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¡ENVÍA, SEÑOR, TU ESPÍRITU! Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía Señor, tu Espíritu.

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2 ¡ENVÍA, SEÑOR, TU ESPÍRITU!

3 Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía Señor, tu Espíritu Creador y todo será de nuevo creado y se renovará la faz de la tierra. ¡Oh, Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su divino consuelo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. AMÉN.

4 El hombre prudente, sabe que necesita luz en su inteligencia y fuerza en su voluntad para pensar y hacer lo que Dios quiere. Esa luz y esa fuerza solamente vienen de lo alto; es el Espíritu Santo quien provee al cristiano de todo lo que necesita para su caminar en la vida. Por eso, todos los días nos conviene invocarlo. Cuando el alma corresponde con docilidad a sus inspiraciones, va produciendo actos de virtud y frutos innumerables. San Pablo enumera algunos como ejemplo: caridad, gozo, paz, longanimidad, afabilidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, modestia, continencia, castidad (Gálatas 5,22), derramando abundantemente su gracia en nuestros corazones.

5 EL ESPÍRITU SANTO: Habita en el alma y la convierte en Templo suyo (1 Corintios 3,16). La ilumina en lo referente al conocimiento de Dios. La santifica con la abundancia de sus virtudes, gracias y dones. La fortalece en el bien y reprime sus malas inclinaciones. La consuela, por eso es llamado Espíritu Consolador.

6 Si el Espíritu es el santificador de nuestras almas, es necesario que los hombres nos esforcemos en conocerle, tratarle y seguir sus enseñanzas, demostrando así que le queremos. El trato continuo con el Espíritu Santo aumenta nuestro amor, y en consecuencia nos facilita el seguir con docilidad sus enseñanzas. Nuestros deberes para con Él son:. Presentarle nuestros homenajes de adoración y amor.. Pedirle sus virtudes y sus dones, tan importantes en la vida cristiana.. Evitar cuanto pueda disgustarlo, y sobre todo el expulsarlo de nuestra alma por el pecado mortal: "No contristéis al Espíritu Santo", nos alerta San Pablo (Efesios 4,30). Tenemos, pues, una estricta obligación de alejar nuestro cuerpo y nuestra alma de toda impureza, por respeto al Espíritu Santo, que mora en ellos.

7 ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO (Cardenal Verdier) Oh Espíritu Santo, Amor del Padre, y del Hijo, Inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo hacer, para gloria de Dios, bien de las almas y mi propia Santificación. Espíritu Santo, Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar. Dame acierto al empezar dirección al progresar y perfección al acabar. Amén. ESPOSO / ESPOSA POR SU FAMILIA Espíritu Santo, concededme para mí, para mi esposo(a) y para mis hijos, aquellos dones divinos con que fortalecisteis a los Apóstoles; aquella gracia poderosa que ilumina el entendimiento, mueve dulcemente la voluntad, y vence gloriosamente la concupiscencia. Concédenos el don de una clara inteligencia, el conocimiento del bien y buena voluntad de ejercitarlo. Tomad bajo vuestra divina protección a mis hijos; preservadlos de toda pasión vergonzosa; protegedlos, libradlos de caer en los lazos de la seducción con que el demonio intenta hacerlos caer en el pecado. Hacedlos humildes, obedientes, honrados y temerosos de Dios; amantes de la verdad y de la religión. Dadles gracia para vencer los vicios y pasiones. Y a mi concededme la gracia y el acierto necesario para educarlos y dirigirlos y hacerme obedecer de ellos. Amén.

8 Ven, Dios Espíritu Santo, y envíanos desde el Cielo tu luz, para iluminarnos. Ven ya, padre de los pobres, luz que penetra en las almas, dador de todos los dones. Fuente de todo consuelo, amable huésped del alma, paz en las horas de duelo. Eres pausa en el trabajo; brisa, en un clima de fuego; consuelo, en medio del llanto. Ven luz santificadora, y entra hasta el fondo del alma de todos los que te adoran. Sin tu inspiración divina los hombres nada podemos y el pecado nos domina. Lava nuestras inmundicias, fecunda nuestros desiertos y cura nuestras heridas. Doblega nuestra soberbia, calienta nuestra frialdad, endereza nuestras sendas. Concede a aquellos que ponen en ti su fe y su confianza tus siete sagrados dones. Danos virtudes y méritos, danos una buena muerte y contigo el gozo eterno. Amén. Los siete dones del Espíritu Santo son: 1. Sabiduría 2. Inteligencia 3. Consejo 4. Fortaleza 5. Ciencia 6. Piedad 7. Santo Temor de Dios Los frutos del Espíritu Santo nos ayudan a saborear la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: 1. Caridad 2. Gozo 3. Paz 4. Paciencia 5. Generosidad 6. Bondad 7. Benignidad 8. Mansedumbre 9. Fidelidad 10. Modestia 11. Continencia 12. Castidad

9 No tengamos miedo de ser testigos de Dios en la sociedad, pues si contamos con el Espíritu Santo, toda dificultad será vencida, todo cansancio refrescado y cada tristeza consolada.

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