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Romanticismo (S. XIX). Política, economía y sociedad 1808-1814: guerra independencia 1814: golpe de Estado de Fernando VII 1820-1823: Trienio constitucional.

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Presentación del tema: "Romanticismo (S. XIX). Política, economía y sociedad 1808-1814: guerra independencia 1814: golpe de Estado de Fernando VII 1820-1823: Trienio constitucional."— Transcripción de la presentación:

1 Romanticismo (S. XIX)

2 Política, economía y sociedad : guerra independencia 1814: golpe de Estado de Fernando VII : Trienio constitucional : Absolutismo Fernando VII. Exilio intelectuales 1833: Regencia de María Cristina. 1ª guerra Carlista. Liberalismo 1840: Regencia Espartero 1843: Isabel II. Moderados 1847: 2ª guerra Carlista 1856: gobierno O´Donnell

3 Cultura y pensamiento Idealismo (Kant, Shelling, Hegel…) Liberalismo (Socialismo: Marx,Engels…) Nacionalismos (Renaixensa, Resurdimento…) Periodismo de opinión, folletines, obras por entrega, lectura Tertulias Teatro, conciertos, toros

4 Orígenes del Romanticismo Francia: Rosseau Alemania: Sturm und Drang (Tormenta e ímpetu) Inglaterra: Baladas líricas de Wordsworth y Coleridge

5 Tendencias del Romanticismo Tradicional: valores tradicionales de la Iglesia y el Estado (Walter Scott, Chatebriand, Zorrilla, Duque de Rivas…) Liberal: individuo por encima de la sociedad (Byron, Víctor Hugo, Espronceda…) Lord Byron, retrato de Thomas Phillips, 1813

6 El Romanticismo: inicio de la Modernidad Características: –Libertad moral y social –Subjetivismo (tipos marginados) –Historicismo. Pasado vernáculo. Medievo y folck –Irracionalismo y evasión: leyendas, fantasía, misterio, exotismo

7 El Romanticismo Inicio de la Modernidad Temas y estilos de la literatura romántica –Libertad, poder, justicia, destino, amor –Diversos registros lingüísticos –Coloquialismo, neologismos, exclamaciones

8 El Romanticismo Inicio de la Modernidad Evolución del Romanticismo en España: novedad y ruptura (tradicional) –1ª etapa: alemanes. Bohl de Faber, Aribau, López Soler. Tradicional y conservador catolicismo. –2ª etapa: liberalismo, francés, regreso exiliados, progresismo –3ª etapa o postromanticismo: alemanes. Poesía

9 El drama romántico: ruptura con el Clasicismo Características: –Histórico y legendario proyectado en presente –Estructura y discurso: jornadas y cuadros, mezcla trágico y cómico, prosa y verso, sin reglas –Temas: fatalidad, amor, poder, autoridad, adulterio, honor, suicidio –Personajes: víctimas fatalidad, marginados, fuera de normas Obras principales: –La conjuración de Venecia de Martínez de la Rosa –Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas –El trovador de Antonio García Gutiérrez –Los amantes de Teruel de Hartzenbusch –Don Juan Tenorio de Zorrilla

10 El drama romántico: ruptura con el Clasicismo Don Álvaro o la fuerza del sino: –Temas fatalidad, venganza, honor –Estructura, tiempo y espacio: 5 años, diferentes espacios, soledad –Protagonistas: héroe romántico > fin suicidio –Lenguaje y estilo: prosa y verso, polimetría, serio, elevado, popular, jocoso, códigos no verbales (acotaciones)

11 Don Álvaro o la fuerza del sino, de Ángel Saavedra, duque de Rivas Hay un rato de silencio; los truenos resuenan más fuertes que nunca, crecen los relámpagos, y se oye cantar a lo lejos el Miserere a la comunidad, que se acerca lentamente VOZ DENTRO. Aquí, aquí; ¡qué horror! (DON ÁLVARO vuelve en sí, y luego huye hacia la montaña. -Sale el P. GUARDIÁN con la comunidad, que queda asombrada.) P. GUARDIÁN. ¡Dios mío!... ¡Sangre derramada! ¡Cadáveres!... ¡La mujer penitente! TODOS LOS FRAILES. Una mujer!... ¡Cielos! P. GUARDIÁN. ¡Padre Rafael! DON ÁLVARO. (Desde un risco, con sonrisa diabólica, todo convulso, dice:) Busca, imbécil, al P. Rafael... Yo soy un enviado del infierno, soy el demonio exterminador... Huid, miserables. TODOS. ¡Jesús, Jesús! DON ÁLVARO. Infierno, abre tu boca y trágame. Húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio, destrucción... (Sube a lo más alto del monte y se precipita.) P. GUARDIÁN. (Aterrados y en actitudes diversas.) ¡Misericordia, Y LOS FRAILES. Señor! ¡Misericordia!

12 El drama romántico: ruptura con el Clasicismo Don Juan Tenorio: –Contra normas, redime el amor y religión –Argumento –Estructura, tiempo y lugar: separación 5 años, espacios cerrados y abiertos –Personajes: Tirso, Espronceda, Moliere, Byron, Dumas. Asocial, demoníaco. Inés virginal redentora de don Juan –Códigos no verbales (acotaciones)

13 Don Juan Tenorio de José Zorrilla INÉS. Fantasmas, desvaneceos: su fe nos salva..., volveos a vuestros sepulcros, pues. La voluntad de Dios es de mi alma con la amargura purifiqué su alma impura, y Dios concedió a mi afán la salvación de don Juan al pie de la sepultura. JUAN. ¡Inés de mi corazón! INÉS. Yo mi alma he dado por ti, y Dios te otorga por mí tu dudosa salvación. Misterio es que en comprensión no cabe de criatura: y sólo en vida más pura los justos comprenderán que el amor salvó a don Juan al pie de la sepultura. Cesad, cantos funerales (Cesa la música y salmodia.) callad, mortuorias campanas (Dejan de tocar a muerto.) ocupad, sombras livianas, vuestras urnas sepulcrales (Vuelven los esqueletos a sus tumbas, que se cierran.) volved a los pedestales, animadas esculturas; (Vuelven las estatuas a sus lugares.) y las celestes venturas en que los justos están, empiecen para don Juan en las mismas sepulturas. (Las flores se abren y dan paso a varios angelitos que rodean a DOÑA INÉS y a DON JUAN, derramando sobre ellos flores y perfumes, y al son de una música dulce y lejana, se ilumina el teatro con luz de aurora. DOÑA INÉS cae sobre un lecho de flores, que quedará a la vista en lugar de su tumba, que desaparece.)

14 La poesía romántica: exaltación del YO. Lenguaje simbólico Poesía narrativa: relato medieval. Misterio, sobrenatural, lúgubres Poesía lírica: –Espronceda: patria, sociedad, énfasis retórico –Bécquer y Rosalía de Castro: intimismo, amor- dolor, melancolía, interioridad, germano

15 La poesía de Espronceda: rebeldía romántica Canciones: tipos humanos marginales, símbolos, regularidad métrica –El pirata, El mendigo, El reo de muerte, El verdugo, El canto del cosaco, la cautiva… El estudiante de Salamanca: argumento, temas e interpretación (motivos tradicionales) El diablo mundo

16 José de Espronceda Canciones Reclinado sobre el suelo con lenta amarga agonía, pensando en el triste día que pronto amanecerá; en silencio gime el reo y el fatal momento espera en que el sol por vez postrera en su frente lucirá. Un altar y un crucifijo y la enlutada capilla, lánguida vela amarilla tiñe en su luz funeral, y junto al mísero reo, medio encubierto el semblante se oye al fraile agonizante en son confuso rezar. El rostro levanta el triste y alza los ojos al cielo, tal vez eleva en su duelo la súplica de piedad. ¡Una lágrima! ¿es acaso de temor o de amargura? ¡Ay! a aumentar su tristura vino un recuerdo quizá!!! Es un joven, y la vida llena de sueños de oro, pasó ya, cuando aún el lloro de la niñez no enjugó el recuerdo es de la infancia, ¡y su madre que le llora, para morir así ahora con tanto amor le crió! Y a par que sin esperanza ve ya la muerte en acecho, su corazón en su pecho siente con fuerza latir; al tiempo que mira al fraile que en paz ya duerme a su lado, y que, ya viejo y postrado le habrá de sobrevivir. ¿Mas qué rumor a deshora rompe el silencio? Resuena una alegre cantilena y una guitarra a la par, y de gritos y botellas que se chocan el sonido, y el amoroso estallido de los besos y el danzar. Y también pronto en son triste lúgubre voz sonará: ¡Para hacer bien por el alma del que van a ajusticiar! Y la voz de los borrachos, y sus brindis, sus quimeras, y el cantar de las rameras, y el desorden bacanal en la lúgubre capilla penetran, y carcajadas, cual de lejos arrojadas de la mansión infemal. Y también pronto en son triste lúgubre voz sonará: ¡Para hacer bien por el alma del que van a ajusticiar! ¡Maldición! al eco infausto, el sentenciado maldijo la madre que como a hijo a sus pechos le crió; y maldijo el mundo todo, maldijo su suerte impía, maldijo el aciago día y la hora en que nació. Serena la luna alumbra en el cielo, domina en el suelo profunda quietud; ni voces se escuchan, ni ronco ladrido, ni tierno quejido de amante laúd. El reo de muerte

17 José de Espronceda El estudiante de Salamanca Era más de media noche, antiguas historias cuentan, cuando en sueño y en silencio lóbrego envuelta la tierra, los vivos muertos parecen, los muertos la tumba dejan. Era la hora en que acaso temerosas voces suenan informes, en que se escuchan tácitas pisadas huecas, y pavorosas fantasmas entre las densas tinieblas vagan, y aúllan los perros amedrentados al verlas: En que tal vez la campana de alguna arruinada iglesia da misteriosos sonidos de maldición y anatema, que los sábados convoca a las brujas a su fiesta. El cielo estaba sombrío, no vislumbraba una estrella, Súbito rumor de espadas cruje y un ¡ay! se escuchó; un ay moribundo, un ay que penetra el corazón, que hasta los tuétanos hiela y da al que lo oyó temblor. Un ¡ay! de alguno que al mundo pronuncia el último adiós. silbaba lúgubre el viento, y allá en el aire, cual negras fantasmas, se dibujaban las torres de las iglesias, y del gótico castillo las altísimas almenas, donde canta o reza acaso temeroso el centinela. Todo en fin a media noche reposaba, y tumba era de sus dormidos vivientes la antigua ciudad que riega el Tormes, fecundo río, nombrado de los poetas, la famosa Salamanca, insigne en armas y letras, patria de ilustres varones, noble archivo de las ciencias.

18 José de Espronceda El diablo mundo CORO DE DEMONIOS Boguemos, boguemos, la barca empujad, que rompa las nubes, que rompa las nieblas, los aires las llamas, las densas tinieblas, las olas del mar. Boguemos, crucemos del mundo el confín; que hoy su triste cárcel quiebran libres los diablos en fin, y con música y estruendo los condenados celebran, juntos cantando y bebiendo, un diabólico festín. EL POETA ¿Qué rumor lejos suena, que el silencio en la serena negra noche interrumpió? ¿Es del caballo la veloz carrera, tendido en el escape volador, o el áspero rugir de hambrienta fiera, o el silbido tal vez de aquilón? ¿O el eco ronco del lejano trueno que en las hondas cavernas retumbó, o el mar que amaga con su hinchado seno, nuevo Luzbel, al trono de su Dios?

19 Bécquer, una nueva sensibilidad El origen de la poesía moderna Rimas –Primer grupo (I-XI): la poesía –Segundo grupo(XII-XXIX): el amor –Tercer grupo (XXX-LI): desengaño del amor –Cuarto grupo (LII-LXXIX): soledad y angustia Características: –Brevedad y sencillez –Libertad estrófica, rima asonante y versos heptasílabos y endecasílabos

20 Bécquer, una nueva sensibilidad RIMA I Yo sé un himno gigante y extraño que anuncia en la noche del alma una aurora, y estas páginas son de ese himno cadencias que el aire dilata en las sombras. Yo quisiera escribirle, del hombre domando el rebelde, mezquino idioma, con palabras que fuesen a un tiempo suspiros y risas, colores y notas. Pero en vano es luchar, que no hay cifra capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!, si, teniendo en mis manos las tuyas, pudiera, al oído, cantártelo a solas. RIMA XIII Tu pupila es azul y, cuando ríes, su claridad süave me recuerda el trémulo fulgor de la mañana que en el mar se refleja. Tu pupila es azul y, cuando lloras, las transparentes lágrimas en ella se me figuran gotas de rocío sobre una vïoleta. Tu pupila es azul, y si en su fondo como un punto de luz radia una idea, me parece en el cielo de la tarde una perdida estrella.

21 Bécquer, una nueva sensibilidad RIMA XXX Asomaba a sus ojos una lágrima y a mi labio una frase de perdón; habló el orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró. Yo voy por un camino; ella, por otro; pero, al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: ¿Por qué callé aquel día? Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo? RIMA LII Olas gigantes que os rompéis bramando en las playas desiertas y remotas, envuelto entre la sábana de espumas, ¡llevadme con vosotras! Ráfagas de huracán que arrebatáis del alto bosque las marchitas hojas, arrastrado en el ciego torbellino, ¡llevadme con vosotras! Nube de tempestad que rompe el rayo y en fuego ornáis las sangrientas orlas, arrebatado entre la niebla oscura, ¡llevadme con vosotras!. Llevadme, por piedad, a donde el vértigo con la razón me arranque la memoria. ¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas!

22 Rosalía de Castro A ORILLAS DEL SAR A través del follaje perenne que oír deja rumores extraños, y entre un mar de ondulante verdura, amorosa mansión de los pájaros, desde mis ventanas veo el templo que quise tanto. El templo que tanto quise..., pues no sé decir ya si le quiero, que en el rudo vaivén que sin tregua se agitan mis pensamientos, dudo si el rencor adusto vive unido al amor en mi pecho. Los unos altísimos, los otros menores, con su eterno verdor y frescura, que inspira a las almas agrestes canciones, mientras gime al chocar con las aguas la brisa marina de aromas salobres, van en ondas subiendo hacia el cielo los pinos del monte. De la altura la bruma desciende y envuelve las copas perfumadas, sonoras y altivas de aquellos gigantes que el Castro coronan; brilla en tanto a sus pies el arroyo que alumbra risueña la luz de la aurora, y los cuervos sacuden sus alas, lanzando graznidos y huyendo la sombra. El viajero, rendido y cansado, que ve del camino la línea escabrosa que aún le resta que andar, anhelara, deteniéndose al pie de la loma, de repente quedar convertido en pájaro o fuente, en árbol o en roca.

23 La prosa romàntica Novela histórica –Espronceda: Sancho Saldaña –Mariano José de Larra: El doncel de don Enrique el doliente –Enrique Gil y Carrasco: El señor de Membibre Costumbrismo (periodismo) –Mesonero Romanos –Mariano José de Larra Géneros populares –Las leyendas de Bécquer

24 La prosa romàntica Los artículos de Larra Artículos de costumbre: Sátira de las costumbres más pintorescas de la sociedad española Artículos políticos En busca del progreso y modernización social Crítica literaria Literatura debe servir para reflexionar sobre la naturaleza humana y la sociedad

25 Mariano José de Larra Artículos de costumbre La vida de Madrid Muchas cosas me admiran en este mundo: esto prueba que mi alma debe pertenecer a la clase vulgar, al justo medio de las almas; sólo a las muy superiores, o a las muy estúpidas, les es dado no admirarse de nada. Para aquéllas no hay cosa que valga algo; para éstas, no hay cosa que valga nada. Colocada la mía a igual distancia de las unas y de las otras, confieso que vivo todo de admiración, y estoy tanto más distante de ellas cuanto menos concibo que se pueda vivir sin admirar. Cuando en un día de esos en que un insomnio prolongado o un contratiempo de la víspera preparan al hombre a la meditación, me paro a considerar el destino del mundo; cuando me veo rodando dentro de él con mis semejantes por los espacios imaginarios, sin que sepa nadie para qué, ni adónde; cuando veo nacer a todos para morir, y morir sólo por haber nacido; cuando veo la verdad igualmente distante de todos los puntos del orbe donde se la anda buscando, y la felicidad siempre en casa del vecino a juicio de cada uno; cuando reflexiono que no se le ve el fin a este cuadro halagüeño, que según todas las probabilidades tampoco tuvo principio; cuando pregunto a todos y me responde cada cual quejándose de su suerte; cuando contemplo que la vida es un amasijo de contradicciones, de llanto, de enfermedades, de errores, de culpas y de arrepentimientos, me admiro de varias cosas. Primera, del gran poder del Ser Supremo, que, haciendo marchar el mundo de un modo dado, ha podido hacer que todos tengan deseos diferentes y encontrados, que no suceda más que una sola cosa a la vez, y que todos queden descontentos. Segunda, de su gran sabiduría en hacer corta la vida. Y tercera, en fin, y de ésta me asombro más que de las otras todavía, de ese apego que todos tienen, sin embargo, a esta vida tan mala. Esto último bastaría a confundir a un ateo, si un ateo, al serlo, no diese ya claras muestras de no tener su cerebro organizado para el convencimiento; porque sólo un Dios y un Dios Todopoderoso podía hacer amar una cosa como la vida.

26 Mariano José de Larra Artículos de política Un reo de muerte Llegada la hora fatal entonan todos los presos de la cárcel, compañeros de destino del sentenciado, y sus sucesores acaso, una salve en un compás monótono, y que contrasta singularmente con las jácaras y coplas populares, inmorales e irreligiosas, que momentos antes componían, juntamente con las preces de la religión, el ruido de los patios y calabozos del espantoso edificio. El que hoy canta esa salve se la oirá cantar mañana. Enseguida, la cofradía vulgarmente dicha de la Paz y Caridad recibe al reo, que, vestido de una túnica y un bonete amarillos, es trasladado atado de pies y manos sobre un animal, que sin duda por ser el más útil y paciente, es el más despreciado, y la marcha fúnebre comienza. Un pueblo entero obstruye ya las calles del tránsito. Las ventanas y balcones están coronados de espectadores sin fin, que se pisan, se apiñan, y se agrupan para devorar con la vista el último dolor del hombre. –¿Qué espera esta multitud? –diría un extranjero que desconociese las costumbres–. ¿Es un rey el que va a pasar; ese ser coronado, que es todo un espectáculo para un pueblo? ¿Es un día solemne? ¿Es una pública festividad? ¿Qué hacen ociosos esos artesanos? ¿Qué curiosea esta nación? Nada de eso. Ese pueblo de hombres va a ver morir a un hombre.

27 Mariano José de Larra Crítica literaria «Los amantes de Teruel», drama en cinco actos en prosa y verso, por don Juan Eugenio Hartzenbusch La historia de Isabel de Segura y de Diego Marsilla, legada por la tradición a la posteridad y consignada en el poema y en los apuntes del escribano Yagüe, es popular, trivial casi en nuestro país; a más de una persona hemos oído deducir de esa trivialidad la imposibilidad de hacer con ella un buen drama. Tiempo es de alegar razones que rebatan esta opinión, puesto que nosotros no participamos de ella. El ingenio no consiste en decir cosas nuevas, maravillosas y nunca oídas, sino en eternizar, en formular las verdades más sabidas; que dos amantes se amen y muera uno por otro es efectivamente idea tan poco nueva, que apenas hay comedia, anécdota o cuento cuya intriga no gire sobre la exageración o los excesos del amor; pero el ingenio no está en el asunto sino en el autor que le trata; si en el asunto pudiera estar, la comedia de Montalbán que trata la misma tradición hubiera sido buena, o mala la de Hartzenbusch. Aquélla es sin embargo una pobre trama salpicada de trivialidades y lugares comunes, y ésta es un destello de pasión y sentimiento. ¿Qué es don Juan Tenorio sino un disipado, seductor de mujeres, como mil se han presentado en el teatro antes y después de El convidado de piedra? Sin embargo, ¿por qué han quedado todos enterrados en la oscuridad con sus autores y sólo El convidado de piedra se ha hecho europeo, universal? ¿Qué es un celoso, sino un ser común de que hay una muestra en cada intriga amorosa, y que cien poetas han pintado? ¿Por qué Otelo solo, por qué sólo el celoso de Shakespeare ha traspasado su época y su teatro? ¿Qué es el Faust de Goethe sino una idea al alcance de todo el mundo desenvuelta por un ingenio superior? ¿Qué es un loco y una manía para asombrar al mundo? Llenos están de ellos los hospitales y las novelas. ¿Por qué Cervantes sólo hace llegar el suyo a la posteridad? ¿Qué dice Molière cuando el Bourgeois gentilhomme cae en la cuenta de que toda su vida ha hablado prosa sin saberlo más que una simpleza, que parece estar al alcance de todo el que la oye y que nadie sin embargo ha dicho sino él? ¿Quién ignora que los goces acaban la vida, y que cada deseo realizado se lleva una porción de nuestra existencia? ¿Ha sido sin embargo lo sabido de la idea un obstáculo para que Balzac se haya coronado de gloria con La peau de chagrin?

28 Las leyendas de Bécquer La ajorca de oro Al fin abrió los ojos, tendió una mirada, y un grito agudo se escapó de sus labios. La catedral estaba llena de estatuas, estatuas que, vestidas con luengos y no vistos ropajes, habían descendido de sus huecos y ocupaban todo el ámbito de la iglesia, y le miraban con sus ojos sin pupila. Santos, monjas, ángeles, demonios, guerreros, damas, pajes, cenobitas y villanos se rodeaban y confundían en las naves y en el altar. A sus pies oficiaban, en presencia de los reyes, de hinojos sobre sus tumbas, los arzobispos de mármol que él había visto otras veces inmóviles sobre sus lechos mortuorios, mientras que arrastrándose por las losas, trepando por los machones, acurrucados en los doseles, suspendidos de las bóvedas, pululaban, como los gusanos de un inmenso cadáver, todo un mundo de reptiles y alimañas de granito, quiméricos, deformes, horrorosos. Ya no puedo resistir más. Las sienes le latieron con una violencia espantosa; una nube de sangre oscureció sus pupilas; arrojó un segundo grito, un grito desgarrador y sobrehumano, y cayó desvanecido sobre el ara. Cuando al otro día los dependientes de la iglesia le encontraron al pie del altar, tenía aún la ajorca de oro entre sus manos, y al verlos aproximarse, exclamó con una estridente carcajada: -¡Suya, suya! El infeliz estaba loco.


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