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Grandes autores en español Rafael Alberti G.A.Bécquer J. Ángel Buesa Pablo Neruda Antonio Gala F.García Lorca Antonio Machado Jesús Lantigua Manuel M.

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2 Grandes autores en español

3 Rafael Alberti G.A.Bécquer J. Ángel Buesa Pablo Neruda Antonio Gala F.García Lorca Antonio Machado Jesús Lantigua Manuel M. Moure Carmen Gonzáles Huguet INDICE Pulsar en el poeta que se quiera ver

4 Información biográfica Nombre: Rafael Alberti Merello Lugar y fecha nacimiento: Puerto Sta. María, Cádiz (España) 16 diciembre 1902 Lugar y fecha defunción: Puerto Sta. María, Cádiz (España), 28 octubre 1999 (96 años) Rafael Alberti Merello Índice

5 4 A Federico García Lorca 5 A galopar 6 Luis Cernuda, aire del sur buscado en Inglaterra 8 A Pablo Neruda, con Chile en el corazón 9 Amaranta 10 Se equivocó la paloma Si mi voz muriera en tierra

6 Rafael Alberti A Federico García Lorca Sal tú, bebiendo campos y ciudades, En largo ciervo de agua convertido, Hacia el mar de las albas claridades, Del martín-pescador mecido nido; Que yo saldré a esperarte, amortecido, Hecho junco, a las altas soledades, Herido por el aire y requerido Por tu voz, sola entre las tempestades. Deja que escriba, débil junco frío, Mi nombre en esas aguas corredoras, Que el viento llama, solitario, río. Disuelto ya en tu nieve el nombre mío, Vuélvete a tus montañas trepadoras, Ciervo de espuma, rey del monterío. Índice

7 A galopar Las tierras, las tierras, las tierras de España, Las grandes, las solas, desiertas llanuras. Galopa, caballo cuatralbo, Jinete del pueblo, Al sol y a la luna. ¡A galopar, A galopar, Hasta enterrarlos en el mar! A corazón suenan, resuenan, resuenan Las tierras de España, en las herraduras. Galopa, jinete del pueblo, Caballo cuatralbo, Caballo de espuma. ¡A galopar, A galopar, Hasta enterrarlos en el mar! Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; Que es nadie la muerte si va en tu montura. Galopa, caballo cuatralbo, Jinete del pueblo, Que la tierra es tuya. ¡A galopar, A galopar, Hasta enterrarlos en el mar! Índice A galopar Las tierras, las tierras, las tierras de España, Las grandes, las solas, desiertas llanuras. Galopa, caballo cuatralbo, Jinete del pueblo, Al sol y a la luna. ¡A galopar, A galopar, Hasta enterrarlos en el mar! A galopar Las tierras, las tierras, las tierras de España, Las grandes, las solas, desiertas llanuras. Galopa, caballo cuatralbo, Jinete del pueblo, Al sol y a la luna. ¡A galopar, A galopar, Hasta enterrarlos en el mar!

8 Luis Cernuda, aire del sur buscado en Inglaterra Si el aire se dijera un día: Estoy cansado, Rendido de mi nombre... Ya no quiero Ni mi inicial para firmar el bucle Del clavel, el rizado de la rosa, El pliegecillo fino del arroyo, El gracioso volante de la mar y el hoyuelo Que ríe en la mejilla de la vela... Desorientado, subo de las blandas, Dormidas superficies Que dan casa a mi sueño. Fluyo de las paradas enredaderas, calo Los ciegos ajimeces de las torres; Tuerzo, ya pura delgadez, las calles De afiladas esquinas, penetrando, Roto y herido de los quicios, hondos Zaguanes que se van a verdes patios Donde el agua elevada me recuerda, Dulce y desesperada, mi deseo... Índice

9 Busco y busco llamarme ¿Con qué nueva palabra, de qué modo? ¿No hay soplo, no hay aliento, Respiración capaz de poner alas A esa desconocida voz que me denomine? Desalentado, busco y busco un signo, Un algo o alguien que me sustituya Que sea como yo y en la memoria Fresca de todo aquello, susceptible De tenue cuna y cálido susurro, Perdure con el mismo Temblor, el mismo hálito Que tuve la primera Mañana en que al nacer, la luz me dijo: Vuela. Tú eres el aire. Si el aire se dijera un día eso... Índice

10 A Pablo Neruda, con Chile en el corazón No dormiréis, malditos de la espada, Cuervos nocturnos de sangrientas uñas, Tristes cobardes de las sombras tristes, Violadores de muertos. No dormiréis. Su noble canto, su pasión abierta, Su estatura más alta que las cumbres, Con el cántico libre de su pueblo Os ahogarán un día. No dormiréis. Venid a ver su casa asesinada, La miseria fecal de vuestro odio, Su inmenso corazón pisoteado, Su pura mano herida. No dormiréis. No dormiréis porque ninguno duerme. No dormiréis porque su luz os ciega. No dormiréis porque la muerte es sólo Vuestra victoria. No dormiréis jamás porque estáis muertos. Índice

11 Amaranta... calzó de viento... Góngora Rubios, pulidos senos de Amaranta, Por una lengua de lebrel limados. Pórticos de limones, desviados Por el canal que asciende a tu garganta. Rojo, un puente de rizos se adelanta E incendia tus marfiles ondulados. Muerde, heridor, tus dientes desangrados, Y corvo, en vilo, al viento te levanta. La soledad, dormida en la espesura, Calza su pie de céfiro y desciende Del olmo alto al mar de la llanura. Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende, Y gladiadora, como un ascua impura, Entre Amaranta y su amador se tiende. Índice

12 Se equivocó la paloma Se equivocó la paloma. Se equivocaba. Por ir al norte, fue al sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba. Creyó que el mar era el cielo; Que la noche, la mañana. Se equivocaba. Que las estrellas, rocío; Que la calor, la nevada. Se equivocaba. Que tu falda era tu blusa; Que tu corazón, su casa. Se equivocaba. Ella se durmió en la orilla. Tú, en la cumbre de una rama. Si mi voz muriera en tierra Si mi voz muriera en tierra, Llevadla al nivel del mar Y dejadla en la ribera. Llevadla al nivel del mar Y nombradla capitana De un blanco bajel de guerra. Oh mi voz condecorada Con la insignia marinera: Sobre el corazón un ancla Y sobre el ancla una estrella Y sobre la estrella el viento Y sobre el viento una vela. Índice

13 Información biográfica Nombre: Gustavo Adolfo Domínguez Bastida Nombre de pluma: Gustavo Adolfo Bécquer Lugar y fecha nacimiento: Sevilla (España), 17 de febrero de 1836 Lugar y fecha defunción: Madrid (España), 22 de diciembre de 1870 (34 años) Índice Gustavo Adolfo Bécquer

14 13 Rima 11 (I). Yo sé un himno gigante y extraño 15 Rima 57 (VI). Como la brisa que la sangre orea 16 Rima 14 (VII). Del salón en el ángulo oscuro 17 Rima 25 (VIII). Cuando miro el azul horizonte 18 Rima 27 (IX). Besa el aura que gime blandamente 18 Rima 46 (X). Los invisibles átomos del aire

15 Índice Rima 11 (I). Yo sé un himno gigante y extraño Yo sé un himno gigante y extraño Que anuncia en la noche del alma una aurora, Y estas páginas son de ese himno Cadencias que el aire dilata en las sombras. Yo quisiera escribirle, del hombre Domando el rebelde, mezquino idioma, Con palabras que fuesen a un tiempo Suspiros y risas, colores y notas. Pero vano es luchar, que no hay cifra Capaz de encerrarle y apenas, ¡oh hermosa! Si, teniendo en mis manos las tuyas, Pudiera, al oído, cantártelo a solas.

16 Índice Rima 15 (II). Saeta que voladora Saeta que voladora Cruza, arrojada al azar, Y que no se sabe dónde Temblando se clavará; Hoja que del árbol seca Arrebata el vendaval, Sin que nadie acierte el surco Donde al polvo volverá; Gigante ola que el viento Riza y empuja en el mar, Y rueda y pasa, y se ignora Qué playa buscando va; Luz que en cercos temblorosos Brilla, próxima a expirar, Y que no se sabe de ellos Cuál el último será; Eso soy yo, que al acaso Cruzo el mundo sin pensar De dónde vengo ni a dónde Mis pasos me llevarán.

17 Índice Rima 57 (VI). Como la brisa que la sangre orea Como la brisa que la sangre orea Sobre el oscuro campo de batalla, Cargada de perfumes y armonías En el silencio de la noche vaga, Símbolo del dolor y la ternura, Del bardo inglés en el horrible drama, La dulce Ofelia, la razón perdida, Cogiendo flores y cantando pasa.

18 Rima 14 (VII). Del salón en el ángulo oscuro Del salón en el ángulo oscuro, De su dueña tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo Veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarlas! ¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma, Y una voz, como Lázaro, espera Que le diga: "¡Levántate y anda!" Índice

19 Rima 25 (VIII). Cuando miro el azul horizonte Cuando miro el azul horizonte Perderse a lo lejos, Al través de una gasa de polvo Dorado e inquieto, Me parece posible arrancarme Del mísero suelo Y flotar con la niebla dorada En átomos leves Cual ella deshecho. Cuando miro de noche en el fondo Oscuro del cielo Las estrellas temblar como ardientes Pupilas de fuego, Me parece posible a do brillan Subir en un vuelo Y anegarme en su luz, y con ellas En lumbre encendido Fundirme en un beso. En el mar de la duda en que bogo Ni aún sé lo que creo; Sin embargo estas ansias me dicen Que yo llevo algo Divino aquí dentro. Índice

20 Rima 27 (IX). Besa el aura que gime blandamente Besa el aura que gime blandamente Las leves ondas que jugando riza; El sol besa a la nube en occidente Y de púrpura y oro la matiza; La llama en derredor del tronco ardiente Por besar a otra llama se desliza; Y hasta el sauce, inclinándose a su peso, Al río que le besa, vuelve un beso. Rima 46 (X). Los invisibles átomos del aire Los invisibles átomos del aire En derredor palpitan y se inflaman, El cielo se deshace en rayos de oro, La tierra se estremece alborozada. Oigo flotando en olas de armonías, Rumor de besos y batir de alas; Mis párpados se cierran... ¿Qué sucede? ¿Dime? ¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!

21 Índice Rima 38 (LIII). Volverán las oscuras golondrinas Volverán las oscuras golondrinas De tu balcón sus nidos a colgar Y otra vez con el ala a sus cristales Jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban Tu hermosura y mi dicha a contemplar, Aquellas que aprendieron nuestros nombres, Esas, ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas De tu jardín las tapias a escalar Y otra vez a la tarde aún más hermosas Sus flores se abrirán. Pero aquellas cuajadas de rocío Cuyas gotas mirábamos temblar Y caer como lágrimas del día, Esas, ¡no volverán! Volverán del amor en tus oídos Las palabras ardientes a sonar, Tu corazón de su profundo sueño Tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas, Como se adora a Dios ante su altar, Como yo te he querido, desengáñate, ¡Nadie así te amará!

22 Información biográfica Nombre: José Ángel Buesa Lugar y fecha nacimiento: Las Villas -ahora Cienfuegos- (Cuba), 2 de septiembre de 1910 Lugar y fecha defunción: Santo Domingo (República Dominicana), 14 de agosto de 1982 (71 años) José Ángel Buesa Índice

23 22 Amor tardío 23 Así, verte de lejos 24 La dama de las perlas 25 Mi corazón se siente satisfecho 26 Poema de la despedida 27 Poesía del amor imposible 28 Poema del secreto 29 Ya todos la olvidaron

24 Índice Amor tardío Tardíamente, en el jardín sombrío, Tardíamente entró una mariposa, Transfigurando en alba milagrosa El deprimente anochecer de estío. Y, sedienta de miel y de rocío, Tardíamente en el rosal se posa, Pues ya se deshojó la última rosa Con la primera ráfaga de frío. Y yo, que voy andando hacia el poniente, Siento llegar maravillosamente, Como esa mariposa, una ilusión; Pero en mi otoño de melancolía, Mariposa de amor, al fin del día, Qué tarde llegas a mi corazón.

25 Índice Así, verte de lejos Así, verte de lejos, definitivamente. Tú vas con otro hombre, y yo con otra mujer. Y así como el agua que brota de una fuente Aquellos bellos días ya no pueden volver. Así, verte de lejos y pasar sonriente, Como quien ya no siente lo que sentía ayer, Y lograr que mi rostro se quede indiferente Y que el gesto de hastío parezca de placer. Así, verte de lejos, y no decirte nada Ni con una sonrisa, ni con una mirada, Y que nunca sospeches cuánto te quiero así. Porque aunque nadie sabe lo que a nadie le digo, La noche entera es corta para soñar contigo Y todo el día es poco para pensar en ti.

26 Índice La dama de las perlas Yo he visto perlas claras de inimitable encanto, De esas que no se tocan por temor a romperlas. Pero sólo en tu cuello pudieron valer tanto Las burbujas de nieve de tu collar de perlas. Y más aquella noche del amor satisfecho, Del amor que eterniza lo fugaz de las cosas, Cuando fuiste un camino que comenzó en mi lecho Y el rubor te cubría como un manto de rosas. Yo acaricié tus perlas, sin desprender su broche, Y las vi como nadie nunca más podrá verlas, Pues te tuve en mis brazos, al fin, aquella noche Vestida solamente con tu collar de perlas.

27 Índice Mi corazón se siente satisfecho Mi corazón se siente satisfecho De haberte amado y nunca poseído: Así tu amor se salva del olvido Igual que mi ternura del despecho. Jamás te vi desnuda sobre el lecho, Ni oí tu voz muriéndose en mi oído: Así ese bien fugaz no ha convertido Un ancho amor en un placer estrecho. Cuanto el deleite suma a lo vivido Acrecentado se lo resta el pecho, Pues la ilusión se va por el sentido. Y, en ese hacer y deshacer lo hecho, Sólo un amor se salva del olvido, Y es el amor que queda insatisfecho.

28 Índice Poema de la despedida Te digo adiós si acaso te quiero todavía Quizás no he de olvidarte. Pero te digo adiós. No sé si me quisiste. No sé si te quería O tal vez nos quisimos demasiado los dos. Este cariño triste y apasionado y loco Me lo sembré en el alma para quererte a ti. No sé si te amé mucho. No sé si te amé poco, Pero sí sé que nunca volveré a amar así. Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo Y el corazón me dice que no te olvidaré. Pero al quedarme solo sabiendo que te pierdo, Tal vez empiezo a amarte como jamás te amé. Te digo adiós y acaso con esta despedida Mi más hermoso sueño muere dentro de mí. Pero te digo adiós para toda la vida, Aunque toda la vida siga pensando en ti.

29 Poesía del amor imposible Esta noche pasaste por mi camino Y me tembló en el alma no sé qué afán Pero yo estoy consciente de mi destino Que es mirarte de lejos y nada más. No, tú nunca dijiste que hay primavera En las rosas ocultas de tu rosal. Ni yo debo mirarte de otra manera Que mirarte de lejos y nada más. Y así pasas a veces tranquila y bella, Así como esta noche te vi pasar. Mas yo debo mirarte como una estrella Que se mira de lejos y nada más. Y así pasan las rosas de cada día Dejando las raíces que no se van. Y yo con mi secreta melancolía De mirarte de lejos y nada más. Y así seguirás siempre, siempre prohibida, Más allá de la muerte si hay mas allá. Porque en esa vida, si hay otra vida, Te miraré de lejos y nada más. Índice

30 Poema del secreto Puedo tocar tu mano sin que tiemble la mía, Y no volver el rostro para verte pasar. Puedo apretar mis labios un día y otro día... Y no puedo olvidar. Puedo mirar tus ojos y hablar frívolamente, Casi aburridamente, sobre un tema vulgar, Puedo decir tu nombre con voz indiferente... Y no puedo olvidar. Puedo estar a tu lado como si no estuviera, Y encontrarte cien veces, así como al azar... Puedo verte con otro, sin suspirar siquiera, Y no puedo olvidar. Ya ves: tú no sospechas este secreto amargo, Más amargo y profundo que el secreto del mar... Porque puedo dejarte de amar, y sin embargo... ¡No te puedo olvidar!

31 Índice Ya todos la olvidaron Ya todos la olvidaron. Ahora sí que se ha ido, Pero, sobre las rosas de la tumba reciente, Florecía el recuerdo más allá del olvido Yo era el hosco, el ausente. Qué le importa a la noche que se apague una estrella, Si el mar sigue cantando cuando pierde una ola. Ya están secos los ojos que lloraron por ella. Ya se ha quedado sola. Ahora ya sigue sola su viaje hacia el espanto, Por las noches profundas, bajo el cielo inclemente. Ya nadie me reprocha que no lloré aquel llanto, Que fui el hosco, el ausente. Ya nadie le disputa su silencio y su sombra, Sobre todo su sombra, bajo la luz del día. Ya todos la olvidaron, Señor. Nadie la nombra.

32 Información biográfica Nombre: Neftalí Ricardo Reyes Basoalto Nombre de pluma: Pablo Neruda Lugar y fecha nacimiento: Parral (Chile), 12 de julio de 1904 Lugar y fecha defunción: Santiago de Chile (Chile), 23 de septiembre de 1973 (69 años) Pablo Neruda Índice

33 32 Soneto I. Matilde, nombre de planta o piedra o vino 33 Soneto II. Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso 34 Soneto III. Áspero amor, violeta coronada de espinas 35 Soneto IV. Recordarás aquella quebrada caprichosa 36 Soneto V. No te toque la noche ni el aire ni la aurora 37 Soneto VI. En los bosques, perdido, corté una rama oscura 38 Soneto VII. "Vendrás conmigo" dije sin que nadie supiera 39 Soneto VIII. Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna 40 Ahora en cambio

34 Índice Soneto I. Matilde, nombre de planta o piedra o vino Matilde, nombre de planta o piedra o vino, De lo que nace de la tierra y dura, Palabra en cuyo crecimiento amanece, En cuyo estío estalla la luz de los limones. En ese nombre corren navíos de madera Rodeados por enjambres de fuego azul marino, Y esas letras son el agua de un río Que desemboca en mi corazón calcinado. Oh nombre descubierto bajo una enredadera Como la puerta de un túnel desconocido Que comunica con la fragancia del mundo! Oh invádeme con tu boca abrasadora, Indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos, Pero en tu nombre déjame navegar y dormir.

35 Índice Soneto II. Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso Amor, ¡cuántos caminos hasta llegar a un beso, Qué soledad errante hasta tu compañía! Siguen los trenes solos rodando con la lluvia. En Taltal no amanece aún la primavera. Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos, Juntos desde la ropa a las raíces, Juntos de otoño, de agua, de caderas, Hasta ser sólo tú, sólo yo juntos. Pensar que costó tantas piedras que lleva el río, La desembocadura del agua de Boroa, Pensar que separados por trenes y naciones Tú y yo teníamos que simplemente amarnos, Con todos confundidos, con hombres y mujeres, Con la tierra que implanta y educa los claveles.

36 Índice Soneto III. Áspero amor, violeta coronada de espinas Áspero amor, violeta coronada de espinas, Matorral entre tantas pasiones erizado, Lanza de los dolores, corola de la cólera, ¿Por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma? ¿Por qué precipitaste tu fuego doloroso, De pronto, entre las hojas frías de mi camino? ¿Quién te enseñó los pasos que hasta mí te llevaron? ¿Qué flor, qué piedra, qué humo mostraron mi morada? Lo cierto es que tembló la noche pavorosa, El alba llenó todas las copas con su vino Y el sol estableció su presencia celeste, Mientras que el cruel amor me cercaba sin tregua Hasta que lacerándome con espadas y espinas Abrió en mi corazón un camino quemante.

37 Índice Soneto IV. Recordarás aquella quebrada caprichosa Recordarás aquella quebrada caprichosa A donde los aromas palpitantes treparon, De cuando en cuando un pájaro vestido Con agua y lentitud: traje de invierno. Recordarás los dones de la tierra: Irascible fragancia, barro de oro, Hierbas del matorral, locas raíces, Sortílegas espinas como espadas. Recordarás el ramo que trajiste, Ramo de sombra y agua con silencio, Ramo como una piedra con espuma. Y aquella vez fue como nunca y siempre: Vamos allí donde no espera nada Y hallamos todo lo que está esperando.

38 Índice Soneto V. No te toque la noche ni el aire ni la aurora No te toque la noche ni el aire ni la aurora, Sólo la tierra, la virtud de los racimos, Las manzanas que crecen oyendo el agua pura, El barro y las resinas de tu país fragante. Desde Quinchamalí donde hicieron tus ojos Hasta tus pies creados para mí en la Frontera Eres la greda oscura que conozco: En tus caderas toco de nuevo todo el trigo. Tal vez tú no sabías, araucana, Que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos Mi corazón quedó recordando tu boca, Y fui como un herido por las calles Hasta que comprendí que había encontrado, Amor, mi territorio de besos y volcanes.

39 Índice Soneto VI. En los bosques, perdido, corté una rama oscura En los bosques, perdido, corté una rama oscura Y a los labios, sediento, levanté su susurro: Era tal vez la voz de la lluvia llorando, Una campana rota o un corazón cortado. Algo que desde tan lejos me parecía Oculto gravemente, cubierto por la tierra, Un grito ensordecido por inmensos otoños, Por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas. Pero allí, despertando de los sueños del bosque, La rama de avellano cantó bajo mi boca Y su errabundo olor trepó por mi criterio Como si me buscaran de pronto las raíces Que abandoné, la tierra perdida con mi infancia, Y me detuve herido por el aroma errante.

40 Índice Soneto VII. "Vendrás conmigo" dije sin que nadie supiera "Vendrás conmigo" dije sin que nadie supiera Dónde y cómo latía mi estado doloroso, Y para mí no había clavel ni barcarola, Nada sino una herida por el amor abierta. Repetí: ven conmigo, como si me muriera, Y nadie vio en mi boca la luna que sangraba, Nadie vio aquella sangre que subía al silencio. ¡Oh amor ahora olvidemos la estrella con espinas! Por eso cuando oí que tu voz repetía "Vendrás conmigo" fue como si desataras Dolor, amor, la furia del vino encarcelado Que desde su bodega sumergida subiera Y otra vez en mi boca sentí un sabor de llama, De sangre y de claveles, de piedra y quemadura.

41 Índice Soneto VIII. Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna, De día con arcilla, con trabajo, con fuego, Y aprisionada tienes la agilidad del aire, Si no fuera porque eres una semana de ámbar, Si no fuera porque eres el momento amarillo En que el otoño sube por las enredaderas Y eres aún el pan que la luna fragante Elabora paseando su harina por el cielo, ¡Oh, bien amada, yo no te amaría! En tu abrazo yo abrazo lo que existe, La arena, el tiempo, el árbol de la lluvia, Y todo vive para que yo viva: Sin ir tan lejos puedo verlo todo: Veo en tu vida todo lo viviente.

42 Ahora en cambio Hubiera entregado el Dios que no poseo, Hubiera aprendido tres o cuatro signos, Y así desalentado, Así fiel, ceniciento, Invariable como un recuerdo atroz, Me hubiera respondido, Me hubiera transformado en ademanes Me hubiera convencido como todos, Refugiado en el hambre universal, Salvado para siempre y para nada. Ahora en cambio estoy un poco solo, De veras un poco solo y solo. Mi tristeza es un vaso de oraciones Que se derraman sobre el césped Y desde el césped nace Dios Y está también un poco solo, De veras un poco solo y solo. Mas yo le ayudo a conocer las aves Y en toda su extensión la herejía vegetal, Los corazones de sus alegres huérfanos, La tierra que es la palma de su mano. Índice

43 Información biográfica Nombre: Antonio Gala Velasco Lugar y fecha nacimiento: Brazatortas, Ciudad Real (España), 2 de octubre de 1930 Antonio Gala Velasco Índice

44 43 Arrebátame, amor, águila esquiva 44 Atardeció sin ti 45 Aún eres mío, porque no te tuve 46 Bagdag 47 Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas 48 ¿Cómo comer sin ti? 49 Cómo retumba amor, cómo resuena 50 El arma que te di pronto la usaste

45 Índice Arrebátame, amor, águila esquiva Arrebátame, amor, águila esquiva, Mátame a desgarrón y a dentellada, Que tengo ya la queja amordazada Y entre tus garras la intención cautiva. No finjas más, no ocultes la excesiva Hambre de mí que te arde en la mirada. No gires más la faz desmemoriada Y muerde de una vez la carne viva. Batir tu vuelo siento impenetrable, En retirada siempre y al acecho. Tu sed eterna y ágil desafío. Pues que eres al olvido invulnerable, Vulnérame ya, amor, deshazme el pecho Y anida en él, demonio y ángel mío.

46 Índice Atardeció sin ti Atardeció sin ti. De los cipreses... A las torres, sin ti me estremecía. Qué desgana esperar un nuevo día Sin que me abraces y sin que me beses. A fuerza de tropiezos y reveses La piel de la esperanza se me enfría. Qué agonía ocultarte mi agonía, Y qué resurrección si me entendieses. Atardeció sin ti. Seguro y lento, El sol se derrumbó, limón maduro, Y a solas recibí su último aliento. Quién me viera caer, lento y seguro, Sin más calor ni más resurgimiento, Gris el alma y frustrada entre lo oscuro.

47 Índice Aún eres mío, porque no te tuve Aún eres mío, porque no te tuve. Cuánto tardan, sin ti, Las olas en pasar... Cuando el amor comienza, hay un momento En que Dios se sorprende De haber urdido algo tan hermoso. Entonces, se inaugura -Entre el fulgor y el júbilo- El mundo nuevamente, Y pedir lo imposible No es pedir demasiado. Fue a la vera del mar, a medianoche. Supe que estaba Dios, Y que la arena y tú Y el mar y yo y la luna Éramos Dios. Y lo adoré.

48 Índice Bagdag Tenía tanta necesidad de que me amaras, Que nada más llegar te declaré mi amor. Te quité luces, puentes y autopistas, Ropas artificiales. Y te dejé desnuda, inexistente casi, Bajo la luna y mía. A las princesas sumerias, Cuando fueron quemadas con joyas rutilantes, Les brillaban aún sus dientes jóvenes; Se quebraron sus cráneos antes que sus collares; Se fundieron sus ojos antes que sus preseas... Bajo la luna aún brillaban sus dientes, Mientras te poseí desnuda y mía.

49 Índice Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas De verde olvido y corazón morado La roja danza muerde tus talones Y te estrechan amantes amarillos. Desde qué repentina lontananza Giras, me nombras, saltas entre el aire, Mientras yo permanezco absorto en sueños Aún dormida creyéndote en mi alcoba. Qué plateada tristeza te reviste, Si alegre hasta tu alegre voz acudo, Los pies descalzos, para entrelazarme Sal paso de tu danza apresurada. Dónde te vas cuando te vas y lloran Las colinas, a solas con tu nombre Para siempre, hasta oír al lado mío Tu voz que me pregunta a quién aguardo.

50 Índice ¿Cómo comer sin ti? ¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa Costumbre de tus alas Que refrescan el aire y renuevan la luz? Sin ti, ni el pan ni el vino, Ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso Color de la mañana Tienen ningún sentido ni para nada sirven. Allá fuera está el mar. Allá fuera, en el mundo, estás tú. Comiendo tú sin mí: Tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana. Yo aquí, ante los manteles opacos Y la bebida amarga, Ante platos sin sabor ni colores. Lo intento, sí, lo intento, pero cómo Comer sin ti, ni para qué... Tú te has llevado tu olor a bosque Y el gusto de la vida. Fuera están mar y aire. Dentro, yo solo frente a la mesa puesta Que ha perdido su voz y su alegría.

51 Índice Cómo retumba amor, cómo resuena Cómo retumba amor, cómo resuena Tu nombre, suelto en flor, por los collados: Su aletear de palomos azorados Ni el orden de la noche lo serena. Cuánta luna y qué olor de luna llena Empapan con su lino los sembrados. Brilla tu nombre en los desiertos prados, Y en el tobillo siento su cadena. Vendrá la luz, regresará la hora En que, abierta, la luz despavorida Vierta sonora sangre de granada. Vendrá otra vez la sangre más sonora Golpeando en las llagas de la vida, Pero estará la vida ejecutada.

52 Índice El arma que te di pronto la usaste El arma que te di pronto la usaste Para herirme a traición y sangre fría. Hoy te reclamo el arma, otra vez mía, Y el corazón en el que la clavaste. Si en tu poder y fuerza confiaste, De ahora en adelante desconfía: Era mi amor el que te permitía Triunfar en la batalla en que triunfaste. Aunque aún mane la sangre del costado Donde melló su filo tu imprudencia, Ya el tiempo terminó de tu reinado. Hecho a los gestos de la violencia, Con tu mala costumbre ten cuidado; Tú solo no te hieras en mi ausencia.

53 Información biográfica Nombre: Federico García Lorca Lugar y fecha nacimiento: Fuente Vaqueros, Granada (España), 5 de junio de 1898 Lugar y fecha defunción: Víznar, Granada (España), 18 de agosto de 1936 (38 años) Federico García Lorca Índice

54 53 La noche no quiere venir 54 Nadie comprendía el perfume 55 Por las arboledas del Tamarit 57 Yo quiero que el agua se quede sin cauce

55 Índice La noche no quiere venir La noche no quiere venir Para que tú no vengas Ni yo pueda ir. Pero yo iré, Aunque un sol de alacranes me coma la sien. Pero tú no vendrás Con la lengua quemada por la lluvia de sal. El día no quiere venir Para que tú no vengas, Ni yo pueda ir. Pero yo iré Entregando a los sapos mi mordido clavel. Pero tú vendrás Por las turbias cloacas de la oscuridad. Ni la noche ni el día quieren venir Para que por ti muera Y tú mueras por mí.

56 Índice Nadie comprendía el perfume Nadie comprendía el perfume De la oscura magnolia de tu vientre. Nadie sabía que martirizabas Un colibrí de amor entre los dientes. Mil caballitos persas se dormían En la plaza con luna de tu frente, Mientras que yo enlazaba cuatro noches Tu cintura, enemiga de la nieve. Entre yeso y jazmínes, tu mirada Era un pálido ramo de simientes. Yo busqué, para darte, por mi pecho Las letras de marfil que dicen siempre, Siempre, siempre: jardín de mi agonía, Tu cuerpo fugitivo para siempre, La sangre de tus venas en mi boca, Tu boca ya sin luz para mi muerte.

57 Índice Por las arboledas del Tamarit Por las arboledas del Tamarit Han venido los perros de plomo A esperar que se caigan los ramos, A esperar que se quiebren ellos solos. El Tamarit tiene un manzano Con una manzana de sollozos. Un ruiseñor apaga los suspiros Y un faisán los ahuyenta por el polvo. Pero los ramos son alegres, Los ramos son como nosotros. No piensan en la lluvia y se han dormido, Como si fueran árboles, de pronto. Sentados con el agua en las rodillas Dos valles esperaban al otoño. La penumbra con paso de elefante Empujaba las ramas y los troncos. Por las arboledas de Tamarit Hay muchos niños de velado rostro A esperar que se caigan mis ramos, A esperar que se quiebren ellos solos.

58 Índice Unas palabras Ofrezco en este libro, todo ardor juvenil y tortura, Y ambición sin medida, la imagen exacta de mis días De adolescencia y juventud, esos días que enlazan el instante De hoy con mi misma infancia reciente. En estas páginas desordenadas va el reflejo fiel de Mi corazón y de mi espíritu, teñido del matiz que les prestara, Al poseerlo, la vida palpitante en torno recién nacida para mi mirada. Sé hermana el nacimiento de cada una de estas poesías que tienes En tus manos, lector, al propio nacer de un brote nuevo del Árbol músico de mi vida en flor. Ruindad fuera el menospreciar De esta obra que tan enlazada está a mi propia vida. Sobre su incorrección, sobre su limitación segura, tendrá este libro la Virtud, entre otras muchas que yo advertido, de recordarme en todo Instante mi infancia apasionada correteando desnuda por las Praderas de una vega sobre un fondo de serranías.

59 Índice Yo quiero que el agua se quede sin cauce Yo quiero que el agua se quede sin cauce, Yo quiero que el viento se quede sin valles. Quiero que la noche se quede sin ojos Y mi corazón sin flor del oro; Que los bueyes hablen con las grandes hojas Y que la lombriz se muera de sombra; Que brillen los dientes de la calavera Y los amarillos inunden la seda. Puedo ver el duelo de la noche herida Luchando enroscada con el mediodía. Resiste un ocaso de verde veneno Y los arcos rotos donde sufre el tiempo. Pero no ilumines tu limpio desnudo Como un negro cactus abierto en los juncos. Déjame en un ansia de oscuros planetas, Pero no me enseñes tu cintura fresca.

60 Antonio Machado ( ) Poeta y prosista español, perteneciente al movimiento literario conocido como generación del 98. Probablemente sea el poeta de su época que más se lee todavía. Vida Nació en Sevilla y vivió luego en Madrid, donde estudió. Índice

61 60 PRELUDIO 61 CRECE EN LA PLAZA EN SOMBRA 62 ANOCHE CUANDO DORMÍA 63 HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

62 PRELUDIO Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero poner un dulce salmo sobre mi viejo atril. Acordaré las notas del órgano severo al suspirar fragante del pífano de abril. Madurarán su aroma las pomas otoñales; la mirra y el incienso salmodiarán su olor; exhalarán su fresco perfume los rosales, bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor. Al grave acorde lento de música y aroma, la sola y vieja y noble razón de mi rezar levantará su vuelo suave de paloma, y la palabra blanca se elevará al altar. Índice

63 CRECE EN LA PLAZA EN SOMBRA Crece en la plaza en sombra el musgo, y en la piedra vieja y santa de la iglesia. En el atrio hay un mendigo... Más vieja que la iglesia tiene el alma. Sube muy lento, en las mañanas frías, por la marmórea grada, hasta un rincón de piedra... Allí aparece su mano seca entre la rota capa. Con las órbitas huecas de sus ojos ha visto cómo pasan las blancas sombras en los claros días, las blancas sombras de las horas santas. Índice

64 ANOCHE CUANDO DORMÍA Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que una fontana fluía dentro de mi corazón. Di: ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí, manantial de nueva vida en donde nunca bebí? Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que una colmena tenía dentro de mi corazón; y las doradas abejas iban fabricando en él, con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel. Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que un sol ardiente lucía dentro de mi corazón. Era ardiente porque daba calores de rojo hogar, y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar. Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón. Índice

65 HE ANDADO MUCHOS CAMINOS He andado muchos caminos, he abierto muchas veredas, he navegado en cien mares y atracado en cien riberas. En todas partes he visto caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos borrachos de sombra negra, y pedantones al paño que miran, callan y piensan que saben, porque no beben el vino de las tabernas. Mala gente que camina y va apestando la tierra... Índice

66 Y en todas partes he visto gentes que danzan o juegan cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Nunca, si llegan a un sitio, preguntan adónde llegan. Cuando caminan, cabalgan a lomos de mula vieja, y no conocen la prisa ni aun en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino; donde no hay vino, agua fresca Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos descansan bajo la tierra. Índice

67 Jesús Lantigua Índice Siguiente:

68 A la muerte de la madre SONETO Pues con esa tierra impregnarme quiero y renovar con ella el monumento donde tú me engendraste ¡qué portento! claustro en el que encontré mi amor primero. Ahora que tú no vives yo me muero pues sólo en tu recuerdo me alimento me apresuro a beber, estoy sediento: no le sobra agua dulce al gondolero. Comparto con tu muerte yo la vida ni las flores que nacen son consuelo estando en el jardín mi piel curtida. Como con libertad alzaste vuelo abierta se quedó tan grande herida bellísimo almohadón de terciopelo. Índice

69 Manuel Magallanes Moure Índice Siguiente:

70 Alcance pronto les damos y ellas, de nuevo en derrota, a volar, siempre adelante, por sobre la mar sonora. A la caída del sol, por la playa inmensa y sola, de frente al viento marino nuestros caballos galopan. Es el horizonte de oro, oro es la mar y oro arrojan los cascos de los caballos al chapotear en las olas. En blancos grupos contemplan caer el sol las gaviotas; mas, al acercarnos, vuelan en bandadas tumultuosas. Pesadamente se alejan sobre las revueltas olas y abátanse a la distancia trazando una curva airosa. Alcance pronto les damos y ellas, de nuevo en derrota, a volar, siempre adelante, por sobre la mar sonora. Por la arena húmeda y firme nuestros caballos galopan. Al fuerte viento marino cabelleras y almas flotan. A la caída del sol, en la playa inmensa y sola tu alma se entregó a mi lama, tu boca se dio a mi boca. No se sabe de qué hablar cuando la emoción es honda. por la orilla de la mar nuestros caballos galopan. Índice

71 Carmen González Huguet Índice Siguiente:

72 Un hombre es lo que hace, lo que ama... Un hombre es lo que hace, lo que ama, lo que pinta su voz con el aliento, lo que construye su palabra al viento, lo que desde sus manos se derrama. Lo que florece en tierra o en escama, lo que da al mundo desde el pensamiento: trigo y harina, masa y alimento, la letra impresa, el fruto en cada rama. Un hombre, sobre todo, es el reflejo del instante fugaz en que respira el aire que lo va poniendo viejo. Un hombre es esa imagen que suspira cuando por fin descubre en el espejo un ángel sosegado que se mira. Índice ancilo59


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