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Publicada porHumberto Roque Modificado hace 10 años
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En Filipenses 4.4, Pablo da este mandamiento a los creyentes:
“Regocijaos en el Señor siempre.“ Otra vez digo: ¡Regocijaos!” Obviamente, la voluntad de Dios para nosotros es que seamos un pueblo gozoso.
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A los cristianos se les dice que se regocijen, no en lo que
causa su sufrimiento, sino en el Señor. Esto no significa negar nuestro dolor, sino una oportunidad para confiar que nuestros pecados son perdonados y nuestros nombres están escritos para siempre en el cielo (Lc 10.20). El sufrimiento de esta vida no es comparable con la gloria que nos espera (2 Co 4.17, 18). ¡Alabado sea Dios porque nuestro destino es el cielo!
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Podemos regocijarnos por la presencia del Espíritu Santo
en nosotros. Él nos da el poder para superar cualquier dificultad o pérdida, y produce su fruto espiritual en las vidas de todos los que se someten a su control. Pero el mayor objeto de nuestro gozo es el Señor mismo. Cuando pensamos en su amor incondicional, en su fidelidad inquebrantable, y en su compasiva indulgencia
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Él nos ha dado promesas maravillosas, y nunca dejará
de cumplirlas. Jesús dijo a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Jn 15.11). Si nuestros ojos están puestos en el Señor, nunca nos faltarán razones para regocijarnos, pero si comenzamos a centrarnos en nuestros sentimientos o circunstancias, nuestro espíritu decaerá.
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la vida parece no tener esperanza.
Cuando las emociones nos abruman y hacen que nos centremos en nuestro dolor, la vida parece no tener esperanza. Algunas personas no pueden dejar atrás los fracasos o los errores del pasado, mientras que otras viven con temores acerca del futuro. Ambas actitudes roban la alegrìa y la paz. Los remordimientos pueden ser silenciados aceptando el perdón de Cristo. Los temores son vencidos por la fe en la promesa del Señor de que Él se ocupará de nuestro futuro (Mt 6.33, 34).
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Reclama por fe, el gozo del Señor está disponible para todos.
Toma la decisión de regocijarte en Él, no importa cuál sea su situación. Reclama por fe, el gozo del Señor está disponible para todos. Con cariño, Betty
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