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Lección 13 para el 27 de septiembre de 2008. En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban.

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1 Lección 13 para el 27 de septiembre de 2008

2 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo…

3 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí (Isaías, 6: 1-8)

4 Fue en circunstancias difíciles y desalentadoras cuando Isaías, aún joven, fue llamado a la misión profética. El desastre amenazaba a su país. Por haber transgredido la ley de Dios, los habitantes de Judá habían perdido todo derecho a su protección, y las fuerzas asirias estaban por subir contra el reino de Judá. Pero el peligro de sus enemigos no era la mayor dificultad. Era la perversidad del pueblo lo que sumía al siervo del Señor en el más profundo desaliento. Por su apostasía y rebelión, dicho pueblo estaba atrayendo sobre sí los juicios de Dios… E.G.W. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pg. 349)

5 El joven profeta había sido llamado a darle un mensaje de amonestación, y sabía que encontraría una resistencia obstinada. Temblaba al considerarse a sí mismo, y pensaba en la terquedad e incredulidad del pueblo por el cual debía trabajar. Su tarea le parecía casi desesperada. ¿Debía renunciar a su misión, descorazonado, y dejar a Israel en paz en su idolatría? ¿Habrían de reinar en la tierra los dioses de Nínive y desafiar al Dios del cielo? E.G.W. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pg. 349)

6 [Isaías] estaba debajo del pórtico del santo templo. De repente, la puerta y el velo interior del templo parecieron alzarse o retraerse, y se le permitió mirar adentro, al lugar santísimo, donde ni siquiera los pies del profeta podían penetrar… E.G.W. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pg )

7 Se alzó delante de él una visión de Jehová sentado sobre un trono alto y elevado, mientras que su séquito llenaba el templo. A cada lado del trono se cernían los serafines, que volaban con dos alas, mientras que con otras dos velaban su rostro en adoración, y con otras dos cubrían sus pies… E.G.W. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pg )

8 Estos ministros angélicos alzaban su voz en solemne invocación: "Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria," (Isa. 6: 3) hasta que los postes y las columnas y las puertas de cedro parecían temblar, y la casa se llenaba de sus alabanzas… E.G.W. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pg )

9 Nunca antes había comprendido Isaías la grandeza de Jehová o su perfecta santidad; y le parecía que debido a su fragilidad e indignidad humanas debía perecer en aquella presencia divina. E.G.W. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pg )

10 E.G.W. (El Deseado de Todas las Gentes, pg. 213) La humanidad, con su debilidad y pecado, se hallaba en contraste con la perfección de la divinidad, y él se sentía completamente deficiente y falto de santidad. Así les ha sucedido a todos aquellos a quienes fue otorgada una visión de la grandeza y majestad de Dios

11 En la visión… se le hizo comprender la naturaleza compasiva de su Señor… Al contemplar a su Dios, el profeta… E.G.W. (Conflicto y valor, 17 de agosto) recibió no sólo una visión de su propia indignidad, sino que penetró en su corazón humillado la seguridad de un perdón completo y gratuito, y se levantó transformado. Había visto a su Señor. Había obtenido una vislumbre de la hermosura del carácter divino. Podía atestiguar la transformación que se realizó en él por la contemplación del amor infinito. Se sintió inspirado desde entonces por el deseo ardiente de ver al errante Israel libertado de la carga y penalidad del pecado

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13 A todo aquel que llega a ser partícipe de su gracia, el Señor le señala una obra que hacer en favor de los demás. Cada cual ha de ocupar su puesto, diciendo: "Heme aquí, envíame a mi." (Isaías 6:8) Al ministro de la Palabra, al enfermero misionero, al médico creyente, al simple cristiano, sea negociante o agricultor, profesional o mecánico, a todos incumbe la responsabilidad. Es tarea nuestra revelar a los hombres el Evangelio de su salvación. Toda empresa en que nos empeñemos debe servimos de medio para dicho fin E.G.W. (El Ministerio de la Curación, pg. 107)

14 ¿Qué importaba que las potencias terrenales estuviesen desplegadas contra Judá? ¿O que en su misión Isaías tuviese que hacer frente a la oposición y resistencia? Había visto al Rey, el Señor de los ejércitos; había oído el canto de los serafines: "Toda la tierra está llena de su gloria," y el profeta había sido fortalecido para la obra que tenía delante de sí. Llevó consigo a través de toda su larga y ardua misión el recuerdo de esta visión E.G.W. (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pg. 350)

15 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad (Isaías, 6: 9-10) Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inícuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar (Isaías, 55: 6-7)

16 Llamado al ministerio profético, Isaías se sentía desanimado por la obstinación con que era recibido su mensaje de amonestación al pueblo. En ese momento recibió la visión que le acompañaría y fortalecería el resto de su comisión profética (más de sesenta años): La visión del trono de Dios. Cuando percibió su indignidad, Dios le purificó y le preparó para proclamar Sus mensajes. El mensaje dado a Isaías se centra en el llamamiento de Dios a volverse a Él para encontrar la Salvación y abarca más allá del pueblo de Israel. Es un llamado a todo el mundo, luz a los gentiles, que ha llegado a nuestros días y ha penetrado en nuestros propios corazones.

17 La visión dada a Isaías representa la condición de los hijos de Dios en los últimos días. Tienen el privilegio de ver por fe la obra que se está desarrollando en el santuario celestial. "Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo". Mientras miran por fe en el lugar santísimo, y ven la obra de Cristo en el santuario celestial, perciben que son un pueblo de labios impuros, un pueblo cuyos labios a menudo han hablado vanidad y cuyos talentos no han sido santificados y empleados para la gloria de Dios. Con razón podrían entregarse al desaliento al comparar su propia debilidad e indignidad con la pureza y hermosura del carácter de Cristo. Pero hay esperanza para ellos si, como Isaías, reciben el sello que el Señor quiere que se imprima sobre el corazón y si humillan su alma delante de Dios. El arco de la promesa está sobre el trono y la obra realizada a favor de Isaías se realizará en ellos. Dios responderá las peticiones provenientes del corazón contrito… Queremos que el carbón encendido sacado del altar se coloque sobre nuestros labios. Queremos oír las palabras: "Es quitada tu culpa, y limpio tu pecado" E.G.W. (SDA Bible Commentary, tomo 4, pg. 1139)

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