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La crisis educativa de México ha convertido la escuela en un lugar de aburrimiento, autoritarismo y rutinas. La escuela mexicana ha dejado de ser creativa.

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Dr. Edgar Gómez Bonilla Coordinador del Colegio de Historia Profesor investigador Maestría en Educación Superior Facultad de Filosofía y Letras, BUAP Diplomado.

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Presentación del tema: "La crisis educativa de México ha convertido la escuela en un lugar de aburrimiento, autoritarismo y rutinas. La escuela mexicana ha dejado de ser creativa."— Transcripción de la presentación:

1 La crisis educativa de México ha convertido la escuela en un lugar de aburrimiento, autoritarismo y rutinas. La escuela mexicana ha dejado de ser creativa. Maestros y alumnos asisten a ella resignadamente, unos por sueldo y otros por el certificado de estudios. Los padres de familia tienen derecho de participar, a través de la asociación respectiva, en algunos asuntos relacionados con la educación de sus hijos. Sin embargo, a pesar de lo que señalan las leyes, la mayoría de las escuelas mantiene a raya a los padres de familia. Estos se limitan a pagar cuotas que se han hecho ley no escrita, a comprar uniformes, libros y cuadernos, bonos de la Cruz Roja o boletos de rifas y fiestas en beneficio de la escuela. Otra labor del padre de familia, aparte de las tareas endiabladas que hacen en lugar de sus hijos, es la firma de boletas de calificaciones; además, siempre se le llama para oír quejas y reproches, pero nunca para felicitarlo por el trabajo de su retoño. Los adolescentes son portadores, aparte de anemias y parasitosis, de una cultura basada en imágenes auditivas y visuales; en esta la imaginación y la elaboración de conceptos resulta muy difícil y, por ello, alumnos y maestros se desesperan por los patéticos resultados del proceso de aprendizaje-enseñanza. [1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1]

2 Los hábitos alimentarios, el vestido, el lenguaje y las ideas del niño tienen como fuente la televisión y no la escuela y la familia. Los maestros de escuela se ven sometidos a tres presiones: el poder sindical, el poder administrativo de las autoridades gubernamentales y los problemas económicos derivados de salarios que están muy por abajo del sueldo de un policía o un soldado raso. El poder sindical y el poder gubernamental actúan como una sola fuerza y su objetivo es evitar que el maestro de grupo adquiera conciencia de los problemas educativos y de los problemas del país. Ambos poderes generan corrupción; para el efecto, otorgan doble plaza al maestro, ascenso a director, comisión en las oficinas sindicales o del gobierno para descargarse de los grupos escolares, préstamos oportunos, licencias para faltar a clases, invitaciones a desayunos, banquetes y actos políticos del partido oficial. La gran mayoría de los directores de escuela, por su lado, son simples administradores semipolicíacos; están alejados de la práctica pedagógica; por eso, carecen de calidad académica. Son ineptos, desde el punto de vista técnico. En lugar de organizar la escuela para que en ella se trabaje a gusto y con resultados satisfactorios, se dedican a congraciarse con sus autoridades superiores. [1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1]

3 Los trabajadores no docentes, también llamados "de intendencia", forman un sector que casi nunca es tomado en cuenta a la hora de organizar la escuela. Ellos únicamente reciben órdenes; se les trata como mozos, no como compañeros. Hacen de mala gana el aseo del inmueble, pero, en cambio, tienen fama por sus guisos picosos, por su eficiencia para ir de compras al mercado, ya sea motu propio o por encargo de la directora a una maestra amiga. El lunes de cada semana, la jornada escolar empieza con los honores a la bandera. De honores sólo tiene el nombre ese acto, porque en ese momento maestros y alumnos intercambian impresiones sobre el pasado fin de semana. Algunos adolescentes se adelantan a saborear la torta, el taco y el agua fresca que amorosamente les preparó la diligente mamá. Otros están sin energía, bien porque jugaron o pasearon mucho el día anterior, domingo, o bien porque el salario de papá y los ahorros de mamá ya no permiten una buena alimentación; los afortunados, que todavía conocen la carne y la leche, derrochan salud empujando a los mas débiles o lanzando objetos insólitos y aún las mochilas y los útiles escolares. Un maestro o la jubilosa directora cantan el Himno Nacional a todo lo que dan sus pulmones. Casi nadie recuerda la antigua posición llamada firmes ni como se hace el saludo, ni la letra correcta del himno. La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

4 Al mismo tiempo, tienen lugar las escenas chuscas y patéticas: los niños retrasados, es decir, los que llegan tarde, porque el Metro se detuvo una hora, sin que nadie supiera el porque. Llegan los adolescentes que no tienen más que un uniforme y este no alcanzó a secarse después del lavado semanal. Las niñas son detenidas en la puerta en un rincón del patio porque la falda del uniforme esta muy corta o muy larga y las tobilleras y calcetines tienen adornos que no tolera el criterio severo de algún profesor porfiriano. Otros niños son detenidos en la aduana escolar porque el corte de pelo no satisface los cánones estéticos de otro mentor enemigo de los Beatles, del Tri y el rock and roll. En fin, un grupo de niños gimotea y suplica a la inflexible guardia de maestros, conserjes y prefectos para obtener acceso a las aulas. Ante el fracaso de sus gestiones, entra en acción el comando de mamas caritativas: - Maestro, por esta vez permita que estos inocentes sedientos de saber escuchen de labios de sus maestros las luminosas enseñanzas y la palabra juiciosa. La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

5 Señora, por favor no intervenga en asuntos delicados reservados al talento y sabiduría del personal docente; usted sabe: el artículo tercero, la ONU, el Tercer Mundo, la "Renovación Moral", la Reordenación Económica, el "Bienestar para la familia" y otros parámetros impiden hacer concesiones a los detractores de las instituciones y al régimen de la Revolución Mexicana. Por lo bajo, las madres murmuran o hablan entre dientes: "No se que dijo el viejo ese, pero me ha asustado". Algún padre, con alguna experiencia dentro de organizaciones de damnificados, propone un plantón en Catedral y, mientras se fija el lugar y fecha para una pequeña asamblea de 20 horas con el fin de redactar un pliego de peticiones, los niños de todos modos se regresan a sus casas lentamente o platican en el exterior de la escuela, juegan a la pelota o visitan a personas condescendientes. No falta el joven que ayuda a su familia en negocios marginales, como venta de frutas y verduras, tacos, atole y tamales. Este adolescente se levanta a las tres de la madrugada; va a Jamaica y la Merced o al rastro a traer la materia prima y asea el local. El maestro zarista se queda viéndolo y le grita: "Haragán!, a ver si madrugas, o terminaras de cargador en la Central de Abastos, de bolero, vendedor de chicles, tragafuegos en Insurgentes o limpiador de parabrisas en la Zona Rosa". La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

6 En esta escuela secundaria hay tres maestros que imparten la materia de Historia: Bernal Díaz, Robespierre Rodríguez y María Puntillas. Ya en el salón, el Profr. Bernal Díaz pasa lista y revisa las tareas: cinco biografías de soberanos mexicas, diez de virreyes y diez de presidentes de la República; cinco mapas de Europa y Asia con la nueva división política; una colección de estampitas; una maqueta de la batalla del Cinco de mayo y tres recortes periodísticos acerca de Bosnia y Kosovo. Naturalmente, el señor encomendero, o sea, el maestro del siglo pasado pero longevo en el siglo XX, no se toma la molestia de leer o comprobar la calidad, exactitud y autenticidad del trabajo. Se limita a "palomear" o a escribir una grandota "R" (revisado) con tinta roja. Si el material es excelente, por la apariencia, el pequeño autor es acusado de haber copiado: "te lo hicieron", le dice el domine enojado. Si es de mala calidad, visto siempre a vuelo de maestro, se le administra una reprimenda y se le habla sobre moralidad, ambición de "ser alguien en la vida" y de Benito Juárez que de pastorcito llegó a presidente. La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

7 El esfuerzo sobrehumano de pasar lista y revisar tareas consume normalmente 35 minutos del tiempo del maestro. Sin embargo, no finaliza el asunto, porque lo llaman urgentemente de la dirección de la escuela: llegó la jefa de clases de Historia, la maestra Margarita Rutina. Antes de asistir a la reunión con la jefa de clases, el Profr. Bernal Díaz le pide a una alumna que, como siempre, dicte un cuestionario para que los alumnos busquen las respuestas en su libro. La Profra. Rutina amonesta al maestro Bernal Díaz porque su índice de reprobación rebasó el 20%. Le hace ver que se deteriorará su imagen y la de la escuela, además de que con ese porcentaje las autoridades ya no podrán presumir ante la UNESCO de la mejoría de la calidad de la educación. También le dice que los alumnos reprobados engrosaran la fila de desempleados, asaltantes, narcotraficantes y prostitutas. El director de la escuela también interviene para hablar de la productividad de la enseñanza y de la eficiencia del proceso educativo, tal como lo escuchó del señor subsecretario, el cual forma parte del equipo de tecnócratas que gobierna este país. Por su parte el maestro Robespierre enseña a sus alumnos el tema de la independencia de México. Afirma que éste proceso se explica por la explotación del hombre por el hombre, porque la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Explica que la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción provocó la Revolución de Independencia y que los factores objetivos y subjetivos estaban dados para que se produjera ese proceso. La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

8 Por allá un alumno cuchichea: "Cuando empezará a hablar de la Independencia porque hasta ahora no he entendido nada?". Otro discípulo festeja que el maestro empieza a sufrir un ataque de laringitis y ya no les dará clase. Nos asomamos al aula donde la maestra María Puntillas imparte su clase. Escribe en el pizarrón las 999 fechas que los alumnos deben memorizar; también les pide que hagan diez planas con los nombres de los caudillos más importantes de la última unidad del programa. Por último, les ordena investigar las batallas de la Alhóndiga de Granaditas, del Monte de las Cruces, de Aculco y cinco más. Un alumno osa levantar la mano y preguntar que para que les va a servir lo que les está enseñando la maestra. La Profra. María Puntillas le responde que es ignorante y flojo y que seguramente terminará como locutor de Televisa. La Profra. María Puntillas eleva tanto la voz para reprimir al alumno que formula su pregunta, que despierta a seis discípulos que se habían quedado dormidos por la "amenidad" de la clase y por la mala alimentación, la parasitosis y el trabajo para ayudar a la economía familiar. La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

9 Durante el recreo, los profesores permanecen en el salón de maestros y los alumnos en el patio; no hay convivencia. El recreo transcurre al azar; los adolescentes se atropellan como pueden. En estos 20 minutos de recreación funciona la cooperativa escolar. Claro: no es cooperativa; es tienda escolar. La regentea una persona allegada a la dirección de la escuela, pero en la documentación oficial aparece como impoluta cooperativa. Vende refrescos embotellados, agua fresca y tacos con bastante chile y poco cuidado higiénico, alimentos chatarra y golosinas sin valor alimenticio. Los precios son más altos que en las tiendas del rumbo. Finaliza el recreo y llueven quejas por empellones, ofensas verbales, gestos pecaminosos y dinero hurtado. El salón huele a sudor; algún adolescente regurgita el gas carbónico de su refresco y la salsa brava de sus tacos y sopes. El maestro hace recuento de bajas: adolescentes desaparecidos o fugados, vidrios rotos, balones ponchados, zapatos extraviados, mochilas y cajas violadas, faltantes en la cooperativa, maestras y niñas desmayadas, focos fundidos, caños tapados. Algunos alumnos empiezan a dejar ver sus dotes policíacas: son delatores de sus compañeros; los maestros los estimulan ponderándolos como ejemplo de la niñez y otorgándoles altas calificaciones y mimos. Se reinicia el trabajo en las aulas. La maestra María Puntillas pide a un alumno que proceda a leer en el libro de texto el siguiente tema. La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

10 Por su parte el Profr. Bernal Díaz dicta el resumen y el maestro Robespierre ha quedado afónico, por lo que pide a sus alumnos que se dividan en equipos y se repartan los temas que faltan para que los expongan en las próximas clases. Generalmente, la idílica vida del salón de clases, en este punto, se interrumpe porque llega el vendedor de ropa, perfumes, libros, grabadoras, cecina de Oaxaca, mausoleos del Ángel y métodos rejuvenecedores, o los cobradores por los mismos conceptos. En esta hora apacible del fecundo trabajo escolar, el maestro también recibe órdenes fulminantes: una urgente reunión con el inspector que prepara una campaña electoral de un diputado o para distribuir propaganda para mejorar la ecología y promociones de viajes por plazos a Disneylandia. Al mismo tiempo, el maestro debe entregar una lista de próximos aprobados y reprobados, o sea que se le exigen gracias de adivinador, una estadística de niños que tienen perros, otra de niñas que no han hecho la primera comunión, otra más sobre viajes del niño y su familia al extranjero y la cantidad de pavos que come al año. La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

11 Asimismo, debe entregar en ese momento la cooperación del grupo con la Cruz Roja, los Rotarios, los Restauradores de Anahuac, los Amigos del Primer Astronauta Mexicano, los bonos del Ahorro Nacional, la cuota de la Asociación de Padres de Familia y la del Día del Maestro y los boletos de la próxima kermés, más la venta de la cooperativa escolar. Sobre esto, se le exige la presentación inmediata de la gráfica sobre puntualidad, aseo y aprovechamiento de su grupo y, asimismo, el periódico mural y los trabajos acerca de veinte concursos diversos: la moral y Pemex, los sentimientos humanitarios de la policía, Chiapas y la democracia, etcétera. El día escolar llegó a su fin. A las puertas de la escuela se arremolinan los padres de familia que esperan a sus herederos. Mientras aparecen los sobrevivientes de la aventura escolar, surgen los vertiginosos comentarios: La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

12 -Mi hijito tiene mala suerte le tocaron maestros que no dejan tarea para hacer en la casa, y ahora no se que hacer para que se esté quieto y me deje ver mis telenovelas. -Cómprese otro televisor, comadre, para que el niño vea a Chabelo y las caricaturas. Por medio de grupitos de padres y adolescentes, se abre paso el maestro Bernal Díaz; no escucha, no ve, no piensa; sólo sabe que debe llegar a tiempo con su patrón, el dueño de la flotilla de automóviles de alquiler; si no llega puntualmente, se queda sin taxi para completar lo del gasto familiar. La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

13 El profesor Robespierre también corre para acudir a abrir su pequeña miscelánea. El maestro Helesponto Sánchez tiene que ir a ocupar su otro puesto: mesero. El afortunado profesor Nicolás Pérez Savonarola va despacio porque el trabajo en la cantina, de la que es dueño en Xochimilco, empieza realmente a partir de las seis de la tarde. La maestra María Puntillas también se ve calmada al abordar su volkswagen: su clientela del salón de belleza llega más tarde. No así la maestra Polidora Argonauta, que debe ir como de rayo a la otra escuela secundaria, donde imparte clases de cocina y Español, y a la otra escuela primaria, la nocturna para trabajadores, donde por lo menos tiene un aliciente: a esta escuela asiste su esposo para concluir la educación primaria, que interrumpió porque pensaba ser torero, actor, cantante, revendedor, lanchero en Acapulco o jefe de aduanas o de pérdida comandante de la policía judicial. La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág

14 La vida escolar y la enseñanza de la Historia.[1][1] [1] Nieto López, José de Jesús. Didáctica de la Historia. Aula XXI-Santillana, México, D.F., pág La escuela cierra sus puertas. El fantasma se queda solo, pero un día ya no será fantasma si los maestros quieren. Este relato, que tiene mucho de ficticio y bastante de anecdótico, pretende poner el acento sobre muchas llagas. Sin embargo, no es generalizable, pues muchos maestros, a pesar de la marginalidad en la que trabajan y de que están alejados de la toma de decisiones, hacen grandes esfuerzos todos los días para modificar con sus prácticas docentes la enseñanza de la Historia y las condiciones sociales de su entorno.


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