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QuejasdeJob El silencio de Dios… JL Caravias. ¿Por qué sufre el inocente? ¿Es Dios el que manda sufrimientos como castigo? ¿Cómo se entiende su justicia.

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1 QuejasdeJob El silencio de Dios… JL Caravias

2 ¿Por qué sufre el inocente? ¿Es Dios el que manda sufrimientos como castigo? ¿Cómo se entiende su justicia cuando sufre un inocente? ¿Cómo se entiende que haya malvados que prosperan y buena gente lo pasa muy mal? ¿Es posible ser libre frente a Dios? ¿Se le puede pedir cuentas? ¿Es posible rebelarse contra Dios? Posiblemente se escribió hacia finales del siglo IV aC., en época persa. Sus cuestionamientos son muy serios: Este libro es una ficción literaria, una especie de obra de teatro. El libro de Job enfrenta el problema del sufrimiento con absoluta honradez. Job es el prototipo del hombre inocente que sufre, se pregunta por su dolor y no admite soluciones piadosas.

3 Sus amigos le dan las respuestas clásicas de siempre, y Job las rechaza con rabia. Ellos pretenden defender la justicia de Dios condenando a Job. Leamos, asombrados, las rebeldías de Job. Después escuchemos las respuestas de los cuatro amigos. Por último, asistamos al encuentro entre Job y Dios. Job cree en Dios, pero no entiende por qué lo trata tan mal, y por ello se rebela en contra suya… Los amigos piensan que Dios en esta vida castiga a los malos y premia a los buenos. Su intenso sufrimiento es señal de que Job es mala gente.

4 ¡Maldito el día en que nací y la noche en que se dijo: Ha sido concebido un hombre! ¿Por qué no morí al salir del seno y no expiré cuando salía del vientre? ¿Para qué dar la luz a un desdichado? Job 3, ¿Para qué dar la vida a un hombre que no encontrará su camino, ya que Dios lo tiene encerrado? Son los suspiros mi alimento, y se derraman como el agua mis lamentos, porque si algo temo, eso me ocurre, y lo que me atemoriza me sucede. 3, 23-25

5 Las flechas del Omnipotente están clavadas en mí, mi espíritu bebe su veneno, y los terrores de Dios están alineados contra mí. 6,4 ¿Con qué fuerza esperaré aún? ¿Acaso resistiré como la roca? ¿Es mi carne de bronce? Ya no encuentro en mí fuerza que me salve y toda ayuda se ha ido lejos de mí. 6,11-13 ¡Ojalá se escuchara mi ruego y Dios me concediera lo que espero: aceptara aplastarme, y soltara su mano y me acabara! 6,8s

6 No callará mi boca, sino que expresaré mis angustias y me quejaré a la medida de mi amargura. 7,11 Mi alma está hastiada de la vida, por lo que daré libre curso a mi queja, hablaré de mi amargura. 10,1

7 ¿Cuándo apartarás de mí tus ojos y me darás tiempo de tragar mi saliva? ¿En qué te molesto? ¿Por qué no olvidas mi falta y no dejas pasar mi pecado? 7,14-21 Tú me asustas con sueños y me aterrorizas con visiones. Preferiría ser sofocado: la muerte antes que estos dolores. Mira que desfallezco… ¡Déjame! Ves que mis días son un soplo. ¿Qué es el hombre para que te fijes tanto en él y pongas en él tu mirada, para que lo vigiles cada mañana y lo pongas a prueba a cada instante? Si he pecado, ¿qué te he hecho yo a ti,guardián de los hombres? ¿Por qué me has tomado como blanco de tus golpes?

8 ¿Cómo puede un hombre justificarse ante Dios? Pero, ¿realmente soy bueno? ¡Ni yo mismo lo sé! ¡Desconfío de mi existencia! 9,21 Su corazón es sabio y su fuerza es enorme. ¿Quién le ha opuesto resistencia y ha salido triunfante? 9,2.4 ¿Recurriré a la fuerza? El es más forzudo, y si le meto pleito, ¿quién le hará la citación? y si le meto pleito, ¿quién le hará la citación? 9,16-19 Y si él acude a mi llamado, ¿podré estar seguro que me atenderá? Él, que me aplasta sólo por un pelo y que multiplica sin razón mis heridas, que no me deja ni respirar con tantas amarguras que me hace tragar.

9 ¿Acaso te conviene mostrarte duro, despreciar la obra de tus manos y favorecer el plan de los malvados? 10,2-3 ¿Para qué andas rebuscando mi falta, indagando mi pecado, aunque sabes muy bien que yo no soy culpable y que nadie puede librarme de tu mano? Acuérdate que me amasaste como el barro y que de nuevo me harás volver al polvo. 10,6-9 Tus manos me han modelado, me han formado, y luego, enojado, ¿me quieres destruir? Quiero decirle a Dios: No me condenes; dime por qué me has demandado.

10 Estoy agotado, pero como un león me persigues, te gusta triunfar sobre mí; redoblas tus ataques y tu furor aumenta en contra mía; tus tropas de refresco me asaltan sin tregua. ¿No son bien poca cosa los días de mi existencia? Apártate de mí, para que goce un poco de alegría. 10,16-20 ¿Por qué me sacaste del seno materno? Habría muerto y ningún ojo me habría visto…

11 ¿Quieres asustar a una hoja que arrastra el viento o perseguir a una paja seca tú, que dictas contra mí amargas sentencias y que me achacas los pecados de la juventud, que colocas cadenas en mis pies o que vigilas todos mis pasos observando las huellas de mis pies? 13,24-27 ¿Por qué me vuelves la cara y me tratas como a un enemigo tuyo?

12 He pasado a ser objeto de risa para mi amigo, yo que clamo a Dios y no me responde. ¡Motivo de risa es el hombre intachable! En cambio, las casas de los salteadores están en paz, y viven seguros los que enojan a Dios, los que tienen su Dios en su propia fuerza. 12,4.6

13 ¿Acaso quieren defender a Dios con argumentos falsos y por él van a decir mentiras? 13,4-7 Sus afirmaciones son como sentencias de ceniza y sus argumentos son de barro. Contra sus amigos Ustedes no son más que charlatanes, todos ustedes son médicos que no sirven para nada. ¡Quién pudiera obligarlos a guardar silencio!, eso sería el único acto sabio de ustedes… Me lo jugaré todo, llevando en la palma mi vida. 13,12-14 ¡Cállense, ahora voy a hablar yo, venga lo que venga!

14 ¡He oído muchas cosas como éstas!, ¡pesados consoladores son todos ustedes! ¿No se acabarán sus palabras vanas? 16,4s ¿Hasta cuándo continuarán produciéndome amargura, y me acorralarán con sus discursos? Contra sus amigos ¿Por qué me persiguen tan cruelmente como Dios y no quedan satisfechos con mi carne? 19,21 Ustedes tratan de condenarme y buscan pretextos contra mí 19,28 ¿Para qué me dan vanos consuelos? ¡Pura falsedad lo que me contestan! 21,34 Ya me han insultado diez veces, ¿y no se avergüenzan de maltratarme así? 19,2s Apiádense de mí, ustedes mis amigos, que es la mano de Dios la que me hirió.

15 Yo vivía tranquilo cuando comenzó a sacudirme, me tocó por el cuello y me hizo pedazos… ¡Ojalá pudiera el hombre discutir con Dios lo mismo que lo hace con su prójimo! 16,20s Traspasa mis entrañas sin piedad y derrama por el suelo mi hiel. Me llena de agujeros y se lanza contra mí como un guerrero. 16,11-14 Mi clamor ha llegado hasta Dios y mis lágrimas corren ante él. Dios me entrega a los injustos y me arroja en manos de los malvados.

16 ¿Acaso bajará conmigo al infierno y nos hundiremos juntos en el polvo? 17,15s ¿Quién ha visto para mí la felicidad? ¿Dónde está mi esperanza?

17 Yo me pondré de pie dentro de mi piel y en mi propia carne veré a Dios. Mi corazón desfallece esperándolo; yo lo contemplaré, yo mismo. Él es a quien veré y no a otro. 19,25-27 Bien sé yo que mi Defensor vive y que él hablará el último, de pie sobre la tierra.

18 ¿Por qué siguen viviendo los malvados, y según prolongan sus días se hacen cada vez más ricos? ¿Los vemos acaso como paja ante el viento, como pelusa que arrebata un torbellino? Déjenme hablar, y cuando haya terminado, se podrán burlar de mí… Tienen a su alcance la felicidad, sin que Dios esté presente en sus proyectos. ¿Será verdad que se apaga la lámpara de los malvados y cae sobre ellos la desgracia, y que Dios, en su ira, los destruye? 21,

19 Expondría ante él mi caso y rebosarían mis quejas. Por eso, estoy horrorizado ante él, y cuando reflexiono, le tengo miedo. Dios me ha hecho perder el valor y el Omnipotente me ha espantado, porque no callaba al caer las tinieblas y la oscuridad que envolvió mi rostro. 23,13-17 ¡Quién me diera saber dónde hablar a Dios y llegar hasta su casa! Pero él así decidió: ¿quién se lo impedirá? Hará lo que se le dé la gana…

20 Los malvados cambian los linderos, roban el rebaño y su pastor. Se roban el burro de los huérfanos, toman en prenda el buey de la viuda. Se arranca al huérfano del pecho materno, se toma en prenda el hijo del pobre. Los mendigos tienen que apartarse del camino, todos los pobres del país han de esconderse… Trabajando todo el día, no tienen pan para sus hijos… Pasan la noche desnudos, sin un abrigo contra el frío… Sienten hambre mientras llevan las gavillas. Con sed pisan la uva de los lagares. En la ciudad gimen los moribundos y los heridos piden socorro, pero Dios no atiende a sus súplicas. 24,1-12 ¿Por qué el Todopoderoso no se entera de lo que sucede y sus fieles no comprueban su justicia?

21 Mantendré mi inocencia hasta el último momento. Me aferraré a mi justicia y no la aflojaré, pues en mi conciencia no me avergüenzo de mi pasado. 27,5s Pues yo libraba al pobre que gemía y al huérfano que no tenía apoyo…; yo alegraba el corazón de la viuda… Pero ahora se ríen de mí unos más jóvenes que yo y cuyos padres, para mí, no eran dignos ni de mezclarse con los perros de mi ganado. 30,1 Era el padre de los pobres, y me preocupaba por la causa del desconocido. Quebraba los colmillos del malvado, de entre sus dientes arrancaba su presa. Y me decía: Anciano moriré, cargado de días. 29,12-18 ciego, Era yo los ojos para el ciego, y los pies para el rengo.

22 Sin embargo, contra el pobre no levantaba mi mano cuando en su angustia clamaba a mí. ¿No lloré con quien tuvo días duros? ¿No se entristeció mi corazón por el pobre? Yo esperaba la dicha, y llegó la desgracia. Esperaba la luz, y vino la oscuridad. 30,15-26 ¡Quién me diera que se me escuchara! Ahí va mi firma: ¡que me responda el Omnipotente! 31,35 Te has vuelto cruel conmigo, me persigues con toda la fuerza de tus manos. Me llevas y me haces cabalgar sobre el viento, hasta que una tormenta me deshace en agua… Y ahora se va derramando mi vida, me torturan días de aflicción. De noche se me taladran los huesos y no descansan mis llagas. Con fuerza agarra Dios mi manto, me aprieta el cuello de la túnica. Me ha tirado en el fango, soy como el polvo y la ceniza. Clamo a ti, y tú no me respondes; me presento, y no me haces caso. Los terrores se han vuelto contra mí, el viento se llevó mis esperanzas…


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