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SANANDO NUESTRA IMAGEN DE DIOS Por Mattew Linn Sheila Fabricant Linn Dennis Linn.

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Presentación del tema: "SANANDO NUESTRA IMAGEN DE DIOS Por Mattew Linn Sheila Fabricant Linn Dennis Linn."— Transcripción de la presentación:

1 SANANDO NUESTRA IMAGEN DE DIOS Por Mattew Linn Sheila Fabricant Linn Dennis Linn

2 La mayor parte de nosotros reconocemos que llegamos a ser como nuestros padres a quienes desde siempre adoramos, aún con rodos sus errores. Puede que no nos demos cuenta de que también nos volvemos como el Dios al que adoramos. Si nuestro Dios tiene las mismas actitudes de desamor que tratamos de sanar en otros, no vamos a llegar muy lejos.

3 Yo (Dennis) experimenté en mi propia vida cómo una imagen de Dios justiciero bloqueó mi oración por sanación. Aún peor, cuanto más oraba a este Dios, más rígido de criterio me volvía yo. Hubo una historia que me ayudó a descubrir esto y me dí cuenta que, al igual que mis antepasados alemanes (aunque no deseo estereotipar a los alemanes), yo era una persona santurrona de criterios muy rígidos. Durante años rece para sanar esa rigidez de criterio y no servía de nada. Y de pronto, un día me dí cuenta de que mi rigidez de criterio había desaparecido.

4 Después de años de luchar por eso,¿por qué había cambiado tan súbitamente? Cambié porque mi imagen de Dios cambió. Mi Dios había sido un alemán con criterios rígidos. Mi Dios (en ese tiempo había sido totalmente masculino) se sentaría en su trono y desde ahí – como todo alemán rígido- vería los errores de los demás. Si a Él no le gustaba algo en particular, se distanciaría de los otros e incluso los mandaría al infierno. Y si mi Dios podía hacer eso, entonces no importaba cuánto oraba yo, iba a actuar de la misma manera.

5 Mi rigidez de criterios desapareció cuando la imagen de Dios cambió de un Dios alemán que mandaba vengativamente a las personas al infierno, a un Dios que me ama al menos tanto como Sheila o Matt, y otros que me aman mucho. Para continuar sanando mi imagen de Dios, tuve que pensar nuevamente en lo que se había enseñado respecto al infierno. Ahora me doy cuenta de que no sólo repetimos las características de nuestros antepasados y nuestros padres, a quines adoramos, sino que también repetimos las características de Dios que adoramos.

6 Con Jesús en el Infierno Yo hice esto hace algunos años cuando Sheila y yo celebramos la Semana Santa en Jerusalén… El Jueves Santo nos unimos a miles de peregrinos que se reúnen donde la tradición señala que Jesús celebró la Última Cena. El Viernes Santo la misma multitud de peregrinos se abrió paso por la Vía Dolorosa, donde se dieron los sucesos previos a la crucifixión de Jesús. Pero el Sábado Santo, cuando fuimos al lugar que Jesús llamó infierno para celebrar con Él su descenso al infierno (1Pedro 3,19) encontramos solo a una persona.

7 Infierno, Gehenna en griego, proviene del hebreo Gehinnom que quiere decir Valle de Hinnom. Este valle está localizado en la esquina sureste de Jerusalén. Jeremías maldijo este valle porque un culto antiguo había realizado ahí sacrificios humanos. Después, durante siglos, incluyendo el tiempo de Jesús, este lugar no santo y no limpio sirvió de basurero a los judíos. Desde las épocas más remotas, los judíos consideraban que la basura deteriorada alimentaba el fuego continuo de la Gehenna.

8 Tal vez la razón por la cual Jesús usó la imagen de la Gehenna,o el infierno, para hablar de lo que nos pasa cuando nos comportamos en formas no amorosas, fue para recordarnos lo que la medicina psicosomática ha descubierto recientemente. Si actuamos en formas no amorosas, no solo nos sentiremos como basura sino que también encontraremos que nuestro cuerpo físicamente y nuestro yo se deterioran como la basura de la Gehenna.

9 La única persona que además de nosotros estaba ahí ese Sábado Santo era un pastor que cuidaba su rebaño de cabras. Tratando de no molestarlo, nos sentamos en la parte más lejana del infierno para empezar nuestra vigilia de Sábado Santo. Un poco después, otro hombre vestido como pastor entró en el valle y nos saludó. Camino por el infierno cerca de 400 metro. Entonces de repente se volvió y caminó rápidamente hacia nosotros.

10 Nos dijo que había visto a algunos niños árabes temió que vinieran y nos apedrearan.(Debido a una reciente masacre de palestinos hecha por un israelí en Hebrón, algunos árabes eran hostiles hacia nosotros, norteamericanos, ya que ellos percibían que éstos apoyaban a Israel). Insistió en caminar con nosotros hasta la orilla del valle donde podríamos estar seguros. Durante veinte minutos este pastor nos guió por el infierno con seguridad para que nadie nos dañara. Se lo agradecimos y nos sentamos, ahora en la orilla más lejana del infierno, para reanudar nuestra vigilia pascual.

11 Cerca de una hora más tarde, al volvernos para regresar, lo vimos sentado arriba del muro de la ciudad antigua de Jerusalén desde donde dominaba todo el valle. Se había puesto ahí como nuestro centinela, cuidándonos de que no nos pasara nada en el infierno. Cuando finalmente salimos de ahí saludamos con la mano a nuestro pastor que entonces bajó de su puesto de centinela y desapareció en la ciudad antigua.

12 El descenso al Infierno Mi experiencia es paralela a lo que aprendí acerca del significado de lo que celebra el Sábado Santo: el descenso de Jesús al infierno. La teología católica contiene varias tradiciones y explicaciones para el descenso al infierno. Por ejemplo, a mi se me enseñó que Jesús descendió al infierno para liberar a las almas justas que esperaban la redención.

13 Sin embargo, en el pie de página que explica Pedro 3,19, la Nueva Biblia de Jerusalén ofrece una segunda tradición. En esta tradición Jesús desciende al infierno a predicar, enseñar y sanar a los duros de corazón y a los que no se han arrepentido

14 Así que Jesús va a sanar aún a los demonios encadenados que se mencionan en el libro de Enoc o a los no arrepentidos con el diluvio porque se rehusaron a creer. Si definimos infierno como el juicio inexorable de cerrar nuestros corazones a Dios, entonces parecería que el infierno fuese el único lugar donde Dios no puede estar. Pero el teólogo Hans Urs von Baltasar explica que al ir ahí de cualquier maneta, Jesús elige entrar en solidaridad con aquellos que se condenan a sí mismos. Entonces, aunque por un lado parece que uno escoge rechazar a Dios, desde el lado de Jesús Él rehúsa abandonarnos y no nos abandona a lo peor de nosotros mismo. Como dice von Baltasar: Aún lo que llamamos infierno es… siempre todavía un lugar cristológico.

15 Yo aprendía de esta segunda tradición al mismo tiempo que hacía un internado en una clínica para el tratamiento de adicciones. Durante el tratamiento, uno llega a estar cara a cara con su propio infierno. Probablemente todos tenemos alguna experiencia de sentirnos en el infierno. El infierno es el aislamiento, la incapacidad de dar y recibir amor. Probablemente todos nosotros en uno u otro tiempo, como aquellos en la clínica, nos hemos visto cautivos en un patrón compulsivo o en una conducta adictiva que nos separa que aquellos que nos aman.

16 Durante mi internamiento en la clínica me encontré con familias mi y amorosas y con amigos que se rehusaban a seguir acertando las elecciones destructivas de un drogadicto o de un alcohólico. En lugar de eso, eligieron en entrar en el infierno mismo del adicto para poder intervenir. Los adictos en recuperación comparten a menudo la historia de cómo una familia amorosa y cómo sus amigos han entrado hasta dentro del infierno que ellos vivían. A pesar de que estos adictos eran impotentes sobre su adicción y no tenían intención de arrepentirse o cambiar, quienes los amaban permanecían con ellos hasta que ellos eran capaces de dar sus primeros pasos hacia la sanación.

17 De manera parecida, el descenso de Jesús a los infiernos es su forma de negarse a que la destrucción sea nuestra elección definitiva. El Sábado Santo proclama que la misión de Jesús es demostrar solidaridad con nosotros, aún – si es necesario- descendiendo a nuestro infierno y permaneciendo ahí con nosotros hasta que su presencia sanadora nos renueve lo suficiente para dar los primeros pasos para resucitar con Él en la Pascua. Confirmando la esperanza inquebrantable que todos nos salvaremos.

18 Este Sábado Santo, cuando visité el infierno en Jerusalén, sentí esta esperanza inquebrantable porque todo era como debiera ser. Las cabras, el símbolo de aquellos que merecen el castigo eterno del infierno (Mateo 25) estaban ahí. Pero también estaba Jesús. Ese día experimentamos en el infierno al Buen Pastor que nos lo vigilaba atentamente a las cabras sino que también nos protegía a nosotros en nuestro caminar por el infierno y no nos dejó hasta que nos vio llegar sanos y salvos.

19 Las cabras y el Buen Pastor pusieron el escenario para lo que yo más quería hacer en el infierno. Yo había buscado permanecer un Sábado Santo en Jerusalén para agradecer a todas las personas que no me abandonaron en mis elecciones destructivas o con lo peor de mí mismo. Como Jesús, esas personas eligieron entrar conmigo en mi infierno y permanecer ahí hasta que su presencia sanadora me pudiera renovar. A medida que daba gracias por cada persona, Dios dejaba cada vez más de ser un Dios alemán y se convertía en un Dios que me ama al menos tanto como aquellos que me han amado más.

20 Tal vez estés pensando algo así: Pero Dennis, tú eres básicamente una buena persona. Nunca has hecho algo realmente muy malo. ¿Pero qué sucede con alguien como Hitler? Consideren la siguiente oración compuesta por una mujer judía que murió en el campo de concentración en Revenbruck. Fue escrita en papel de envolver y encontrada cerca del cadáver de un niño:

21 Señor, recuerda no solamente a los hombres y mujeres de buena voluntad sino también a aquellos con malos deseos. Pero no recuerdes solamente el sufrimiento que nos han hecho pasar; recuerda los frutos que han surgido de ese sufrimiento, nuestra camaradería, nuestra lealtad, nuestra humildad, el valor, la generosidad, la grandeza de corazón que ha surgido de todo esto, y cuando lleguen para ser juzgados, permite que todos los frutos que hemos obtenido sean su perdón.

22 Si una mujer judía puede orar así por el peor de mis parientes alemanes, ¿no será Dios al menos tan amoroso como ella? Si recordamos a aquellos que nos aman más, descubriremos a Dios al menos tan amoroso como el mejor de nosotros.

23 Una manera simple de cambiar nuestra imagen de Dios Quizá la manera más fácil de cambiar nuestra imagen de Dios es intentando algo que nos lleva sólo un minuto. 1.Entrar en contacto con el amor de Dios en nuestro corazón. 2. Poner una sonrisa en nuestra cara que corresponda a ese amor. 3. Sonreír a una persona que nos ama y permitirle que a su vez nos sonría.

24 Acoger la sonrisa de alguien que nos ama es muy simple y puede ser una de las cosas más curativas de nuestra vida. La sonrisa de un amigo puede sanarnos si sabemos que Dios nos ama… por lo menos tanto como la persona que más nos ama.

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26 Proceso de oración Cierra los ojos y respira profundamente, inspirando el amor de Dios que te rodea. Contempla la cara de una o dos personas que más te hayan amado. Inspira el don especial de cada persona, como su gentileza, lealtad, don de escuchar, sabiduría, etc. Toma un momento para estar con Dios, como tú entiendas a Dios, y aprecia cómo Dios te ama de esta misma manera. Si de alguna forma no puedes experimentar a Dios que te ama al menos tanto como la persona que más te ama, entonces permanece con esa herida y esa añoranza. Respira amor de Dios y permite que Dios te ame tal y como tú eres.


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