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San Alfonso: Las Glorias de María

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Presentación del tema: "San Alfonso: Las Glorias de María"— Transcripción de la presentación:

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2 San Alfonso: Las Glorias de María
“Los que aman a María la llaman Madre. Diríase que no saben nombrarla de otro modo, pues ella nos engendró a la vida en el Calvario, cuando ofreció a su Hijo por nuestra redención” San Alfonso: Las Glorias de María

3 Dispongámonos con fe a iniciar este día de novena como preparación a la fiesta de la Virgen del Perpetuo Socorro, Detengamos un momento en nuestro caminar diario; recemos, oremos y pidamos su socorro: !Oh Madre de Amor Ven en mi Socorro!

4 Oh María, Madre de Jesús y nuestra madre del Perpetuo Socorro, voy a mirarte fijamente durante nueve días para descubrir en tu imagen los símbolos más sobresalientes, las lecciones más llamativas, las misteriosas insinuaciones que tu inspirado pintor pretendió trasladar a su obra. Y no sólo las que voy a leer en estas páginas, sino también las que tu misma, maestra admirable, vas a enseñarme sobre tu Hijo y sobre nuestro Dios, que es padre y madre de amor. Ayúdanos a seguir fielmente a tu Hijo Jesucristo. Despierta en mi entendimiento y en mi corazón la fe, la esperanza y el amor con que tu misma quieres que te mire y te invoque, para avivar una confianza ilimitada en tu socorro. Amén

5 DÍA PRIMERO Mirando al arcángel Gabriel
Madre del Perpetuo Socorro, en tu imagen aparece el arcángel de la anunciación, san Gabriel, que presenta la cruz y los clavos. El nos traslada a Nazaret. Descendió a una de las cincuenta humildes casas de la aldea. Allí se encontró contigo y se verificó la encarnación, esto es, el Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo, se hizo hermano nuestro asumiendo en tus entrañas nuestra naturaleza humana. En Nazaret creció Jesús en un ambiente de sencillez, de discreción y de trabajo. Tú, Madre, tomabas entre las tuyas sus pequeñas manos del niño para adiestrarle en gestos de oración; le enseñabas los salmos y las plegarias de tu pueblo israelita. Madre mía, esclava del Señor, mujer del hogar y del trabajo, enséñanos a amar nuestros hogares, a llenarnos de alegría y comprensión. Y ayúdanos a construir una sociedad fraterna y justa, donde haya pan y trabajo para todos.

6 R/: Ven en mi socorro, ¡oh Madre de bondad!
Para que escuchando la Palabra de Dios obre de acuerdo con ella. /R Para que viva todos mis días como seguidor de Jesucristo. /R Para que haga de mi vida un servicio a Dios y al prójimo. /R En todas las pruebas y trabajos de la vida. /R Contra mi inconstancia y para que persevere hasta el fin. /R ¡Oh Madre mía, hasta mi último suspiro! /R ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, cuyo solo nombre inspira confianza! /R En el momento peligroso de la tentación, para que yo resista. /R Cuando haya tenido la desgracia de pecar, para que me arrepienta y me vuelva a levantar. /R Si algún vicio me tiene encadenado, para que pueda romperlo. /R Todos: Seas amada, seas alabada, seas invocada, seas eternamente bendita, ¡oh Virgen del Perpetuo Socorro!, mi esperanza, mi amor, mi madre, mi refugio y mi vida. Amén

7 Todos: Inmaculada virgen y madre mía, María Santísima,
tú eres la madre de nuestro Señor Jesucristo, y con él eres la esperanza y el refugio de los pecadores. A ti recurro, aunque indigno siervo tuyo, para venerarte y darte gracias, porque me has protegido de todo mal. Te amo, señora amabilísima y prometo servirte siempre y esforzarme para que sean muchos los que también te amen. A ti confío, después de Jesucristo, mi esperanza y mi salvación; acéptame como hijo, oh madre de misericordia. Y ya que tu intercesión ante Jesús es poderosa, no permitas que caiga en tentación y líbrame siempre del mal. Madre, enséñame a amar a tu Hijo y alcánzame la gracia de una buena muerte. Que pueda vivir amando a Dios y a mis hermanos hasta el final de mis días. No me faltes con tu socorro hasta que no me veas en la feliz plenitud del cielo, para cantar las maravillas que Dios ha hecho en ti y llamarte bienaventurada por toda la eternidad. Amén. Así lo espero. Así sea.

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