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El quinto Mandamiento de la ley de Dios es No matarás, y ordena no hacer daño ni a la propia vida, ni a la de demás, ni con palabras, ni obras o deseos.

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3 El quinto Mandamiento de la ley de Dios es No matarás, y ordena no hacer daño ni a la propia vida, ni a la de demás, ni con palabras, ni obras o deseos (=odio). Dios quiere que amemos al prójimo y perdonemos a nuestros enemigos. Desear la muerte propia o ajena es pecado grave; el Magisterio de la Iglesia nos enseña que quien sienta cólera (=deseo de venganza) para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito, pero es loable imponer una reparación para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia. Y si la cólera llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o herirlo gravemente, es considerado pecado mortal pues es una falta grave contra la caridad.

4 Nuestro Señor dice: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal, (Mt. 5, 22); (Nuevo CATIC, n° 2302). Sentir odio voluntario es contrario a la caridad. Es pecado grave cuando se le desea un mal grave a alguien. Recordemos las palabras de Jesucristo:...Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial..., (Mt.5, 44-45); (Nuevo CATIC, n° 2303). Dijo Alex Rosal, (Diario La Razón del 9-V-2001, pg. 42) : Para ser feliz hay que tener el corazón en paz. El que odia no vive feliz. El odio hace daño al que odia. Ese rencor lo destruye por dentro. El mandato divino No matarás significa que nadie puede matar sin motivo y sin razón (excepto: en defensa propia).

5 Peca gravemente contra el Quinto Mandamiento quien se emborracha hasta perder el uso de la razón. Lo mismo que no podemos privarnos de la vida, tampoco podemos privarnos de la razón. Sería matar la personalidad, y esto no puede hacerse sin causa justificada, como sería anestesiar antes de una operación quirúrgica. Cuando la borrachera no es completa, es decir, cuando no pasa de un «ponerse alegre», no es pecado grave. Por eso hay que saber beber con moderación y cortar a tiempo. El beber con exceso no sólo ofende a Dios, sino que es también malo para la salud.

6 El alcohol debilita la voluntad, destroza el sistema nervioso, lesiona el hígado y el cerebro, envenena la sangre, y dispone al organismo para multitud de enfermedades: tuberculosis, pulmonía, tifus, reuma, diabetes, etc. Por otra parte, es muy difícil que quien se da a la bebida lleve una vida moral, pues el alcohol atiza la lujuria. Sobre las drogas: «El uso de las drogas, excepto por razones terapéuticas, es falta grave».

7 El síndrome de abstinencia,«el mono», lleva a reacciones impensables a fin de conseguir la droga. El mono es algo que crece y crece, que no se detiene, que obliga a quien lo sufre a cometer cualquier locura con tal de acabar con ese infierno, que enloquece al adicto y lo convierte en un ser radicalmente distinto, un ser al que no le importa nada ni nadie, al que no le preocupa otra cosa que conseguir más droga y «matar el mono». Dice el Dr. Monegal: «El porro envenena gravemente. A veces, después, es muy difícil la desintoxicación. Los que piden la despenalización del porro, porque consideran a la marihuana inofensiva, tienen un absoluto desconocimiento científico de sus consecuencias biológicas y psíquicas.

8 A veces, se producen daños irreparables, sobre todo en el desarrollo de los adolescentes. La dependencia, es decir, la esclavitud de la droga, puede producirse con la primera dosis: depende de las personas». «Se ha descrito una serie de trastornos y estados psíquicos, relacionadas con el uso de la marihuana». El drogadicto siempre es un enfermo. La droga modifica el psiquismo. Las drogas producen alteraciones psíquicas irreversibles aunque se cure la tendencia.

9 El drogadicto pierde interés por todo lo que no sea la droga: ni familia, ni trabajo, ni sociedad, ni nada. Poco a poco se desmorona su personalidad y termina convirtiéndose en una piltrafa humana. Peca, además, contra este mandamiento el que escandaliza a otro, es decir, le enseña, le invita o le provoca a pecar; ya sea con palabras, con su ejemplo, o haciéndole cómplice de los propios pecados.

10 El escándalo es un pecado gravísimo, porque hace perder al prójimo la vida de la gracia, que es mucho más preciosa que la vida del cuerpo. El que escandaliza es un asesino de almas. Se hacen culpables de escándalo los que manipulando la opinión pública la desvían de los valores morales. Son pecado grave contra el Quinto Mandamiento: el suicidio, el aborto provocado, el asesinato, el odio a muerte, las drogas, la borrachera hasta perder el uso de la razón, y el ser para otros ocasión de que cometan un pecado grave.


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