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Nació en la ciudad de San Miguel el 12 de agosto de 1857, día que la Iglesia celebra la memoria de Santa Clara. Recibió el sacramento del bautismo el.

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2 Nació en la ciudad de San Miguel el 12 de agosto de 1857, día que la Iglesia celebra la memoria de Santa Clara. Recibió el sacramento del bautismo el 31 de octubre de 1857, con el nombre de: Clara del Carmen Quirós López Su infancia transcurre en la capital, Clarita, como es llamada por sus familiares estudia sus primeras lecciones, convirtiéndose por su dedicación y empeño en alumna sobresaliente.

3 La primera comunión fue uno de sus días más felices, de su existencia, pues se había preparado con esmero; allí le nació en su corazón ese amor intenso por Jesús, amor que le caracterizó toda su vida. En sus juegos infantiles, con nueve años de edad y con una alegría en sus ojos que denotaban una fuerte convicción, comenta a su amiga Lupita, su deseo que su tío la lleve a Ciudad de Guatemala y convertirse en monja de las Ursulinas.

4 El día de su primera comunión Clarita del Carmen, sintió que había adquirido un compromiso mayor con Jesús y se hizo dos propósitos: Nunca faltar a misa dominical y en las fiestas de precepto y, si fuera posible asistir diariamente al Santo Sacrificio del Altar. Comulgar con frecuencia, para estar siempre cerca del Señor. A partir de ese día inolvidable a Clara del Carmen le gustaba mucho hacer oración a los pies de Jesús Sacramentado.

5 Su deseo de ser religiosa siguió latente, solamente fue interrumpido por la boda que contrajo para obedecer a su madre, más en su interior se forjaba la llama de ser servidora de Dios, llama que no se apagó, ese lapso solamente fue el viento que la hizo una flama más grande. Con el correr del tiempo, habiendo sorteado muchas dificultades, su corazón le pedía cada día más acercarse al Señor, así se hizo miembro de algunas asociaciones de fieles de la Parroquia Inmaculada Concepción de la ciudad de Santa Tecla.

6 Su compromiso con Jesús y la Hermandad del Carmen, se vuelve mayor cuando es nombrada como secretaria, además de buscar nuevos miembros para la misma, y cumplir con las obligaciones que señalaba la Regla para la Orden Tercera de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Doña Clara del Carmen esta decidida, a ser radical en su llamado divino a vivir como Terciaria Carmelitana, porque se siente una Carmelita de corazón.

7 En doña Clara Quirós cada vez era más profundo el deseo de ser toda para Dios y la Santísima Virgen María. El 23 de julio de 1887 recibe el hábito del Carmen con emoción e inicia el período de prueba llamado noviciado. La formación que recibe es eminentemente espiritual, de modo especial, centrada en la enseñanza de la oración de contemplación. En el noviciado es aventajada y avanza rápidamente en el camino de la perfección, camino que siempre trazó en su mente desde que era infante. El 6 de julio de 1888 se consagra a Dios por medio de los votos de castidad y obediencia, así mismo se compromete a defender con su vida el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

8 El tiempo que le dejaban libre sus ocupaciones como madre de familia y secretaria de la Hermandad del Carmen, lo empleaba santamente en consolar a los enfermos, a los matrimonios en dificultades y a los pobres vergonzantes, su vocación siempre fue servir a sus prójimos. Solía visitar a las familias más pobres en sus humildes viviendas, ubicadas en los alrededores de la ciudad, para llevarles alimentos y hablarles del amor misericordioso de Dios. Para ellos, Hermana Clara, era una verdadera madre y una sonrisa de Dios.

9 Los inicios de la Congregación actual, data de un pequeño Boletín editado en 1903, titulado El Carmelo por el P. López Peña, aparecía la primera noticia sobre edificar una pequeña casa junto a la Iglesia del Carmen, para iniciar en ella el proyecto de una Comunidad de Terciaria Carmelitas. El alma de aquel sueño era Hermana Clara Quirós. Cuando el año 1907 esta por finalizar, anteponiéndose a grandes contrariedades, las Terciarias Carmelitanas van construyendo la casa junto a la Iglesia del Carmen, Hermana Clara es la impulsora de la empresa, pues sus deseos fervientes son vivir sólo para Dios.

10 Por su liderazgo y espíritu tenaz, es elegida en 1911 como Priora de la Hermandad, y la casita que se ha ido levantando casi ladrillo a ladrillo, comienza a tomar forma con rapidez. Hermana Clara se ha ido convirtiendo en una persona muy comprometida con la Iglesia y notable por sus virtudes y espíritu cristiano, algunos pobladores vaticinan que será !Una Santa salvadoreña!. Todavía no terminaba el primer semestre de 1914, después de vencer muchos obstáculos y de incontables sacrificios, la casita quedó concluida, amueblada con modestia, sus habitantes todas eran mujeres de avanzada edad, la gestora Hermana Clara, contaba con 57 años, pero un corazón rebosante de juventud.

11 1915 se encontraba en sus inicios, el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Antonio Adolfo Pérez y Aguilar, mandó llamar a Hermana Clara, le apreciaba mucho y reconocía el temple de sus virtudes cristianas, sobre todo, la calidad extraordinaria de su obediencia. Hermana Clara, le dijo con toda la delicadeza que era capaz el Arzobispo, me da la casita para los Padres Jesuitas. Tras unos instantes de silencio, acaso de vacilación, por la pregunta inesperada, surgió el alma generosa y grande de la Sierva de Dios: Ilustrísima, para Dios mi casa, mi corazón y mi vida.

12 Días después, el Arzobispo desconcertado por el absoluto desprendimiento de la casa que tanto les había costado a las Terciarias Carmelitanas, le hizo pensar en recompensar de alguna manera a las piadosas mujeres. Un día luego de valorar aquella noble acción, se presentó con la Hermana Clara, le dijo pausadamente, deseo que usted y su Comunidad de Terciarias Carmelitanas, acepten el Convento de Belén para continuar llevando adelante su proyecto de vida fraterna, bajo el patrocinio de la Virgen del Carmen.

13 El edificio del antiguo Convento de Belén, donde funcionaba un hospicio, había sido seriamente dañado por fuerte temblor en 1915, lo que el Arzobispo ofrecía a la pequeña comunidad no era un lugar de reposo sino de trabajo. Belén debía ser reconstruido. Tomando el ofrecimiento como voluntad de Dios se entrega a ella con alegría. En Belén hay mucho por hacer, reparar los daños, y dedicarse a educar a las niñas que el Arzobispo le ha encomendado. En su escaso tiempo libre se dedicó a la oración y escribió el Reglamento para sus Carmelitas, que es un compendio de normas ascéticas, de convivencia, litúrgicas y urbanidad.

14 Sin ser reconocidas como una Comunidad de religiosas, Hermana Clara tuvo que luchar y sortear muchas contrariedades, entre ellas las de Monseñor Pérez y Aguilar, quien estaba convencido que la Comunidad de Belén era sólo un grupo de Carmelitas seglares que querían llevar vida en común. Más los primeros pasos ya se habían dado con la ceremonia de cambio de nombre realizada en Belén por autoridades eclesiásticas, la Hermana Clara del Carmen, escogió el nombre de CLARA MARIA DE JESUS, así como el resto de integrantes que llevarían el apelativo de Sor, excepto la Priora que sería MADRE CLARA MARIA DE JESUS, llamada cariñosamente MADRE CLARITA.

15 Con beneplácito se inauguró oficialmente el 14 de octubre de 1916 la Comunidad de Terciarias Carmelitanas. No había tiempo para el descanso, a pocos días de cumplir setenta años, pero con una fuerza de voluntad indescriptible, Madre Clara María de Jesús, viajó a Roma en 1925 en una peregrinación para exponerle y solicitarle sí le era posible en audiencia privada al Papa Pío XI, el reconocimiento para la Comunidad de Carmelitas de San José, siendo esta el motivo principal de su viaje. Por azares del destino, no pudo lograr su cometido, pero asumió con hidalguía el fracaso de sus gestiones vaticanas, una vez más pensaría que la Congregación era obra de Dios, nadie podría abatirla, pero si no lo era se disolvería por ella misma, como sal en el agua.

16 Hasta en sus últimos momentos estuvo buscando el reconocimiento para su Congregación, pero fue llamada a la casa del Padre como por un designio divino, el día de la Inmaculada Concepción. Era la tarde del 8 de diciembre de 1928, vestida con su hábito y sandalias nuevas, como presintiendo su inminente viaje, pidió que la llevaran al Santísimo Sacramento, estuvo abismada en la comtemplación, solicitó que se reunieran las Hermanas para hablarles un poquito. Hermosas y profundas eran las exhortaciones de Madre Clarita, Afirma una hermana que no se cansaban de escucharla, no deseaban que dejara de hablar

17 Pero su voz calló en la tierra para escucharse en el cielo, ante su cuerpo terrenal, miles de fieles comenzaron a desfilar, tocaban sus restos con rosarios u otros objetos religiosos para guardarlos como reliquia, con una frase en los labios que se repetía como eco por la ciudad de Santa Tecla: !Ha muerto una santa! Todavía se comenta que no se ha visto cosa igual en Santa Tecla, en único pesar iban miembros de todas las clases sociales, unidos por el amor y la admiración para la SIERVA DE DIOS CLARA MARIA DE JESÚS QUIRÓS LÓPEZ, conocida por todos como MADRE CLARITA.

18 El Arzobispo de San Salvador Monseñor José Alfonso Belloso y Sanchez, expreso al llegar a Belén lugar donde murió la religiosa: Que no se toque nada, la Madre era una santa, algún día subirá a los altares. Ahora nosotros queremos cambiar la frase del Arzobispo, ojalá que un día no muy lejano podamos decir con regocijo: Que no falte nada en su museo, la Madre Clarita es una santa y subió a los altares.

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26 Madre Clarita, tuvo otra gran pasión, la poesía, escribió varios poemas mientras disfrutaba del silencio de su celda. Fragmento del poema El Báculo. ¡Oh! ¡Mi amada cruz! ¡Eres tú mi altar! ¡Oh, sagradas reglas!, ¡Mi faro y mi luz! ¡Oh sagrados votos! Venidme a estrechar, Con triples cadenas, A mi Jesús más.

27 Su carácter fuerte para vencer obstáculos no le impedía tener un gran sentido del humor. Comentaba con gracia y alegría a las más jóvenes que en cierta ocasión: Un día caminaba por la calle de pronto se le cayó la capa del hábito, la cual recogió un humilde campesino, se la entregó diciendo: Oiga, asté niña Clarita, tenga la cobija que se le cayó.

28 Madre Clarita Tu corazón sintió el llamado del Señor a corta edad, soñaste de infante ser religiosa de las Ursulinas, con obediencia acataste las decisiones divinas, fuiste esposa y madre, siempre con bondad. Vicisitudes de la vida no empañaron tu nobleza, tu sustento espiritual aferrado a la Oración, ser buena cristiana, siempre fue tu gran pasión, por la que trabajaste sin descanso y firmeza. Tu legado sigue vivo, grande es tu Congregación, recuerdos latentes, cuando partiste para el cielo, con tus últimas palabras, llenas de exhortación. Así como tú luchaste, contra muchos avatares, nada nos detendrá, en nuestro grande anhelo, contemplarte un día como Santa en los altares. Iñaki Karanka


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