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Credo 5 Como Dios existe desde la eternidad. Como hombre comenzó a existir. Este momento, cuando Dios comienza a ser también hombre, se llama la Encarnación.

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2 Credo 5

3 Como Dios existe desde la eternidad. Como hombre comenzó a existir. Este momento, cuando Dios comienza a ser también hombre, se llama la Encarnación. Jesucristo es una persona que es verdadero Dios y verdadero hombre.

4 En el momento establecido por Dios, el Verbo eterno, segunda persona de la Santísima Trinidad, se hizo carne: sin perder la naturaleza divina, asumió la naturaleza humana. La fe en la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana.

5 La Iglesia expresa el misterio de la Encarnación afirmando que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Con dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la Persona del Verbo. Por tanto, todo en la humanidad de Jesús, milagros, sufrimientos y la misma muerte, debe ser atribuido a su Persona divina, que actúa a través de la naturaleza humana que ha asumido.

6 El acontecimiento único y totalmente singular de la Encarnación del Hijo de Dios no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. El se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios.

7 Dios no sólo toma apariencia de hombre, sino que se hace hombre y se convierte realmente en uno de nosotros, se convierte realmente en «Dios con nosotros»; no se limita a mirarnos con benignidad desde el trono de su gloria, sino que se sumerge personalmente en la historia humana, haciéndose «carne», es decir, realidad frágil, condicionada por el tiempo y el espacio. Dice Benedicto XVI: No se trata de un simple revestimiento, de una apariencia mudable, como se creía que sucedía a las divinidades de la cultura grecorromana: la realidad de Cristo es divina en una experiencia auténticamente humana.

8 Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Significa que la Virgen María concibió a Jesús en su seno por obra del Espíritu Santo y sin la colaboración de varón. «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lc 1, 35), le dijo el ángel en la Anunciación.

9 Jesús es Hijo del Padre celestial según la naturaleza divina, e Hijo de María según la naturaleza humana; pero es propiamente Hijo de Dios según las dos naturalezas, al haber en Él una sola Persona, la divina.

10 Para formar el cuerpo y crear el alma de Jesucristo concurrieron las tres Personas divinas. En general, debemos tener como norma de Fe cristiana: todo lo que Dios opera fuera de sí en las criaturas, es obra común de las tres Personas. Una no opera más que la otra, ni una sin la otra.

11 Se dice que fue concebido del Espíritu Santo porque la Encarnación del Hijo de Dios es obra de bondad y de amor, y las obras de bondad y de amor se atribuyen al Espíritu Santo.

12 Se encarnó verdaderamente y no en apariencia. Pues si la encarnación fue falsa, también lo sería la salvación humana..

13 El evangelio de san Lucas nos narra lo que sucedió momentos antes de encarnarse el Verbo divino. Fue en una pequeña ciudad de Galilea llamada Nazaret. Allí vivía una virgen, desposada con José, de nombre María.

14 Se presenta un enviado de Dios, un ángel que la saluda: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

15 Ella se turba; pero el ángel la tranquiliza: No temas. Y le dice el motivo de su embajada: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Y dice muchas alabanzas del que va a ser su hijo.

16 María confía, pero quiere una aclaración: ¿Cómo será eso pues no conozco varón? Conociendo las costumbres locales y el lenguaje religioso, venía a decir que, aunque estaba comprometida con José, ella pensaba seguir siendo virgen.

17 El ángel se lo aclaró: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. Para los seres humanos es imposible; pero Dios lo puede hacer todo, si es para su gloria y nuestro bien. Y para que quedara más tranquila María, el ángel le dice lo que Dios ha hecho en su pariente Isabel: poder ser madre en la vejez.

18 María se entrega a Dios: He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.

19 El ángel se retira porque ha cumplido su embajada. Y por la acción del Espíritu Santo se realiza la maravilla de las maravillas: el Verbo eterno, el Hijo de Dios se hace hombre en el seno de María.

20 La Anunciación a María inaugura "la plenitud de los tiempos"(Ga 4, 4), es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos.

21 El Hijo único del Padre, al ser concebido como hombre en el seno de la Virgen María, es "Cristo", es decir, el ungido por el Espíritu Santo desde el principio de su existencia humana, aunque su manifestación no tuviera lugar sino progresivamente: a los pastores, a los magos, a Juan Bautista, a los discípulos. Toda la vida de Jesucristo manifestará "cómo Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder" (Hch 10, 38).

22 Al ser concebido Jesús por obra y gracia del Espíritu Santo, nos está diciendo la Iglesia que María fue virgen.

23 Jesús no tiene como Padre más que a Dios. "La naturaleza humana que ha tomado no le ha alejado jamás de su Padre; consubstancial con su Padre en la divinidad, consubstancial con su Madre en nuestra humanidad, pero propiamente Hijo de Dios en sus dos naturalezas". La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación.

24 Desde las primeras formulaciones de la fe, la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: sin semilla de varón, como decía el Concilio de Letrán en el año 649.

25 En la generación de Jesús no intervino ningún varón, sino el poder trascendente del Espíritu Santo, Señor y Dador de vida. No se trata de que Dios supliese el papel que le correspondería a un varón. La intervención del Espíritu Santo es divina. Dios actúa como Dios, no como hombre.

26 Jesús es engendrado «por el Padre antes de todos los siglos» y se hace hombre, siendo engendrado en María por la acción trascendente del Espíritu de Dios. El Espíritu Santo no es el Padre de Jesús.

27 Otro suceso interesante, para reafirmar la virginidad de María es lo que nos narra el evangelio de san Mateo cuando san José se dio cuenta de lo que sucedía.

28 Habían pasado unos meses. María había ido a visitar a su prima Isabel y había vuelto tres meses después. José, con espanto, se entera que María va a ser madre. Es posible que hasta le felicitara algún vecino.

29 José podía denunciarla. Él sabe que María es muy buena, pero no lo entiende. Entonces, en vez de acusarla a ella, prefiere quizá que le culpen a él. Porque piensa abandonarla.

30 Aquí es donde viene Dios a consolarle por medio del ángel: No temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Además le encarga que haga las veces de padre.

31 Sería un día muy dichoso para san José, quien pronto llevó a María a su casa. Y termina el pasaje diciendo: Y sin haberla conocido, María dio a luz un hijo a quien puso por nombre Jesús. Sin haberla conocido está traducido literalmente en lenguaje bíblico. Otros lo traducen directamente: Y sin haber tenido relaciones sexuales…

32 La fe de la Iglesia en la concepción virginal de Jesús ha encontrado viva oposición, burlas o incomprensión por parte de los no creyentes, judíos y paganos.

33 El sentido de este misterio no es accesible más que a la fe que lo ve en ese "nexo que reúne entre sí los misterios" dentro del conjunto de los misterios de Cristo, desde su Encarnación hasta su Pascua.

34 La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la "siempre-virgen.

35 A esto se objeta a veces que la Escritura menciona unos hermanos y hermanas de Jesús. La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no referidos a otros hijos de la Virgen María. Se trata de parientes próximos de Jesús, según una expresión conocida del Antiguo Testamento.

36 De María podemos decir que era Virgen y Desposada para que fuese estimada la virginidad y no se despreciase el matrimonio; fue elegida la virginidad para la santificación, y el desposorio para dar inicio a las nupcias cristianas..

37 La concepción virginal es una obra divina que sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humana. No se trata de indagar por medio de suposiciones inútiles, sino de contemplar y reconocer la acción de Dios. Sólo desde esta base se abre camino la comprensión que brota de la fe.

38 Cristo, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. San Pablo tiene una formulación hermosa sobre la Encarnación (Fil 2, 6-8):

39 se rebajó Automático

40 se rebajó

41 a pesar de su condición divina

42 se despejó de su rango

43

44 pasando por uno de tantos

45 pasando por uno de tantos.

46 Y así actuando como un hombre cualquiera

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48 se re- ba- jó incluso a la muerte

49 y a una muer- te Hacer CLICK

50 Les propone ahora, como acicate, un formidable ejemplo: la humillación de Cristo que desemboca en su glorificación. Con ello Jesús nos da un ejemplo de humildad: pero es para glorificación. San Pablo está urgiendo a la comunidad de Filipos la unidad eclesial, cuyo presupuesto básico es la humildad.

51 La palabra se anonadó deriva del griego, vaciarse, y San Pablo la utiliza para referirse a la renuncia voluntaria hecha por Cristo a su derecho de privilegios divinos al aceptar humildemente el estado humano en la encarnación. También se utilizan otros términos para referirse a este hecho: se despojó, se entregó, se dio, se humilló.

52 El Apóstol lo explica diciendo: No consideró esta igualdad como algo que debía guardar celosamente, sino que "siendo de condición divina, como verdadero Dios-Hijo, Él asumió una naturaleza humana privada de gloria, sometida al sufrimiento y a la muerte, en la cual poder vivir la obediencia al Padre hasta el extremo sacrificio. Primero dice:"Se despojó de sí mismo. No significa que cesó de ser Dios: ¡Sería un absurdo!

53 En el primero, Cristo Jesús, desde el esplendor de su divinidad, que le pertenece por naturaleza, elige descender hasta la humillación de la «muerte de cruz». Así se hace realmente hombre y nuestro redentor, con una auténtica y plena participación en nuestra realidad humana de dolor y muerte. El segundo movimiento, ascendente, revela la gloria pascual de Cristo que, después de la muerte, se manifies- ta de nuevo en el esplendor de su majestad divina. Comenta Benedicto XVI: El texto tiene un movimiento descendente y otro ascendente.

54 La encarnación de nuestro Salvador representa la más elevada realización de la solicitud divina en favor de los hombres. Después de unir a sí la naturaleza del hombre ya vencida, la lleva a la lucha y la prepara para reparar la derrota, para vencer a aquel que un tiempo había logrado inicuamente la victoria, para librarse de la tiranía de quien cruelmente la había hecho esclava y para recobrar la libertad originaria». Comenta Teodoreto de Ciro:

55 Pudo haber manifestado exteriormente la gloria, que desde siempre poseía, y, por lo tanto, aparecer glorioso en su humanidad. Pero no lo hizo así. Hecho hombre, asumió la condición puramente humana, como uno de tantos, cargando con las debilidades comunes a los mortales, excepto el pecado. Su humillación culminó en la obediencia a la muerte de cruz. Como Hijo de Dios, tenía por esencia todos los atributos divinos.

56 Exclama San Alfonso: ¡Dios salió de sí a causa de tanto amor!, Disponiendo de tantos medios para ofrecernos la salvación, escogió el camino del dolor para demostrarnos a qué punto llegaba su amor hacia nosotros. Ese anonadamiento fue por amor a nosotros.

57 "El Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios". "Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen y se hizo hombre". El hombre, alejado de Dios, necesitaba un salvador que le diese a conocer el designio amoroso de Dios y sanase la naturaleza humana caída.

58 "El Verbo se encarnó para que nosotros conociésemos, así, el amor de Dios". La iniciativa de abajamiento, de humildad radical de Cristo, con la que contrasta la soberbia humana, es realmente expresión del amor divino; a ella le sigue esa elevación al cielo a la que Dios nos atrae con su amor.

59 "El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad". "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí". (In 14, 6) La encarnación de Cristo es la epifanía del amor de Dios al hombre pecador. Siendo Él la vida «bajó del cielo para dar vida al mundo» (Jn 6,33-63), para hacernos partícipes de la «vida eterna» (Jn 3,16.36; 10,10), «pasándonos de la muerte a la vida» (Jn 5,24).

60 El Verbo se encarnó para hacernos partícipes de la naturaleza divina", de su filiación divina. La humanización de Dios inauguró la divinización del hombre. «Admirable comercio», dirá san León Magno, entre Dios y el hombre. El nos entregó su divinidad haciéndose hombre, para hacer a los hombres Dios.

61 El Hijo de Dios hecho hombre sigue siendo el Amén del Padre, reflejo de su bondad, y principio y fin de nuestra felicidad.

62 Automático

63 A M É N

64 Amén Amén Amén

65 Cristo es el AMÉN del Padre;

66 de las divinas promesas que se realizan en Él.

67 El Amén nos une a Cristo,

68 por Él, con Él y en Él. (Por obra y gracia del Espíritu Santo)

69

70 Que la Virgen María, que supo decir Amén

71 siempre a la voluntad de Dios

72 ASÍ ES nos enseñe a encontrar a Cristo, el Amén del Padre.


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