristo tenían curiosidad y le preguntaron cuándo sucederían todas las cosas que El anunciaba. Cristo les respondió que no era negocio de ellos saberlo (Hechos 1: 7), que su negocio era recibir poder.

6 El Maestro hizo lo que todo pastor tiene que hacer a menudo: llamar a la gente de la periferia de la curiosidad al meollo de la verdad espiritual, de la experiencia espiri­ tual, del desafío espiritual. En otras palabras, dijo el Señor: A ustedes no les concierne saber las cosas que están al margen, en la circunferencia, lo que les concierne es recibir poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros.

7 En la vida, aun en la vida religiosa, hay fuerzas que tienden a desparramar que tiran hacia afuera, hacia el margen, hasta que nos vemos llenos de religión, pero vacíos del Espíritu. Nos volvemos muy ocupados con lo marginal, pero perezosos en lo central. Es entonces que alguien debe llamarnos a volver al centro de la realidad y la experiencia espirituales.

8 También ha habido algunos que han pretendido tener este poder del Espíritu Santo para explotar a los enfer­mos, y a los lisiados.

9 Hace poco se publicó el artículo de un sanador que regresaba a su casa en avión. A poco de despegar, la sobrecargo observó que la maleta de este hombre estaba llena de dinero. Sospechosa de que fuera un asaltante de bancos, pusieron sobre alerta a la policía de la ciudad donde el avión aterrizaría pronto. Cuando bajaron, la policía detuvo al individuo y lo llevó a una oficina exigiéndole que explicara la posesión de tanto dinero en monedas y billetes de banco. ¿Cuánto dinero cree usted que llevaba aquel evange­lista de sanidad divina? Llevaba ¡setenta mil dólares recogidos en ofrendas de aquella campaña de sanidad divina

10 No sé qué piense usted, pero mi Dios nunca prometió el poder del Espíritu Santo para que alguien viviera a costa de la enfermedad, el dolor y los defectos físicos del prójimo. Me preguntará usted: Pero ¿qué no cree usted en la sanidad divina? ¡Por supuesto que sí! Y tengo poderosas razones para saber que cuando los doctores han dicho la última palabra, Cristo todavía puede agregar algo más, y en sus palabras hay salud cabal.

11 Testigos no sólo de cierta iglesia o cierta doctrina, de cierto predicador o de ciertas normas de vida. Testigos de la realidad conmovedora y del signi­ficado de Cristo en el corazón. Si Jesucristo no es el objeto fundamental de nuestro testimonio, no estamos bien.

12 III.¿CUAL ES EL PRECIO DE ESTE PODER? El precio, por un lado, es muy reducido, puesto que pagamos tan poco y recibimos tanto. Cierto, tenemos que dar todo lo que poseemos, pero ¿es mucho?

13 A veces casi me da risa al ver cómo algunos creen que Dios debe felicitarse a Sí mismo por recibir a una persona tan valiosa como la que se está consagrando. Y sería divertido si no fuera tan abominable. Porque por mucho que poseamos en talentos, personalidad, educación, dinero, etc., es un privilegio y una ganga darlo todo para recibir lo que Dios quiere darnos.

14 La pureza es algo constante, pero el poder es variable. No hay grados de pureza; el corazón es puro, o no lo es, y la Palabra de Dios dice claramente eso (I Juan 1: 7).

15 ¿Cómo se obtiene más poder? ¿Pidiéndoselo a Dios? No. ¿Orando más? No. ¿Provocando más nuestras emo­ ciones? No. No hay que implorárselo a Dios porque El está ansioso de darlo; ni necesitamos estar de buen hu­mor para recibirlo. La pregunta no es ¿Quiere Dios darme este poder? sino ¿Quiero yo permitir a Dios que me lo dé? ¿Estoy dispuesto a cumplir las condiciones? Si las cumplimos, lo recibimos. De hecho, tenemos todo el poder que permitimos a Dios que envíe a través nuestro.

16 Jamás olvidemos que no somos recipientes, sino canales. Dios nunca envía su poder a nosotros, sino a través nuestro. Sin embargo un canal puede llenarse de basura y taparse, y eso es lo que ha sucedido en muchas vidas. ¿Cómo se tapa un canal? ¿Con objetos muy grandes? A veces, pero no por lo general. Es la basura pequeña lo que los vuelve inservibles.

17 Así sucede en nuestra vida. Hay odios profundos, pecados enormes, que pueden inutilizarnos, pero general­ mente son los malos entendimientos insignificantes, las amarguras infantiles, los sentimientos heridos por niñerías, los pleitos por chiquilladas. Esas cosas impiden que por nuestro canal fluyan corrientes abundantes de poder, sólo un chorrito apenas visible. Suficiente para ser sim­páticos, pero nunca para ser dinámicos. FIN


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