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Al comienzo de la Cuaresma se nos hablaba de tres prácticas que nos pueden unir más con Dios: El ayuno La Limosna y la oración.

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Presentación del tema: "Al comienzo de la Cuaresma se nos hablaba de tres prácticas que nos pueden unir más con Dios: El ayuno La Limosna y la oración."— Transcripción de la presentación:

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3 Al comienzo de la Cuaresma se nos hablaba de tres prácticas que nos pueden unir más con Dios: El ayuno La Limosna y la oración

4 Hoy reflexionamos sobre algún aspecto importante de la ORACIÓN. Es esencial nuestra relación afectiva con Dios.

5 Debemos hablar con Dios, nuestro Padre. Llena toda la inmensidad del cielo, pero viene a nosotros, porque nos ama, y quiere perdonar nuestros pecados.

6 Debemos hablar con Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo como nosotros y por nosotros. Nos espera en la Eucaristía.

7 Debemos hablar con el Espíritu Santo, Dios que vive dentro del alma para iluminarnos y fortalecernos en la fe.

8 ¿Dónde podemos hablar con Dios? Jesús nos enseña que Dios está en todas las partes y en cualquier lugar podemos encontrar a Dios.

9 Pero hay lugares especiales que favorecen a la oración. El primer domingo de Cuaresma hablábamos del desierto donde Jesús se retiró para prepararse con la oración para enseñarnos a encontrarnos con Dios.

10 El domingo pasado, segundo de Cuaresma, hablábamos de la montaña. Desde lo alto del monte se imaginaban los israelitas que estaban más cerca de Dios.

11 Hoy se nos habla del templo. Es el lugar propio para la oración en común.

12 Por eso sintió tanto Jesús al ver que el templo se había convertido en un mercado. Y viendo que los respon- sables se aprove- chaban para hacerse ricos.

13 Jesús arroja a los mercaderes del templo. Está tomado del evangelio de san Juan. Jn 2, Dice así:

14 Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

15 Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas,

16 y a los cambistas sentados;

17 y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes;

18 y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas;

19 Y a los que vendían palomas les dijo: Quitad esto de aquí; no convir- táis en un mercado la casa de mi Padre.

20 Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo de tu casa me devora

21 Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: ¿Qué signos nos muestras para obrar así?

22 Jesús contestó: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

23 Los judíos replicaron: Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?

24 Pero hablaba del templo de su cuerpo.

25 Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

26 Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía;

27 Pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre. Palabra del Señor

28 En realidad para muchos israelitas era una ventaja poder comprar en el mismo templo los animales para ser ofrecidos como víctimas. Los animales más frecuentemente ofrecidos eran ovejas y palomas.

29 Jesús nos enseña que la verdadera ofrenda para Dios debemos ser nosotros mismos. Dios quiere la ofrenda del corazón.

30 Jesús nos enseña grandes verdades. Para ello hoy realiza un gesto profético. Así actuaban los profetas para enseñar al pueblo duro de corazón.

31 El verdadero templo de Dios es Jesús. Su cuerpo está entre nosotros, en la Eucaristía.

32 San Pablo nos dice que nosotros somos templos vivos de Dios. Debemos respetarnos a nosotros mismos, porque Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, habita dentro de nosotros.

33 Hay muchos templos de Cristo despreciados, violados, oprimidos. Jesús nos dice que hay que restablecer estos templos. Donde hay lágrimas, pongamos alegría y esperanza

34 La violencia es mala cuando es vengativa. Así suele ser en todas las guerras. El resultado es destrucción y tristeza.

35 La violencia de Jesús no es vengativa. Busca la gloria de su Padre Dios; Nunca busca defenderse a si mismo. Es una violencia que es más de gestos y palabras, pues no deja heridos, ya que su acción es liberadora del mal. Esta acción violenta contrasta con la multitud de acciones tranquilas y tranquilizantes.

36 Que la Virgen María nos ayude a conseguir el respeto por todos los miembros vivos de Cristo. AMEN


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