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AÑO DE LA FE 2012-1013 M I S I Ó N M A D R I D 2 0 1 2 - 2 0 1 4 LLAMADOS A COMUNICAR NUESTRA FE PEREGRINACIÓN A LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA Autor: Ramón.

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1 AÑO DE LA FE M I S I Ó N M A D R I D LLAMADOS A COMUNICAR NUESTRA FE PEREGRINACIÓN A LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA Autor: Ramón Montero Prado Texto: Misión Madrid Parroquia Santa Rosalía Vicaria I

2 Queremos celebrar este Año de manera digna y fecunda. Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo. Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo; en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre (Porta Fidei 8).

3 La peregrinación a la Catedral hace más perceptible y más intensa la eclesialidad de nuestra fe. Lo favorece el hecho de salir del lugar acostumbrado respondiendo a la con-vocatoria que nos hace el Señor a todos y cada uno de nosotros, reunirnos en torno al Obispo que le representa en la casa común, aceptar ser enviados junto con los demás convocados como testigos en medio del mundo.

4 La fe es respuesta confiada a Dios que nos habla, nos quiere y se nos entrega. La fe es relación personal con Dios, en la que le rendimos el homenaje de nuestro entendimiento y voluntad. Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad. La fe es vivir en comunión con Jesucristo, como el único que puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad. La fe compromete la totalidad de la persona. La fe nos hace vivir. LA FE ES VIVA Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: ¿Qué buscáis? Ellos le contestaron: Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives? Él les dijo: Venid y veréis. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima (Jn 1, 37-39).

5 Jesús le contestó: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed, pero el que bebe del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 13-14). Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. (Jn 14, 6) Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!. (Jn 20,28)

6 Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios. Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros; a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones de los siglos de los siglos. Amén. (Ef 3,17-21) Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. (Jn 15,5)

7 LA FE ES EXPLÍCITA La fe no es puramente interior, íntima y espiritual. La fe se expresa, es pública; ni se oculta ni se disimula. El más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido, justificado, explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús. (Pablo VI, EN 22) Por lo tanto, con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías. (Hch 2,36) Si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo (Rom 10, 9)

8 Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. (1 Jn 4,14-15) Por eso Dios lo exaltó sobre todo le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. (Flp 2, 9-11) Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella le contestó: Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. (Jn 11, 25-27)

9 LA FE ES ILUMINADA POR LA ENSEÑANZA La fe no es pura impresión subjetiva, ni un puro sentimiento, ni una vaga experiencia de lo sagrado, a merced de las circunstancias o de la volubilidad del estado de ánimo. La fe es aceptación de una realidad objetiva, exterior a nosotros, que recibimos de alguien que da testimonio de ella como buena noticia revelada por Dios. El conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica por tanto que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor. (Porta Fidei 10) La fe incorpora a la Iglesia, comunidad convocada por el anuncio que resuena en el mundo a partir de la predicación de los apóstoles.

10 La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo. (Rom 10, 17) Yo os transmití en primer lugar, lo que yo también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce. […] Tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros (1 Cor 15, ). Tú permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste y que desde niño conoces las Sagradas Letras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús (2 Tim 3, 14-15).

11 LA FE ES ACTIVA Confiarse a Dios y desear vivir en comunión con Él implica una actitud permanente de conversión, una búsqueda constante de los sentimientos y costumbres del hombre nuevo, que se manifiestan en las relaciones con el prójimo y los bienes y en la contribución a la organización de la sociedad según el designio de Dios. Profesamos la fe con todo nuestro ser: con nuestra inteligencia y nuestros sentimientos, pero también con nuestra voluntad, nuestra conducta, nuestras obras… ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario, y uno de vosotros le dice: Id en paz, abrigaos y saciaos, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro (Sant 2, 14-17).

12 Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron, y rebosando agradecimiento. Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual. Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto (Rom 12, 1-2) (Col 2,6-7) Lo que vale es la fe que actúa por el amor. (Gal 5,6)

13 LA FE ES GOZOSA Quienes se confían al Señor y por la fe se entregan a Él, experimentan cómo sus exigencias espirituales son colmadas infinitamente. La fe lleva consigo, ciertamente, rupturas y separaciones, en algunos casos persecuciones, pero también gozos que Dios concede sin medida. Felipe se puso a hablarle y le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice? Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo y siguió su camino lleno de alegría (Hch 8,35-39).

14 Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. (1 Tes 1,5-7) A aquellas horas de la noche, el carcelero los tomó consigo, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos; los subió a su casa, les preparó la mesa y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios (Hch 16,33-34)

15 LA FE ES MISIONERA Jesucristo es el Enviado del Padre para anunciar el Evangelio. Quien vive unido a Él por la fe, está unido a su Persona y a su obra, participa en su misión. No es posible seguir a Jesucristo y desentenderse de lo que es su máxima preocupación. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. (Mt 28, 18-20)

16 Les prohibieron severamente predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan le replicaron diciendo: ¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído. (Hch 4, 18-20) Aquel día se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría… Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra. (Hch 8, 1.4)

17 TE ESPERAMOS Autor: Ramón Montero Prado Texto: Misión Madrid Parroquia Santa Rosalía Vicaria I


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