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Grupo literario cultural Tiberias. El Grupo literario-cultural Se Puede… fue fundado en febrero 2003 en la ciudad de Tiberias. Dentro de su marco funcionan.

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Presentación del tema: "Grupo literario cultural Tiberias. El Grupo literario-cultural Se Puede… fue fundado en febrero 2003 en la ciudad de Tiberias. Dentro de su marco funcionan."— Transcripción de la presentación:

1 Grupo literario cultural Tiberias

2 El Grupo literario-cultural Se Puede… fue fundado en febrero 2003 en la ciudad de Tiberias. Dentro de su marco funcionan un Taller de Creación Literaria y un Círculo de Lectores. Se realizan conferencias, presentaciones de libros y actividades culturales varias con la participación de personalidades, se han publicado nuestros trabajos en revistas propias y del medio. En constante crecimiento, abrimos nuestras puertas virtuales a ustedes, nuestros valorados lectores. Algunos talleristas sacaron de olvidados rincones sus experiencias, otros volcaron con timidez sus recuerdos, sentimientos y fantasías. Deseamos que disfruten y sepan valorar este bagaje de esfuerzo, dedicación y voluntad. El grupo cuenta con el auspicio de la Municipalidad de Tiberias. Ruth Segal, Directora del Grupo Se puede… Presidenta de la Unión de Escritores en Castellano de la Municipalidad de Tiberias.

3 Dirección Editorial: Ruth Segal Diseño Gráfico: Magali Segal

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5 La creatividad no nos convierte en artistas, nos torna pájaros en libertad. Las notas publicadas son responsabilidad de quienes las firman. © Prohibida su reproducción sin autorización escrita del autor.

6 Zulema Perpignal Zulema Perpignal Marcelo Finkelstein Marcelo Finkelstein Enrique Abraham Enrique Abraham Magali Segal Magali Segal Héctor Felman Héctor Felman Graciela Teper Graciela Teper Débora Lis Weller Débora Lis Weller Alicia Chafer Alicia Chafer Lito Lijovitzky Lito Lijovitzky Ernesto Teplitz Ernesto Teplitz Rubén Segal Rubén Segal Haz click sobre el autor y podrás leer su obra

7 Aquel atardecer el pescador no pudo encontrar la orilla y la tormenta lo obligó a permanecer en alta mar. Pensó en ella.Se habían prometido una noche especial. Era su aniversario. Y ahora solo frente a la furia desatada de los elementos, la imaginaba tensa frente a la ventana, tratando de no pensar. De darse ánimo, conteniendo el llanto y diciéndose a sí misma que todo iría bien, que su hombre volvería sano y salvo. No era la primera ni sería la última tormenta que les tocaría enfrentar. Ella lo sabía cuando unieron su destino. Pero nunca llegaba a acostumbrarse. Cada día era un mirar al cielo y otear el horizonte como si fuera la primera vez. Rezando para que no fuera la última. La cena especial estaba preparada, esperando cada instante que los vientos amainaran. Que la puerta se abriera como siempre y la amplia sonrisa del pescador la envolviera en silencio con la fuerza que dan los sentimientos que no necesitan palabras.

8 Las sombras de la noche se fueron apoderando lentamente de la poca claridad que los nubarrones dejaban filtrar. Las velas en la mesa familiar se consumían lentamente mientras el pescador libraba su lucha desigual con el mar impiadoso. La luz del faro le indicó dónde se hallaba. Trató de aliarse con su eterno enemigo: el viento, a quien jamás lograría vencer. Sin fuerzas, a punto de desfallecer, su pericia logró acercar la barca hasta la orilla. Los pescadores que esperaban en la costa lo reanimaron, como tantas veces también ellos supieron del apoyo y el cariño de la cofradía. Felices de haberle robado al eterno rival una víctima más. Cuando llegó a la casa, ya en penumbras, la encontró sentada, dormida, saturada de cansancio y plegarias. Un simple beso selló el reencuentro. Pero fue suficiente. Al día siguiente nuevamente seguiría la lucha sin descanso. Sin tiempo para pensar. Había que guardarlo para la próxima tormenta.

9 Domingo, seis de la tarde de un día gris y una llovizna que casi no te moja y la tristeza de estar solo. Tarde para la siesta, temprano para la noche, y esperar a que se haga la hora para salir a dar la vuelta del perro. Sentado frente a la tele que le habla todo el tiempo pero no le dice nada, siente una desazón que no tiene explicación, como si estuviera esperando a alguien que no tiene que venir. De pronto suena el teléfono. No se apura a contestar, cuando levanta el tubo ya cortaron. No espera ninguna llamada y no tiene ganas de hablar con nadie. Sale a la calle a caminar para no escuchar de nuevo el teléfono. No puede pensar en nada, su mente trabajando a mil por hora, pero como la tele, no le dice nada. Prende un pucho y se sienta en la plaza sin importarle la lluvia y decide que así no puede seguir, tiene que hacer algo que lo despierte de ese sopor, que lo saque del domingo, que lo devuelva a la vida, pero ¿qué?

10 Piensa en visitar a alguien pero lo descarta en seguida, no tiene ganas de verse envuelto en historias que no le conciernen, o escuchar comentarios que no le interesan. Entra en un bar, pide un café que se enfría demasiado rápido. Sale, sigue caminando, mirando los pocos rostros que se le cruzan y siente, que como él, buscan sin encontrar algo que les devuelva la emoción o el interés. Vuelve a su casa, prende la radio. Las cuatro estaciones de Vivaldi lo inundan, se tira en el sillón para que la música pueda penetrar por todos sus poros. Abre los ojos, en la radio alguien lee las noticias, mira el reloj, las siete. ¿De la mañana o de la tarde? Está confundido. Se lava la cara y por la ventana ve pasar los chicos camino a la escuela. Comprende que por fin el domingo terminó y que un nuevo lunes le devuelve la rutina contra la que tanto protesta pero que le regula la vida, como los horarios.

11 Comprar el atuendo propio de un cazador, o sea: un saco tipo safari con varios bolsillos y un pantalón corto haciendo juego. Como elemento de caza, sólo un palo largo con un lazo en la punta. También son necesarias varias bolsas para meter las presas obtenidas. Proveerse de un indígena que sea baqueano en la búsqueda de ofidios. No olvidarse de unas botas bien altas. El nativo puede ir descalzo. Internarse en lo más profundo de una selva tropical. Una vez dentro, exigir al sirviente que meta la mano en cada agujero sospechoso. ¡Importante! En el caso fortuito de que sea mordido, aplicarle rápidamente la vacuna correspondiente. Si no sabe aplicarla, pídale a cualquiera que pase que le haga ese favor. Convénzalo de que se trata de salvar una vida. Si fallece, recostarlo delicadamente contra un árbol y tratar de modificarle la fea mueca de la cara, moviéndole los labios hasta que parezca una agradable sonrisa. Si no precisa otro ayudante, ahórrese este trabajo. Lastimosa imitación del inimitable Julio Cortázar

12 ¡Muy importante! Cómo evitar las mordeduras: Si la víbora ataca a su izquierda, muévase a la derecha. Pero si ataca a su derecha muévase a su izquierda, muy sencillo. Para caso de olvido, llevarlo anotado en un papelito que se colocará en uno de los tantos bolsillos de la chaqueta. ¡Ultima recomendación! Si ha cazado muchas serpientes y no sabe qué hacer con ellas, no las tire. Véndalas en algún buen restaurante chino, que las transformarán en exquisitos manjares.

13 Lágrimas invadieron los ojos de la joven del vestido rojo, en el momento en que se cortó la luz. No eran lágrimas de felicidad ni de tristeza. Eran lágrimas de miedo. No, no era una nena chiquita. Ya no. Ya que hoy, por primera vez, la habían dejado salir sola. Veinticinco años había esperado ese día, para que la dejaran ser ella. Ella. Sin influencia de padres que la cuiden todo el tiempo. Sin remedios que le dicten su día. Solamente ella. Sin murmullos en su cabeza. Sin voces llevándola a lugares no gratos. Y sin barullos, a veces tan fuertes que la aislaban de los demás. Simplemente ella. Y así fue que en el momento en que se cortó la luz del ascensor, se apagó el resplandor de esperanza en su corazón. El día más independiente de su vida se había convertido en el día de su re-encarcelación. Aturdida por los sonidos que volvió a oír, no dejaba de sujetarse la cabeza. Y gritaba. Gritaba para que alguien los apagara. Le dolía. Aullaba porque estaba asustada. Tenía miedo. Miedo de no volver a ser ella nunca más.

14 Nos fuimos quedando solos, en el medio de la nada, que nos hundía cada día, hasta sumirnos, en la más profunda de las obsesiones imaginadas. Fuimos algo nuevo, puro, limpio e inmaculado, que se crea en un momento, en que lo viejo, ya no tiene ningún sentido. Ese grito desgarrado, que nos fue llenando de miedos, de angustias interminables, hasta hundirnos el alma en un pozo infinito. Fue sólo alzar la vista, mirar todo lo que nos rodea, y pensar en esos preciosos momentos, en qué vaga realidad, nos encontramos. Crecimos en medio del caos, de odios constantes entre negros y blancos, guerras que no cesan, que traen desgracias a pueblos que quieren vivir sin ignorancia. Mas allá de todo, donde esta la noche que oculta los males de la humanidad, se escucha el llanto de un niño perdido que busca a su madre, sin saber que nunca la va a encontrar. Yo busco mi vida entre tantas cosas, ninguna me dice qué rumbo tomar, pienso en ese niño, como en tantos otros, que sienten el hambre, no tienen hogar, sus almas quisiera, se puedan salvar.

15 Sin pensar en guerras, no deben matar, bastantes ya han muerto, por un ideal, que jueguen y estudien, mirando el futuro, el pasado nuestro, no deben recordar. Ese mundo nuevo que van a formar, esas cabecitas que he visto soñar, quién sabe qué cosas habrán de inventar, quisiera ser niño...sí, quisiera ser niño y volver a empezar.

16 Fue un martes de primavera, ese día a la mañana había ido de excursión a las islas Lulas, un lugar que a mí me había parecido muy tranquilo, aunque los lugareños le atribuían imaginarios maleficios. Como había llegado muy cansado, demasiado, me acosté a dormir la siesta. Cuando me levante me sentía raro, quise hablar mas no pude articular palabra. Me detuve frente al espejo. Nada extraño a la vista. Unas horas más tarde un escozor me invadió el cuerpo y me empezaron a aparecer pelos por todas partes, las orejas me cambiaron de forma, la cara también. Mi mandíbula ya no era la de siempre. Innecesario decir que permanecía como congelado, fascinada mi vista en el espejo. De golpe se me cayó la nariz. Un botón negro se formó en su lugar. Empecé a escuchar sonidos muy agudos y persistentes, tonos que nunca había oído. Quise tomar un vaso de agua y sólo logre beber a lengüetazas. Las extremidades me habían cambiado. Mis manos y piernas... se tornaron patas y de repente me descubrí espantando una mosca con una cola larga y peluda que ahora formaba parte de mi cuerpo.

17 Un lamento profundo brotó desde algún lugar de mi alma pero mis oídos sólo captaron un aullido que a mí mismo me produjo un escalofrío. Dando vueltas por la casa todo lo veía desde muy abajo, a la altura de los zócalos. Impotente, me eché debajo de la mesa de la cocina. Me quedé dormido. Al despertarme, todo había vuelto a la normalidad. Tomé una escoba y me puse a barrer los pelos esparcidos por el piso. Nunca volví a las islas Lulas.

18 Los Pérez formaban una familia común de clase media. Vivían en un barrio común donde casi todos se conocían. José se casó con una vecina del barrio, tuvieron dos hijas a quienes pudieron criar y educar sin contratiempos. Los padres de José (fallecieron muy jóvenes) y él apenas concluyó sus estudios primarios e ingresó a trabajar en un taller mecánico. Poseía una capacidad y una vocación fuera de lo común para la mecánica y luego de varios años pudo convertirse en propietario del taller donde trabajaba. Gracias a su capacidad progresó rápidamente. José fue un hombre feliz, amaba su trabajo, sus empleados eran sus amigos así como también varios vecinos que frecuentaban su taller y eran asiduos a los asaditos de los sábados. No tenía ningún tipo de vicios, solo que, a instancias de su esposa, compraba todas las semanas, desde hacía ya varios años, un billete de lotería, siempre el mismo número, y siempre en la misma agencia, No le prestaba ninguna atención, nunca verificaba su suerte. De eso se encargaba su agenciero y amigo. Ese día, cuando sonó el teléfono lo atendió con algo de fastidio por la interrupción, y su mano engrasada que sostenía el teléfono tembló ostensiblemente. Era su amigo el agenciero quien lo llamaba.

19 Le dijo con voz emocionada que acababa de ganar la lotería y le mencionó una cifra que a él le pareció enorme. Pasados los momentos de estupor, de infinitas felicitaciones y festejos y al calmarse un poco la euforia, José sintió miedo. Este suceso significaría un cambio sustancial en su vida. Su instinto se lo advertía. Su mujer y sus hijas se lanzaron a una maratón de proyectos y compras. Como era débil de carácter y las amaba entrañablemente, accedió en todo. Así se vio viviendo en un palacete, en un barrio que ellas definieron como aristocrático, tuvo que abandonar su trabajo que tanto amaba porque no congeniaba con su nuevo look. Su mujer y sus hijas lo arrastraron a toda clase de reuniones, fiestas y a todo tipo de lugares que ellas consideraban elegantes, en su afán de participar en el seno de la high society. José en su sencillez, se asqueó muy pronto y renunció definitivamente a concurrir a tales eventos. Así, de pronto, se sintió muy solo, y esa tarde, deambulando por el extenso palacete, tratando de evitar a la servidumbre que lo atosigaba con sus atenciones, a él, que siempre acostumbró a servirse solo, se decidió. Con paso ágil se dirigió a su antiguo taller y luego de recibir los abrazos de sus únicos amigos, se vistió con un overol, tomó una llave engrasada y alegremente decidió que ése era su lugar y su vida.

20 Sentada en un bar frente a un café Vi.... La lluvia hinchada como lágrimas doradas resbalaba lentamente sobre la mesa helada. La tristeza me invadió y sentí... Cómo las lágrimas heladas caían de mis ojos como una lluvia dorada sobre la mesa hinchada.

21 Ahora que soy transparente, insípida e inodora. Soy la metamorfosis de una gota de agua. Lluvia, bendición del cielo, que a la tierra besa. Suave aroma a tierra mojada. Océanos, caleidoscopios de peces y corales. Ecosistemas de vidas ocultas y fugaces. Mares de espumas que se juntan con el horizonte. Infinitos rumbos desconocidos. Cielo y mar que se abrazan Recuerdos de este amor deshabitado. De mí y de ti.

22 Ayer, soñé con mi madre. Soñé que la iba a visitar a su nueva casa. Se había mudado a un pequeño pueblo. Era un pueblo extraño, diferente a todos los que yo conocía, las casas pequeñas, muy pequeñas, las calles silenciosas, muy silenciosas, no había niños jugando ni gente por las calles. También a ella la noté diferente. Parecía que ya no sufría de los terribles dolores que la aquejaban últimamente. Sonreía placidamente. Cuando llegué a la casa de mi madre, le dije: ¡Que extraño pueblo es este!, Quise comprarte flores para tu nueva casa, pero no vi ninguna florería, quise comprar algo para la merienda pero no ví ningún almacén, en realidad no vi ningún negocio de ningún tipo Es cierto –me contestó- En este pueblo no hay negocios. Es que la gente de este pueblo no tiene necesidad de ellos. ¿No quieres que te traiga algo? - le pregunté solicito. No gracias, no debes preocuparte por mí, nada me falta aquí. Ahora vuelve a tu casa, cuida a tu familia y que Dios te bendiga. Cuando regresaba vi a un grupo de gente. Caminaban despacio, como arrastrando los pies. Caminaban en silencio. Algunos caminaban abrazados. Me pareció que estaban apesadumbrados, y que algunos incluso lloraban....

23 Ayer soñé este sueño casi como si fuese real, ahora estoy despierto, pero viviendo la realidad como si fuera un sueño, o mejor dicho: como una pesadilla. Estoy caminando en medio de un grupo de gente, caminamos lentamente, en silencio. Yo camino abrazado a mi hermano, tengo los ojos empapados de lágrimas. Unos metros más adelante llevan a mi madre. La estamos acompañando en su viaje póstumo hacia su morada eterna.

24 Mis hijas son juguetes que flotan en mi mente, mis hijas son mis ansias, y repentinamente... inundan mis sentidos, tan descaradamente, que siento que me invaden en todos mis anhelos. Ellas son mi reflejo, frutos de mis deseos, y llevan la carga de mis malos momentos. Sentimientos extremos... deseos inciertos... Pero no son juguetes como dice ese verso, ni son barriletes arrastrados por el viento.

25 Ellas son de carne y hueso, me aman, me comprenden, me analizan y critican, y siempre están pendientes de todos mis caprichos. A ellas les dedico todo lo que yo puedo sin intentar ser héroe que muera con el tiempo. Ambiciono ser humana y que así me recuerden, el día que ya sólo me guarden en su mente. Que sepan mis errores y que ellas también yerren es la mejor manera de crecer sobre esta tierra. A ellas les dedico mis aciertos y mis no, pues ambas son espejos, incondicionalmente puestos, donde miro a diario... todos mis movimientos.

26 Hija mía, en carne viva me siento cuando veo que te pasa lo que corrió por mis venas. Vuelvo a ese, mi pasado, mi niñez, mi adolescencia, para tratar de salvarte de tantas interferencias. Situaciones repetidas, angustias que te trastornan, ¿cómo hacer que nos las vivas y que sean sólo mías? ¡Daría yo tantas cosas para que no sufras vos! Pero necesitás tu experiencia, de tus garras, de tu fuerza, para salir adelante, para enfrentar lo que venga. Tus temores son mis penas, tus angustias son las mías, te comprendo, hija mía, tal vez, tú también comprendas.

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