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Publicada porMaría Luz Núñez Martínez Modificado hace 7 años
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Domingo VII del Tiempo Ordinario «Amad a vuestros enemigos»
Ciclo A Domingo VII del Tiempo Ordinario «Amad a vuestros enemigos»
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Primera Lectura - Levítico 19,1-2.17-18
1 El Señor dijo a Moisés: 2 Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel: Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. 17 No odiarás a tu hermano en tu corazón: deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él. 18 No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor. Palabra de Dios Te alabamos Señor0
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«Amarás a tu prójimo como a ti mismo»
¡Yo, Yahvé, tu Dios! Un yo enfático, solemne y soberano, abre el pasaje y lo cierra. Un Yo santo que ofrece su santidad y personalidad al pueblo de Israel en convivencia amistosa y benéfica. Pueblo santo, consagrado, separado, dedicado a lo transcendente, bueno, con Dios bueno.
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ha de ser bueno y santo como él; es decir, misericordioso.
Estos conceptos de santo, bueno y misericordioso coinciden fundamentalmente. Por eso, el pueblo llamado a convivir familiarmente con el Dios santo y bueno ha de ser bueno y santo como él; es decir, misericordioso. La referente al prójimo, viene a ser la expresión más lograda en la antigüedad: se le llamó la regla de oro. La asamblea de Dios debe transparentar a Dios santo y bueno; y tanto la santidad como la bondad apuntan aquí a las relaciones con los hermanos.
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Envuelto por el amor de Dios, debe el fiel envolver en él al hermano.
El Nuevo Testamento hablará con decisión, claridad y aplomo divino sobre ello. El pueblo de la nueva alianza ha de ser, como Dios, santo y perfecto en lo tocante a las relaciones con los hombres. La consumación viva y eficaz, sin parangón alguno, de este misterio es Cristo Jesús.
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Salmo 103(102) 1-2.3-4.8.10.12-13 1 Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre. 2 Bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. 3 El perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; 4 rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. 8 El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia. 10 No nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. 12 Cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados. 13 Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles.
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«El Señor es compasivo y misericordioso»
Salmo de alabanza. Por motivo, la misericordia de Dios, manifestada especialmente en el perdón de los pecados.
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También nosotros con toda la Iglesia.
La celebran la experiencia colectiva y personal del Israel de todos los tiempos. También nosotros con toda la Iglesia. La imagen de Dios misericordioso, con ribetes de Padre, se ensancha y ahonda hasta su encarnación en Cristo Jesús, Dios y hombre: viva e inefable misericordia de Dios a los hombres. Celebrémoslo con él y en él.
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Segunda Lectura - I Corintios 3,16-23
16 Hermanos: ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? 17 Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo. 18 ¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. 19 Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: "El sorprende a los sabios en su propia astucia", 20 y además: "El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos". 21 En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes: 22 Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, 23 pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios. Palabra de Dios Te alabamos Señor
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«Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios»
Cristo, su sabiduría y poder, aquí el tema sabiduría-necedad desemboca en la unión y compenetración de todo lo creado en favor de los fieles en Cristo Jesús.
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La imagen se extiende a la Iglesia como comunidad, universal y local,
La presencia del Espíritu Santo en nosotros, que nos introduce en el misterio de Dios, aparece aquí bajo una imagen nueva: templos del Espíritu Santo -¡ay de quien lo profane! La imagen se extiende a la Iglesia como comunidad, universal y local, y a cada uno de los miembros que la componen. La Iglesia es templo del Espíritu y todos nosotros en particular, también. No por nuestros méritos, sino por la gracia de Dios.
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El Dios Santo no puede tolerar la profanación de su morada.
Tarde o temprano echará fuera de sí a los profanadores, avivando con su espíritu el fuego que los consuma. A los justos, en cambio, los envolverá con el fuego vivificante de su ternura y amor. Quien se apoya en sí mismo -es la sabiduría del mundo-, en su fama, poder, dinero, belleza física, atractivo…, se asienta sobre arena movediza; se derrumbará en cualquier momento. En cambio, gloriarse en Dios es creativo e inteligente: alcanzará la vida eterna.
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Y bien sabemos que gloriarse en Dios es dejarse invadir por su gloria
y poder transformantes, en Cristo, su Hijo, muerto en la cruz. Él es todo para nosotros y nosotros todo para él; con él todo y todos con él; todo un todo en él.
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Lectura del Santo Evangelio Mateo 5,38-48
38 Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". 39 Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 40 Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 41 y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. 42 Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado. 43 Ustedes han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y odiarás a tu enemigo. 44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; 45 así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. 46 Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? 47 Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
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Palabra de Dios Gloria a Ti, Señor Jesús
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«Amad a vuestros enemigos»
“Ojo por ojo, diente por diente”. Así rezaba la conocida “ley del talión”, vigente entonces no sólo para el pueblo judío, sino en todo Oriente. Esta ley se aplicaba ya en culturas tan antiguas como la Babilonia, mediante el Código de Hammurabi (1760 a. C.). Por este principio jurídico se imponía una pena idéntica o proporcionada a quien cometía un crimen.
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por una compensación en especie o dinero (Éx 21,26-35).
La ley buscaba, pues, prevenir los excesos que son típicos de la ira, y que en vez de resarcir el daño recibido, generaban una escalada de violencia difícil de contener. A cambio del daño recibido, la Ley de Moisés admitía también la sustitución del castigo idéntico por una compensación en especie o dinero (Éx 21,26-35).
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y al que te pide prestado, no lo rehúyas».
A partir de este principio jurídico por entonces vigente y ampliamente aceptado, el Señor Jesús proclama para sus discípulos otro principio, el de la caridad suprema: «No hagan frente al que los agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».
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en la práctica misma de sus derechos de justicia.
Este principio enseñado por Cristo no anula aquel principio de la justa retribución por el daño recibido, sino que introduce el espíritu generoso de caridad que han de tener sus discípulos en la práctica misma de sus derechos de justicia. Frente al principio del “Ojo por ojo, diente por diente”, que no es sino un esfuerzo de las leyes humanas para limitar la venganza y el odio, el Señor propone la purificación del corazón de todo odio y resentimiento y, en consecuencia, la erradicación total de toda reacción de venganza, de devolver el mal con otro mal.
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«no resistan al mal», es decir, al hombre malo, al que les hace mal.
Por ello propone: «No hagan frente al que los agravia», o según la traducción literal: «no resistan al mal», es decir, al hombre malo, al que les hace mal. El discípulo no debe tomar la venganza por su cuenta, debe vencer el mal con el bien. Para proclamar su enseñanza el Señor hace uso de la forma oriental, de estilo extremista y paradójico. La expresión del Señor de poner la otra mejilla para recibir otra bofetada debe ser entendida en ese sentido y no de modo literal. Quiere expresar esta forma paradójica de hablar que el cristiano no sólo debe perdonar una primera injuria, sino estar preparado para perdonar nuevas ofensas. Su perdón o paciencia ante quien le ofende o causa algún daño no debe tener límite.
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Gracias Señor por tu Palabra purificadora,
que ilumina, alimenta, enriquece, alegra, consuela y compromete. Concédenos vivir conforme a ella. Señor, enséñanos a amar como tú nos amas. El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia.
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Mi santísima Señora, Madre de Dios, llena de gracia, tú eres la gloria
de nuestra naturaleza, el canal de todos los bienes, la reina de todas las cosas después de la Trinidad..., la mediadora del mundo después del Mediador. Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, la llave que nos abre las puertas del paraíso, nuestra abogada, nuestra mediadora. Mira mi fe, mira mis piadosos anhelos y acuérdate de tu misericordia y de tu poder. Madre de Aquel que es el único misericordioso y bueno, acoge mi alma en mi miseria y, por tu mediación, hazla digna de estar un día a la diestra de tu único Hijo. San Efrén de Siria
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