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Érase una vez un enanito chiquito que se llamaba Pedrito. Vivía con su familia en un bosque muy hermoso lleno de Árboles y flores. La familia estaba formada.

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2 Érase una vez un enanito chiquito que se llamaba Pedrito. Vivía con su familia en un bosque muy hermoso lleno de Árboles y flores. La familia estaba formada por el papá, la mamá y cuatro hermanitos. Pedrito era el mayor de todos y, aunque era muy bueno y tranquilito,era muy, pero muy, pero muy enojón. Casi todo lo enojaba, apenas comenzaba el día, se levantaba de mal humor. Hacer los deberes lo ponía de peor humor. Si su mamá cocinaba algo que no le gustaba, ¡pero que peor!

3 Sus papás estaban muy preocupados por él. Pedrito era Muy cariñoso, buen hijo y cuando quería, podía ser muy gracioso, pero parecía haber perdido su buen humor… Sin encontrar una solución, sus papás decidieron consultar al gran sabio del bosque, llamado Don Yolosetodo quien, por supuesto, también era enano, para ver si él los podía ayudar a que Pedrito encontrase su buen humor escondido quizás en algún lugar. –No es fácil… –dijo Don Yolosetodo, agarrándose la barba larga y puntiaguda como un pirulín, y agregó: –El buen humor es algo que se lleva dentro, ¡no se puede salir a buscarlo como quien perdió un chocolate en medio del cine!

4 Don Yolosetodo en una semana ya tenía su plan bien armadito, con la esperanza de que Pedrito recuperase su buen humor. En la siguiente visita, los papás dejaron solo a Pedrito con Don Yolosetodo. El sabio lo estudió de arriba abajo y pensó: La verdad es que este chico tiene cara de bueno, ¿será verdad lo que dicen los padres?. Pero bastó que le ofreciera un vaso de leche (que a Pedrito no le gustaba ni medio) para comprobar que los papás sí tenían razón. –Bueno, niño, vamos a lo que nos importa –dijo Don Yolosetodo.

5 El sabio le mostró un montó de llaves de colores. Le explicó que él se las iba a dar y que Pedrito tenía que tratar de encontrar la puerta correcta, allí justo donde se había quedado su buen humor y así poder rescatarlo. Y allí se fue Pedrito, con los bolsillos llenos de llaves misteriosas y la cabecita llena de dudas. El día siguiente comenzó su camino, medio a desgano y con cara de pocos amigos. Empezó su recorrido, encontró la primera puerta, la abrió, pero allí no había nada, algo que le pareció más que extraño.

6 –Debe de ser un error –dijo Pedrito. Siguió caminando y detrás de cada puerta que abría, no Había absolutamente nada y ya empezaba a fastidiarse. Pensó ¡Qué sabio mentiroso este!. Abrió todas las puertas, excepto la última, y en ninguna encontró nada, realmente estaba muy confundido. Sólo le quedaba una llave, la última, y la última puerta por abrir. Al abrirla y para su sorpresa, esta vez sí encontró algo, un espejo grande, hermoso y del cual salían chispitas Multicolores. Se reflejaba su imagen, pero con destellos y cada destello representaba algo que a él no le agradaba. Habían destellos más relucientes y eran los esfuerzos de sus padres en cada cosa por las cuales se enfadaba.

7 Se puso a pensar que la mayor parte de su tiempo lo había pasado enojándose y eso lo puso muy triste. Se dio cuenta de que había otro modo de vivir. Entendió que cada cosa que lo enojaba, que eran la mayoría, por no decir todas, tenían otro lado, otro modo de verse, y hasta su lado bueno y divertido. –¡Gracias, Don Yolosetodo! ¡Gracias de verdad! Encontré el espejo mágico y con él, mi sonrisa. También encontré otro modo de ver las cosas y sobre todo, entendí.

8 –¿Qué entendiste? –preguntó intrigadísimo el sabio, tocándose su larga barba de chupetín pirulín. –Que todo está dentro de uno, la alegría, el buen y el mal humor, que todo puede verse desde muchos lados y quehay que tratar de elegir el mejor de todos ellos, el que más felicidad nos dé.

9 FIN


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