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Ciclo A Entramos en la Semana Santa con el deseo de celebrar más intensa- mente en nuestro corazón estos grandes misterios y que el Señor reparta sus.

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Presentación del tema: "Ciclo A Entramos en la Semana Santa con el deseo de celebrar más intensa- mente en nuestro corazón estos grandes misterios y que el Señor reparta sus."— Transcripción de la presentación:

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2 Ciclo A

3 Entramos en la Semana Santa con el deseo de celebrar más intensa- mente en nuestro corazón estos grandes misterios y que el Señor reparta sus frutos entre nosotros.

4 Se llama Semana Mayor, no porque tenga más horas, sino por la grandeza de los misterios que vamos a celebrar, por la intensidad con que queremos celebrarlos y por la abundancia de frutos que podemos recibir.

5 Al ser el comienzo de la Semana Santa o de Pasión, el evangelio de la misa será el relato de la Pasión de Jesús, marcando esta tonalidad a toda la misa. Pero como preámbulo a la misa celebramos la entrada solemne de Jesús en Jerusalén, leyéndose otro evangelio al comenzar la procesión de ramos.

6 Como estamos en el ciclo A, san Mateo es el autor de las dos partes del evangelio de este día, la entrada en Jerusalén y la Pasión de Jesucristo. San Mateo escribe su evangelio destinado a los hebreos o israelitas. Por eso hace varias referencias a los profetas del Antiguo testamento. Intenta demostrar que Jesús es el verdadero Mesías anunciado por las Escrituras.

7 San Mateo cita al profeta Zacarías: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica… Antes de la misa como tal, y, si es posible, fuera de la iglesia se lee el evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén. Mt 21, 1-11 Dice así:

8 Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:

9 Id a la aldea de enfrente; encontraréis enseguida una borrica atada, con su pollino, los desatáis y me los traéis. Si alguno os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto. Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica. en un pollino, hijo de acémila.

10 Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús:

11 Trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos y Jesús se montó.

12 La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de los árboles y alfombraban la calzada.

13 Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

14 Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: ¿Quién es éste? La gente que venía con él decía: Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea. Palabra del Señor

15 La ciudad de Jerusalén tenía aires de fiesta. Se acercaba la Pascua y multitudes de gentes iban llegando. En esos días se acrecentaba el deseo de que viniera el Mesías. Pero la casi totalidad de las personas pensaban en un mesías material y político.

16 De modo parecido pensaban los apóstoles, espe- cialmente Judas. Para ellos la entrada de Jesús era la ocasión propicia para la exaltación como rey, descendiente del rey David.

17 Jesús quiere entrar solemnemente haciendo un gesto profético, para decir que es rey, pero rey de amor. Así pues, entra entre aclamaciones; pero en un animal humilde y sencillo, como era el burrito, no en caballo como entraban los que querían demostrar su grandeza.

18 El borriquillo nos habla de mansedumbre, paciencia, fuerza, docilidad y humildad. Jesús entra con el signo de la mansedumbre, de la bondad y el amor. No hay gestos militares, sino gente pobre y niños que van clamando al que viene en nombre del Señor.

19 Este triunfo de Jesús nos invita a la alegría, humildad y paz.

20 La liturgia no es sólo un recuerdo de aquella entrada. Es un acompañar a Cristo que debe reinar en nuestros corazones.

21 Ante Jesús había gente buena y sencilla, que le aclamaban de buen corazón. Pero también había gente perversa que, por envidia, tergiversaban todas las palabras y acciones de Jesús. Así es hoy también con respecto a todo lo que es Religión.

22 La gente entonces, y hoy también, se preguntan: ¿Quién es éste? Nosotros respondemos: Es el Profeta, el venido de parte de Dios, que es Dios mismo, para enseñarnos la verdad y ser portador de la verdad, sufriendo por nosotros.

23 Nosotros siempre, pero hoy, especialmente en la procesión de ramos, debemos aclamarle con el corazón: ¡Hosanna al Hijo de Dios! Bendito quien viene en nombre del Señor.

24 La palabra quizá que más le gustaría a Jesús sería: Seamos portadores de paz y reconciliadores entre los hermanos.

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36 Y viene la segunda parte, que es la misa propia- mente dicha, con la tonalidad del anuncio de la pasión de Jesucristo. En la 1ª lectura, que es del profeta Isaías, aparece Jesús como el siervo del Señor: abatido y cargado con nuestros sufrimientos.

37 Jesús no es sólo el siervo doliente, paciente, abatido; sino que es el siervo compasivo, que sabe decir una palabra al abatido. El salmo nos recuer- da una palabra de Jesús, que es de dolor, pero también de esperanza:

38 La Pasión es una larga historia de traiciones e injusticias, de ingratitudes, odios y torturas. Pero también es la historia del gran amor manifestado en fortaleza y generosidad, paciencia y perdón, amistad y compasión, obediencia y entrega hasta el fin. San Mateo envuelve el texto en alusiones bíblicas: Quizá pensando en el uso litúrgico de la comunidad.

39 En el huerto de Getsemaní aparece el siervo que busca y acepta la voluntad de Dios. Los discípulos son invitados a compartir esa oración.

40 En el arresto manifiesta Jesús su amor por el perdón y la no violencia. Le dice a Pedro: Envaina la espada. Jesús sólo quiere vencer por el amor. no con las armas materiales.

41 En el proceso judío declara solemnemente su realeza, mesianismo y divinidad. Con ello provoca el rechazo de Israel.

42 Dice: He pecado contra el inocente. Parece que tiene fe; pero es una fe sin esperanza y sin amor. Hay mucha gente que siente un gran vacío en su vida, porque está sin esperanza en Dios que está con nosotros.

43 En el proceso romano, el justo Jesús sigue perseguido por las autoridades judías; pero Israel es salvado en la persona de Barrabás. Y aparece la simpatía por los paganos en la persona de la mujer de Pilato, a pesar de la injusticia de las autoridades del imperio.

44 Jesús es el justo ultrajado hasta en la cruz. Siente la gran tentación de bajar de la cruz como motivo de credibilidad. Pero el amor le sostiene en la cruz. No cae en la tentación del triunfalismo. Quiere sentir en sí a tantos torturados por injusticias y violencias.

45 Jesús muere rechazado por los hombres y aparentemente rechazado por Dios. La cruz es abandono y donación sin reservas. San Pablo nos dice en la 2ª lectura que Cristo se rebajó hasta lo ínfimo, pero para luego ser exaltado por Dios hasta lo más alto.

46 Y paradójicamente el anuncio de la resu- rrección lo hacen los mismos adversarios al preocuparse por lo que Jesús había dicho. Le piden a Pilato guardias para velar el sepulcro, no sea que los discípulos se lleven el cuerpo y propaguen la que creen gran mentira.

47 Termina el evangelio diciendo que las mujeres se quedaron al pie del sepulcro. No se trata de una curiosidad banal. Es como una postura contemplativa y un anuncio de lo que ellas, las primeras, tendrán por medio del ángel sobre la resurrección.

48 Por todo ello, el domingo de ramos debe ser un himno de gloria y alabanza para Jesús, nuestro Salvador y Redentor.

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50 a Cristo, nuestro Salvador.

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