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CAPITULO XIV: LA LUCHA POR LA CONSOLIDACION APOSTOLICA PP. 186-203.

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1 CAPITULO XIV: LA LUCHA POR LA CONSOLIDACION APOSTOLICA PP

2 Las tierras de los Gondi esperaban. Apenas constituida la nueva comunidad, se lanzó al trabajo para lo cual había sido fundada. "El medio con que nuestro Señor se ganó y dirigió a los apóstoles -140 misiones se predicaron en los 6 años de su historia en Bons Enfants. -Total de sacerdotes no pasó de siete hasta equipos de misioneros que podían formarse, ello significa unos doscientos noventa días de trabajo al año. Vicente era un operario de tantos..

3 Reglamento que regulaba los actos comunitarios. Tiempo a la oración, al estudio, a ejercitarse en la controversia Se utilizaba un manual muy de moda: el del jesuita belga Martin Bécan. Vicente cuidaba de que el orden del día se observara incluso durante sus ausencias. En Bons Enfants la vida se organizaba. Los misioneros llevaban consigo pertenencias más necesarias. Un pequeño carricoche,un caballo transportaba incluso las camas portátiles o a pie; pero, a medida que se cansaban, los misioneros subían, por turno, al único caballo de que disponían. Vicente se preocupaba de esos pequeños detalles. La vida en la misión se atenía al mismo reglamento que en París. En él estaban previstas las horas de levantarse, de acostarse, de la oración, del rezo del oficio divino, de entrada y salida de la iglesia para los actos misionales.

4 Vicente sabía que la comunidad se compone de hombres, con sus pequeños defectos, con sus respectivos temperamentos. les infundía en sus colaboradores las virtudes más necesarias para la vida en comunidad: La prudencia, la previsión, la mansedumbre. Recomendaba la lucha contra la contra la sensualidad, el egoísmo, la vanidad en las predicaciones. Por eso tenía que limar asperezas, apaciguar pequeños conflictos. Otras veces era necesario animar, felicitar. Vicente lo hacía con discreción, Al mismo Portail, un tímido que hasta 1630, ¡al cabo de veinte años al lado de Vicente!, no se había atrevido a predicar desde un púlpito, le felicitaba por haberlo hecho al fin, pidiendo para él la gracia de ser ejemplar en la compañía, en la que faltan modestia, mansedumbre y respeto mutuo en las conversaciones.

5 "Creía que las puertas de París se me iban a caer encima preocupaba comunicar el celo, es decir, la quemazón interior por las almas que se pierden, el ardor infatigable por el trabajo, el hambre y la sed de la gloria de Dios. Vicente que sólo diez años antes reducía sus aspiraciones a lograr un buen beneficio y una vida sosegada y plácida de buen canónigo o de respetable abad.

6 Para estructurar sólidamente la compañía impulsó a Vicente a proponer una práctica común a la mayoría de las comunidades: la emisión de votos Sin prisa, pero sin pausa, fue delineando las líneas maestras del nuevo Instituto. A Vicente le importaba mucho dejar bien asentados los cimientos. Simultáneamente fue creando un estilo - un espíritu, decía él, con palabra predilecta de su siglo -, Fue forjando apóstoles, fue trazando el marco institucional. La Congregación de la Misión es su primera obra y, en cierto sentido, la que servirá de apoyo a todas las demás.

7 El desarrollo de la nueva Congregación iba a abrirle un nuevo campo de apostolado: los ejercicios a ordenandos. "La depresión del estado eclesiástico es la causa de la ruina de la Iglesia En los círculos de la reforma católica La mejora del clero era una preocupación fundamental Las raíces del mal eran tres: En primer lugar el sistema de colación de beneficios, confiada, en buena parte, a patronos laicos, llamáranse Corona, Parlamento o señores feudales. segundo, la encomienda, que permitía conceder a seglares, incluso niños, la titularidad de abadías, prioratos y hasta obispados; por último, la carencia de centros de formación.

8 Ordenaciones irregulares (recuérdese la del propio Vicente), el permiso de obispados, abadías y canonicatos a individuos carentes de vocación o sin más vocación - El gran número de diócesis vacantes o cuyos pastores no observaban la obligación de la residencia los escándalos - juego, concubinato, bebida de numerosos eclesiásticos, la ignorancia generalizada de las ceremonias y ritos litúrgicos y hasta de las verdades elementales de la fe. El concilio de Trento, como remedio y estado de cosas: creación en todas las diócesis de seminarios en que los aspirantes al sacerdocio fueran instruidos y educados desde la infancia en las materias necesarias para el ejercicio de las sagradas órdenes.

9 Trento no fue aceptado en Francia hasta En siglo XVI las asambleas del clero y los concilios provinciales dictaron numerosas disposiciones encaminadas a la rigidez de seminarios y, en general, a la reforma del estado clerical. Fruto de esa legislación fueron varios seminarios de tipo tridentino. Pero todos ellos llevaron una vida debilitada. En 1624, la situación había mejorado muy poco. Las disposiciones conciliares seguían siendo letra muerta.

10 En los tres episodios fundamentales que determinan la vocación de Vicente, esa idea juega un papel decisivo. En casa de los Gondi había sido el confesor que no se sabía la fórmula de la absolución. En Chatillon, los seis capellanes que escandalizaban a los fieles con su conducta desordenada. En Marchais, la acusación del hereje contra una Iglesia que acumulaba en las grandes ciudades miles de sacerdotes ociosos y confiaba el pobre pueblo a pastores indignos, ignorantes de las verdades elementales.

11 Los ordenandos, el depósito más rico y más precioso Con Agustín Potier, obispo de Beauvais ( 1650). Juntos se habían lamentado más de una vez de la triste situación del clero de la diócesis. Vicente había expuesto con claridad su visión del problema: era inútil intentar la reforma de los sacerdotes ancianos, habituados a una larga vida de desorden. El remedio había que aplicarlo a la raíz: imbuir de espíritu eclesiástico a los aspirantes y negar el acceso a las órdenes a los que no lo poseyeran o fueran incapaces de asumir sus deberes. A mediados de julio de 1628, Vicente y Mons. Potier viajaban juntos en la carroza del segundo. El obispo parecía dormitar. Los acompañantes guardaron un silencio respetuoso. Pero Potier no dormía. Al cabo de un rato entreabrió los ojos y murmuró: Con Agustín Potier, obispo de Beauvais ( 1650). Juntos se habían lamentado por clero de la diócesis. Vicente había expuesto con claridad su visión del problema: la reforma de los sacerdotes ancianos, habituados a una larga vida de desorden. El remedio había que aplicarlo a la raíz: imbuir de espíritu eclesiástico a los aspirantes entreabrió los ojos y murmuró:

12 "Una cofradía especial llamada de la Caridad Todas las misiones se cerraban con la fundación de la cofradía. Bien pronto hubo caridades en todas las poblaciones de las tierras de los Gondi. De allí irradiaron a territorios vecinos. París mismo empezó a tener caridades en San Salvador y San Nicolás de Chardonnet. San Eustaquio, San Benito, San Sulpicio y San Mederico. San Pablo, San Germán l'Auxerrois y San Andrés, hasta que poco a poco no quedó en toda la capital ni una sola parroquia sin su cofradía correspondiente.

13 Luisa era viuda de Antonio Le Gras, había muerto, después de su larga y penosa enfermedad, en medio de grandes sufrimientos - la última noche tuvo siete vómitos de sangre -, pero con una gran paz de espíritu. Pocos días antes había hecho la resolución de entregarse por entero al servicio de Dios todo el resto de su vida. "Reza por mí; yo ya no puedo", fueron sus últimas palabras. En cuanto llegó el día, Luisa, que había pasado enteramente sola aquella noche terrible, acudió a la iglesia para confesarse y comulgar y consagrarse a Jesús como al único esposo de su alma.


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