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22 de febrero 2009 VII Domingo Tiempo Ordinario –B- VII Domingo Tiempo Ordinario –B- Música: Diálogo entre Jesús y Pablo en el momento de la conversión.

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2 22 de febrero 2009 VII Domingo Tiempo Ordinario –B- VII Domingo Tiempo Ordinario –B- Música: Diálogo entre Jesús y Pablo en el momento de la conversión. (Mendelssohn)

3 No recordéis las cosas pasadas, no penséis en lo antiguo. Mirad, voy a hacer algo nuevo,ya está brotando, ¿no lo notáis? Trazaré un camino en el desierto, senderos en la estepa... Para calmar la sed del pueblo que yo constituí para que proclamara mi alabanza. Pero tú no me has invocado, Jacob; porque te cansaste de mí, Israel. Al contrario, me has agobiado con tus pecados y me has cansado con tus culpas. Soy yo, y sólo yo, quien por mi cuenta borro tus culpas, y dejo de recordar tus pecados. Is 43:18-19, c-25 No recordéis las cosas pasadas, no penséis en lo antiguo. Mirad, voy a hacer algo nuevo,ya está brotando, ¿no lo notáis? Trazaré un camino en el desierto, senderos en la estepa... Para calmar la sed del pueblo que yo constituí para que proclamara mi alabanza. Pero tú no me has invocado, Jacob; porque te cansaste de mí, Israel. Al contrario, me has agobiado con tus pecados y me has cansado con tus culpas. Soy yo, y sólo yo, quien por mi cuenta borro tus culpas, y dejo de recordar tus pecados. Por mi amor, no recordaré más tus pecados.

4 Salmo 40 Sáname, Señor, porque he pecado contra ti. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti. Dichoso el que socorre al desvalido: en los días adversos el Señor lo pondrá a salvo. El Señor lo guardará, le hará vivir dichoso en la tierra, y no lo dejará a merced de sus enemigos.

5 Sáname, Señor, porque he pecado contra ti. El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,aliviará sus dolores mientras esté acostado. Yo dije: «Señor, ten piedad de mí, sáname, porque he pecado contra ti».

6 Sáname, Señor, porque he pecado contra ti. Tú me proteges, porque soy inocente, y me mantienes en tu presencia para siempre. ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, por los siglos de los siglos! ¡Amén, amén!

7 Dios es testigo de que nuestras palabras no son un ambiguo juego de síes y noes. Como tampoco Jesucristo, el Hijo de Dios a quien os hemos anunciado Silvano, Timoteo y yo, ha sido un sí y un no; en él todo ha sido sí, pues todas las promesas de Dios se han cumplido en él. Por eso el amén con que glorificamos a Dios lo decimos por medio de él. Y es Dios quien a nosotros y a vosotros nos mantiene firmemente unidos a Cristo, quien nos ha consagrado, nos ha marcado con su sello y nos ha dado su Espíritu como prenda de salvación. 2C 1:18-22 Dios es testigo de que nuestras palabras no son un ambiguo juego de síes y noes. Como tampoco Jesucristo, el Hijo de Dios a quien os hemos anunciado Silvano, Timoteo y yo, ha sido un sí y un no; en él todo ha sido sí, pues todas las promesas de Dios se han cumplido en él. Por eso el amén con que glorificamos a Dios lo decimos por medio de él. Y es Dios quien a nosotros y a vosotros nos mantiene firmemente unidos a Cristo, quien nos ha consagrado, nos ha marcado con su sello y nos ha dado su Espíritu como prenda de salvación. (Restos de la ciudad de Corinto)

8 Entre los árboles, los restos de Cafarnaún. Detrás, el lago. El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad. Lc 4,18

9 La Sinagoga de Cafarnaún. Después de algunos días entró de nuevo en Cafarnaún y se corrió la voz de que estaba en casa. Acudieron tantos, que no cabían ni delante de la puerta. Jesús se puso a anunciarles el mensaje. Le llevaron entonces un paralítico entre cuatro. Pero, como no podían llegar hasta él a causa del gentío, levantaron la techumbre por encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en que yacía el paralítico. Jesús, viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: –Hijo, tus pecados te son perdonados. Unos maestros de la ley que estaban allí sentados comenzaron a pensar para sus adentros: –¿Cómo habla éste así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús, percatándose en seguida de lo que estaban pensando, les dijo: –¿Por qué pensáis eso en vuestro interior?¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; o decirle: Levántate, carga con tu camilla y vete? Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados. Entonces se volvió hacia el paralítico y le dijo: –Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. El paralítico se puso en pie, cargó en seguida con la camilla y salió a la vista de todos, de modo que todos se quedaron maravillados y daban gloria a Dios diciendo: –Nunca hemos visto cosa igual. Marcos 2, 1-12 Marcos 2, 1-12


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