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Lucas 22, 14 – 23, 56 – Domingo de Ramos de la Pasión de Jesús –C- / 28 marzo 2010. Autora: Asun Gutiérrez. Música: Bach. Pasión según san Mateo. De manera.

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2 Lucas 22, 14 – 23, 56 – Domingo de Ramos de la Pasión de Jesús –C- / 28 marzo Autora: Asun Gutiérrez. Música: Bach. Pasión según san Mateo. De manera germinal, Jesús está diseñando en su despedida las líneas maestras de su movimiento de seguidores: una comunidad alimentada por él mismo y dedicada totalmente a abrir caminos al reino de Dios, en una actitud de servicio humilde y fraterno, con la esperanza puesta en el reencuentro de la fiesta final. José Antonio Pagola. Jesús: aproximación histórica

3 Llegada la hora, Jesús se puso a la mesa con sus discípulos Y les dijo: «¡Cuánto he deseado celebrar esta pascua con vosotros, antes de morir!. Porque os digo que ya no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el reino de Dios.» Tomó entonces una copa, dio gracias y dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros, pues os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios. » Después tomó pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: -«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.» Y después de la cena, hizo lo mismo con la copa diciendo: «Esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.» «Pero mirad, la mano del que me entrega está junto a mí en esta mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo dispuesto por Dios; pero ¡ ay del hombre que va a entregarlo! » Entonces ellos se pusieron a preguntarse unos a otros quién de ellos era el que iba a hacer aquello. Jesús considera su sangre como sustituto de la sangre de los sacrificios que se ofrecían en el templo. Convierte el pan y el vino en figura de su cuerpo y de su sangre, su vida entera. Jesús celebra una cena como anticipo del alegre banquete que nos ha de reunir a en el reino de Dios. El mensaje de Jesús es que sigamos recordándole en el signo del pan y del vino, el vínculo de amor mutuo, expresado en el servicio a demás.

4 Tambi é n se produjo entre ellos una discusi ó n sobre qui é n deb í a ser considerado el m á s importante. Jes ú s les dijo: - « Los reyes de las naciones ejercen su dominio sobre ellas, y los que tienen autoridad reciben el nombre de bienhechores. Pero vosotros no deb é is proceder de esta manera. Entre vosotros, el m á s importante ha de ser como el menor, y el que manda como el que sirve. ¿ Qui é n es m á s importante, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿ No es el que se sienta a la mesa? Pues bien, yo estoy entre vosotros como el que sirve. Vosotros sois los que hab é is perseverado conmigo en mis pruebas. Y yo os hago entrega de la dignidad real que mi Padre me entreg ó a m í, para que com á is y beb á is a mi mesa cuando yo reine, y os sent é is en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. » La salvación del mundo no vendrá por la fuerza ni por el poder sino por el servicio. El amor es la única arma de Dios. Esperanza, servicio, solidaridad, comunión... son las actitudes que expresan el sentido que Jesús dio a su vida y a su muerte. Jesús vivió al servicio de demás y se encamina a la muerte en actitud de servicio. No es la muerte la que salva, sino el amor capaz de morir.

5 « Sim ó n, Sim ó n, mira que Satan á s os ha reclamado para zarandearos como al trigo. Pero yo he rogado por ti, para que tu fe no decaiga; y t ú, una vez convertido, confirma a tus hermanos. » Pedro le dijo: - « Se ñ or, estoy dispuesto a ir contigo a la c á rcel y hasta la muerte. » Pero Jes ú s le contest ó : « Te aseguro, Pedro, que hoy mismo, antes de que cante el gallo, habr á s negado tres veces que me conoces. » A continuaci ó n les dijo: « Cuando os envi é sin bolsa, sin alforja y ni sandalias, ¿ os falt ó algo? » Ellos contestaron: « Nada. » Jes ú s a ñ adi ó : « Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome, y lo mismo el que tenga alforja; y el que no tenga espada, que venda su manto y se la compre. Porque os digo que debe cumplirse en m í lo que est á escrito: "Lo contado entre los malhechores." Porque cuanto a m í se refiere toca a su fin. » Ellos le dijeron: - « Se ñ or, aqu í hay dos espadas. » Jes ú s dijo: - «¡ Es suficiente!. » Con Él caminamos y Él nos capacita para cambiar nuestro corazón y amar con su mismo amor, para ser fermento de un mundo nuevo. Nos invita a anunciar que, para Dios, lo valioso es la alegría y la vida, sobro todo la alegría y la vida de las personas más necesitadas.

6 Despu é s sali ó y fue, como de costumbre, al monte de los Olivos. Sus disc í pulos lo siguieron. Al llegar all í, les dijo: « Orad para que pod á is hacer frente a la prueba. » Se alej ó de ellos como un tiro de piedra, se arrodill ó y estuvo orando as í : « Padre, si quieres aleja de m í esta copa de amargura; pero no se haga mi voluntad sino la tuya. Entonces se le apareci ó un á ngel del cielo, que lo estuvo confortando. Preso de la angustia, oraba m á s intensamente, y le entr ó un sudor que chorreaba hasta el suelo, como si fueran gotas de sangre. Despu é s de orar, se levant ó y se fue adonde estaban sus disc í pulos. Los encontr ó dormidos, pues estaban rendidos por la tristeza. Entonces les dijo: «¿ C ó mo es que est á is durmiendo? Levantaos y orad, para que pod á is hacer frente a la prueba. » Jesús necesita ser animado y consolado, quiere que no le dejemos solo. Para Él, como para es fundamental la oración en todas las circunstancias. Desierto quedó este Señor de toda consolación; solo le dejaron en los trabajos, no le dejemos nosotras –sta.Teresa-

7 A ú n estaba Jes ú s hablando, cuando apareci ó un tropel, encabezado por uno de los doce, llamado Judas, que se acerc ó a Jes ú s para besarlo. Jes ú s le dijo: - « Judas, ¿ con un beso entregas al Hijo del hombre? » Viendo los suyos lo que se avecinaba, le dijeron: - « Se ñ or, ¿ sacamos la espada? » Y uno de ellos atac ó al criado del sumo sacerdote y le cort ó la oreja derecha. Pero Jes ú s dijo: «¡ Dejadlos!. » Y, tocando la oreja, lo cur ó. Y a los que ven í an contra é l : jefes de los sumos sacerdotes, autoridades templo y ancianos, les dijo: « Hab é is venido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un ladr ó n. Todos los d í as estaba con vosotros en el templo, y no me pusisteis las manos encima; pero é sta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas. » Jesús cura la herida del criado. Se olvida de sí mismo para aliviar el dolor del enemigo. Las espadas no salvan... Jesús cura todas nuestras violencias. Los evangelios subrayan la responsabilidad histórica de Judas, no su culpa jurídica, y menos su condena eterna. Los seguidores y las seguidoras de Jesús creemos que la historia (la de Judas, la de Pedro el traidor, la de los discípulos que huyen, y la de que no somos mejores que ellos) está en manos de Dios y, a pesar de todo, Dios la va haciendo historia de salvación.

8 Despu é s de prenderlo, lo llevaron hasta la casa del sumo sacerdote. Pedro lo segu í a de lejos. Hab í an encendieron fuego en medio del patio, y Pedro se sent ó entre los que estaban alrededor de la lumbre. Una sirvienta lo vio sentado junto al fuego, lo mir ó fijamente y dijo: - « Tambi é n é ste andaba con é l. » Pedro lo neg ó, diciendo: - « No lo conozco, mujer. » Poco despu é s otro, al verlo, dijo: - « T ú tambi é n eres uno de ellos. » Pedro dijo: - « No lo soy. » Transcurri ó como una hora, y otro afirm ó rotundamente: - « Es verdad, é ste andaba con é l, porque es galileo. » Entonces Pedro dijo: - « No s é de qu é me hablas. » E inmediatamente, mientras estaba hablando, cant ó un gallo. Entonces el Se ñ or se volvi ó y mir ó a Pedro. Pedro se acord ó de que el Se ñ or le hab í a dicho: « Hoy mismo, antes que el gallo cante, me habr á s negado tres veces. » y, saliendo afuera, llor ó amargamente. ¿Qué le diría Jesús a Pedro con su mirada? Jesús con su actitud nos enseña a perdonar a quien nos insulte, nos niegue u olvide, nos traicione, nos hiera... Que nuestro corazón sea generoso, capaz de perdonar siempre, excusar, comprender... Como Jesús.

9 Los que custodiaban a Jes ú s se burlaban de é l y lo golpeaban. Le hab í an tapado los ojos y le preguntaban: - «¡ Adivina qui é n te ha pegado! » Y le dec í an muchas injurias. Cuando se hizo de d í a, los ancianos del pueblo, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley se reunieron, lo llevaron al sanedr í n y dijeron: - « Si t ú eres el Mes í as, d í noslo. » Jes ú s les dijo: - « Si os lo digo, no me vais a creer; y si os hago preguntas, no me vais a contestar. Pero desde ahora el Hijo del hombre estar á sentado a la derecha de Dios todopoderoso. » Entonces todos le preguntaron: - « Luego, ¿ eres t ú el Hijo de Dios? » Jes ú s les respondi ó : - « Vosotros lo dec í s, yo soy. » Ellos dijeron: - «¿ Qu é necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos o í do de su boca. » Entonces se levantaron todos, llevaron a Jes ú s ante Pilato y se pusieron a acusarlo diciendo: - « Hemos encontrado a é ste alborotando a nuestra naci ó n, impidiendo pagar tributos al c é sar y diciendo que é l es el Mes í as, el Rey. » Los enemigos de Jesús llevan tiempo al acecho. No tienen argumentos contra la franqueza, la forma de vida, la libertad de Jesús y recurren a la fuerza. Quieren cubrir de legalidad la decisión de matarlo tomada previamente.

10 Pilato le pregunt ó : - «¿ Eres t ú el rey de los jud í os? » Jes ú s le contest ó : - « T ú lo dices. » Pilato dijo a los jefes de los sacerdotes y a la plebe: - « No encuentro culpa alguna en este hombre. » Pero ellos insist í an con m á s fuerza: - « Va soliviantando al pueblo con su predicaci ó n por toda Judea, desde Galilea, donde empez ó, hasta aqu í. » Pilato le pregunt ó : - «¿ Eres t ú el rey de los jud í os? » Jes ú s le contest ó : - « T ú lo dices. » Pilato dijo a los jefes de los sacerdotes y a la plebe: - « No encuentro culpa alguna en este hombre. » Pero ellos insist í an con m á s fuerza: - « Va soliviantando al pueblo con su predicaci ó n por toda Judea, desde Galilea, donde empez ó, hasta aqu í. » Jesús no viene a predicar verdades generales, religiosas o morales sino a proclamar la llegada del Reino y la Buena Noticia del Evangelio. Jesús es plenamente rechazado: es escándalo para los dirigentes religiosos, necedad para el poder político, decepción para la mayor parte del pueblo y desconcierto para los discípulos. Jesús habla continuamente de Reino, palabra que provoca miedo y pone alerta a las autoridades. Sucede con frecuencia que cuanto más poder se cree tener, más miedo se tiene.

11 Al o í r esto, Pilato pregunt ó si Jes ú s era galileo. Y al cerciorarse de que era de la jurisdicci ó n de Herodes, se lo envi ó aprovechando que tambi é n estaba en Jerusal é n por aquellos d í as. Herodes se alegr ó mucho de ver a Jes ú s, porque hac í a bastante tiempo deseaba conocerlo, ya que hab í a o í do hablar mucho de é l y esperaba verle hacer alg ú n milagro. Le hizo muchas preguntas, pero Jes ú s no le respondi ó absolutamente nada. Estaban tambi é n all í los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley acus á ndolo con vehemencia. Herodes, secundado por sus soldados, lo despreci ó, se ri ó de é l, le puso un vestido de color llamativo y se lo devolvi ó a Pilato. Aquel d í a, Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes hab í an estado enemistados. Jesús no quiere establecer el Reino contemporizando con los tiranos. Impresiona su silencio lleno de dignidad y elocuencia. Contrasta con la vana palabrería de Herodes y con las acusaciones de los sacerdotes y escribas. Nos enseña a ser libres, a practicar y valorar el silencio, a saber cuándo debemos hablar y cuándo callar, a confiar solamente en Dios.

12 Pilato convoc ó a los jefes de los sacerdotes, a los dirigentes y al pueblo, y les dijo: - « Me hab é is tra í do a este hombre acus á ndolo de alborotar al pueblo; lo he interrogado delante de vosotros y no lo he encontrado culpable de ninguna de las acusaciones que le hac é is; y tampoco Herodes, pues ha vuelto a mandarlo aqu í. Es evidente que no ha hecho nada que merezca la muerte. Por tanto, despu é s de castigarlo, lo soltar é. » Entonces empezaron a gritar todos a una: - «¡ Mata a é ste y su é ltanos a Barrab á s. » El tal Barrab á s estaba en la c á rcel por haber tomado parte en una sedici ó n ocurrida en la ciudad y por un homicidio. De nuevo Pilato intent ó convencerles de que deb í a soltar a Jes ú s. Pero ellos gritaron : - «¡ Crucif í calo, crucif í calo! » Por tercera vez les dijo: - « Pues, ¿ qu é mal ha hecho é ste? No he encontrado nada en é l que merezca la muerte. Por tanto, despu é s de castigarlo, lo soltar é. » Pero ellos insist í an a grandes voces, pidiendo que lo crucificara, y sus gritos se hac í an cada vez m á s violentos. Entonces Pilato decidi ó que se hiciera como ped í an. Solt ó al que hab í an encarcelado por sedici ó n y homicidio, es decir, al que hab í an pedido, y les entreg ó a Jes ú s para que hicieran con é l lo que quisieran. Es fácil congregar y manipular a la multitud. En un momento se puede hacer que grite hosanna, y en otro crucifícalo... Jesús se presenta siempre como alternativa de alguien o de algo. Cuando no se tiene el valor de optar sólo por él, haciendo callar otros ruidos, se actúa de la misma manera que Pilato. Se le abandona. Se le condena. ¿Aclamo y acojo a Jesús en un momento y en otro lo rechazo?...

13 Cuando se lo llevaron para crucificarlo, echaron mano de un tal Sim ó n de Cirene, que ven í a del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detr á s de Jes ú s. Lo segu í a una gran multitud del pueblo y de mujeres que se daban golpeaban el pecho y se lamentaban por é l. Jes ú s se volvi ó hacia ellas y les dijo: - « Mujeres de Jerusal é n, no llor é is por m í ; llorad m á s bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque vendr á n d í as en que se dir á : "Dichosas las est é riles, los vientres que no engendraron y los pechos que no amamantaron. " Entonces se pondr á a decir a las monta ñ as: "Caed sobre nosotras", y a las colinas: " ¡ Aplastadnos!". Porque si esto hacen con el le ñ o verde, ¿ qu é har á n con el seco? » Llevaban tambi é n con é l a dos otros malhechores para ejecutarlos. Simón es modelo de discípulo. Bonita tarea dedicarse a aliviar las cruces, a hacer más llevadera la vida de las personas que encontramos en el camino. La semana santa es un buen momento de conversión, tiempo para una mayor coherencia del Evangelio en nuestras vidas. Para escoger a Jesús y no a Barrabás; para ser solidarios como Simón; valientes y como las mujeres de Jerusalén.

14 Cuando llegaron al lugar llamado « La Calavera », crucificaron all í a Jes ú s y tambi é n a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jes ú s dec í a: - « Padre, perd ó nalos, porque no saben lo que hacen. » Despu é s se repartieron sus vestiduras ech á ndolas a suertes. El pueblo estaba all í mirando. Las autoridades, por su parte, se burlaban de Jes ú s y comentaban: - « A otros ha salvado, ¡ que se salve a s í mismo, si é l es el Mes í as de Dios, el Elegido!. » Tambi é n los soldados le escarnec í an. Se acercaban a é l para darle vinagre y dec í an: - « Si eres t ú el rey de los jud í os, s á lvate a ti mismo. » Hab í an puesto sobre su cabeza una inscripci ó n, que dec í a: «É ste es el rey de los jud í os. » Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: - «¿ No eres t ú el Mes í as? S á lvate a ti mismo y a nosotros. » Pero el otro intervino para reprenderlo, diciendo: - «¿ Ni siquiera temes a Dios t ú, que est á s en el mismo suplicio? Lo nuestro es justo, pues estamos recibiendo lo que merecen nuestros actos, pero é ste no ha hecho nada malo. » Y a ñ adi ó : « Jes ú s, acu é rdate de m í cuando vengas como rey. » Jes ú s le dijo: « Te lo aseguro que hoy estar á s conmigo en el para í so. » Perdona a sus verdugos. Para el buen ladrón el perdón con una gran promesa. Jesús es maestro del perdón. Sin duda, también al mal ladrón le ablandará el corazón, para que le diga: Jesús, acuérdate de mí... Al final no habrá separación entre y Es lo que dice Lucas poniendo en boca de Jesús esas maravillosas palabras: Padre, perdónalos... Es el perdón, no el castigo, lo que nos salva y nos hace

15 Hac í a el mediod í a las tinieblas cubrieron toda la regi ó n hasta la media tarde. El sol se oscureci ó, y el velo del templo se rasg ó por medio. entonces Jes ú s lanz ó un grito y dijo: - « Padre, a tus manos encomiendo mi esp í ritu. Y, dicho esto, expir ó. El centuri ó n, viendo lo sucedido, alababa a Dios, diciendo: - « Verdaderamente este hombre era justo. » Y toda la gente que hab í a acudido al espect á culo, al ver lo sucedido, volv í a golpe á ndose el pecho. Todos los que conoc í an a Jes ú s, y tambi é n las mujeres que lo hab í an seguido desde Galilea, estaban all í presenciando todo desde lejos. Dolor y esperanza. Comunión con los sufrimientos humanos y esperanza en el Dios de la vida. En el momento de la muerte, un grito de confianza absoluta. Padre, a ti voy. En ti me abandono. En ti quiero descansar.

16 Había un hombre llamado José, que era bueno y justo. Era miembro del sanedrín, pero no había dado su consentimiento a la actuación de los judíos. Era natural de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el reino de Dios. Este José se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido sepultado todavía. Era el día de la preparación de la pascua y estaba comenzando el sábado. Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, lo iban observando todo de cerca y se fijaron en el sepulcro y en el modo en que habían colocado el cadáver. Después volvieron y prepararon aromas y ungüento. Y el sábado descansaron, según el precepto. La pasión de Jesús no se termina y su Resurrección se renueva permanentemente. Comulguemos con en su pasión y su resurrección, mostrando cercanía, unión y compromiso liberador, combatiendo las causas del sufrimiento. ¿Qué hago ante la personas crucificadas? ¿Qué hago ante sus cruces? ¿Qué voy a hacer para bajarlas de la cruz? Sepulcro de José de Arimatea

17 Éste es el tiempo de la historia, de la historia dura y pura; de la pasión de Dios desbordada y de las realidades humanas. Es tiempo de muerte y vida, de salvación a manos llenas; del nosotros compartido, del todos o ninguno, y del silencio respetuoso y contemplativo. Tiempo de amor, tiempo de clamor; tiempo concentrado, tiempo para sorberlo hasta la última gota. Tiempo de la Nueva Alianza y fidelidad por encima de lo que sabemos, queremos y podemos. Tiempo en el que Dios nos toma la delantera y nos ofrece la vida a manos llenas. Es el tiempo de quienes han perdido, de quienes han sufrido o malvivido. Es el tiempo de la memoria subversiva, de Dios haciendo justicia y dándonos Vida. Ulibarri Fl.


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