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Miguel-A. Despedida de soltera. Desde mi enfermedad degenerativa, que me obliga a vivir casi socialmente retirado, y con una pantalla de ordenador como.

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1 Miguel-A. Despedida de soltera

2 Desde mi enfermedad degenerativa, que me obliga a vivir casi socialmente retirado, y con una pantalla de ordenador como ventana a la vida, me es muy fácil discrepar de ciertas actitudes sociales. Es cierto que, siguiendo a Lope de Vega, si un soneto me hubiera mandado hacer Violante, y en mi vida me hubiera visto en ese aprieto, habría sido un borrego más en el rebaño de las masas. Me refiero, ahora, a ciertas formas de celebración de la llamada despedida de soltero/a. Siempre ha existido una celebración con los amigos, previa del matrimonio... pero como precelebración de la misma dicha del convite nupcial. Y es que esto ya suena a: aprovechemos las últimas horas, porque mañana ingresamos en la puta cárcel.

3 Ayer, celebrábamos la despedida de soltera de una de mis amigas de oficina, y nos fuimos a una sala de fiestas donde había un espectáculo de strip-tease masculino. Una de las compañeras quiso impresionar a las demás, y sacó un billete de 10 euros y lo agito en el aire. Cuando el stripper vino hacia nosotras, mi amiga pasó la lengua al billete y, una vez humedecido, se lo pegó en el culete.

4 Para no ser menos, otra de las compañeras sacó un billete de 20 euros. Llamó al macizo de nuevo, le pasó la lengua al billete, y se lo pegó en la otra nalga.

5 Para impresionarnos, una tercera compañera sacó un billete de 50 euros, llamó al chico, y le pasó la lengua para humedecerlo. Yo me empecé a preocupar por cómo se estaban poniendo las cosas, pero, por suerte, sólo le pegó el billete en la tetilla.

6 ¡Mi alivio duró poco tiempo! Viendo la forma en la que las cosas se estaban desarrollando, el bailarín se dirigió hacia mí. Mientras todas mis amigas me miraban, el tío me provocaba para que yo subiera la oferta. Mi cerebro estallaba mientras buscaba mi billetera. ¿Qué podía hacer?. Entonces apareció la faceta de mujer ahorradora que llevo dentro. ¡Saqué la tarjeta de cajero automático, se la pasé por la raja del culo, cogí los 80 euros, y me fui a mi casa!.


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