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ADVIENTO CON MARÍA ADVIENTO CON MARÍA Espera con María el nacimiento de Jesús: cada día de adviento encontrarás el nombre de una advocación de la Virgen,

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Presentación del tema: "ADVIENTO CON MARÍA ADVIENTO CON MARÍA Espera con María el nacimiento de Jesús: cada día de adviento encontrarás el nombre de una advocación de la Virgen,"— Transcripción de la presentación:

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2 ADVIENTO CON MARÍA ADVIENTO CON MARÍA

3 Espera con María el nacimiento de Jesús: cada día de adviento encontrarás el nombre de una advocación de la Virgen, un comentario, una oración y una imagen. María siempre te acerca a Jesús. Nuestra súplica, con Ella, este adviento, es ¡Ven, Señor Jesús! Espera con María el nacimiento de Jesús: cada día de adviento encontrarás el nombre de una advocación de la Virgen, un comentario, una oración y una imagen. María siempre te acerca a Jesús. Nuestra súplica, con Ella, este adviento, es ¡Ven, Señor Jesús!

4 Quiero entrar en este Adviento por la misma puerta que Jesús entró al mundo, por la puerta de su encarnación, por la puerta que nos ofrece María, su Madre. María, puerta del cielo siempre abierta para el que quiera entrar en el seno de la Iglesia, donde Dios está con nosotros. Un Dios hecho hombre, con los pies en la tierra. La Virgen de la Puerta, advocación de la Sierra de la Libertad, en Otuzco, (Perú), tan cerca del cielo, a casi tres mil metros de altura. Puerta, cielo, libertad: tres palabras llenas de vida. Tres puertas para entrar en la vida con plenitud. Al principio de este Adviento quiero entrar por la puerta de la encarnación, que es la puerta de la realidad. De mi realidad ante ti, Señor. De mi realidad personal ante los demás. Y esperar tu venida libertadora. ¡Ven, Señor Jesús! Quiero entrar en este Adviento por la misma puerta que Jesús entró al mundo, por la puerta de su encarnación, por la puerta que nos ofrece María, su Madre. María, puerta del cielo siempre abierta para el que quiera entrar en el seno de la Iglesia, donde Dios está con nosotros. Un Dios hecho hombre, con los pies en la tierra. La Virgen de la Puerta, advocación de la Sierra de la Libertad, en Otuzco, (Perú), tan cerca del cielo, a casi tres mil metros de altura. Puerta, cielo, libertad: tres palabras llenas de vida. Tres puertas para entrar en la vida con plenitud. Al principio de este Adviento quiero entrar por la puerta de la encarnación, que es la puerta de la realidad. De mi realidad ante ti, Señor. De mi realidad personal ante los demás. Y esperar tu venida libertadora. ¡Ven, Señor Jesús! I Domingo de Adviento Nuestra Señora de la Puerta

5 Nuestra Señora del Camino Lunes I de Adviento En camino se pusieron los pastores y los magos, una vez que recibieron el anuncio del nacimiento del Salvador. Nosotros, que ya sabemos de su venida, queremos prepararnos para acogerlo. Caminamos hacia Belén, esperamos al Mesías, al Señor. Un año más. Quiero decirme que cada día es una camino de preparación para la venida de Jesús, que ha venido, viene y vendrá. Que camina por mis caminos y pone sus huellas en mi vida. María está en el camino, hizo el camino del servicio y de la compasión. Se apresuró para estar con Isabel, su pariente, y se hace presente en nuestro camino, en los cansancios y fatigas, en los esfuerzos de nuestro peregrinar. María se hizo peregrina, exiliada, inmigrante, refugiada política, con José y el Niño, huyendo del exterminio: estuvo en camino. María caminó de vuelta a Jerusalén, a buscar al Niño que habían perdido. Por el camino. ¡Ven, Señor Jesús!

6 Nuestra Señora de los Ojos Grandes Martes I de Adviento Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, María. Enséñanos a mirar con amor, a descubrir la presencia silenciosa de tu Hijo en la espera y en el silencio de este adviento, a ver las cosas como tú las ves: llenas del rastro y del rostro de un Dios que se hace cercano, que se entraña en nuestra historia. Dame, María, unos ojos grandes para contemplar las maravillas de Dios y proclamarlas como hiciste tú. Dame una mirada de fe que para saber vislumbrar, en los acontecimientos de mi vida diaria, la mano salvadora que Dios me tiende. Hazme abrir los ojos para ver la realidad tan injusta de nuestro mundo y manos grandes para trabajar en ella, humanizándola. Mírame tú, Madre admirable, con la amabilidad de tu mirada. Cuando tú me mirabas, la Gracia en mí tus ojos imprimían. La Gracia que viene de tu Hijo, Jesús. ¡Ven, Señor Jesús!

7 Tiempo de espera, tiempo de esperanza, es el Señor que ya llega. Desde el momento de la Anunciación María espera. Con el corazón lleno de deseos, de temores, de dudas, de incertidumbres, de miedos, de anhelos. Como cualquiera de nosotros cuando esperamos algo La espera genera en el ser humano una tensión sana. Aguardar al ser querido ensancha el corazón, porque cuando aguardo al que amo me doy cuenta que no me basto a mi mismo. Mi vida llena de esperas. Espero que vengas definitivamente a mí, que rompas la tela del dulce encuentro, que me abras, de una vez por todas, al caudal de vida que me ofreces. Quiero esperar con María. Sabiendo que al final naces y salvas. Eres el Esperado, la Palabra de Vida. Dame el gesto y la palabra oportuna frente al hermano que se encuentra solo y desamparado, ante quien se siente abatido y deprimido. Dame tu Palabra para transmitirla y que sea manantial de esperanza para quien me rodea. ¡Ven, Señor Jesús.! Tiempo de espera, tiempo de esperanza, es el Señor que ya llega. Desde el momento de la Anunciación María espera. Con el corazón lleno de deseos, de temores, de dudas, de incertidumbres, de miedos, de anhelos. Como cualquiera de nosotros cuando esperamos algo La espera genera en el ser humano una tensión sana. Aguardar al ser querido ensancha el corazón, porque cuando aguardo al que amo me doy cuenta que no me basto a mi mismo. Mi vida llena de esperas. Espero que vengas definitivamente a mí, que rompas la tela del dulce encuentro, que me abras, de una vez por todas, al caudal de vida que me ofreces. Quiero esperar con María. Sabiendo que al final naces y salvas. Eres el Esperado, la Palabra de Vida. Dame el gesto y la palabra oportuna frente al hermano que se encuentra solo y desamparado, ante quien se siente abatido y deprimido. Dame tu Palabra para transmitirla y que sea manantial de esperanza para quien me rodea. ¡Ven, Señor Jesús.! Nuestra Señora de la Esperanza Miércoles I de adviento

8 Nuestra Señora de los Desamparados Jueves I de Adviento Hay tantos que no tienen amparo si no acuden a ti, María: lo marginados, los pobres, los que están solos y deprimidos, los locos, las prostitutas, las mujeres solas y maltratadas, las viejas, algún que otro drogadicto, los que sufren algún mal y no ven consuelo, los inútiles, los que no cuentan para nuestro mundo. Amparo, Consuelo, Refugio de los afligidos. Tú allí y nosotros, hijos tuyos, acá, siendo amparo, consuelo y refugio de tantos hombres y mujeres que sufren. Haznos solidarios con las penas y las aflicciones, con los gozos y alegrías de nuestros hermanos y hermanas, especialmente con los desamparados. ¿Qué hago yo para amparar a estos desamparados en tu nombre? ¿Cómo contribuyo a que nuestra sociedad sea más justa y fraterna? ¡Ven, Señor Jesús!

9 Dulce Nombre de María Viernes I de Adviento Tu nombre es más dulce que la miel, que el manjar de los panales. En este primer viernes de adviento pongo tu nombre, María, tan sencillo y tan hermoso. Nombre tan querido, tan cercano, tan repetido. Santa María, Madre de Dios. Madre de Dios. Al que pondrás por nombre Emmanuel, Dios con nosotros. El será llamado Hijo de Dios. El liberará al pobre que clama, al afligido que no tiene protector. El pensar en Ella y el invocarla, María, sean dos cosas que no se aparten nunca ni de tu corazón ni de tus labios. Y para estar más seguro de su protección no te olvides de imitar sus ejemplos. Esto nos escribe San Bernardo. Que el pronunciar el nombre de María me comprometa cada día más con la causa de una humanidad que ha venido a ser liberada por Jesús, el hijo de Dios hecho hijo de María para nuestra salvación. ¡Ven, Señor Jesús!

10 Virgen de la Luz Sábado II de Adviento Encender la corona de Adviento, cada domingo, es una manera de ir poniendo tu luz en medio de nuestras oscuridades. La luz que nacerá de lo alto, la luz que llena de resplandores la noche, la luz que brilla y nos salva, tu luz, Señor, que nos hace ver la luz y nos baña en claridad, y nos transfigura. La luz de la fe, de la esperanza, de la caridad. La luz de la alegría. La luz del compromiso cristiano de ser luz en nuestra sociedad. Luz que se ofrece a todos y alumbra toda diversidad. Salir de la oscuridad de mis noches, e ir hacia la luz que tú envías. Tu luz, la luz de Cristo, que me saca de mí y me ilumina. ¡Ay lámpara de fuego, en cuyos resplandores las profundas cavernas del sentido, que estaba oscuro y ciego, con extraños primores calor y luz dan junto a su querido! María da a luz la luz del mundo. ¿Se enciende una luz para ocultarla tras una pantalla? Pues no la ocultemos en nuestra sociedad. Reflejemos, como la Iglesia, como la luna refleja la luz del sol para iluminar la noche, la luz de Jesús. ¡Ven Señor Jesús

11 Virgen del árbol seco Domingo II de Adviento Veo el árbol seco, desnudo, sin hojas, sin flores, sin fruto. Árbol de invierno, espino de estepas castellanas. Árbol helado, de savia dormida. Árbol aparentemente muerto. Sin embargo está dormido, sabemos que despertará. En medio del árbol, llena de vida, María, dando vida al mundo: un pequeño que tiene por nombre Jesús. Lo pequeño, en medio de la realidad, es un signo de esperanza. El pequeño, en otro árbol seco, será grande y traerá la salvación del mundo. En algunos existe la llamada Rama de Santa Bárbara: el 4 de diciembre se corta una rama seca de cerezo, se pone en agua...y el día de Navidad florece. En invierno surge la vida, nace la flor, Jesucristo, Nuestro Señor. También te la pido hoy a ti: vive la vocación a la que has sido llamado; da testimonio de tu ser cristiano en medio de nuestro mundo, se levadura en nuestra sociedad, muéstrate accesible a los demás. Haz como hizo Jesús, que dio vida al árbol seco. ¡Ven, Señor Jesús!

12 Inmaculada Concepción Lunes I de Adviento. 8 de Diciembre. Junto a la Inmaculada, rodeándola, encuentro los siguientes símbolos: el barco, pues María es socorro de navegantes; el sol que la corona; la luna de su pedestal; la fuente, el pozo, el cedro, el ciprés, la palmera, la ciudad amurallada, la torre, la palmera; el espejo de la justicia, el trono de la sabiduría, el vaso espiritual, la torre de David, el huerto cerrado, la puerta del cielo, la estrella; la rosa, la azucena, el pozo, la casa de oro, el arca de la alianza... Símbolos, metáforas, imágenes llenas de poesía y tradición para decir expresar el amor por María, la veneración hacia la Madre de Dios. Imágenes que hoy pueden parecer trasnochadas, pero que tienen la carga simbólica de lo verdadero y profundo del ser humano, de lo icónico, de lo prototípico. María donde se resume el ansia y el anhelo de la humanidad que busca a Dios. Ella es la primera entre los que creen en Jesucristo, y la primera liberada del mal y de la muerte. Evangelizar haciendo comprensible y accesible el tesoro que llevamos, cambiando el lenguaje, adaptándolo a los tiempos. Haciéndonos carne en nuestra cultura como hizo Jesús. ¡Ven, Señor Jesús!

13 Nuestra Señora de la Paz Martes II de Adviento Miro esta imagen de María y veo a la mujer que deja atrás los horrores de la guerra, de la persecución, del genocidio. Perseguida por la violencia que el ser humano desata con la fuerza del huracán, alcanza a mirar atrás, ya algo más segura, para ver si los enemigos le dan alcance. María huyendo de Herodes, lleva en sus brazos al inocente perseguido. Al príncipe de la Paz, que reconcilia a la humanidad con Dios. María, Reina de la Paz, nos la ofrece. La Paz de Jesús que es bálsamo para nuestros corazones en conflicto, para nuestras vidas conflictivas. El Mesías trae la paz y nos pide el cese de la violencia, de las violencias internas y externas. Nuestra Señora de la Paz, tan necesaria en la tierra que vio nacer a Jesús. Paz entre israelitas y palestinos; paz en Irak; paz en las regiones sufren por la guerra; paz frente a terrorismo. Seamos constructores de paz. No hay paz si no hay justicia. No hay paz sin caridad. ¡Ven, Señor Jesús!

14 Nuestra Señora del Manto Miércoles II de Adviento Manto que protege, que ampara, que hace de refugio. Bajo la sombra de tus alas me cobijarás. Manto de protección. Manto que extiende su ser para acoger. Manto que es seno de bienestar. Me cubrirás con tu manto, con tu sombra. María, nuestro manto. Nos pone junto a Jesús y nos llena de la cálida ternura de su amor. María que, extendiendo su manto, acoge a los hombres y mujeres que formamos la Iglesia. María Madre, icono de la Iglesia. Siempre me ha gustado rezar ante esta imagen, pidiendo que seamos inclusivos y no exclusivos, que acojamos y no rechacemos, que abramos y no cerremos. Aunque para ello tengamos que despojarnos de nuestro manto y de nuestra túnica, como hizo Jesús. ¡Ven, Señor Jesús!

15 Nuestra Señora de Altagracia Jueves II de Adviento María en una representación llena de sencillez y de realidad, en una imagen que puede ser de ayer, de hoy y de mañana. Una mujer sin tiempo que acaricia a su hijo con la ternura de su cara, con la dulzura de su mano. Una mujer llena de gracia por su maternidad abierta a Dios, hecha donación para la humanidad. La Virgen de Altagracia, en su original, presenta una hermosa imagen de la virgen en el momento de su alumbramiento, adorando al Niño: es una representación del misterio de la Maternidad Divina de María. Su fiesta se celebra el seis de enero, con la Epifanía. Una Virgen que, en pleno Adviento, nos trae ya el sabor y el aroma de la Navidad, tan cercano. Pienso en todos las mujeres y los hombres que dan, adoran, cuidan, alimentan, educan y ayudan a crecer y madurar a tantos niños y niñas de la calle, abandonados, excluidos, prostituidos...donde el cuerpo de Jesús sigue naciendo y manifestándose cada día. ¡Ven, Señor Jesús!

16 Nuestra Señora de África Viernes II de Adviento María, madre de Africa, continente olvidado, que no cuenta, que no existe sino para ser explotado y deprimido, pongo ante ti a todos los africanos y africanas de este inmenso continente. Como Jesús cuando nace, están en las fronteras de la humanidad y de la civilización. Débiles e ignorados. Pongo ante ti a todos los habitantes de los diez países con el índice de desarrollo más pobre del mundo. Todos son africanos: Níger, Sierra Leona, Burkina Fasso, Malí, Chad, Guinea-Bissau, República centroafricana, Etiopía, Burundi, Mozambique. Pongo ante ti a los treinta dos países africanos que están en la lista de los cuarenta más pobres del mundo. Más pobres porque tienen la menor esperanza de vida, la menor tasa de alfabetización, el nivel de vida menos digno para una persona. Más pobres y comidos por la pandemia del hambre, del SIDA (AIDS) y de nuestra insolidaridad. África sigue siendo esclava del primer mundo con una deuda externa insalvable. Viene Jesús a traernos esperanza y en África no tienen esperanza. Viene Jesús a traernos vida y en África no tienen vida. Viene Jesús a traernos la paz y en África están en guerra contra una existencia que no merece este nombre. ¿Qué celebran en África esta Navidad? Tú, María, das a Jesús que es esperanza, vida y paz. Que trae la salvación. Y la Iglesia es su cuerpo que tiene que hacerla posible. También en África. ¡Ven, Señor Jesús!

17 Nuestra Señora del Carmen Sábado II de Adviento Salve, estrella de los mares, de los mares iris de eterna ventura. Salve, ¡oh! Fénix de hermosura. Madre del divino amor. De tu pueblo, a los pesares; tu clemencia de consuelo. Fervoroso llegue al cielo y hasta Ti, y hasta Ti, nuestro clamor. Madre del Carmen, patrona de los hombres de la mar, de los pescadores, protectoras de las personas en dificultad. En tus manos nos ponemos. Ayúdanos en nuestra vida y misión y reúnenos, como reuniste a los discípulos en el cenáculo después de la muerte y resurrección de tu Hijo; para que así formemos una auténtica familia bajo la protección de tu amor. Madre del Carmen, condúcenos al Buen Puerto que es tu Hijo nuestro Señor, AMEN. ¡Ven, Señor Jesús!

18 Nuestra Señora de Lourdes Domingo III de Adviento Me acerco hasta ti, María, en la advocación de Lourdes. Me acerco a ti, tan cercano a la Navidad de tu Hijo, en estos días que quieren ser entrañables, para presentarte toda la enfermedad de nuestro mundo. ¿Toda? Toda. Se que tú, al pié de la cruz, acogiste el dolor de nuestra humanidad. El dolor del enfermo; el dolor de los familiares que sufren la enfermedad del ser querido; la soledad del que siente como va perdiendo las fuerzas y la vida: la tiniebla anega su rostro y el negro se aposenta en su esperanza. Pongo en tus manos a los niños enfermos, a los jóvenes enfermos, a los adultos enfermos, a los ancianos que, con la cabeza perdida, no tienen ni conciencia de su enfermedad. Pongo ante ti, María, fuente de consuelo, a los enfermos por causa de nuestra injusticia, de nuestra insolidaridad, de nuestro consumo abusivo, de nuestro mundo rico y abundante. Pongo ante ti mi petición de perdón por tanta enfermedad que generamos. Pongo ante ti a los drogadictos, a los alcohólicos, a los enfermos de afectividad, a los deprimidos, a los autistas, a los enfermos psíquicos. Pongo ante ti, María, todo tipo de enfermo y de enfermedad. Acoge en tu regazo de piedad la humanidad doliente, carne lacerada en la carne de tu Hijo. Que tu regazo acoja este dolor. Da a los enfermos la salud, el consuelo y la paz. Tú, que eres salud de los enfermos, ruega por nosotros. ¡Ven, Señor Jesús!

19 Nuestra Señora de la O Lunes III de Adviento María hoy, y durante estos siete días que anuncian la llegada del Redentor, te haces admiración y proclamas la grandeza del Señor con un Oh lleno de canto. Admiras la sabiduría del Padre, que brota de los labios creadores, al pronunciar con suavidad y firmeza una palabra que se hace camino de salvación. Admiras al pastor que conduce a su pueblo porque ha contemplado el misterio de la zarza que arde sin consumirse y libera desde el amor de Dios. Admiras el fruto de la cruz, árbol seco que se hace signo de salvación y auxilio para la humanidad. Admiras a Cristo, y a su Iglesia, que abren para que nadie cierre, que cierran para que nadie abra. Admiras el Sol que nace de lo alto, Resplandor de la Luz Eterna, Sol de justicia, que ilumina a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Admiras al Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, Admiras a tu hijo, Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos María, hazme participar en tu admiración. Que mi corazón exclame contigo: ¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!

20 Nuestra Señora que desata los nudos Martes III de Adviento Son tantos los nudos que parecen aprisionar la existencia!. Mis nudos, tus nudos, nuestros nudos, parece una conjugación de dificultades que atenazan, oprimen, dejan sin libertad. Nudos que nos atan. Nudos de oro que no nos dejan volar. Nudos externos, que nos imponen los demás; el peor el nudo de la falta de libertad, el estar condenado a vivir sin dignidad por el hambre, la miseria, la insolidaridad ajena, el régimen político, la injusticia social. El nudo del pecado, de las estructuras de pecado. Nudos internos, el nudo que se pone en la garganta y nos impide respirar; el nudo que se nos pone en el estómago cuando tenemos una preocupación; el nudo que se forma en nuestra mente cuando nos obsesionamos con algo o nos llenamos de prejuicios... María que desata los nudos de nuestra humanidad, tan sufriente. Con nuestras manos y nuestra habilidad. ¡Ven, Señor Jesús!

21 Nuestra Señora del Buen Consejo Miércoles III de Adviento En los alrededores de Roma está el santuario de Genazzano. El papa San Marco lo mandó construir en honor de la madre de Dios al poco de ser reconocida la religión cristiana como oficial del imperio, en el año 334. Casi mil años después el santuario estaba semiderruido.En 1356 una viuda se sintió inspirada a reconstruir la iglesia. Como había hecho San Francisco de Asís. Los vecinos se empezaron a burlar de ella: no tenía dinero ni fuerzas suficientes. La consideraron orgullosa y se alegraron cuando la obra se paró por falta de fondos. Sus paredes sin terminar fueron llamadas la locura de Petruccia. Ella no se amilanó por los obstáculos. Sabía que una gran señora vendría y tomaría posesión del santuario, una vez terminado. Y nos cuenta la leyenda: En medio de las fiestas, alguien vio una nube flotando bien bajo a través del claro cielo azul. El asombro paralizó el baile y el canto. Toda la atención fue puesta en la nube que se detuvo en un borde angosto de las paredes sin terminar de la iglesia de Petruccia. La nube se abrió, y en su centro apareció una bellísima pintura de Nuestra Señora con el Niño Jesús. Todas las campanas del pueblo comenzaron a sonar sin la ayuda de manos humanas.Atraídos por el fuerte repicar de las campanas, la gente de las villas aledañas se apresuraron a Genazzano para averiguar la causa. Mientras tanto, al escuchar del milagro, Petruccia, que estaba orando en casa, se apresuró a la iglesia para arrodillarse ante la pintura. Llena de alegría dijo que ella sabía que Nuestra Señora vendría a tomar posesión de su iglesia. Toda la gente se le unió en las alabanzas a Nuestra Señora. Esta es la religiosidad popular. Una leyenda inculturada en el siglo XIV. ¡Inculturemos nuestra fe en el s.XXI! ¡Ven, Señor Jesús!

22 Nuestra Señora del Rocío Jueves III de Adviento María, de ti, viene el rocío del cielo, la fertilidad de la tierra, la abundancia de trigo y del mosto. (Gen 27,28) María, desde tu seno desciende como lluvia la enseñanza del Padre, y cae el rocío como un cantar de amor por la humanidad, como llovizna sobre el césped, como orvallo que empapa la tierra. (Dt 32,2) María de ti mana el rocío que humedece nuestra sequía con la misericordia de Dios (Salmo 72,6) María, nos das al Hijo del Padre, del que dice: yo mismo te engendré como rocío, antes de la aurora. (Salmo 110) María, haces derramar, el rocío, a los cielos y llueven las nubes la victoria. Contigo se abre la entraña de la tierra y produce la salvación; contigo brota y nace la justicia: Jesús, nuestro Salvador. (Is 45,8) María, te haces adorno de amor en la poesía: "Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta; mi cabeza está cubierta de rocío; mis bucles, del relente de la noche..." (Cantar 5,2) Allí, en el Rocío, copié en tu ermita la Palabra de Dios: Venid a mi todos los que me amáis y saciaos de mis frutos. Mi nombre es más dulce que la miel y mi herencia mejor que los panales ¡Ven Señor Jesús!

23 Virgen de la Estrella Viernes III de Adviento En medio de la oscuridad tu eres estrella, María: iluminas, orientas, guías. Luz pequeña que resplandece en la noche. Estrella del mar que acompañas a los que navegamos por los mares de nuestro mundo, que tragan y ahogan. Estrella de la mañana, que anuncias con el lucero del alba, la resurrección del día. Estrella oportuna, estrella que nunca dejas de dar tu luz que tiembla de tanto misterio que contiene. Tú, María, llena de Gracia coronada de estrellas, eres una constelación de luces que abre mi ser a la admiración, al asombro, a la luz de Dios. Una candela brilla en las tinieblas de la noche y enciende las estelares órbitas del mundo. Ni el ruido, ni la furia prevalecerán contra ella. Está escrito. (José Jiménez Lozano) Tú, María, nos das siempre, en la noche estrellada, la Pascua de Jesús. ¡Ven Señor Jesús!

24 Virgen del Regocijo Sábado III de Adviento Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca. Esto lo sabe bien María y por eso se regocijan sus entrañas. Sabe, porque lo ha escuchado en la lectura de los profetas, que el desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Ella, nosotros, verá, veremos, la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. La Palabra de Dios, en la eucaristía de este tercer sábado de adviento, nos trae la alegría del Mesías que está en camino, al que estamos esperando. También María nos trae la Palabra de Dios, que nos salva, y por eso alienta su ser desde el regocijo. María se goza y salta de gozo la criatura en su seno. Y alegra lo más profundo de nuestro ser. ¡Ven, Señor Jesús!

25 Nuestra Señora de Guadalupe Domingo IV de Adviento Ese es el relato de la primera aparición de la Virgen de Guadalupe. Párate en la sencillez de sus palabras. Vete más allá de ellas. Era sábado, muy de madrugada, y venía en pos del culto divino; al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyácac, amanecía y oyó cantar: semejaba canto de varios pájaros preciosos; callaban a ratos las voces de los cantores; y parecía que el monte les respondía. Su canto, muy suave y deleitosos, sobrepujaba al del COYOLTOTOTL y del TZINIZCAN y de otros pájaros lindos que cantan. Se paró Juan Diego a ver y dijo para sí: "¿Por ventura soy digno de lo que oigo? ¿Quizás sueño? ¿Me levanto de dormir? ¿Dónde estoy? ¿Acaso en el paraíso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros mayores? ¿Acaso ya en el cielo?" Estaba viendo hacia el oriente, arriba del cerrillo de donde procedía el precioso canto celestial; se hizo el silencio, oyó que le llamaban de arriba del cerrillo y le decían: "Juanito, Juan Dieguito". Cuando llegó a la cumbre, vio a una señora, que estaba allí de pie y que le dijo que se acercara. Llegado a su presencia, se maravilló mucho de su sobrehumana grandeza: su vestidura era radiante como el sol; el risco en que se posaba su planta flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas, y relumbraba la tierra como el arco iris. Los mezquites, nopales y otras diferentes hierbecillas que allí se suelen dar, parecían de esmeralda; su follaje, finas turquesas; y sus ramas y espinas brillaban como el oro.Se inclinó delante de ella y oyó su palabra muy blanda y cortés, cual de quien atrae y estima mucho. Ella le dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?" Ella le dijo: "Sabe y ten entendido, tú, el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador y Señor del cielo y de la tierra.

26 Nuestra Señora de Chiquinquirá 24 de diciembre Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá me gusta tu nombre porque me sabe y suena a villancico, ¡ay del chiquirritín querubín que ha nacido entre pajas al del chiquirritín, querubín, queridito del alma!. Tu nombre, en este día que me acerca a la Nochebuena, Virgen del Rosario de Chiquinquirá. Y me traes todos los misterios de la vida de Jesús: misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de la vida de tu Hijo, que se entrelazan con los misterios de mi vida, con los misterios de la vida del mundo. María, en hora buena lo pariste. Apresúrate, Señor, y no tardes, para que tu venida consuele y fortalezca a los que esperan todo de tu amor: en la vida y en la muerte.

27 !FELIZ ESPERA!

28 Texto: Ágora Marianista Besos, Juana.


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